De un mueble de jardín, el material decide casi todo: cuántos años dura, cuánto trabajo te va a dar y en qué se convierte cuando lleva cinco veranos a la intemperie. El diseño se elige con los ojos, pero el material se elige con datos, y son pocos y fáciles de entender.

La diferencia con un mueble de interior es que aquí hay tres agresiones a la vez, y las tres constantes: el agua, que trae hongos y óxido; el ultravioleta del sol, que rompe los polímeros y degrada la superficie de la madera; y los ciclos de temperatura, que dilatan, contraen y acaban rompiendo por las uniones. Cada familia de materiales falla por una de las tres. Aquí va por qué y cuál conviene según dónde vivas.

Madera: lo que significan las clases de uso

La normativa europea de madera de construcción y carpintería clasifica el destino de una pieza en clases de uso, numeradas del 1 al 5, según la humedad a la que va a estar sometida. Saber esos números te ahorra discusiones en la tienda:

  • Clase 1 y 2: interior seco o interior con humedad ocasional. No es madera de jardín.
  • Clase 3: exterior a la intemperie pero sin contacto con el suelo. Aquí entra todo el mobiliario de jardín: mesas, sillas, tumbonas, bancos apoyados en losa.
  • Clase 4: en contacto permanente con el suelo o con agua dulce. Postes hincados, pies de pérgola, traviesas, tablones de jardinera enterrada.
  • Clase 5: inmersión en agua salada. No aparece en un jardín.

Si una mesa se vende para clase 3 y tú le entierras las patas, la has bajado a clase 4 y se pudrirá por ahí. Es el error más repetido con la madera de exterior.

Luego está la durabilidad natural de cada especie, que es independiente del tratamiento. Aguantan la clase 3 por sí solas, sin protector químico, la teca, el iroko, el alerce, el cedro rojo, la robinia (la falsa acacia), el castaño y el roble. No la aguantan el pino, el abeto, el chopo ni el haya: esas necesitan venir tratadas en autoclave, un proceso en el que el protector se inyecta a presión dentro de la madera en lugar de quedarse en la superficie como un barniz.

Dos cosas más que conviene saber. La primera: toda madera a la intemperie se vuelve gris, incluida la teca. Es la capa exterior de fibra degradada por el ultravioleta, un desgaste superficial de unas décimas de milímetro, no podredumbre. La segunda: la madera tropical certificada existe y la no certificada también, y el sello (FSC o PEFC) es lo único que distingue una de otra en la tienda.

Mueble de jardín de madera de pino para exterior

Madera de conífera para exterior. Sobre el suelo y ventilada está en clase 3; con la base tocando tierra húmeda pasa a clase 4 y se pudre por ahí.

Aluminio o acero, que no es lo mismo

Los dos son metales y los dos se oxidan. La diferencia está en cómo.

El aluminio forma al contacto con el aire una capa de óxido finísima, compacta y bien pegada, que sella el metal de debajo y detiene el proceso. Por eso un perfil de aluminio sin pintar aguanta décadas fuera: ya está protegido por su propio óxido. Si lo rayas, la capa se vuelve a formar sola. Es ligero, lo que en un balcón con viento juega en contra, y es blando, así que se marca con los golpes.

El acero forma un óxido de hierro poroso y voluminoso que se descama y deja el metal nuevo expuesto debajo. El óxido del acero no se detiene: avanza. Por eso el acero de jardín tiene que llevar una barrera encima, y solo hay tres que funcionen: el galvanizado (recubrimiento de cinc), un lacado al horno de buena calidad, o que el acero sea inoxidable. En el inoxidable, cerca del mar conviene la calidad con molibdeno (el llamado 316 o A4) en lugar de la corriente (304 o A2), que junto al salitre se pica.

Ojo con un detalle que se pasa por alto: un tornillo de acero corriente en un mueble de aluminio, con humedad de por medio, monta un par galvánico y corroe la zona de contacto. Los tornillos y herrajes de exterior se ponen de acero inoxidable.

El hierro forjado es acero pintado con otro nombre comercial. Pesa mucho (bien contra el viento), es cómodo de tener y da trabajo: en cuanto salta la pintura por un golpe o por un canto, ahí aparece el punto de óxido y hay que lijar y retocar. Un mueble de forja al aire libre pide revisión todos los años.

Resina, plástico y el ultravioleta

La silla monobloque y la mesa de resina son lo más barato y lo que menos dura, y la razón tiene nombre: el ultravioleta rompe las cadenas del polímero. El plástico degradado pierde color, saca una especie de tiza blanquecina en la superficie y sobre todo se vuelve quebradizo. Ya no se dobla, se raja, y lo hace por donde hay tensión: la unión de la pata con el asiento, el borde del respaldo, el canto del reposabrazos. Esa rotura es súbita y con alguien encima.

No todos los plásticos de exterior son iguales. Los que llevan estabilizantes de ultravioleta y algo de espesor duran bastantes temporadas; los muy finos y muy baratos, dos o tres veranos al sol del sur. Lo que alarga la vida de todos es lo mismo: guardarlos a la sombra o taparlos cuando no se usan, porque el daño lo hace la radiación acumulada, no la lluvia.

Y el color importa en otro sentido: un mueble oscuro al sol de julio alcanza temperaturas en las que no se puede sentar nadie, y eso vale para el plástico, para el metal lacado en negro y para la piedra.

Ratán sintético

Es una fibra plástica trenzada sobre una estructura. Aquí lo que decide la vida del mueble no es la fibra, es el bastidor de debajo: si es de aluminio, el mueble puede durar quince años; si es de acero pintado, se oxida por dentro sin que lo veas y un día se abre por una soldadura.

De la fibra, la buena es la de polietileno extruido, que resiste bien el sol y se mantiene flexible. La barata suele ser de PVC, y el PVC a la intemperie endurece, encoge y se parte en astillas que se clavan. Una hebra rota es difícil de reparar, y a partir de la primera el trenzado se va deshaciendo. Señal de calidad fácil de ver: la fibra maciza y algo mate, no la cinta brillante y hueca.

Textilene y tejidos de exterior

Las mallas tensadas de tumbonas y sillas (el textilene y sus equivalentes) son poliéster recubierto de PVC. Es el material más sensato en clima mediterráneo: no acumula agua, seca en un rato, no hay cojín que salir corriendo a recoger y se limpia con agua y un cepillo blando.

Falla por dos sitios. Se destensa con los años, que es normal y solo estético hasta que el asiento toca el bastidor. Y se rompe por la costura, porque el hilo se degrada con el sol antes que la malla; los buenos llevan hilo resistente al ultravioleta y ahí está buena parte de la diferencia de precio.

Para cojines, colchonetas y toldos, el tejido que aguanta es el acrílico teñido en masa: el pigmento va dentro de la fibra, no impreso encima, así que no se va con el sol. Y en cualquier caso, funda con cremallera y lavable, porque un cojín de exterior que no se pueda abrir acaba con manchas de humedad.

Piedra, hormigón, cerámica y cristal

La piedra y el hormigón son eternos y no piden mantenimiento, pero son permanentes de verdad: donde los pongas se quedan. Se calientan mucho al sol, están fríos buena parte del año y se manchan con el aceite, que penetra en el poro y ya no sale del todo.

La cerámica esmaltada y el barro cocido tienen un enemigo concreto: la helada. El agua que ha entrado en el poro se congela, aumenta de volumen y desconcha el esmalte o revienta la pieza. En el interior peninsular y en zonas de montaña eso ocurre todos los inviernos, y solo lo evita la pieza específicamente resistente al hielo.

El cristal de un tablero de exterior es templado y por eso es seguro, pero tiene dos manías: sufre con los cambios bruscos de temperatura (un tablero al sol y un chorro de agua fría de la manguera) y, cuando rompe, lo hace de golpe y entero. En un piso alto o en zona de granizo yo lo descartaría.

Qué elegir según dónde vivas

DóndeLo que funcionaLo que sufre
Litoral, con salitrealuminio, inoxidable con molibdeno, teca, textileneacero pintado, inoxidable corriente, herrajes de acero
Interior con heladasaluminio, madera dura sobre losa, hormigónbarro y cerámica no resistentes al hielo, plástico fino
Norte atlántico, húmedoaluminio, maderas de durabilidad natural, malla tensadamadera sin ventilar por debajo, tejidos gruesos que no secan
Sur y sureste, sol duromadera dura, aluminio claro, acrílico teñido en masaresina barata, colores oscuros, tejidos impresos

En resumen

Con madera, mira la clase de uso (3 para muebles, 4 si algo toca el suelo) y la especie: teca, iroko, alerce, robinia, castaño o roble aguantan solas, y el pino tiene que venir de autoclave. Con metal, el aluminio se protege con su propio óxido y el acero necesita galvanizado, lacado o ser inoxidable, con molibdeno si hay mar cerca. Con resina, cuenta con que el sol la vuelve quebradiza y guárdala a la sombra. Con ratán sintético, mira el bastidor antes que la fibra.

Elegido el material, lo que queda es cuidarlo y decidir dónde pasa el invierno, que es la otra mitad de la vida útil de un mueble de jardín: eso está en el mantenimiento y la invernada de los muebles. Y si todavía no has medido el sitio, mídelo primero, porque en una mesa de jardín la medida se equivoca más veces que el material.


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