El género Begonia ronda las 2.000 especies descritas, y de ese número depende casi todo lo que viene después. No se cuida igual una begonia rex de hoja metalizada que una begonia maculata de tallo acañado o una elatior comprada en flor en un supermercado: comparten género y poco más. Buena parte de las begonias que mueren en un salón lo hacen porque se les aplicó el cuidado de otro grupo.

Así que empecemos por identificar cuál tienes, y desde ahí lo demás encaja solo.

Begonia cultivada en maceta de interior

Antes de nada: son tóxicas para perros y gatos

Las begonias contienen oxalatos de calcio solubles, concentrados sobre todo en el rizoma y en los tubérculos subterráneos, aunque también presentes en menor cantidad en tallos y hojas. En perros y gatos, morder la planta provoca irritación bucal intensa, salivación, vómitos y dificultad para tragar; la ingestión de una porción de rizoma es más seria y puede afectar al riñón.

En personas el riesgo es menor pero real: el jugo irrita boca y garganta si se mastica cualquier parte de la planta. No es una planta comestible, pese a que en algunos sitios se citen usos culinarios de pétalos de ciertas especies.

Nada de esto obliga a renunciar a ellas. Basta con colocarlas fuera del alcance de un animal que roa plantas y lavarse las manos después de dividir un rizoma. Si convives con un gato que muerde todo lo verde, elige otro género.

Los cuatro grupos que vas a encontrar

Identificar el grupo es lo que convierte los cuidados en algo predecible.

Rizomatosas y rex. Tienen un rizoma grueso que repta por la superficie del sustrato y de él salen las hojas directamente, con peciolos largos. Aquí entran los híbridos Begonia rex-cultorum, con hojas espiraladas plateadas, granates o casi negras, la Begonia masoniana de la cruz oscura y la Begonia bowerae. Se cultivan por la hoja; la flor es pequeña e insignificante, y muchos cultivadores la cortan para que la planta no gaste. Son las más exigentes en humedad ambiental y las más sensibles al riego mal hecho.

De caña o «ala de ángel». Tallos erguidos, articulados como los de un bambú, con nudos marcados. La más extendida es Begonia maculata 'Wightii', de hoja verde oliva con puntos plateados y envés rojo vino, junto con las Begonia coccinea y los híbridos corallina. Florecen en racimos colgantes de flores rosas o rojas, con facilidad y durante meses. Son las más robustas para interior y las que recomendaría a quien empieza.

Fibrosas de flor continua. El grupo Begonia semperflorens-cultorum, derivado de Begonia cucullata, esas matitas compactas de hoja verde o bronce y flor blanca, rosa o roja que se venden por bandejas para arriates. Se usan como planta de temporada en exterior, pero aguantan bien dentro si tienen luz suficiente, y a diferencia de las anteriores toleran algo de sol directo.

Elatior o de flor. Begonia × hiemalis, la que llega en maceta pequeña completamente cubierta de flores dobles. Es un híbrido entre begonias tuberosas y Begonia socotrana, criado para dar una explosión de flor y venderse. Merece un apartado propio más abajo, porque su comportamiento en casa desconcierta a quien la trata como planta permanente.

Queda fuera el grupo de las tuberosas (Begonia × tuberhybrida), de flores enormes tipo camelia: necesitan un reposo invernal seco con el tubérculo desenterrado y no funcionan como planta de interior de todo el año.

Luz: brillante, pero indirecta de verdad

Las begonias de interior vienen de sotobosques tropicales húmedos, donde reciben luz filtrada por el dosel. Eso se traduce en mucha claridad sin sol directo sobre la hoja, con matices por grupo:

  • Las rex y rizomatosas quieren luz difusa constante. El sol directo del mediodía peninsular les quema la hoja en cuestión de horas, y la quemadura deja una mancha parda seca que ya no se recupera.
  • Las de caña admiten un par de horas de sol suave de primera hora, y de hecho eso intensifica el rojo del envés y la manchas plateadas.
  • Las semperflorens toleran sol de mañana sin problema.

En la práctica: ventana orientada al este es la mejor situación en España. Una ventana al sur sirve si hay visillo o si la planta está retirada un metro del cristal. Al norte funcionan las de caña y las rex, aunque en invierno se quedarán algo justas de luz.

Un detalle que se pasa por alto: la hoja de begonia es fototrópica marcada, se gira hacia la fuente de luz y la planta se deforma. Gírala un cuarto de vuelta cada semana y mantendrás la mata equilibrada.

Y una señal de alarma que conviene leer bien: en las rex, si los colores plateados o rojos se apagan y la hoja se vuelve verde uniforme, falta luz. Si aparecen zonas descoloridas y como transparentes, sobra.

Riego: la corona no se moja

Aquí se decide si la planta dura un año o cinco, y la trampa está en el aspecto: parecen sedientas. La hoja es grande, blanda y jugosa, y eso empuja a regar. Pero los tallos y rizomas son semisuculentos: almacenan agua, y un sustrato permanentemente húmedo pudre el rizoma desde el centro. La secuencia es reconocible: la base del peciolo se vuelve traslúcida y blanda, la hoja se desploma entera aunque el sustrato esté mojado, y en pocos días la planta se cae sobre sí misma. Cuando llegas a ese punto ya no hay marcha atrás; solo cabe rescatar esquejes de hoja sana.

El método correcto:

  • Mete el dedo y riega cuando los 2-3 cm superiores estén secos, no antes. En una casa española con calefacción eso son unos 5-7 días en invierno y 3-4 en verano, pero fíate del dedo y no del calendario.
  • Riega en el borde de la maceta o desde abajo, nunca sobre la corona ni sobre el rizoma. El agua estancada entre los peciolos es una puerta de entrada para Botrytis.
  • Vacía el platillo a los diez minutos. Sin excepciones.
  • Agua a temperatura ambiente. Un riego con agua fría del grifo en enero le provoca a una rex manchas anulares en la hoja.
  • En invierno, con menos luz y menos temperatura, reduce a la mitad. Algunas rex entran en semirreposo y pierden hojas: es normal y no se corrige regando más, se corrige regando menos.

Si el agua de tu zona es muy dura —levante, sur, buena parte de la meseta—, alterna con agua de lluvia o filtrada. La cal acumulada sube el pH del sustrato y acaba bloqueando el hierro.

Humedad ambiental: pulverizar es un mal negocio

Las begonias agradecen un 50-60 % de humedad relativa, y las rex incluso más. El problema es que un piso español con calefacción central en enero baja fácilmente al 30 %, y ahí las puntas y bordes de las hojas se secan y aparece la araña roja.

La reacción instintiva es coger el pulverizador. No lo hagas. Las hojas de begonia, y muy especialmente las de las rex y las especies con pelosidad, retienen las gotas y se mantienen húmedas horas. Eso es exactamente lo que necesitan el oídio y la mancha bacteriana para instalarse. Pulverizar una begonia rex es sembrar oídio con constancia semanal.

Las alternativas que sí funcionan:

  • Bandeja de gravilla con agua bajo la maceta, con la base del tiesto apoyada sobre las piedras y no sumergida.
  • Agrupar plantas: varias juntas crean un microclima más húmedo por transpiración mutua.
  • Humidificador en la habitación, que es la solución seria si tienes una colección.
  • Alejar la maceta de radiadores y de la salida del aire acondicionado, que es más importante de lo que parece.

Sustrato y maceta

Un sustrato universal de saco, tal cual, es demasiado compacto y retiene demasiada agua. La mezcla que va bien es aireada y ligeramente ácida, con un pH entre 5,5 y 6,5:

Tres partes de sustrato para plantas de interior o turba rubia, una de perlita, una de fibra de coco y, si la tienes, media parte de corteza de pino fina. Un puñado de humus de lombriz completa el aporte de nutrientes. Lo esencial es que quede esponjoso y que el agua atraviese la maceta con soltura.

Sobre el recipiente, dos reglas concretas. Primera: las rizomatosas tienen raíz superficial, así que van en macetas anchas y bajas, tipo cuenco; una maceta profunda deja abajo un volumen de tierra que nunca se seca y termina agriándose. Segunda: no sobredimensiones. Una begonia recién comprada en tiesto de 12 cm pasa a uno de 15, no a uno de 25. El barro cocido tiene ventaja sobre el plástico porque transpira por la pared y perdona algún exceso de riego.

El trasplante se hace en primavera, cada dos años más o menos, o cuando las raíces asomen por el drenaje. Al colocar una rizomatosa, el rizoma queda apoyado sobre la superficie del sustrato, no enterrado: si lo tapas, se pudre.

Temperatura

El rango cómodo va de 18 a 24 °C, justo el de un salón. Por debajo de 15 °C se paran, y por debajo de 10 °C empiezan a sufrir daño real en el tejido. No aguantan heladas de ningún tipo.

Más dañinas que el frío sostenido son las corrientes y los cambios bruscos. Una begonia junto a una puerta que se abre al patio en enero, o encima de un radiador, o en el chorro del aire acondicionado en agosto, tira las hojas de golpe. Si la sacas al exterior en verano —cosa que las de caña agradecen mucho—, hazlo a un sitio a la sombra y devuélvela dentro antes de que las mínimas nocturnas bajen de 12 °C, lo que en la Península suele ocurrir a finales de septiembre o en octubre según la zona.

Abonado

De marzo a septiembre, abono líquido para plantas de interior cada dos o tres semanas, y aquí va el matiz importante: a la mitad de la dosis que indique el envase. Las begonias tienen raíces finas y sensibles a la salinidad, y un exceso de sales quema las puntas de la raíz, lo que se manifiesta como bordes de hoja pardos y secos que se confunden con falta de agua.

Para las de follaje, un abono equilibrado tipo 20-20-20 o con algo más de nitrógeno. Para las de flor —caña, semperflorens, elatior—, uno con más potasio, del tipo que se vende para plantas con flor. Nunca abones sobre sustrato seco: riega primero con agua sola y abona después, o quemarás raíz.

De octubre a febrero, con poca luz y crecimiento parado, no abones nada.

Poda y mantenimiento

Las de caña se desgarban con el tiempo: los tallos se alargan, pierden las hojas de abajo y acaban siendo palos con un penacho arriba. Se evita pinzando la punta de los tallos jóvenes para forzar ramificación desde los nudos bajos, y rebajando un tercio de la altura a finales de invierno, siempre cortando justo por encima de un nudo. Un tallo viejo, grueso y pelado se puede eliminar entero desde la base: la planta emite renuevos nuevos desde el suelo.

En las rizomatosas la faena es distinta: retirar hojas viejas, amarillentas o con manchas en cuanto aparezcan, cortando el peciolo a ras del rizoma. Una hoja marchita en descomposición sobre el rizoma es el foco desde el que arranca la podredumbre.

En todas, quita las flores marchitas y los pétalos caídos sobre el sustrato por la misma razón.

Begonia semperflorens en flor

La begonia elatior comprada en flor

Merece explicación aparte porque genera frustración. La begonia elatior que compras en diciembre o en primavera llega desde un invernadero holandés donde ha recibido luz artificial controlada, reguladores de crecimiento que la mantienen compacta y una fertilización precisa. Está en el pico de su vida comercial.

En casa, con menos luz, esa producción de flor no se sostiene. La planta florece unas semanas más, se estira, tira los pétalos y entra en decaimiento. Que se deteriore no significa que la hayas cuidado mal: está criada para un ciclo, no para durar años. Además, para volver a florecer necesita día corto —menos de doce horas de luz—, y en un salón con luz encendida por la noche eso no ocurre.

Si quieres intentar conservarla: cuando termine la floración, corta los tallos a unos 8-10 cm, reduce el riego al mínimo durante seis u ocho semanas manteniéndola a 15-18 °C, y en primavera trasplanta a sustrato fresco y reanuda riego y abono. Rebrotará con vigor razonable. Que vuelva a dar la flor de la tienda es improbable; para tener flor continua de verdad en interior, una begonia de caña rinde mucho más.

Multiplicación

Es de las plantas más agradecidas de reproducir, y hacerlo es la mejor póliza contra un accidente de riego.

Esqueje de tallo (begonias de caña). En primavera, corta un trozo de tallo de 10-12 cm con dos o tres nudos, justo por debajo de un nudo. Quita las hojas inferiores, deja una o dos arriba reducidas a la mitad, y colócalo en un vaso de agua o directamente en una mezcla de perlita y coco húmeda. Enraíza en dos o tres semanas a 20-22 °C. Los enraizados en agua conviene pasarlos a sustrato en cuanto las raíces midan 2-3 cm; si esperas más, las raíces de agua sufren al trasplantar.

Esqueje de hoja (rex y rizomatosas). El clásico. Toma una hoja sana y madura, dale la vuelta y haz cortes transversales con una cuchilla limpia sobre los nervios principales, cada dos o tres centímetros. Apoya la hoja del derecho sobre sustrato húmedo de turba y perlita, sujétala con horquillas o piedrecitas para que los cortes contacten con la superficie, y tápalo con una bolsa o una campana transparente. A 21-24 °C, en cuatro o seis semanas brotarán plantitas en cada corte. Ventila unos minutos al día para evitar hongos. La variante en cuñas —cortar la hoja en triángulos, cada uno con un trozo de nervio principal, y clavar el vértice en el sustrato— va igual de bien y ocupa menos.

División de rizoma. Al trasplantar, parte el rizoma en trozos de 4-5 cm que tengan al menos una yema, deja secar los cortes unas horas al aire y planta cada trozo apoyado sobre sustrato. Espolvorear los cortes con canela ayuda a que no entren hongos.

Qué falla y cómo se reconoce

Polvo blanco harinoso sobre hojas y tallos. Oídio, causado por hongos como Golovinomyces. Es la enfermedad número uno de las begonias de interior y avanza con aire estancado y hoja mojada. Retira las hojas afectadas, mejora la ventilación, deja de pulverizar y trata con azufre mojable o con bicarbonato potásico. Los preparados a base de leche diluida no dan resultado consistente aquí.

Manchas acuosas traslúcidas con halo amarillo, que se vuelven pardas. Mancha bacteriana, Xanthomonas campestris pv. begoniae. No tiene tratamiento eficaz en casa. Aísla la planta de inmediato y, si está extendida, deséchala: contagia por salpicadura al resto de la colección. Es otra razón de peso para no pulverizar.

Moho gris y aterciopelado en flores y tallos blandos. Botrytis. Exceso de humedad con poca ventilación. Retira todo el tejido afectado con tijera limpia y airea.

Punteado fino amarillento en el haz y telarañas muy tenues en el envés. Araña roja (Tetranychus urticae), típica del invierno con calefacción. Sube la humedad ambiental por bandeja, limpia el envés con un paño húmedo y aplica aceite de neem o jabón potásico repetido cada cinco días.

Algodones blancos en las axilas de las hojas. Cochinilla algodonosa. Se quita con un bastoncillo mojado en alcohol isopropílico, planta por planta, y se repasa cada semana hasta que no quede ninguna.

Deformación de hojas nuevas y flores con rayas plateadas. Trips. Trampas cromáticas azules y tratamiento con jabón potásico; revisa las plantas vecinas porque saltan.

Bordes de hoja marrones y crujientes. Aire seco o exceso de sales por abonado. Sube la humedad, y si has abonado a menudo, lava el cepellón con agua abundante para arrastrar sales.

Hojas amarillas y blandas desde la base, con la tierra siempre mojada. Exceso de riego. Deja secar, comprueba que el drenaje funciona y revisa el rizoma por si ya está afectado.

En resumen

Antes de cuidar una begonia hay que saber de qué grupo es. Las de caña, con Begonia maculata a la cabeza, son las que mejor aguantan un interior y las que más flor dan; las rex y rizomatosas se cultivan por la hoja y piden más humedad ambiental y más tino con el riego; las elatior compradas en flor son planta de temporada por diseño y no conviene esperar de ellas una segunda floración igual.

Los cuatro puntos que deciden el resultado son luz brillante sin sol directo —una ventana al este es lo ideal—, riego cuando los primeros centímetros del sustrato están secos y siempre por el borde o desde abajo, sustrato aireado y ligeramente ácido en maceta ajustada, y humedad ambiental subida con bandeja de gravilla o humidificador, nunca con pulverizador: mojar la hoja es lo que trae el oídio y la mancha bacteriana.

Añade abono a media dosis de marzo a septiembre, pinzado regular en las de caña para que no se desgarben, y retirada inmediata de hojas viejas sobre el rizoma. Ten presente que son tóxicas para perros y gatos por sus oxalatos de calcio, sobre todo el rizoma. Y aprende a hacer esquejes de hoja: en un mes y medio tienes plantas nuevas y dejas de depender de que la original sobreviva a un mal invierno.


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