Las "monedas" plateadas que se venden en las floristerías para ramos secos no son ni flores ni hojas: son el tabique interno del fruto de Lunaria annua, lo único que queda de la silicua cuando se desprenden las dos valvas externas y caen las semillas. Ese detalle explica bastante de cómo hay que cultivarla, porque la planta no da ese material decorativo hasta el segundo año de vida, y muere justo después de darlo.

La lunaria pertenece a las brasicáceas, la familia de las coles, los rábanos y el alhelí. Se la conoce también como planta de la plata, monedas del Papa, hierba de la plata o medallas. Alcanza entre 60 y 100 cm, tiene hojas acorazonadas de borde dentado y flores de cuatro pétalos en tonos malva, violeta o púrpura, con una fragancia discreta que se nota más al atardecer. Existe la variedad alba, de flor blanca, y la 'Variegata', con el margen de la hoja crema.

Ejemplar de Lunaria annua con sus frutos plateados

Es bienal, no perenne, y eso condiciona todo

Aquí está el punto que decide si tendrás lunaria en el jardín o solo un año de flor y nada más. Lunaria annua es una planta bienal, pese al epíteto annua, que resulta engañoso. El primer año germina y forma una roseta baja de hojas que pasa el invierno sin llamar la atención. El segundo año emite el tallo floral, florece entre marzo y mayo según la zona, fructifica en junio y julio y se seca. No rebrota. Si compras una maceta en flor y esperas verla otra vez la primavera siguiente, lo que encontrarás es un hueco.

La continuidad se consigue de dos maneras. La primera, dejando que se resiembre sola: suelta semilla en abundancia y las plántulas aparecen en otoño alrededor de la planta madre. La segunda, más fiable, es sembrar dos años seguidos al empezar. A partir del tercer año tendrás siempre una generación en roseta y otra en flor conviviendo, y la floración deja de ser intermitente.

Conviene no confundirla con Lunaria rediviva, que sí es perenne, tiene flores más pálidas y frutos elípticos y puntiagudos en vez de redondos. Si lo que buscas son las monedas circulares clásicas, la especie es annua.

Siembra y multiplicación

La semilla es grande, plana y fácil de manejar. Se siembra a 5-10 mm de profundidad y germina en dos o tres semanas con temperaturas de 15-20 °C. En la mitad norte peninsular la época natural es de mayo a julio; en el centro y el sur, sembrar en junio significa condenar a las plántulas al calor de agosto, así que allí funciona mucho mejor sembrar a principios de septiembre, cuando la tierra sigue templada pero las tardes ya aflojan.

La lunaria hace raíz pivotante y encaja mal los trasplantes con el cepellón roto. Lo razonable es sembrar directamente en su sitio, aclarando después a un marco de 30-40 cm, o usar alvéolos profundos y plantar antes de que la raíz se enrosque en el fondo. Las bandejas de semillero planas dan plantas que se quedan cortas y florecen mal.

El primer verano es el momento crítico: una roseta que se seca en agosto no llega a florecer en abril. Riego moderado pero constante durante ese primer ciclo, y acolchado con hoja o corteza para conservar la humedad, resuelven el problema. En el segundo año la planta ya se defiende sola salvo en sequías largas.

Dónde plantarla y con qué luz

Su sitio natural es el sotobosque y los taludes frescos, y en el jardín agradece exactamente eso: media sombra y suelo fresco con materia orgánica. Bajo árboles de hoja caduca funciona muy bien, porque florece cuando la copa todavía está desnuda y pasa el verano ya seca, sin competir por el agua.

En Galicia, la cornisa cantábrica o la montaña puede ir a pleno sol sin problema. En Madrid, Sevilla o el valle del Ebro, el sol directo de mediodía en mayo achicharra las hojas y acorta la floración; ahí la orientación este o el sotobosque son la única opción sensata. Tolera suelos calizos y no es exigente con el pH, pero no soporta el encharcamiento invernal: en tierra pesada conviene aportar arena gruesa o plantar en zona ligeramente elevada.

El frío no es un problema. Resiste sin daño por debajo de -15 °C, y de hecho la roseta necesita pasar frío invernal para inducir la floración. En zonas de invierno muy suave la floración puede resultar irregular por esa razón.

Cuidado con el abonado nitrogenado: un exceso produce tallos blandos y altos que se tumban con la primera tormenta de primavera. Un aporte de compost al preparar el terreno basta para todo el ciclo.

Cómo recolectar y secar las monedas

El momento de corte marca la diferencia entre unas lunas limpias y unas hojas rotas y sucias. Los frutos hay que cortarlos cuando pasan de verde a beige pajizo pero antes de que empiecen a abrirse solos, normalmente entre finales de junio y julio. Esperar a que estén completamente abiertos en la planta es dejarlos a merced del viento y de las tormentas de verano, que los pican y los ennegrecen.

Se cortan los tallos enteros, se atan en manojos pequeños y se cuelgan boca abajo en un lugar seco, oscuro y aireado durante dos o tres semanas. Después basta con frotar cada fruto entre el pulgar y el índice: las dos valvas se desprenden con las semillas dentro y queda el tabique nacarado. Guarda esas semillas en un sobre de papel, en seco: mantienen buena germinación durante tres o cuatro años.

Flores malva de Lunaria annua en primavera

Problemas habituales

Al ser una crucífera, comparte enemigos con las coles. Las orugas de la mariposa de la col (Pieris spp.) pueden dejar las hojas convertidas en encaje en mayo; se recogen a mano sin dificultad y, si la población es alta, Bacillus thuringiensis resuelve el asunto sin afectar a los polinizadores. El pulgón se instala en las inflorescencias jóvenes y deforma el racimo: un chorro de agua a presión o jabón potásico es suficiente.

Las babosas y caracoles son el peligro real en fase de plántula otoñal, sobre todo en jardines sombríos y húmedos, donde pueden llevarse una siembra entera en dos noches. Vale la pena revisar de noche las primeras semanas.

En hojas, el oídio aparece al final del ciclo como polvo blanco, y en primaveras muy lluviosas pueden salir manchas foliares. Ninguno de los dos justifica tratar: la planta está terminando su vida de todos modos. Lo que sí conviene es no plantarla año tras año en el mismo cuadro, por el mismo motivo por el que no se repiten coles en el mismo bancal: los hongos de suelo se acumulan.

Usos en el jardín y comestibilidad

Funciona bien en bordes de sotobosque, jardines de estilo naturalista y arriates de sombra, acompañada de aquilegias, dedaleras, geranios vivaces y helechos. Las flores atraen abejas y son un recurso temprano para los abejorros, y sirven de planta nutricia para varias mariposas blancas.

No figura entre las plantas tóxicas, ni para personas ni para perros y gatos. Las semillas tienen el sabor picante propio de la familia, similar al de la mostaza, y las raíces del primer año se han consumido cocidas de forma tradicional, aunque su interés culinario hoy es más una curiosidad que otra cosa.

Sobre su comportamiento en el jardín: se resiembra con generosidad y en zonas húmedas del norte se naturaliza en cunetas y bordes de camino. No es una planta problemática en España, pero si no quieres que colonice el arriate, arranca las plántulas sobrantes en otoño, cuando salen a docenas y todavía se quitan con dos dedos.

En resumen

Lunaria annua es bienal: roseta el primer año, flor y monedas plateadas el segundo, y después muere. Siembra directa en su sitio de mayo a julio en el norte y en septiembre en el centro y el sur, dos años seguidos para tener siempre flor. Media sombra, suelo fresco con materia orgánica y sin encharcamiento, riego durante el primer verano y poco nitrógeno. Los frutos se cortan en beige, antes de abrirse, se secan colgados tres semanas y se frotan para dejar el tabique nacarado. Sus problemas son los de cualquier crucífera —orugas, pulgón, babosas— y ninguno grave. Déjala resembrarse y la tendrás sin volver a sembrar nunca.


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