Laurus nobilis es el laurel, el de la hoja que echas al guiso y el de la corona de los emperadores. Es un árbol mediterráneo de hoja perenne, de porte pequeño para lo que se entiende por árbol, que se deja conducir en un solo tronco o en mata de varios pies y que aguanta la tijera mejor que casi ninguna otra especie de este clima. Esa combinación explica por qué está en tantos jardines y patios de España: cabe, no se queda desnudo en invierno y perdona el recorte.
Si has llegado buscando cuánto crece y si te va a caber, la respuesta corta es que en jardín se queda con frecuencia entre los tres y los ocho metros, que en condiciones buenas y con muchos años puede pasar de diez, y que su ritmo es lento o medio, no de árbol de sombra rápida. Lo que sigue es cómo es de verdad, dónde vive bien en la península y en las islas, qué variedades hay dentro del género y, sobre todo, cuáles de los otros «laureles» del vivero no tienen nada que ver con este y algunos son peligrosos.
Cómo es el laurel por dentro
Es un árbol o arbusto grande de la familia de las lauráceas, perennifolio, con tendencia natural a brotar desde la base y formar varios troncos. El tronco es recto y de corteza lisa, gris oscura o casi negruzca, sin las grietas profundas de un roble o de un olmo. La copa es densa, alargada y bastante cerrada, y de ahí viene su mejor cualidad ornamental: tapa.
La hoja es lo que lo identifica sin lugar a dudas. Simple, alterna, coriácea, de un verde oscuro brillante por el haz y más mate por el revés, con el borde algo ondulado y la punta aguda. Si la partes entre los dedos suelta un aroma inconfundible, el mismo del bote de laurel seco de la cocina. Ese olor viene de los aceites esenciales de la hoja y es la prueba de campo más rápida para no confundirlo con otra cosa.
El laurel es dioico: hay pies macho y pies hembra, con las flores en árboles distintos. Florece a finales de invierno y en primavera, con racimillos de flores pequeñas y amarillentas que pasan casi desapercibidos. Solo los pies hembra dan fruto, una baya ovalada que madura en otoño y pasa de verde a un negro azulado con aspecto de aceituna pequeña. Si no quieres fruta caída sobre el pavimento, el pie macho es el que interesa; si te da igual, la baya no mancha como la de una morera.
Cuánto crece y cuánto espacio pide
Aquí es donde el laurel gana a casi todos los árboles de jardín pequeño. Su crecimiento es lento o moderado, su copa es estrecha en proporción a la altura y su sistema radicular no es de los que rompen cosas. No es un chopo ni un plátano: puedes plantarlo relativamente cerca de una fachada o de un muro sin que la acera se levante al cabo de quince años. Aun así, un árbol es un árbol, y lo razonable es dejar un par de metros o más entre el tronco y una pared, y no plantarlo justo encima de una arqueta o de una fosa séptica.
Como referencia de espacio: un ejemplar conducido en árbol pide un hueco de tres o cuatro metros de diámetro para la copa; en seto se planta en línea a menos de un metro entre plantas y se recorta a la altura que quieras, incluso a dos metros de pantalla vegetal. También vive años en maceta grande, que es la forma habitual de tenerlo en un balcón o en un patio interior, con la contrapartida de que en tiesto crece menos y depende del riego.
Es perennifolio, así que da sombra los doce meses del año. Eso conviene saberlo antes de ponerlo al sur de una ventana: en verano agradecerás la sombra y en enero la seguirás teniendo.
Dónde prospera en España
Su área natural es la cuenca mediterránea, y eso se nota en lo que tolera y en lo que no. En el litoral mediterráneo, desde Cataluña hasta Andalucía, y en Baleares, está en su sitio: veranos secos y calurosos que aguanta bien una vez arraigado, e inviernos suaves. En el norte atlántico y en la cornisa cantábrica también va bien, incluso mejor en cuanto a humedad ambiental, porque en la naturaleza busca barrancos frescos y umbrías.
El problema está en el interior continental, en las dos mesetas y en el valle del Ebro. Ahí el laurel sufre las heladas fuertes y sostenidas: puede quemarse la hoja, perder ramas y, en inviernos duros, morir. Tolera algo de frío, no un invierno de meseta severo sin reparo. En esas zonas se planta arrimado a un muro que le dé abrigo, en el lado más protegido de la casa, o en maceta que puedas mover.
En cuanto al suelo, es poco exigente y aguanta la cal de los suelos del este y del sur, lo que no es poco. Lo que no perdona es el encharcamiento: en terreno pesado y mal drenado se le pudre la raíz. En Canarias hay que hacer una distinción que se cuenta más abajo, porque el laurel de la laurisilva canaria es otra especie del mismo género.
Variedades del laurel y el resto del género
El género Laurus es pequeño y suele admitirse con tres especies:
- Laurus nobilis: el laurel común, el de la cocina y el de los jardines. Es el que trata este artículo.
- Laurus azorica: el loro o laurel de las Azores, de la laurisilva macaronésica.
- Laurus novocanariensis: el laurel canario, propio de la laurisilva de Canarias y Madeira. En los montes de laurisilva de La Gomera, Tenerife o La Palma, este es el laurel de verdad, y no el de la maceta de vivero.
Dentro de Laurus nobilis circulan por los viveros unas pocas formas de jardinería, seleccionadas por la hoja:
- De hoja estrecha (se vende como angustifolia o «laurel de hoja de sauce»): hoja mucho más larga que ancha, de aspecto más ligero.
- De hoja dorada (aurea): brotación y hojas jóvenes de tono amarillento. Necesita sol para que el color salga y se quema si el sol es excesivo.
- De hoja ondulada o rizada: borde de la hoja marcadamente ondulado.
Ninguna de ellas cambia lo esencial del árbol: mismo porte, mismo aroma, mismo uso. Y en colores el laurel no ofrece gran cosa, que es lo que el título de esta ficha prometía: verde oscuro todo el año, flor amarillenta discreta y baya negra azulada en los pies hembra. Su valor está en la hoja y en la forma, no en el color.
Los otros «laureles», y ojo con dos de ellos
En español se llama laurel a plantas que no son del género Laurus, y la confusión no es inocente porque algunas son tóxicas:
- Laurel rosa o laurel de flor: es la adelfa, Nerium oleander. Es muy tóxica en todas sus partes, para personas y para perros y gatos, y su hoja larga y estrecha puede recordar a la de un laurel de hoja fina. No se usa en la cocina bajo ningún concepto.
- Laurel cerezo: Prunus laurocerasus, un arbusto de seto muy común. Su hoja es grande, brillante y perenne, y se parece bastante. Contiene glucósidos cianogénicos y es tóxica por ingestión, hojas y semillas incluidas.
- Laurel de Indias: Ficus microcarpa, el árbol de calle de Levante y Canarias. Nada que ver, ni en familia ni en uso, y su látex es irritante.
La regla práctica es el olfato: si la hoja partida no huele a laurel de guiso, no es Laurus nobilis. Y si alguien te ofrece «hoja de laurel» de un seto que no has identificado, no la uses.
La hoja en la cocina y la corona de laurel
El uso real del laurel es como condimento aromático: una o dos hojas en un guiso, en un caldo, en un escabeche o en unas legumbres, y se retiran antes de servir. Se retiran por una razón concreta: la hoja es coriácea y no se ablanda al cocer, y tragarla entera puede provocar atragantamiento o daño en el tubo digestivo. El aceite esencial de laurel es un producto concentrado que no se ingiere.
Aquí conviene ser claro, porque el texto que había antes en esta página afirmaba lo contrario: al laurel no se le atribuyen aquí propiedades medicinales. Hay uso tradicional documentado de la infusión de hoja de laurel en la cocina popular mediterránea, y eso es lo que es, tradición. No sustituye a ningún tratamiento y no debe entenderse como remedio.
El otro uso es cultural y tiene mucha historia. En Grecia el laurel estaba consagrado a Apolo y coronaba a los vencedores de los juegos píticos; en Roma la corona de laurel pasó a ser signo de triunfo militar y de honor. De ahí vienen palabras que seguimos usando, como laureado o bachiller (de baccalaureus, de la baya del laurel). Es simbolismo con fecha y lugar, no un efecto de la planta.
En resumen
Laurus nobilis es un árbol pequeño y perenne del Mediterráneo, de crecimiento lento, copa densa y raíz tranquila, que cabe en jardines donde no cabe casi nada más y que se puede conducir en árbol, en mata o en seto recortado. Va bien en el litoral mediterráneo, en Baleares y en el norte atlántico, aguanta la cal y el verano seco una vez arraigado, y su límite claro son las heladas fuertes del interior, donde necesita abrigo o maceta.
Dentro del género hay dos parientes de la laurisilva macaronésica, Laurus azorica y Laurus novocanariensis, y dentro de la especie unas pocas formas de jardín que cambian la hoja y poco más. Lo importante antes de usar cualquier hoja es la identificación: el laurel de cocina huele a laurel, y los otros «laureles» del jardín, la adelfa y el laurel cerezo en primer lugar, son tóxicos y no tienen ese uso.