Entre junio y septiembre, en acequias, orillas de río y prados encharcados de media España, se levantan espigas verticales de un magenta muy saturado que se ven desde la carretera. Son de Lythrum salicaria, la salicaria o arroyuela, una vivaz de la familia de las litráceas que vive donde el suelo casi nunca llega a secarse del todo.

Es planta autóctona en la Península, y eso condiciona todo lo que se puede decir de ella: aquí no es una exótica que haya que vigilar, sino un elemento normal de la vegetación de ribera. Fuera de su área natural, en cambio, tiene una historia muy distinta que conviene conocer antes de mover semilla de un sitio a otro.

Espigas florales magenta de Lythrum salicaria

Cómo es la planta y cómo reconocerla

Se trata de una herbácea vivaz de cepa leñosa que rebrota cada primavera desde un rizoma corto y grueso. Los tallos son erguidos, rígidos y de sección cuadrangular o algo angulosa, y alcanzan de 80 a 150 cm; en suelos muy ricos y con agua permanente pasan de los dos metros. Cada mata madura emite entre diez y treinta tallos, de manera que con los años forma un grupo compacto muy visible.

Las hojas son sentadas, lanceoladas, opuestas o en verticilos de tres, y recuerdan a las del sauce: de ahí el epíteto salicaria, que alude a Salix y no a nada relacionado con el ácido salicílico. La base de la hoja abraza ligeramente el tallo, detalle útil para separarla de otras plantas de ribera con hoja parecida.

La inflorescencia es una espiga terminal densa, de 15 a 40 cm, con las flores agrupadas en falsos verticilos. Cada flor mide alrededor de un centímetro, con seis pétalos estrechos y arrugados de color rosa púrpura intenso. La floración es larga, desde finales de junio hasta bien entrado septiembre, y se prolonga aún más si el verano no es extremo.

Hay un detalle botánico que rara vez aparece en las etiquetas de vivero: la salicaria es trístila. Existen tres tipos de flor en la especie, con estilo corto, medio o largo y estambres a las alturas complementarias, y cada mata tiene solo uno de esos tipos. El cruce fértil ocurre sobre todo entre morfos distintos. Charles Darwin dedicó a este sistema uno de sus estudios sobre formas florales, y tiene una consecuencia práctica: si en un jardín hay una sola mata o varias divisiones de la misma planta, la producción de semilla viable cae mucho. Quien quiera semilla necesita ejemplares de origen distinto; quien no la quiera, tiene ahí medio problema resuelto.

Dónde vive y qué agua necesita

Su hábitat natural son bordes de cauce, juncales, carrizales, cunetas húmedas y colas de embalse. Aguanta el suelo saturado durante meses y también unos centímetros de lámina de agua permanente sobre el cuello, algo que muy pocas vivaces de flor toleran. Esa capacidad la ha llevado a usarse en humedales artificiales de depuración, donde funciona junto a espadañas y carrizos filtrando aguas residuales tratadas.

Ahora bien, de aquí sale una idea equivocada muy extendida en jardinería: que sin estanque no se puede cultivar. No es cierto. La salicaria vive perfectamente en un arriate corriente siempre que el riego sea generoso y el suelo retenga humedad; lo que no soporta es secarse en julio. En un macizo con riego por goteo diario en verano y suelo mejorado con materia orgánica crece sin problemas, aunque más baja y con espigas algo más cortas que en la orilla de una charca.

Es indiferente al pH, tolera suelos pesados y arcillosos mucho mejor que otras vivaces de flor, y agradece un aporte anual de compost. En cuanto a frío, aguanta sin daño temperaturas por debajo de -20 °C, así que en toda la Península es rústica. La exposición debe ser de sol pleno: a media sombra florece, pero los tallos se estiran y acaban tumbándose con las tormentas de agosto.

Plantación, poda y multiplicación

El mejor momento para plantar es otoño, de octubre a noviembre, o al final del invierno antes del rebrote. Marco de plantación de unos 50-60 cm entre matas: parecen pocas al principio, pero en dos temporadas cierran el hueco. En estanque se coloca en la zona de ribera, con el cuello a ras de agua o hasta unos 10 cm por debajo, en cesta con sustrato mineral pesado para que no enturbie.

El mantenimiento es mínimo. En invierno, cuando la parte aérea está seca, se siegan los tallos a un palmo del suelo. Si se retrasa esa siega hasta febrero, los tallos huecos sirven de refugio de invernada a insectos, y el rebrote no se resiente en absoluto. Un pellizco de los brotes en mayo, cortando el tercio superior, da matas más ramificadas y compactas, con más espigas aunque más cortas.

La multiplicación por división de mata es la vía cómoda: se levanta el cepellón en marzo, se parte con pala o serrucho en trozos con tres o cuatro yemas y se replanta de inmediato sin dejar que se seque la raíz. Los esquejes de tallo tierno de finales de primavera enraízan en tres semanas en arena húmeda a la sombra. La semilla germina con facilidad en superficie, sin enterrar, sobre sustrato constantemente húmedo, pero conviene saber lo que se hace: una mata adulta produce una cantidad de semilla difícil de exagerar, del orden de cientos de miles de unidades por planta y año.

De ahí viene la única precaución seria en el jardín. Si la mata está junto a un arroyo o una balsa, cortar las espigas cuando empiezan a marchitar evita una siembra masiva aguas abajo, alarga la floración con espigas laterales y deja la planta más limpia en septiembre.

La cara conflictiva: invasora fuera de Europa

La misma planta que aquí es un componente ordinario de la vegetación de ribera se convirtió, tras su llegada a Norteamérica en el siglo XIX, en una invasora acuática de primer orden allí. Sin sus herbívoros y patógenos europeos, ocupó humedales enteros desplazando a la vegetación autóctona, y varios estados de Estados Unidos y provincias canadienses prohíben su venta y su plantación. Los cultivares de flor supuestamente estériles no resolvieron el problema, porque cruzan con las poblaciones silvestres.

Para un jardinero español esto no implica ninguna restricción legal, pero sí dos cosas prácticas: no enviar semilla ni plantas a terceros países sin comprobar su normativa, y no dar por hecho que una vivaz inofensiva en casa lo sea en otro clima.

Cultivares de jardín

La selección hortícola ha buscado sobre todo porte más contenido y color más definido. Lythrum salicaria 'Robert' se queda en torno a 60-80 cm, con flor rosa clara, y es la opción razonable para arriates pequeños. 'Feuerkerze' (vendida también como 'Firecandle') ronda el metro con espigas rosa carmín muy densas. 'Blush' aporta un rosa muy pálido, casi blanco, útil para suavizar combinaciones. Todas piden lo mismo que la especie: sol y humedad constante.

Combina bien con Filipendula ulmaria, Eupatorium cannabinum, Iris pseudacorus y gramíneas de porte alto como Molinia, que aguantan el mismo régimen de agua y florecen de forma escalonada.

Mata de salicaria en flor a orilla del agua

Fauna, miel y usos tradicionales

Como planta melífera es de primer orden. Florece en pleno verano, cuando escasea el néctar en el campo, y atrae abejas, abejorros, mariposas y sírfidos de forma continua durante semanas. En un jardín pensado para polinizadores, unas matas de salicaria cubren precisamente el hueco de julio y agosto.

En el terreno tradicional, la salicaria figura desde antiguo entre las plantas astringentes, por su elevado contenido en taninos, y así se recogió en la farmacopea popular europea. También se ha empleado la planta seca como curtiente. Sobre estos usos conviene ser claro: no se explica aquí ninguna forma de preparación ni dosis, porque el consumo de plantas medicinales interfiere con medicamentos, no está exento de efectos adversos y debe consultarse con un profesional sanitario. Que una planta sea silvestre y común no la vuelve inocua.

Lo mismo vale para las referencias a brotes tiernos consumidos cocinados en algunas zonas de Europa: es un dato etnobotánico, no una recomendación gastronómica, y la recolección en cauces expuestos a vertidos o a tratamientos fitosanitarios añade un riesgo que no compensa.

Problemas habituales

Es una planta sana. Los tres contratiempos que se ven en jardín tienen causa clara:

Tallos tumbados en verano. Suele deberse a exceso de sombra o a un abonado nitrogenado alto. Se corrige moviendo la planta a pleno sol y suprimiendo el nitrógeno; el pellizco de mayo también ayuda.

Hojas amarillentas con bordes secos en julio. Es sed, no carencia. La salicaria no tiene mecanismo de resistencia a la sequía y responde al estrés hídrico marchitando desde abajo.

Defoliación por escarabajos. Los crisomélidos del género Galerucella se alimentan de sus hojas y en Norteamérica se emplean como control biológico de la especie. En un jardín europeo, un ataque puntual se tolera sin intervenir: la planta rebrota.

En resumen

Lythrum salicaria es una vivaz autóctona de ribera, rústica hasta muy por debajo de cero, que pide sol pleno y suelo que no se seque y devuelve espigas magenta de julio a septiembre. No exige estanque, aunque lo aprovecha; sí exige agua. Se mantiene con una siega invernal y se multiplica dividiendo la mata en marzo. Su sistema floral trístilo hace que una mata sola produzca poca semilla viable, y aun así conviene cortar las espigas pasadas cuando hay un cauce cerca. Como fuente de néctar en julio y agosto tiene pocos competidores. Y su fama de invasora agresiva corresponde a Norteamérica, no a los humedales españoles, donde forma parte del paisaje desde siempre.


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