¿Cómo se llama esa mata baja de florecillas amarillas, a veces con capullos anaranjados o rojizos, que tapiza los márgenes de carretera, los prados de montaña y los taludes de media España entre mayo y septiembre? Es el Lotus corniculatus, una planta que casi todo el mundo ha visto sin ponerle nombre. En jardinería está infravalorada; en agronomía se la valora muchísimo como forrajera, por un motivo muy concreto que veremos más abajo.

Aclaremos primero el nombre

El género Lotus genera confusiones constantes, así que conviene separar tres cosas distintas:

El loto acuático, la flor sagrada de la India y de Egipto, no es un Lotus. Es Nelumbo nucifera (familia Nelumbonaceae) o, en el caso egipcio, un nenúfar del género Nymphaea. No tiene nada que ver con la planta de este artículo.

El Lotus berthelotii y el Lotus maculatus, conocidos como pico de paloma o picopaloma, son especies canarias de flores rojas o anaranjadas con forma de garra, que se venden como colgantes de jardinería. Mismo género, planta completamente distinta.

Y el Lotus corniculatus, protagonista aquí, es el cuernecillo, también llamado loto corniculado, zapatitos de la Virgen, trébol de cuernecillos o corona de rey. En inglés se conoce como birdsfoot trefoil, pie de pájaro, por un motivo que enseguida se entiende al ver sus frutos.

Origen y características

Pertenece a la familia Fabaceae, las leguminosas, y es nativa de Europa, Asia templada y norte de África. En España es una planta silvestre común en prados, herbazales, orillas de camino, claros de bosque y pastizales de montaña, desde el nivel del mar hasta más de 2.000 metros. Está presente en toda la Península, con mayor abundancia en la mitad norte. Introducida por el ser humano, hoy es cosmopolita, y en algunas zonas de Norteamérica y Australia se comporta como invasora.

Es una herbácea perenne de raíz principal profunda y ramificada, con tallos ascendentes o postrados de 10 a 50 cm que forman una mata densa. En cultivo bien establecido puede durar entre 4 y 6 años, aunque en la práctica se automantiene por resiembra natural.

La hoja tiene un detalle botánico que merece explicación. A primera vista parece trifoliada, como la del trébol, pero en realidad presenta cinco foliolos: tres agrupados en el extremo del peciolo y dos en la base, en la posición donde otras leguminosas llevarían estípulas. Es un carácter diagnóstico útil para identificarla en el campo.

Las flores son papilionáceas, típicas de leguminosa, de 10-15 mm, agrupadas en umbelas de 2 a 8 flores sobre un pedúnculo largo. El color es amarillo dorado, y muy a menudo los capullos y el reverso de la quilla presentan tonos anaranjados, rojizos o cobrizos, lo que da a la mata un aspecto bicolor bastante llamativo de cerca. Florece de mayo a septiembre, con el pico en junio y julio, y a menudo repite en otoño si hay lluvias.

El fruto explica el nombre científico y el común. Son legumbres cilíndricas y delgadas, de 2 a 3 cm, que se disponen radialmente en grupos de tres a seis en el extremo del pedúnculo, formando una figura que recuerda a la pata de un ave o a un puñado de cuernecillos. Al madurar se abren en dos valvas que se retuercen en espiral y proyectan las semillas.

Flores amarillas de Lotus corniculatus en un prado

Fijación de nitrógeno: lo que hace por el suelo

Como toda leguminosa, el cuernecillo establece simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico, en su caso principalmente Mesorhizobium loti. Las bacterias colonizan la raíz y forman nódulos donde reducen el nitrógeno del aire a formas asimilables por la planta; a cambio reciben azúcares.

Esto tiene dos implicaciones prácticas.

La primera es que el Lotus corniculatus enriquece el suelo en nitrógeno sin necesidad de fertilización, y beneficia a las plantas vecinas y sucesoras. Por eso se usa en mezclas de pradera y como abono verde.

La segunda es que, si se siembra en un terreno donde nunca ha crecido la especie, conviene inocular la semilla con la cepa adecuada de rizobio. Se venden inoculantes comerciales y el procedimiento es sencillo: se humedece ligeramente la semilla, se mezcla con el inoculante y se siembra el mismo día, evitando el sol directo sobre la semilla tratada. Sin inoculación, en suelos vírgenes la nodulación puede ser pobre y el cultivo rinde mucho menos.

Ubicación

Es una planta de pleno sol. Tolera semisombra ligera, pero en sombra franca se ahíla, florece poco y acaba desapareciendo bajo la competencia de las gramíneas.

Resiste bien el viento y soporta condiciones expuestas, lo que la hace ideal para taludes, terraplenes y bordes. También tolera cierto pisoteo, aunque menos que un césped de gramíneas.

Tierra: su gran ventaja

Aquí está el verdadero argumento a favor de esta especie. El cuernecillo crece donde la alfalfa no puede.

Tolera un rango de pH extraordinariamente amplio, aproximadamente de 4,5 a 8,0. La alfalfa (Medicago sativa) exige suelos neutros o básicos y bien drenados; el cuernecillo prospera en suelos ácidos, pobres, pedregosos, poco profundos y de baja fertilidad, condiciones habituales en la España atlántica, en la montaña y en muchos suelos de granito y pizarra del oeste peninsular.

Además, y esto es poco común entre las leguminosas, tolera el encharcamiento temporal y los suelos con drenaje deficiente mucho mejor que el trébol violeta o la alfalfa. Aguanta también cierta salinidad.

Y simultáneamente resiste bien la sequía estival, gracias a su raíz profunda. En veranos secos entra en semi-reposo y rebrota con las primeras lluvias de otoño.

En resumen: es la leguminosa de los suelos difíciles. No hay que enmendarla ni mimarla; de hecho, en suelo demasiado rico compite peor porque las gramíneas la ahogan.

Riego

Establecida, el cuernecillo apenas necesita riego en la mitad norte peninsular y en zonas de montaña, donde se mantiene con la lluvia. En el centro y sur, un riego de apoyo cada 10 o 15 días en pleno verano prolonga la floración y evita que la mata se agoste, pero no es imprescindible para su supervivencia.

La fase crítica es el establecimiento. La plántula de Lotus es pequeña, de crecimiento inicial lento y muy vulnerable a la competencia y a la sequía superficial. Durante las primeras 6 u 8 semanas tras la siembra hay que mantener el suelo fresco con riegos ligeros y frecuentes. Una vez la raíz ha bajado, el problema desaparece.

En maceta, que es un uso minoritario pero posible en jardineras de aromáticas y silvestres, riego moderado dejando secar entre aportes.

Abonado

Poco y de un tipo concreto.

Nitrógeno: no. La planta lo fija por sí sola, y aportarlo tiene un efecto perverso: favorece a las gramíneas competidoras, que crecen más deprisa y desplazan al cuernecillo, y desincentiva la nodulación.

Fósforo y potasio: sí, si el suelo es muy pobre. El fósforo es especialmente importante para la nodulación y para el desarrollo radicular. Un aporte de fondo antes de la siembra en suelos deficientes mejora mucho el establecimiento.

En suelos muy ácidos, por debajo de pH 5, un encalado ligero mejora la disponibilidad de fósforo y molibdeno, aunque la planta tolere la acidez.

En jardinería ornamental, con un aporte de compost cada dos o tres años es más que suficiente.

Multiplicación

Casi siempre por semilla. Se siembra en otoño (septiembre-octubre) en la mitad sur y en el litoral mediterráneo, aprovechando las lluvias otoñales, o en primavera temprana (marzo-abril) en zonas frías, donde el invierno es demasiado duro para plántulas jóvenes.

La semilla es dura y una parte del lote presenta dormancia física: la cubierta impermeable impide la entrada de agua. Es una adaptación que escalona la germinación durante años, muy útil en la naturaleza y muy incómoda en cultivo. Se resuelve por escarificación: la semilla comercial suele venir ya escarificada mecánicamente, y en pequeñas cantidades se puede frotar suavemente entre dos hojas de papel de lija fino o remojar 12 horas en agua templada.

Se siembra muy superficialmente, a 0,5-1 cm como máximo, sobre suelo bien refinado y firme, y se pasa un rulo o se compacta ligeramente para asegurar contacto entre semilla y suelo. Enterrarla más es un error habitual y reduce mucho la nascencia. La dosis orientativa en siembra pura para pradera es de 15 a 25 kg por hectárea; en mezcla con gramíneas, bastante menos.

Germina en 7-14 días con humedad y temperatura superior a 12-15 °C. El crecimiento inicial es lento y hay que controlar las malas hierbas en esa fase, porque el cuernecillo compite mal cuando es joven.

También se puede multiplicar por división de mata en primavera u otoño, y por esquejes de tallo en primavera, aunque en la práctica no compensa frente a la semilla salvo con selecciones ornamentales concretas, como la forma de flor doble Lotus corniculatus 'Plenus', que se propaga vegetativamente.

Una vez instalado, se resiembra solo con facilidad.

Poda y siega

No requiere poda propiamente dicha. En uso ornamental, un recorte a 5-8 cm tras la floración principal, hacia finales de julio, elimina las matas envejecidas, provoca un rebrote limpio y frecuentemente una segunda floración en septiembre.

En uso forrajero la cosa es distinta y hay un punto técnico importante. A diferencia de la alfalfa, el Lotus corniculatus rebrota principalmente desde yemas axilares de los tallos, no desde la corona. Eso significa que una siega demasiado baja o demasiado frecuente lo debilita gravemente y acaba con la pradera. Las recomendaciones habituales son segar dejando un rastrojo de 5 a 8 cm y no más de dos o tres cortes al año, permitiendo que la planta alcance al menos el inicio de floración antes de cada corte para que reponga reservas. En pastoreo, conviene un manejo rotacional con periodos de descanso amplios.

Dejar que semille al menos una vez por temporada asegura la persistencia de la pradera a largo plazo.

Rusticidad

Es una planta muy rústica. Soporta sin problema heladas fuertes, del orden de -20 °C o más en estado de reposo, lo que la hace apta para toda España, incluidas las zonas de montaña de Pirineos, Cordillera Cantábrica y Sistema Central.

Su limitación real no es el frío sino el calor extremo combinado con sequía prolongada: en el interior de Andalucía o en Murcia sobrevive pero se agosta pronto y la floración es corta. También le perjudica la competencia intensa de gramíneas vigorosas en suelos fértiles y húmedos.

Usos

Ornamental y paisajístico. Es excelente como cubresuelos en taludes y terraplenes, donde su raíz profunda sujeta el terreno y controla la erosión. Se usa mucho en restauración de márgenes de carretera y de canteras. En jardinería naturalista y de bajo mantenimiento funciona muy bien en praderas floridas mezclado con gramíneas finas, margaritas, achicoria, Achillea millefolium y amapolas. También tiene sentido como sustituto parcial del césped en zonas de poco tránsito: no exige riego, no se abona y florece.

Abono verde y cubierta vegetal. Sembrado entre líneas en frutales, olivar o viñedo, aporta nitrógeno, mejora la estructura del suelo, reduce la erosión y no compite con el cultivo si se maneja. Al ser perenne y de porte bajo, se comporta mejor que las cubiertas anuales en parcelas con pendiente.

Planta melífera. Sus flores son visitadas intensamente por abejorros (Bombus spp.) y abejas melíferas, y es planta nutricia de las orugas de varias mariposas licénidas. En cualquier proyecto de jardín para polinizadores tiene un sitio.

Forraje: el argumento fuerte. Y aquí está el motivo por el que esta especie interesa tanto en ganadería. El Lotus corniculatus contiene taninos condensados en concentraciones moderadas, del orden del 2-4 % de la materia seca. Esos taninos se unen a las proteínas en el rumen y forman complejos estables que se disocian después en el abomaso, lo que produce dos efectos muy valiosos:

Primero, previene el meteorismo o timpanismo, la hinchazón que puede matar a una vaca u oveja que pasta alfalfa o trébol tiernos. Es una diferencia decisiva: se puede pastorear cuernecillo en verde sin riesgo de empanzamiento, algo que con la alfalfa exige precauciones constantes.

Segundo, mejora el aprovechamiento de la proteína, que llega al intestino delgado en lugar de degradarse en el rumen, lo que se traduce en más producción de leche y carne por kilo de forraje. Como efecto añadido, existe evidencia de que reduce la carga de parásitos gastrointestinales en pequeños rumiantes y disminuye las emisiones de metano entérico.

A cambio, su producción total de materia seca es menor que la de la alfalfa en buenas condiciones. Su terreno es el suelo pobre, ácido o mal drenado, donde la alfalfa no prospera.

Una advertencia real. El Lotus corniculatus contiene glucósidos cianogénicos (linamarina y lotaustralina) en cantidad variable según la población y las condiciones. En la práctica del pastoreo normal no causa problemas, porque los niveles son bajos y los taninos parecen mitigar su efecto, pero es una razón más para no considerarla planta comestible ni medicinal para consumo humano. No conviene experimentar con infusiones caseras de esta especie.

Errores frecuentes

Sembrar demasiado profundo. Es la causa número uno de fracaso. Medio centímetro basta.

No escarificar ni inocular. Nascencia irregular y nodulación pobre.

Abonar con nitrógeno. Se acaba teniendo una pradera de gramíneas sin cuernecillo.

Segar demasiado bajo o demasiado a menudo. Rebrota desde los tallos, no desde la corona, y una siega rasa lo elimina.

Impacientarse durante el establecimiento. El primer año crece poco y se ve mal. Es normal; el sistema radicular está trabajando bajo tierra.

En resumen

El Lotus corniculatus o cuernecillo es una leguminosa perenne autóctona de flores amarillas, silvestre y abundante en España, cuyos frutos dispuestos en corona le dan el nombre. No tiene nada que ver con el loto acuático (Nelumbo nucifera) ni con los picopaloma canarios.

Su valor está en la rusticidad: pleno sol, suelos pobres, ácidos, pedregosos o mal drenados donde la alfalfa fracasa, resistencia a la sequía por raíz profunda y tolerancia a heladas de -20 °C. Fija nitrógeno con Mesorhizobium loti, así que no se abona con nitrógeno; solo fósforo si el suelo es muy pobre.

Se siembra en otoño o primavera temprana, con semilla escarificada e inoculada y enterrada apenas medio centímetro, y hay que tener paciencia con un establecimiento lento.

Sirve como cubresuelos anti-erosión, como abono verde en cubiertas de frutales y olivar, como planta melífera de primer orden y como forraje con una ventaja poco igualable: sus taninos condensados evitan el meteorismo del ganado y mejoran el aprovechamiento de la proteína. Eso sí, contiene glucósidos cianogénicos, de modo que no es una planta para consumo humano.


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