El nombre se escribe con una sola ele: Lilium. La grafía "lillium" circula por catálogos, floristerías y etiquetas de vivero, pero el género es Lilium, de la familia Liliaceae, con unas cien especies del hemisferio norte y varios miles de cultivares. Conviene fijarlo desde el principio, porque buscar bien el nombre es lo que separa comprar un bulbo perfumado de acabar con otra cosa.

Antes de nada, una advertencia que no admite matices: todas las partes de un Lilium son gravemente tóxicas para los gatos. Hoja, pétalo, polen y hasta el agua del jarrón provocan fallo renal agudo, y bastan cantidades mínimas —un gato que se lame el polen del pelaje puede intoxicarse—. No hay antídoto doméstico; ante una ingesta sospechada, veterinario de urgencia el mismo día. Si convives con gatos, ni ramo ni maceta dentro de casa. En perros el cuadro es mucho más leve, normalmente digestivo, pero tampoco es planta para mordisquear.

Flores de Lilium abiertas en el jardín

Azucena, lirio y lilium no son sinónimos

En castellano se usan los tres nombres como si dieran igual, y no dan igual. Azucena, en sentido estricto, es Lilium candidum, la de flor blanca y perfume denso que se cultiva en la Península desde hace siglos. Lirio designa propiamente a las especies del género Iris, que no tienen bulbo escamoso ni nada que ver en su cultivo. Y Lilium es el género entero, azucena incluida.

La confusión tiene consecuencias prácticas. Quien pide "bulbos de lirio" en un centro de jardinería puede volver a casa con rizomas de Iris germanica, que se plantan casi en superficie y al sol, cuando lo que quería eran bulbos que van enterrados a tres veces su altura. Fíjate en la etiqueta y en el bulbo: el de Lilium es una piña de escamas carnosas sueltas, sin túnica papelosa que lo envuelva. Eso también significa que se deshidrata con facilidad: un bulbo arrugado y blando en la bandeja del supermercado ya ha perdido buena parte de sus reservas y florecerá mal o no florecerá.

Qué grupo elegir según dónde vivas

Los catálogos mezclan todo bajo "lilium", pero el comportamiento cambia radicalmente entre grupos. Estos son los que importan en España:

Híbridos asiáticos. Los más fáciles y baratos. Florecen pronto, de finales de mayo a junio, con flores erguidas en naranja, rojo, amarillo, rosa o blanco. Prácticamente sin perfume, cosa que sorprende a quien los compra buscando aroma. Tallos firmes, buena resistencia al calor y tolerancia razonable a suelos calizos.

Híbridos trompeta y aurelianos. Encabezados por Lilium regale, de flor blanca con reverso vinoso y un perfume que se nota a diez metros al atardecer. Florecen en julio, aguantan bien el calor seco y —dato clave para el interior peninsular— toleran la caliza. Para Madrid, Castilla o el valle del Ebro es la apuesta más segura si quieres aroma.

Híbridos orientales. Los de flor enorme y perfume más intenso, tipo 'Stargazer' o los blancos de floristería, en agosto. Son calcífugos: exigen suelo ácido y agua blanda. Regados con agua dura del grifo en un suelo calizo, amarillean entre nervios en dos temporadas y desaparecen. En Galicia, la cornisa cantábrica o cualquier jardín de suelo ácido van solos; en el resto, cultívalos en maceta con sustrato para plantas acidófilas y riega con agua de lluvia.

Orienpet (OT). Cruce de orientales y trompeta. Reúnen el perfume oriental con más tolerancia al calor y a la caliza, y alcanzan tallos de metro y medio o más. Son la mejor opción para climas cálidos si quieres flor grande y aromática.

Entre las especies, además de L. candidum, merece la pena Lilium martagon, de flores pequeñas y recurvadas en verticilos, que crece en semisombra de bosque y tolera suelos calizos, y Lilium pyrenaicum, amarillo, propio de los prados y bordes de bosque del Pirineo. Estas dos últimas son plantas silvestres en España y no se recolectan del campo: se compran cultivadas.

Plantación: la profundidad depende de la especie

Aquí está el fallo que arruina la primera temporada. La regla general —enterrar el bulbo a unas tres veces su altura, es decir de 15 a 20 cm en los bulbos grandes— vale porque la mayor parte de los híbridos modernos son enraizantes de tallo: emiten un segundo juego de raíces en la porción de tallo enterrada, y de esas raíces sale buena parte del alimento y todo el anclaje. Plantados someros, se caen con el primer viento y florecen menos.

Pero Lilium candidum funciona al revés. Enraíza solo por la base y forma una roseta de hojas que pasa el invierno verde, así que se planta a finales de verano, en agosto o septiembre, y con apenas 2 o 3 cm de tierra por encima del bulbo. Enterrada a quince centímetros como los demás, la azucena se pudre. L. martagon también es basal y agradece plantación temprana en otoño.

El resto se planta entre octubre y noviembre, o a finales de invierno si los bulbos llegan tarde. Pon un puñado de arena gruesa o grava bajo el bulbo si tu suelo es pesado: el bulbo escamoso no tiene protección y en tierra encharcada se descompone en semanas. Separa 20-30 cm entre bulbos y planta en grupos impares de tres o cinco, que es como se ven bien.

Suelo, luz y riego

La fórmula clásica de los cultivadores ingleses sigue siendo la mejor guía: la cabeza al sol y los pies a la sombra. La flor quiere luz —cinco o seis horas de sol, mejor de mañana en el interior y el sur—, pero la base del tallo y el suelo sobre el bulbo deben mantenerse frescos. Se consigue plantando entre perennes bajas o arbustos pequeños, o con un acolchado de 5 cm de corteza o compost. En Sevilla o Murcia, un lilium con el pie al sol de agosto sobre suelo desnudo se achicharra.

El suelo debe ser profundo, rico en materia orgánica y bien drenado; el estiércol fresco quema el bulbo, así que solo compost bien hecho. Riega de forma regular desde que asoma el brote hasta que la flor se agota, sin encharcar y mojando el suelo, no las hojas. Cuando el follaje empieza a amarillear, en otoño, reduce el riego progresivamente.

El abonado va con potasio: un fertilizante de tomate o de floración cada quince días desde la brotación hasta el final de la floración. El nitrógeno en exceso da tallos largos y blandos que se tumban y hojas más apetecibles para el pulgón.

Después de la flor: lo que decide el año siguiente

Corta las flores marchitas para que la planta no gaste en formar semilla, pero no toques el tallo ni las hojas. Ese follaje verde está recargando el bulbo durante todo el verano; segar el tallo en julio porque "ya no tiene flor" significa bulbos escuálidos y una floración pobre al año siguiente. Espera a que el tallo esté seco y amarillo, normalmente en octubre o noviembre, y córtalo entonces a ras de suelo.

La misma lógica se aplica a las flores para jarrón: deja siempre al menos la mitad del tallo con sus hojas en la planta. Y en el ramo, retira los estambres con unas tijeras nada más abrirse la flor. El polen mancha tejidos de forma casi indeleble y, si se moja, es peor; se quita en seco, con un pincel o con cinta adhesiva, nunca frotando con un paño húmedo.

Los bulbos no necesitan desenterrarse cada año. Se dejan en su sitio y se dividen cada tres o cuatro temporadas, en otoño, cuando la mata empieza a florecer con flores más pequeñas. Se multiplican separando los bulbillos laterales o desprendiendo escamas del bulbo madre, que enraízan en bolsa con sustrato húmedo y dan planta floral en tres años.

Plagas y enfermedades

Criocero del lirio (Lilioceris lilii). Un escarabajo de un rojo escarlata brillante, de menos de un centímetro, presente ya en buena parte de la Península. Los adultos aparecen en primavera y las larvas, que se cubren de sus propios excrementos formando un grumo pardo pegajoso, devoran las hojas a una velocidad notable: un tallo puede quedar sin follaje en pocos días. La revisión ocular al empezar la brotación y la recogida manual funcionan mejor que cualquier tratamiento, porque el adulto se deja caer al suelo boca arriba en cuanto se le acerca la mano.

Pulgón. Más allá del daño directo, transmite virosis —moteado del lilium, mosaico del pepino— que deforman las hojas con jaspeados y degeneran el bulbo sin remedio. Una planta virótica se arranca y se destruye; no se recupera.

Botritis (Botrytis elliptica). En primaveras húmedas aparecen manchas ovaladas pardas con halo en las hojas bajas. Riega al pie, airea las matas y retira el follaje afectado; el acolchado también reduce las salpicaduras de tierra sobre las hojas.

Roedores y jabalíes desentierran los bulbos en jardines rurales. Una cesta de malla metálica enterrada resuelve el problema.

En maceta

Funciona muy bien, con una condición: profundidad. Elige tiestos de al menos 30 cm de alto para que quepan los 15-20 cm de tierra sobre el bulbo más el volumen de raíz, y planta tres bulbos por maceta de 30 cm de diámetro. Sustrato de calidad con un 20 % de arena gruesa o perlita. En invierno, la maceta se protege del exceso de lluvia y del hielo prolongado arrimada a una pared; el bulbo resiste el frío, no el barro permanente. Los orientales en maceta, con sustrato acidófilo y agua de lluvia, son la forma de cultivarlos en zonas de agua dura.

En resumen

El género es Lilium, la azucena es Lilium candidum y el lirio verdadero es un Iris. Si hay gatos en casa, fuera de casa: la toxicidad renal es real y grave. Compra bulbos firmes y carnosos, plántalos a tres veces su altura salvo la azucena, que va somera y a final de verano, y busca suelo profundo y drenado, cabeza al sol y pie a la sombra. Elige asiáticos o trompeta si tu agua y tu suelo son calizos, y reserva los orientales para suelo ácido o maceta con agua de lluvia. Abona con potasio, deja el tallo intacto hasta que se seque en otoño y vigila el escarabajo rojo desde la brotación. Con eso, la mata mejora sola año tras año.


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