Se llama ortiga manchada y no pica. El parecido de la hoja con la de la ortiga verdadera (Urtica dioica) es lo único que comparten: Lamium maculatum pertenece a las labiadas, la familia de la menta y el romero, y carece por completo de los pelos urticantes que hacen desagradable a la ortiga. Se puede manejar a mano sin guantes, algo útil de saber cuando toca desenredarla del borde de un macizo.
Lo que la ha convertido en un clásico de la jardinería de sombra es otra cosa: la mancha plateada que recorre el centro de cada hoja —de ahí el epíteto maculatum— y que en las variedades seleccionadas se ha extendido hasta ocupar casi el limbo entero. En un rincón oscuro bajo un árbol, esa plata funciona como un foco encendido durante los diez meses que la planta conserva hoja.
Cómo es la planta
Es una vivaz tapizante de 15 a 25 cm de altura que se extiende horizontalmente mediante tallos rastreros que enraízan en los nudos al tocar el suelo. Una planta bien establecida cubre entre 60 y 90 cm de diámetro en dos o tres temporadas. Los tallos son cuadrangulares, como en toda labiada, y las hojas ovadas y crenadas se disponen enfrentadas de dos en dos.
Florece de abril a junio en la mayor parte de la Península, con espigas verticiladas de flores bilabiadas rosas, malvas o blancas según variedad. Si el verano no es demasiado seco, suele dar una segunda tanda de flor más discreta en septiembre. Los abejorros la visitan con insistencia: el labio inferior les sirve de pista de aterrizaje y la corola tubular está dimensionada para su lengua, más larga que la de la abeja doméstica.
Es semiperenne: en inviernos suaves del litoral y del sur conserva las hojas; en zonas de heladas fuertes se defolia parcialmente y rebrota del cepellón. La rusticidad es notable, resiste sin problema por debajo de -15 °C.
La especie es originaria de Europa y Asia occidental, incluida buena parte del norte peninsular, donde crece de forma silvestre en bordes de bosque y setos húmedos. No es una planta exótica que haya que aclimatar.
Variedades que merecen la pena
La especie botánica tiene una hoja verde con una raya plateada estrecha en el nervio central y es bastante anodina. El interés está en los cultivares:
- 'White Nancy': hoja casi enteramente plateada con un fino ribete verde, flor blanca. La más luminosa de todas y la que mejor ilumina la sombra profunda.
- 'Beacon Silver': la misma hoja plateada pero con flor rosa malva. Muy extendida; algo más propensa a la roya foliar que 'White Nancy'.
- 'Pink Pewter': hoja plateada y flor rosa pálido, de crecimiento algo más compacto y buen comportamiento general.
- 'Purple Dragon' (a veces vendida como 'Chequers'): hoja verde con banda central plateada más ancha y flor de un púrpura intenso, la más saturada del grupo.
- 'Anne Greenaway': hoja tricolor, verde con centro plateado y borde dorado. Vistosa, pero de crecimiento más lento y menos cubridora.
- 'Aureum': follaje amarillo dorado. Espectacular sobre papel, débil en la práctica: crece poco, se quema con un rayo de sol y necesita suelo constantemente fresco.
Si la etiqueta del vivero pone solo «Lamium», levanta la hoja antes de pagar. Existe otra planta que se comercializa con ese nombre genérico y que se comporta de manera radicalmente distinta: Lamium galeobdolon, hoy más aceptado como Lamiastrum galeobdolon, el ortigón amarillo. Se distingue porque sus flores son amarillas —las de maculatum nunca lo son— y porque emite estolones largos y agresivos que en dos años se meten bajo el seto, salen al césped y colonizan el macizo entero. En varias regiones de clima atlántico se considera invasora. Lamium maculatum se expande, pero lo hace de forma compacta y en avance lento; arrancar un exceso cuesta un tirón, no una campaña.
Dónde plantarla en España
Este es el punto que decide si la planta prospera o se convierte en un rastrojo pardo a mediados de julio. Lamium maculatum pide sombra o media sombra y suelo fresco. No es una tapizante de secano ni sustituye a un Vinca o a una Hedera en las condiciones duras.
En la cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo, Sistema Central y en general en jardines de montaña, se comporta como en su ambiente natural y apenas necesita atención. En el interior de la Meseta y en el valle del Guadalquivir hay que buscarle deliberadamente el sitio: cara norte de la casa, bajo copa de árbol caducifolio con riego, junto a un muro que dé sombra desde el mediodía. En pleno sol de julio en Sevilla o Zaragoza, las hojas plateadas se queman en cuestión de días —el tejido claro tiene menos clorofila y menos capacidad de disipar el exceso de radiación— y la mata se colapsa aunque el suelo esté húmedo.
El suelo ideal es húmedo pero drenado, rico en materia orgánica, con pH indiferente: acepta tanto los suelos ácidos del norte como los calizos del este peninsular. Lo que no perdona es el encharcamiento invernal ni el suelo compactado. En arcilla pesada conviene enmendar con compost y plantar unos centímetros elevada.
Se dice a menudo que tolera la sombra seca. Es cierto solo a medias: tolera períodos secos una vez establecida y en climas frescos. Bajo un cedro o un ciprés, con raíces superficiales que succionan toda el agua y sin lluvia estival, no se establece nunca. Bajo un tilo, un fresno o un manzano, con un riego cada tres o cuatro días en verano, sí.
Plantación y marco
Las mejores épocas son otoño (octubre-noviembre) y final de invierno o principio de primavera (febrero-marzo). La plantación de otoño es preferible en el sur y el centro, porque da a las raíces todo el invierno para instalarse antes del primer verano; en zonas de heladas muy tempranas, mejor esperar a primavera.
Para una cobertura razonable en dos temporadas, planta a 3 o 4 ejemplares por metro cuadrado, es decir, a unos 40-50 cm entre plantas, al tresbolillo. Más densidad acelera el cierre pero encarece y favorece los hongos por falta de aire. Riega abundantemente tras plantar y acolcha con 3-4 cm de mantillo o corteza, dejando libre el cuello: el acolchado mantiene la frescura del suelo, que es exactamente lo que la planta necesita.
Riego, abonado y poda
El primer año hay que regar con regularidad, sin dejar que el suelo se seque del todo. A partir del segundo, en el norte suele bastar con la lluvia; en el centro y el sur necesitará riego de apoyo durante todo el verano.
El abonado es mínimo. Una aportación de compost bien hecho en superficie a finales de invierno cubre sus necesidades. El abonado nitrogenado abundante alarga los tallos, afloja la mata y hace la hoja más apetecible para las babosas, sin mejorar la floración.
La operación clave del año es la siega tras la floración. Cuando las flores se han pasado, a finales de junio, corta toda la mata a unos 5-8 cm con tijera de setos o desbrozadora de hilo, riega y aplica algo de compost. En tres semanas rebrota con follaje nuevo y limpio que se mantendrá vistoso hasta el invierno. Sin esa siega ocurre lo siguiente: los tallos siguen alargándose, enraízan lejos, la parte central de la mata queda desnuda y descarnada, y a mitad de verano lo que se ve es un anillo de hojas alrededor de un calvo. Recuperar eso exige replantar; hacer la siega cuesta diez minutos.
La división se hace cada tres o cuatro años, en otoño o a principios de primavera, para rejuvenecer y de paso obtener planta nueva. Basta con levantar la mata con la horca y separar porciones con raíz.
Problemas frecuentes
- Babosas y caracoles. Son el enemigo principal en primavera. Atacan el rebrote tierno y dejan la hoja acribillada. En jardines húmedos conviene revisar de noche o recurrir a cebos de fosfato férrico, autorizados en jardinería doméstica y menos problemáticos para mascotas y erizos que el metaldehído.
- Oídio. Un velo blanco polvoriento sobre la hoja al final del verano, favorecido por el calor con noches húmedas y por la falta de ventilación. La siega de junio y un marco de plantación amplio lo previenen mejor que cualquier tratamiento.
- Roya. Pústulas anaranjadas en el envés, especialmente en 'Beacon Silver'. Retira y destruye las hojas afectadas; no las eches al compost.
- Podredumbre de cuello. Aparece cuando el suelo se encharca en invierno o cuando el acolchado cubre la corona. La planta se pone negra por la base y se desprende.
- Quemaduras por sol. Bordes de hoja secos y blanquecinos en junio. No hay tratamiento: es un problema de ubicación y la solución es trasplantar a la sombra en otoño.
Con qué combinarla
Funciona bien con toda la paleta clásica de sombra: hostas, helechos (Dryopteris, Polystichum), Epimedium, Brunnera macrophylla, Heuchera, Tiarella, Pulmonaria y Astilbe si hay humedad suficiente. El plateado de 'White Nancy' realza especialmente los verdes oscuros de las hostas azuladas y el follaje bronce de las heucheras.
También es útil como cubierta bajo bulbos: los narcisos, las escilas y los ciclámenes atraviesan la mata sin dificultad en invierno y primavera, y el lamium tapa después el follaje amarilleante de los bulbos, que es la parte fea del ciclo. Y da buen resultado en jardineras y macetas de balcones orientados al norte, cayendo por el borde, siempre que no se deje secar el sustrato.
Seguridad y usos
No es una planta tóxica. Los Lamium europeos, incluidos la ortiga blanca (Lamium album) y la ortiga roja (Lamium purpureum), tienen tradición como verduras silvestres y no presentan riesgo conocido para personas ni para perros o gatos que mordisqueen una hoja. Dicho esto, los cultivares ornamentales se seleccionan por su follaje y no por su sabor, y en el jardín pueden haber recibido tratamientos, así que no es material para la cocina.
En resumen
Lamium maculatum es una vivaz tapizante de labiadas, sin pelos urticantes pese a su nombre común, que cubre 15-25 cm de alto y se expande de forma controlable en sombra o media sombra sobre suelo fresco y rico. Elige cultivar según la luz disponible —'White Nancy' y 'Pink Pewter' para iluminar la sombra, 'Purple Dragon' si buscas flor intensa— y comprueba que no te llevas Lamiastrum galeobdolon, de flor amarilla y estolones invasores. Planta en otoño a 3-4 unidades por metro cuadrado, acolcha, riega el primer verano sin fallar y siega la mata a 5-8 cm cuando termine de florecer en junio: esa siega es lo que mantiene el tapiz denso en lugar de un cerco de hojas alrededor de un centro pelado. Vigila las babosas en primavera y evita el sol directo del mediodía, sobre todo en las variedades de hoja plateada.