Un cortacésped se estropea por falta de mantenimiento mucho antes que por uso. Y el mantenimiento son cinco cosas concretas: la cuchilla afilada y equilibrada, el filtro de aire limpio, la bujía en condiciones, el aceite cambiado y la carcasa limpia por debajo. Añade el invernaje bien hecho y la máquina te dura décadas en vez de años.
Lo que sigue es el calendario de esas tareas y por qué cada una importa. Si buscas qué tipo de cortacésped comprar, eso está en cortacéspedes; esto es lo que hay que hacerle a la máquina una vez la tienes.
Antes de cualquier cosa: desconectar
Ninguna tarea de mantenimiento se hace con la máquina viva. En un cortacésped de gasolina, motor parado, frío y con el cable de la bujía desconectado, porque girar la cuchilla con la mano puede arrancar el motor. En eléctrico, desenchufado, y en batería, con la batería fuera de la máquina. Guantes gruesos siempre: una cuchilla recién afilada corta como un cuchillo.
Y la regla que se salta todo el mundo y que manda gente al hospital cada verano: un cortacésped no se desatasca con el motor en marcha. Ni metiendo la mano, ni con un palo, ni "solo un momento". Se para, se desconecta y entonces se saca la hierba.
La cuchilla: afilado y equilibrado
La cuchilla de un cortacésped rotativo no corta como una tijera, corta por golpe a alta velocidad. Cuando el filo se redondea, deja de cortar y empieza a desgarrar. Se nota en el césped: las puntas quedan deshilachadas y a los dos días amarillean, porque una herida rasgada pierde más agua y es puerta de entrada de hongos. Si tu césped tiene un tono pajizo general después de segar, mira la cuchilla antes de pensar en abonos.
El afilado se hace en el mismo ángulo que traía de fábrica, quitando poco material y solo en la parte del filo. Se puede hacer con lima plana de mano, que es lento pero difícil de estropear, o con amoladora, que es rápida y quema el filo si te entretienes en un punto. Si la cuchilla tiene muescas profundas, la punta consumida o está agrietada, no se afila: se sustituye. Una cuchilla fisurada puede romperse en marcha y salir disparada.
Y aquí está la parte que casi nadie hace: el equilibrado. Al afilar quitas material, y si quitas más de un lado que del otro la cuchilla queda descompensada. Girando a miles de revoluciones, ese desequilibrio genera una vibración permanente que se come el rodamiento del eje y, con el tiempo, dobla el propio cigüeñal del motor. Eso es una reparación que no vale la pena en una máquina doméstica.
Comprobarlo es fácil: apoya la cuchilla por su agujero central en un clavo o en un destornillador horizontal y suéltala. Si se queda más o menos horizontal, está equilibrada. Si un lado cae siempre, lima un poco más ese lado (por el filo, no por el canto) y vuelve a probar.
Frecuencia razonable: revisar el filo cada varias siegas y afilar al menos una vez a mitad de temporada, más si el terreno tiene arena o piedras, que es lo que come el filo de verdad.
El filtro de aire
Es la pieza más barata y la que más motores mata. Un motor de cortacésped trabaja a ras de suelo, entre polvo, hierba seca y polen, y el filtro se colmata rápido. Colmatado, el motor aspira mezcla rica en gasolina y pobre en aire: pierde fuerza, humea, ensucia la bujía y consume más. Y si el filtro se rompe o se monta mal, entra polvo abrasivo directo al cilindro, que es el desgaste que no se arregla.
Hay dos tipos. El de espuma se lava con agua y jabón, se seca del todo y se le pone un poco de aceite de motor repartido a mano, escurriendo el exceso. El de papel plisado no se lava nunca: se golpea con suavidad para soltar el polvo y, cuando está oscuro o grasiento, se cambia. Tampoco se sopla con aire a presión desde fuera, que revienta los pliegues.
Revísalo al empezar la temporada y cada pocas horas de uso si el terreno levanta polvo.
La bujía
La bujía dice cómo está funcionando el motor. Si la sacas y el electrodo está de color marrón claro, la combustión va bien. Negra y aterciopelada, mezcla rica: mira el filtro de aire. Negra y aceitosa, está pasando aceite. Blanquecina y con aspecto de quemada, mezcla pobre o recalentamiento.
El mantenimiento es sacarla, limpiar el electrodo con un cepillo de púas, comprobar que no esté erosionada ni con el aislante rajado y volverla a montar apretada a mano y luego con llave, sin forzar. La separación entre electrodos tiene un valor concreto que da el fabricante en el manual, y hay que respetar el suyo. La bujía es pieza de consumo: una por temporada en uso normal es un gasto mínimo frente a un arranque que falla.
El aceite
Los cortacéspedes de gasolina domésticos llevan motor de cuatro tiempos, con aceite en su cárter, separado de la gasolina. Hay que revisar el nivel antes de cada uso, en frío y con la máquina nivelada, y cambiarlo según lo que diga el manual, que normalmente se expresa en horas de uso o una vez al año.
El aceite viejo pierde capacidad lubricante, se llena de partículas y de restos de combustión y se convierte en un abrasivo. Por eso un motor que ha trabajado cientos de horas con el mismo aceite acaba con holgura en los cojinetes y pérdida de compresión.
El cambio se hace con el motor templado, que es cuando el aceite fluye y arrastra los depósitos. El aceite usado no se tira al desagüe ni al suelo: es residuo peligroso y se lleva al punto limpio o al taller. Un litro de aceite contamina una cantidad enorme de agua.
La carcasa por debajo, que es donde se oxida
Esta es la tarea que más gente ignora y la que decide si el chasis dura. La hierba recién cortada es húmeda y ácida, y se compacta bajo la plataforma en una capa dura y pegada. Ahí hace tres cosas malas:
- Mantiene la chapa permanentemente húmeda. En un chasis de acero, eso es óxido garantizado, y el óxido acaba perforando el túnel de expulsión y los alrededores del eje.
- Estropea el corte. La plataforma de un rotativo funciona por flujo de aire: la cuchilla genera una corriente que levanta la hierba antes de cortarla y la empuja hacia la salida. Con la carcasa embozada no hay flujo, la hierba no se levanta, el corte queda desigual y la salida se atasca.
- Desequilibra. Una torta de hierba pegada a un lado de la cuchilla hace el mismo efecto que un afilado desigual.
Limpiarla es sencillo si lo haces cada vez, tedioso si lo dejas para el final del verano. Con la máquina desconectada, vuélcala del lado que indique el manual (importa, para que no se vaya el aceite ni la gasolina al filtro) y rasca con una espátula de madera o de plástico y un cepillo. Si usas agua, sécala después, y evita el chorro a presión directo sobre rodamientos y sobre la zona eléctrica. Después de la siega, con la hierba todavía tierna, sale con muy poco esfuerzo.
Las ruedas, el cable y los cierres
Repasa de vez en cuando lo que se mueve: los ejes y casquillos de las ruedas (una rueda que baila descuadra la altura de corte y deja franjas), el estado del cable de arranque y de los cables de acelerador y de freno, y la bolsa recogedora. Una bolsa de tela con los poros tapados de polvo deja de dejar pasar el aire y entonces recoge la mitad: se lava y se seca al aire.
En eléctricos con cable, revisa el cable en toda su longitud buscando cortes y aplastamientos, y no lo repares con cinta. En batería, no guardes la batería descargada ni al sol.
El invernaje: el depósito
Al final de la temporada, la gasolina es el problema. La gasolina actual se degrada en semanas: se oxida, pierde las fracciones ligeras que permiten el arranque en frío y deja barnices y gomas que taponan el carburador. El componente de etanol, además, atrae humedad, y esa agua se separa y corroe el interior del depósito y del carburador. Nueve de cada diez cortacéspedes que "no arrancan en primavera" es esto.
Hay dos formas de evitarlo y las dos valen:
- Vaciar: dejar el depósito seco y hacer funcionar el motor hasta que se pare por falta de combustible, para que el carburador también quede vacío.
- Llenar y estabilizar: depósito lleno (menos aire, menos condensación) con un estabilizante de combustible, y unos minutos de motor para que el producto llegue al carburador.
Lo que no funciona es guardarla con medio depósito de gasolina normal y cerrar la puerta. Aparte de eso, el invernaje completo es: carcasa limpia y seca, aceite cambiado, cuchilla afilada (o desmontada y engrasada), filtro limpio, bujía nueva o limpia, batería cargada y fuera de la máquina si es eléctrica, y la máquina a cubierto y del suelo, no sobre tierra o sobre cemento húmedo. En primavera arranca a la primera y te ahorras el viaje al taller.
En resumen
El mantenimiento de un cortacésped cabe en una lista corta: cuchilla afilada y equilibrada al menos a mitad de temporada, filtro de aire limpio o cambiado, bujía revisada cada año, aceite al nivel y cambiado según el manual, y la carcasa rascada por debajo después de segar, que es donde se acumula la hierba y donde empieza el óxido. Todo con la máquina parada y la bujía desconectada.
Y el invernaje decide cómo empieza la primavera: o el depósito y el carburador vacíos, o el depósito lleno con estabilizante. La gasolina que se queda quieta seis meses es lo que arruina un carburador, y es la reparación más habitual y más evitable de todas.