Una célula vegetal es una célula eucariota, con núcleo y orgánulos, que se distingue de la animal por tres cosas que están a la vista en cualquier microscopio escolar: una pared rígida que la envuelve por fuera, una vacuola enorme que ocupa casi todo el interior y unos cloroplastos verdes que hacen la fotosíntesis. Ese conjunto explica por qué una planta se sostiene de pie sin esqueleto, por qué crece en una sola dirección y por qué se marchita en unas horas y se recupera en otras tantas.

No es un tema de laboratorio. Si entiendes qué pasa dentro de la célula entiendes también por qué una lechuga blanda se pone tiesa en agua fría, por qué un esqueje recién cortado se derrumba si le da el sol, y por qué abonar de más puede secar una planta bien regada. Todo eso ocurre a nivel celular y se ve con los ojos.

Células vegetales vistas al microscopio, con la pared celular y los cloroplastos Las líneas que separan unas celdas de otras son las paredes celulares. Los granos verdes del interior son cloroplastos.

Qué tiene una célula vegetal que no tenga una animal

Las dos comparten núcleo, mitocondrias, retículo endoplasmático y aparato de Golgi. Lo propio de la vegetal es esto:

  • Pared celular. Una envuelta de celulosa por fuera de la membrana. La membrana sigue ahí, la pared se añade encima.
  • Vacuola central. Una bolsa llena de agua que en una célula adulta puede ocupar la mayor parte del volumen y empuja el resto del contenido contra la pared.
  • Plastos, entre ellos los cloroplastos de la hoja, los cromoplastos que dan el naranja y el rojo de muchos frutos, y los amiloplastos que almacenan almidón en tubérculos y semillas.
  • Plasmodesmos, canales que atraviesan la pared y comunican el citoplasma de células vecinas.

Falta, en cambio, algo que la animal sí tiene: centriolos en la mayoría de las plantas superiores, y sobre todo la capacidad de moverse. Una célula vegetal está fijada por su pared a las vecinas desde que nace. Una planta no puede huir de nada, y buena parte de su fisiología se explica por ahí.

La pared celular: celulosa, pectina y lignina

La pared primaria se forma mientras la célula todavía crece. Es una malla de fibras de celulosa embebida en hemicelulosas y pectinas, lo bastante rígida para contener la presión interna y lo bastante plástica para estirarse. Entre dos células contiguas queda la lámina media, rica en pectinas, que actúa de pegamento.

Esa lámina media de pectina es la responsable de dos cosas cotidianas. Cuando un fruto madura, la planta degrada las pectinas con sus propias enzimas, las células se despegan y la carne se ablanda: eso es exactamente lo que pasa entre un melocotón duro y uno pasado. Y es la misma pectina, extraída de la fruta, la que hace que cuaje una mermelada.

Cuando la célula deja de crecer, algunas fabrican además una pared secundaria por dentro de la primera, y muchas la impregnan de lignina. La lignina es lo que convierte un tejido blando en madera: rigidiza, impermeabiliza y resiste el ataque de la mayoría de los microorganismos. Un tronco es, en gran medida, un edificio de paredes celulares lignificadas cuyas células murieron hace tiempo.

La vacuola y la turgencia, que es el asunto práctico

Aquí está la clave de casi todo lo que se ve en el jardín. La vacuola se llena de agua por ósmosis, porque dentro hay sales, azúcares y ácidos disueltos y fuera hay agua más limpia. Al hincharse, empuja el contenido celular contra la pared, y la pared devuelve el empuje. Esa presión hacia fuera es la turgencia, y es la que mantiene erguido cualquier tejido que no tenga madera: una hoja, un pétalo, un tallo tierno, un pecíolo de apio.

Si la planta pierde más agua por la hoja de la que absorbe por la raíz, las vacuolas se vacían, la presión cae y el tejido se dobla. Eso es marchitarse. Mientras la pérdida sea moderada, el proceso es reversible: repones agua, las vacuolas se rellenan y la planta se levanta, a veces en una hora. Si se prolonga, la membrana se separa de la pared (plasmólisis) y el daño ya no se deshace.

De ahí salen tres consecuencias muy concretas:

  • La lechuga en agua fría. Una hoja medio lacia recupera turgencia si la metes un rato en agua. Se pone crujiente porque las vacuolas se han vuelto a llenar, no porque se haya "hidratado" en ningún sentido nutricional.
  • El esqueje que se tumba. Un esqueje no tiene raíz, así que no puede reponer nada. Por eso se pone a la sombra, se le quitan hojas y se le tapa: todo lo que se hace es reducir la pérdida hasta que emita raíces.
  • El exceso de abono. Si el agua del suelo lleva más sales disueltas que el interior de la raíz, la ósmosis se invierte y el agua sale de la célula. La planta se seca con el sustrato mojado. Es lo mismo que ocurre en suelos salinizados y con aguas de riego muy duras.

La helada actúa por otra vía: el hielo se forma entre las células y dentro de ellas, los cristales rompen las membranas y el tejido, al descongelarse, queda traslúcido y blando. Una hoja helada de calabacín es una hoja con las membranas reventadas.

Los cloroplastos y su origen bacteriano

El cloroplasto tiene doble membrana y, dentro, un sistema de sacos aplanados llamados tilacoides donde se aloja la clorofila. Ahí se captura la luz y se transforma en energía química; en el estroma que los rodea se fija el dióxido de carbono.

Lo llamativo es lo que contiene: ADN propio, circular, y ribosomas más parecidos a los de una bacteria que a los del resto de la célula. Además se divide por bipartición, como una bacteria, y no se fabrica de cero. La explicación aceptada es la teoría endosimbiótica: hace muchísimo tiempo una célula incorporó una cianobacteria fotosintética y en lugar de digerirla la conservó. El mismo argumento vale para la mitocondria. Cuando miras una hoja al microscopio estás viendo el resultado de una asociación que quedó fija.

Los plastos son además intercambiables entre sí. Un cloroplasto verde de la piel de un tomate se transforma en cromoplasto rojo al madurar, y un amiloplasto blanco de una patata expuesta a la luz se convierte en cloroplasto: por eso la patata se pone verde en el frutero.

Los plasmodesmos: la planta es un tejido continuo

La pared podría haber dejado cada célula aislada, pero no lo hace. La atraviesan miles de canales finísimos, los plasmodesmos, por los que pasa el citoplasma de una célula a la siguiente. El conjunto del citoplasma comunicado se llama simplasto, y por él circulan agua, azúcares, señales hormonales y también, desgraciadamente para la planta, muchos virus vegetales, que viajan de célula en célula justo por esa vía.

Tipos de células y qué hace cada una

No todas las células de una planta se parecen. Las que conviene distinguir son pocas:

TipoParedFunción
ParénquimaPrimaria, finaFotosíntesis, reserva, cicatrización. Es el tejido de relleno y el único que conserva capacidad de dividirse.
ColénquimaPrimaria engrosadaSostén de órganos que aún crecen. Las hebras de un tallo de apio son colénquima.
EsclerénquimaSecundaria lignificadaSostén definitivo. Fibras del lino y del cáñamo, hueso de la aceituna, cáscara de la nuez.
XilemaLignificada, células muertasConduce agua y sales desde la raíz hacia arriba.
FloemaPrimaria, células vivasReparte los azúcares producidos en la hoja hacia el resto de la planta.
EpidermisPrimaria con cutículaCubre y limita la pérdida de agua. Aloja los estomas.

Los estomas merecen una línea aparte porque son un mecanismo celular puro: dos células oclusivas que se hinchan y se deshinchan por turgencia, y al hacerlo abren o cierran el poro. La planta regula así cuánto dióxido de carbono entra y cuánta agua deja salir, con todo lo que eso implica cuando aprieta el verano. Si te interesa cómo se mueve el agua desde ahí hacia la atmósfera, lo tienes en humedad ambiental y crecimiento.

Cómo crece una planta si sus células no se mueven

Una célula vegetal encerrada en su pared no puede desplazarse, así que el crecimiento tiene que resolverse de otra manera: dividiéndose en puntos concretos y estirándose después. Las divisiones ocurren en los meristemos, en el ápice de tallos y raíces y, en las plantas leñosas, en el cámbium, un cilindro que engorda el tronco añadiendo xilema hacia dentro y floema hacia fuera. Los anillos de crecimiento de un tronco cortado son el registro de ese trabajo.

El estiramiento posterior lo hace la propia turgencia: la célula afloja químicamente su pared y la presión interna la empuja a alargarse. Un brote que se estira buscando la luz en una habitación oscura está haciendo exactamente eso, célula a célula.

En resumen

La célula vegetal se diferencia por la pared de celulosa, la vacuola y los plastos. La pared da forma y resistencia, y cuando se lignifica produce madera. La vacuola, al llenarse de agua, genera la turgencia que mantiene erguidos hojas, pétalos y tallos tiernos, de modo que marchitarse y recuperarse no son más que esa presión que baja y vuelve a subir. Los cloroplastos conservan ADN propio y delatan un origen bacteriano, y los plasmodesmos hacen de toda la planta un citoplasma continuo.

Lo práctico de saber esto es que deja de haber misterio. Una hoja caída a mediodía en agosto que se levanta al atardecer no está enferma, ha perdido turgencia. Un esqueje se tapa para que no la pierda. Y una planta que se seca con la tierra húmeda casi siempre tiene un problema de sales o de raíz, no de riego. Todo ocurre en la misma bolsa de agua rodeada de celulosa.


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