En Sumatra hay una flor de casi un metro de diámetro que pesa lo que un perro pequeño, huele a carne pasada durante cuatro o cinco días y después se deshace en una masa negra. No tiene hojas, ni tallo, ni raíces: vive dentro de una liana y solo asoma para reproducirse. Se llama Rafflesia arnoldii y encabeza casi todas las listas de plantas extrañas, aunque la palabra "rara" esconde dos cosas muy distintas que conviene separar antes de seguir.

Rara de extraña y rara de escasa

En castellano decimos "rara" tanto de una planta con una forma imposible como de una planta que apenas queda en el mundo. No siempre coinciden. El titán y la rafflesia son espectaculares pero no están al borde de la extinción por su aspecto, sino por la tala de su bosque. Y al revés: algunas de las plantas más amenazadas del planeta son hierbecillas discretas que nadie miraría dos veces en una cuneta.

Merece la pena tener presentes los dos sentidos, porque el segundo tiene consecuencias prácticas. Una planta escasa suele estar protegida por ley, y eso condiciona lo que puedes comprar, recolectar o llevarte de un viaje.

Las que huelen a cadáver

Amorphophallus titanum, el aro titán, produce la mayor inflorescencia no ramificada conocida: un espádice que puede superar los tres metros rodeado de una espata color hígado. No es una flor, sino centenares de flores diminutas agrupadas en la base de esa columna. La apertura ocurre casi siempre al atardecer y va acompañada de termogénesis: el espádice se calienta por encima de la temperatura ambiente y volatiliza los compuestos azufrados que producen el hedor. Con eso atrae escarabajos carroñeros y moscas de la carne, que son sus polinizadores. Entre floración y floración pueden pasar varios años, y el cormo subterráneo que las sostiene llega a pesar más de 50 kilos.

Rafflesia juega la misma carta con otra estrategia. Es un holoparásito obligado de lianas del género Tetrastigma: su cuerpo vegetativo se reduce a unos filamentos que crecen dentro de los tejidos del huésped, como un hongo. Lo único que se ve en toda su vida es la flor.

Un tercer caso, menos conocido, es Hydnora africana, parásita de raíces de euforbias en el sur de África. Su flor emerge del suelo como una boca carnosa de tres lóbulos, huele a excremento y retiene temporalmente a los escarabajos que entran, hasta que las anteras maduran y los suelta cargados de polen.

Welwitschia: dos hojas y mil años

En el desierto del Namib crece Welwitschia mirabilis, una gimnosperma que rompe el esquema de lo que entendemos por planta. Produce dos hojas en toda su vida y nunca más. Esas dos hojas crecen de forma continua desde un meristemo basal, se van rasgando por el viento y la arena, y acaban pareciendo una maraña de correas retorcidas sobre el suelo. Los ejemplares grandes tienen más de mil años. Es dioica, con pies masculinos y femeninos separados, y sobrevive con la humedad de las nieblas costeras del Atlántico.

Se cultiva en algunos jardines botánicos y hay semilla legal en circulación, pero exige un contenedor muy profundo por su raíz pivotante y un régimen de riego que perdona pocos errores. No es una planta de balcón.

Las que imitan a otro ser vivo

Aquí España tiene material propio de primera. Las orquídeas del género Ophrys, presentes en toda la Península y muy diversas en el sur y el este, han evolucionado para imitar a la hembra de un himenóptero: la forma del labelo, la pilosidad, el brillo y, sobre todo, una mezcla de feromonas casi idéntica a la real. El macho intenta copular con la flor, se lleva los polinios pegados a la cabeza y los deposita en la siguiente. Ophrys speculum, Ophrys apifera u Ophrys lutea se ven en primavera en pastos calizos sin necesidad de cruzar ningún océano.

Conviene decirlo claro: arrancar una orquídea silvestre para llevarla al jardín no funciona y además es ilegal. Dependen de hongos micorrícicos específicos del suelo donde crecen; fuera de ese suelo agotan sus reservas y mueren en una o dos temporadas.

Otro ejemplo de mimetismo, este vegetal-mineral, son las Lithops de Sudáfrica y Namibia. Cada planta es un par de hojas suculentas fusionadas que imitan guijarros, con una ventana translúcida en la cara superior por la que entra la luz hasta el tejido fotosintético interior. Se cultivan bien en España, pero tienen una regla que no admite excepciones: durante la muda, cuando el par de hojas nuevo emerge entre el viejo, no se riega. Un riego en ese momento revienta las hojas antiguas, encharca el cuello y la planta se pudre en pocos días.

Rarezas ibéricas que no salen en las listas

No hace falta irse a Socotra. En un único acantilado calizo del Noguera Ribagorzana, en Huesca, sobrevive Borderea chouardii (hoy incluida en Dioscorea), un endemismo con una población mundial de unos pocos miles de individuos repartidos en dos rodales de la misma pared. Es una de las plantas más amenazadas de Europa y se conoce desde hace apenas unas décadas.

En Mallorca está Naufraga balearica, una umbelífera minúscula de acantilados sombríos y húmedos, descubierta en los años sesenta y reducida a un puñado de localidades. En los saladares del sureste peninsular y en Baleares aparece Cynomorium coccineum, una planta parásita sin una sola molécula de clorofila, que emerge del suelo como un cilindro rojo oscuro cubierto de flores diminutas.

Y en el monte mediterráneo, en primavera, cualquiera puede encontrar Cytinus hypocistis: unas cabezuelas amarillas y rojas que salen directamente de la tierra bajo las jaras. No son flores caídas de otra planta, sino un parásito que vive dentro de las raíces del Cistus.

Añade a la lista Drosophyllum lusitanicum, la carnívora ibérica de matorral seco. En vez de vivir en turberas encharcadas como el resto de plantas carnívoras, crece en suelos ácidos, pobres y secos del suroeste peninsular, captura insectos con un mucílago pasivo brillante y huele a miel. Su raíz pivotante no tolera el trasplante: si alguna vez cultivas semilla, siémbrala directamente en la maceta definitiva.

Gigantes, enanas y resurrecciones

Puya raimondii, en los Andes de Perú y Bolivia, forma una roseta de hojas espinosas de varios metros y espera décadas antes de emitir una única inflorescencia de hasta diez metros con miles de flores. Después muere: es monocárpica.

En el extremo opuesto están las Wolffia, lentejas de agua sin raíces cuyo cuerpo entero mide en torno a un milímetro. Son las angiospermas más pequeñas conocidas, y también las de flor más diminuta.

Sobre las llamadas rosas de Jericó conviene aclarar algo antes de comprar una. En ferias y tiendas esotéricas se ven bolas secas que reviven al mojarlas: casi siempre son Selaginella lepidophylla, un licofito mexicano que no es una rosa ni tiene flor. La Anastatica hierochuntica original, del desierto de Oriente Próximo, es una crucífera y su esqueleto seco tiene un aspecto bastante distinto, más leñoso y ramificado. Ninguna de las dos "resucita" en sentido literal: la selaginela sí revive de verdad tras la desecación, mientras que en la anastática lo que se abre y se cierra es el esqueleto muerto de la planta para liberar las semillas.

Qué se puede cultivar y qué no se puede ni comprar

Casi ninguna de estas plantas es cultivable en un jardín normal, y algunas ni siquiera se pueden poseer legalmente. Todas las orquídeas y todos los cactus están incluidos en los apéndices de CITES, igual que las cícadas y varios géneros de suculentas. Traerse un ejemplar de un viaje, o comprarlo por internet a un vendedor extranjero sin certificado, es una infracción administrativa que en aduana termina con el decomiso de la planta y una sanción.

Dentro de España, la recolección de especies incluidas en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y en los catálogos autonómicos está prohibida, incluidas semillas y fragmentos. Sirve de poco de todos modos: los endemismos rupícolas necesitan condiciones de suelo, luz y humedad que no se reproducen en una maceta.

Hay alternativas honestas. Amorphophallus konjac se cultiva sin problema en maceta en buena parte de la Península, entra en reposo en invierno y produce una inflorescencia maloliente que dura un par de días; su savia contiene rafidios de oxalato cálcico, así que conviene manipular el cormo con guantes y mantenerlo lejos de niños y animales, porque irrita boca y garganta si se muerde. Las Lithops, los Conophytum y muchas suculentas con formas imposibles se venden de vivero legalmente. Y algunas carnívoras propagadas en cultivo, como Dionaea muscipula o Sarracenia, se adaptan bien al exterior en clima atlántico o en semisombra fresca en el resto.

Otro aviso práctico: circulan por marketplaces semillas anunciadas como "rafflesia gigante" o "flor cadáver". La rafflesia no se ha conseguido cultivar de forma reproducible ni en jardines botánicos con medios, porque necesita su liana huésped viva. Lo que llega en esos sobres suele ser semilla de ricino, de cualquier aro o directamente nada viable.

En resumen

Las plantas más extrañas del mundo lo son por una razón funcional, no decorativa: parasitar en vez de fotosintetizar, oler a cadáver para atraer moscas, imitar a una hembra de abeja o vivir mil años con dos hojas son soluciones a problemas concretos de polinización, agua y competencia. Antes de fascinarte con la lista, distingue entre lo espectacular y lo escaso: lo segundo suele estar protegido, casi nunca es cultivable y su lugar está donde crece. Si quieres una rareza en casa, tira de las que se propagan en vivero con papeles en regla —konjac, litops, carnívoras de cultivo— y deja las orquídeas silvestres de la cuneta exactamente donde están.


Contenidos relacionados