Una maceta de autorriego no sirve para todo y no se compra igual que un tiesto. Su virtud no es que te permita desaparecer tres semanas, es que mantiene la humedad constante, y eso arregla el problema de quien riega a rachas: mucho el domingo y nada hasta el jueves siguiente. Hay plantas a las que eso les cambia la vida y otras a las que las mata.
Aquí va lo que hay que mirar antes de comprar una, en qué situaciones compensa de verdad, y qué plantas de flor van bien y cuáles se pudren. Si quieres el detalle de cómo sube el agua por dentro, la cámara de aire y el porqué de todo, está explicado en macetas de autorriego: cómo funcionan y qué plantar.
Cuándo compensa y cuándo no
Compensa en cuatro situaciones concretas. Cuando riegas de forma irregular, que es la razón por la que se muere la mayoría de las plantas de interior. Cuando la planta está en un sitio incómodo de regar: una estantería alta, una maceta grande que no puedes mover al fregadero. Cuando la especie es de esas que no toleran que se les moje la hoja o el cuello, que es donde este invento brilla. Y en una oficina, donde no hay nadie el fin de semana.
No compensa, y conviene decirlo, para irse de vacaciones largas en verano. Los depósitos habituales son pequeños en relación a lo que bebe una planta de buen porte en julio, así que la autonomía real se cuenta en días. Tampoco compensa con plantas que necesitan secarse entre riegos, ni con una recién trasplantada, porque sus raíces todavía están arriba y no alcanzan la zona húmeda: durante las primeras semanas hay que regar por encima de todas formas.
Las cinco cosas que hay que mirar antes de comprar
El rebosadero. Un agujero lateral a la altura máxima del depósito. Es obligatorio, no es un detalle. Garantiza que entre el agua y la base del sustrato queda una cámara de aire, que es lo que evita que las raíces se ahoguen. Si al llenar no sale agua por ningún lado y el nivel puede llegar hasta el sustrato, esa maceta ahoga plantas. Y si lo tiene, no la apoyes nunca sobre un plato lleno de agua, porque anulas el rebosadero.
El indicador de nivel. Un flotador con varilla o una ventana transparente. Sin él llenas a ciegas, y llenar a ciegas es la forma número uno de pudrir una planta en una maceta de autorriego.
El cesto interior. Las buenas llevan un cesto que contiene el sustrato y que apoya sobre el depósito, con una o varias prolongaciones que bajan hasta el fondo y hacen de puente capilar. Es el sistema que menos se estropea, porque no hay ninguna pieza que envejezca: el puente es el propio sustrato. Las que funcionan con una mecha de tela también valen, pero la mecha se colmata de sales y de raíces y hay que cambiarla cada dos o tres temporadas, y el algodón se pudre bastante antes que el fieltro de poliéster.
El tamaño en relación a la planta, no al hueco. Una planta grande en una maceta pequeña con depósito sigue pasando sed. Si el cepellón ocupa casi todo el cesto, el depósito que queda debajo es simbólico.
El material y dónde va a estar. Esto lo veremos aparte, porque es lo que más gente lamenta al segundo verano.
Cuidado con lo que se vende como autorriego y no lo es
Hay tres productos distintos con el mismo nombre en la tienda.
La maceta de doble fondo de verdad, con cesto, depósito, rebosadero e indicador. Es la que funciona.
El macetero con plato hondo integrado, que es un tiesto normal encajado en una cubeta. Aquí la maceta se sumerge en el agua, no hay cámara de aire y no hay capilaridad controlada: es un plato lleno con otro nombre, y en esas condiciones las raíces sumergidas se quedan sin oxígeno.
Los conos y ampollas que se clavan en la tierra. No son autorriego por capilaridad, son un goteo sin control: dan para un puente de tres días y en un tiesto seco se vacían de golpe.
El material, que es lo que falla en una terraza
Dentro de casa casi cualquier plástico aguanta años. Fuera, no. El polipropileno y el polietileno sin estabilizar al ultravioleta se vuelven quebradizos tras un par de veranos de sol directo, y se rompen justo por el borde del cesto y por las orejas del asa cuando vas a levantarla llena. En una terraza al sur, un color claro sufre bastante menos que un negro, que además calienta el agua del depósito.
La cerámica esmaltada como cuerpo exterior funciona muy bien y da peso, que en un balcón con viento es una ventaja. Lo que hay que comprobar es que el conjunto lleva un cesto interior de plástico y un rebosadero, y no solo un vaso ciego. El barro cocido sin esmaltar no vale para esto: es poroso, transpira agua por la pared y se salpica de eflorescencias de cal, con lo que el depósito se te vacía por evaporación y la sal aparece por fuera.
Y un aviso para zonas de heladas: un depósito lleno que se congela rompe la cerámica y raja el plástico. En noviembre, vacíalo.
Las plantas de flor a las que no se les puede mojar la hoja
Aquí está el mejor uso de una maceta de autorriego y el que casi nadie menciona. Hay plantas de flor a las que el riego por arriba les hace daño directo, porque el agua se queda en el cuello o en la hoja y provoca podredumbre y manchas. En esas, regar por abajo no es una comodidad, es la forma correcta de regarlas.
La violeta africana (Saintpaulia ionantha) es el caso de libro: la hoja es carnosa y vellosa, retiene la gota y se mancha, y el agua estancada en la corona de la planta la pudre. Lo mismo pasa con la Gloxinia (Sinningia speciosa), con Streptocarpus y con las begonias de hoja decorativa (Begonia rex), y con el ciclamen (Cyclamen persicum), cuyo tubérculo asoma en la superficie y se pudre si le cae el agua encima.
Con el ciclamen hay una condición importante: va bien con autorriego mientras está en flor, de otoño a primavera, pero cuando acaba la floración y la hoja amarillea necesita pasar el verano seco. En esa fase hay que sacarlo del sistema o vaciar el depósito, o el tubérculo se pierde.
Qué más va bien y qué se pudre
Van muy bien las plantas que en su medio viven con el suelo siempre fresco: la espatifilo (Spathiphyllum wallisii), el anturio (Anthurium andraeanum), Aglaonema, Calathea y Maranta, los helechos de interior, el poto (Epipremnum aureum) y la cinta (Chlorophytum comosum). En plantas de flor de temporada en maceta, la hortensia en tiesto (Hydrangea macrophylla) y la fucsia (Fuchsia) son de riego alto y constante, y agradecen mucho el sistema.
Se pudren, sin excepciones que valga la pena intentar: los cactus y las crasas de cualquier género (Echeveria, Sedum, Haworthia, Aloe), la Zamioculcas zamiifolia, la sansevieria (Dracaena trifasciata), las aromáticas mediterráneas de matorral y los bulbos de flor que tienen que pasar el reposo secos, como los narcisos, los tulipanes o los ciclámenes fuera de temporada.
Las orquídeas quedan fuera por otro motivo: una Phalaenopsis no vive en sustrato sino en corteza, y en la corteza no hay capilaridad que valga. Las macetas de autorriego para orquídea que se venden funcionan como un depósito de humedad ambiente, no como riego.
Si hay gato o perro en casa
Merece una nota, porque varias de las plantas que mejor van en autorriego son de interior y están al alcance de un animal. El espatifilo, el anturio, la Dieffenbachia, los filodendros y el poto contienen cristales de oxalato de calcio insolubles, que irritan la boca y la garganta al morderlos y provocan babeo y dolor. El ciclamen es tóxico, sobre todo el tubérculo. Y los lirios del género Lilium son especialmente peligrosos para los gatos, en los que pueden causar un fallo renal grave con muy poca cantidad. Si hay animales, mejor arriba y fuera de alcance, y ante una ingestión, al veterinario.
El fallo que se repite: llenar de más
Casi todos los problemas con estas macetas vienen del mismo gesto. Se llena el depósito, se ve la planta contenta y se vuelve a llenar antes de que se vacíe, siempre a tope. Con eso el sustrato de la base nunca se airea y la raíz fina acaba en un ambiente sin oxígeno.
La rutina que funciona es la contraria: deja que el indicador llegue al mínimo y que pasen uno o dos días secos antes de rellenar, y vacía lo que quede antes de echar agua nueva en lugar de ir completando. En invierno, con el consumo bajísimo, deja el depósito vacío y riega por arriba. Y cada dos o tres meses, riega a fondo desde arriba con agua limpia para arrastrar la sal que se acumula en la superficie, porque en este sistema el agua solo circula hacia arriba y nada se lava solo.
En resumen
La maceta de autorriego es la solución para el riego irregular, no para las ausencias largas. Antes de comprar, comprueba tres cosas: que tiene rebosadero, que tiene indicador de nivel y que el cesto interior deja sitio de verdad al cepellón. Desconfía del macetero con plato hondo que se vende como autorriego, porque sumerge la maceta y ahoga la raíz. En exterior, elige color claro y cerámica o plástico estabilizado, y vacía el depósito antes de las heladas.
Su mejor uso son las plantas de flor a las que no se les puede mojar la hoja ni el cuello: violeta africana, gloxinia, Streptocarpus, begonias de hoja y ciclamen, este último solo mientras está en flor. Van bien también espatifilo, anturio, calateas, helechos, hortensia en tiesto y fucsia. Se pudren cactus, crasas, Zamioculcas, sansevierias, aromáticas mediterráneas y bulbos en reposo. Y el error que más plantas mata es tener el depósito siempre lleno.