Una vivaz bien elegida sigue en el mismo sitio quince años después; una mal elegida no pasa de su primer agosto. Esa es toda la diferencia entre un macizo que se consolida solo y uno que hay que replantar cada primavera, y depende menos del cuidado que se le dé que de haber acertado con la especie para el clima, el suelo y la exposición concretos del jardín.

Perenne no significa hoja perenne

Antes de nada hay que deshacer un equívoco de vocabulario que genera compras equivocadas. En jardinería, planta perenne o vivaz es la herbácea que vive más de dos años y florece temporada tras temporada, aunque su parte aérea desaparezca en invierno y rebrote de la cepa en primavera. Hoja perenne es otra cosa: describe a la planta que conserva las hojas todo el año, sea vivaz, arbusto o árbol.

Una Hosta es vivaz y de hoja caduca: en noviembre no queda nada visible sobre la tierra y quien la da por muerta y cava ahí, la pierde de verdad. Un Helleborus es vivaz y de hoja perenne. Marcar con una caña la posición de las vivaces caducas al terminar el otoño evita destrozos con la azada en febrero.

Tampoco son inmortales. Muchas vivaces —equináceas, aguileñas, gauras— se agotan a los tres o cuatro años y necesitan división o resiembra para mantenerse. La ventaja frente a las anuales no es que duren siempre, es que amortizan la plantación y ganan volumen cada temporada.

Sol pleno y verano seco

Este es el grupo que resuelve el jardín en el interior peninsular y en todo el arco mediterráneo, donde el problema no es el frío sino julio y agosto.

Salvias. Salvia nemorosa y sus cultivares ('Caradonna', 'Mainacht') dan espigas violeta en mayo y junio; si se cortan al ras tras la primera floración, repiten en septiembre. Salvia microphylla y Salvia greggii, arbustivas y de flor roja, rosa o bicolor, florecen de abril a noviembre casi sin pausa y toleran suelos pobres. Son las vivaces con mejor relación entre agua consumida y meses de flor que se pueden plantar aquí.

Nepeta x faassenii. Mata azul lavanda de 40 cm, indestructible, buena para bordes y para acompañar rosales. Se rebaja a la mitad tras florecer y vuelve a llenarse de flor en un mes.

Achillea millefolium. Corimbos planos amarillos, rojos o salmón sobre follaje fino. Aguanta suelos calizos y sequía; en suelos ricos y regados se ahíla y se tumba, así que conviene no abonarla.

Perovskia (hoy Salvia yangii). Tallos blanquecinos y nube azul de julio a septiembre, justo cuando el jardín está más apagado. Se poda a 15 cm en febrero.

Centranthus ruber. Crece en taludes y muros de media España sin que nadie lo riegue. Flor rosa o blanca de abril a octubre. Se resiembra con entusiasmo; si eso molesta, hay que cortar las flores marchitas antes de que grane.

Hylotelephium spectabile (el antiguo Sedum spectabile). Hoja carnosa gris y cabezuelas rosas en septiembre, muy visitadas por abejas. Los tallos secos aguantan en pie todo el invierno y dan estructura.

Gaura lindheimeri, ahora Oenothera lindheimeri. Efecto de mariposas blancas o rosas flotando durante meses. Vive pocos años y necesita drenaje: el exceso de humedad invernal la mata más que el frío.

Iris germanica. Los rizomas deben quedar medio asomando en la superficie, no enterrados. Enterrados no florecen y se pudren. Se dividen en julio, tras la floración.

Agapanthus y Kniphofia para volumen y flor de verano en zonas de invierno suave; en el interior frío hay que acolcharlos o cultivarlos en maceta.

Astromelias en flor con pétalos moteados

Astromelias, la vivaz para cortar

Las astromelias o alstroemerias (Alstroemeria, familia Alstroemeriaceae) son vivaces rizomatosas sudamericanas, y los híbridos modernos de porte bajo florecen de mayo a octubre en el litoral y de junio a septiembre en el interior. Sus flores duran en jarrón dos semanas, más que casi cualquier otra flor de jardín.

Dos detalles de manejo que cambian el resultado. Primero, para cortarlas no se corta el tallo: se tira de él con un giro seco hasta desprenderlo del rizoma. Al arrancarlo se estimula la emisión de nuevos tallos florales; al cortarlo, el tocón se queda ahí sin producir nada. Segundo, el rizoma es rastrero y colonizador. Alstroemeria aurea, la de flor naranja que se ve asilvestrada en el norte, invade macizos enteros y es muy difícil de erradicar una vez instalada: si el espacio es limitado, hay que quedarse con los híbridos compactos tipo 'Inticancha' o plantar dentro de un contenedor enterrado.

Quieren sol o media sombra ligera, suelo suelto y drenado, y riego regular en verano. En zonas con heladas fuertes se acolchan con 8-10 cm de paja u hoja seca; el rizoma resiste bien bajo tierra.

Equinácea, aster y la flor de otoño

Echinacea purpurea, la flor del cono, es originaria de las praderas norteamericanas y eso marca lo que necesita: sol pleno, suelo profundo con drenaje y ningún encharcamiento invernal. Florece de julio a octubre y su cono central seco decora el invierno si no se corta. Un matiz de compra que ahorra disgustos: la especie de flor rosa púrpura simple es longeva y se planta y se olvida, mientras que los híbridos de colores llamativos —naranjas, corales, flores dobles— suelen agotarse en dos o tres temporadas, sobre todo en suelos pesados. Pagar más por una novedad de color implica asumir que habrá que reponerla.

Asteres. Los antiguos Aster americanos hoy se llaman Symphyotrichum (S. novi-belgii, S. novae-angliae) y son los que llenan el jardín de flor en septiembre y octubre. Su punto débil es el oídio, que en riegos por aspersión y plantaciones apretadas los deja blancos y raquíticos. En clima seco y caluroso funciona mejor el Aster amellus europeo, más bajo, más resistente al calor y prácticamente inmune al oídio. Airear la mata dividiéndola cada tres años y regar por goteo al pie resuelve casi todo el problema.

Flores de aster de color violeta con centro amarillo

Nomeolvides: cuál dura y cuál no

El nomeolvides de toda la vida, Myosotis sylvatica, es bienal o vivaz de vida muy corta. Florece en primavera, grana y se muere ese mismo verano. Se mantiene en el jardín porque se resiembra sola año tras año, no porque la mata original persista, y quien la compra esperando una planta estable la da por fallida sin motivo. Si se quiere ese efecto de nube azul en marzo y abril, la manera de conseguirlo es dejar que suelte semilla y no escardar la zona en otoño.

Para una mata azul realmente permanente, la planta es Brunnera macrophylla: hoja grande acorazonada, flores idénticas a las del nomeolvides en abril y mayo, y una cepa que engorda durante años en media sombra fresca. El cultivar 'Jack Frost', de hoja plateada con nervios verdes, ilumina rincones oscuros incluso sin flor. Necesita suelo que no se seque del todo, así que en climas muy áridos hay que darle sombra y acolchado.

Media sombra y sombra

Los rincones al norte de la casa o bajo árboles no son un problema, son otra paleta.

Helleborus. H. x hybridus florece de enero a marzo, cuando no hay nada más, y la mata dura décadas. Se le cortan las hojas viejas en diciembre para que luzca la flor y para frenar la mancha foliar. Toda la planta es tóxica por ingestión, algo a tener en cuenta con niños pequeños, y la savia irrita la piel: guantes al manipularla.

Geranium macrorrhizum y Geranium x cantabrigiense. Tapizantes que cubren el suelo, aguantan sombra seca bajo árboles —una situación difícil— y florecen en mayo y junio. De lo más útil que existe para tapar superficie sin mantenimiento.

Acanthus mollis. Espectacular y autóctono, con espigas de más de un metro en junio. Advertencia: sus raíces son tenaces y cualquier fragmento que quede rebrota, así que hay que plantarlo donde vaya a quedarse.

Aquilegia vulgaris. Vive pocos años pero se resiembra e hibrida sola, dando colores nuevos cada temporada.

Bergenia para hoja perenne y flor rosa en febrero, Heuchera por el follaje más que por la flor, y Hosta donde haya humedad constante y se puedan controlar los caracoles y babosas, que la dejan hecha un encaje en dos noches húmedas.

Un aviso sobre Astilbe: aparece en todas las listas de sombra, pero exige suelo permanentemente húmedo y aire fresco. En el clima seco de casi toda España se quema por los bordes en julio y desaparece. Solo tiene sentido en el norte húmedo o junto a un estanque.

Cómo plantarlas y qué mantenimiento piden

Época. El otoño, de octubre a noviembre, es el mejor momento para plantar vivaces en España. La tierra sigue templada, las lluvias ayudan y la planta dedica todo el invierno a hacer raíz, de modo que llega al primer verano con reservas. Una plantación de abril entra en julio con el sistema radicular a medio hacer y hay que sostenerla a riegos.

Preparación. Descompactar 30-40 cm, incorporar compost bien hecho si el suelo es pobre y, sobre todo, asegurar el drenaje. En invierno, el agua estancada mata más vivaces mediterráneas que las heladas.

Distancias. Se plantan a la distancia de su tamaño adulto, no del tamaño con el que salen del vivero. Un macizo recién plantado debe verse vacío; si se ve lleno el primer año, en el tercero será una maraña con oídio y sin flor.

Riego. Abundante y espaciado el primer año para forzar raíces profundas. A partir del segundo, la mayoría del grupo de sol y sequía se sostiene con riegos ocasionales en las olas de calor.

Acolchado. Una capa de 5 cm de corteza, grava o restos vegetales reduce a la mitad la evaporación y frena las hierbas. En vivaces mediterráneas de roseta basal es preferible la grava a la corteza, porque mantiene el cuello seco.

Limpieza de flores marchitas. Alarga la floración en salvias, nepetas, aquilegias y equináceas. En cambio, dejar en pie los tallos secos de sedums, gramíneas y equináceas hasta febrero da interés invernal y alimento a los pájaros. No hay que arrasar el jardín en octubre por costumbre.

División. Cada tres o cuatro años, en otoño o a finales de invierno según especie. Se levanta la mata, se descarta el centro leñoso y agotado y se replantan las porciones exteriores. Es lo que devuelve la floración a una vivaz que lleva dos temporadas dando cada vez menos, y de paso multiplica la plantación gratis.

En resumen

El acierto está en agrupar por exigencias, no por colores: salvias, nepetas, aquileas, perovskias y sedums en el sol seco; astromelias y equináceas donde haya riego regular y buen drenaje; brunneras, geranios de sombra, hellebores y bergenias en el lado norte. Planta en otoño, deja espacio de sobra, acolcha, riega bien el primer año y divide cada tres o cuatro. Ten presente que "perenne" no quiere decir de hoja perenne ni eterna: el nomeolvides se mantiene por semilla y no por la mata, los híbridos de equinácea de colores raros se agotan pronto, y el astilbe solo prospera en el norte húmedo. Con esas cuentas hechas de antemano, el macizo mejora cada temporada en vez de tener que rehacerse.


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