Lo que da color a la flor de la pata de canguro no son los pétalos: es una capa densa de pelos que recubre el tubo floral por fuera. Rasca suavemente una flor de Anigozanthos con la uña y debajo del terciopelo rojo, amarillo o verde aparece un tejido pálido. Ese vello, llamado técnicamente indumento, es el responsable del tacto afelpado y de que el color aguante semanas sin decolorarse, y explica también por qué estas flores duran tanto en jarrón.

El género Anigozanthos pertenece a la familia Haemodoraceae y es originario del suroeste de Australia, una región de clima mediterráneo con inviernos lluviosos y veranos secos. Esa coincidencia climática con buena parte de la Península es la mejor noticia para quien quiera cultivarlas aquí: no estamos ante una tropical caprichosa, sino ante una planta acostumbrada a lo mismo que un romero o una jara.

Flor de Anigozanthos manglesii, la pata de canguro roja y verde

Qué es exactamente una pata de canguro

Se trata de una planta perenne rizomatosa. Del rizoma subterráneo brota un abanico de hojas acintadas, parecidas a las de un lirio, y de ese abanico se levantan las varas florales. Cada vara termina ramificándose y en cada ramilla aparecen los tubos peludos que se abren en seis lóbulos curvados hacia atrás. Esa silueta —un pie alargado con dedos separados— es la que dio nombre a la planta.

La flor está diseñada para pájaros, no para abejas. En Australia la polinizan mieleros (Phylidonyris, Anthochaera y otros), que introducen el pico en el tubo buscando néctar y salen con polen depositado en la cabeza. El detalle fino es que cada especie de Anigozanthos coloca el polen en un punto distinto de la cabeza del ave —frente, coronilla, nuca—, lo que reduce la hibridación entre especies que comparten polinizador. En un jardín español no hay mieleros, así que la planta no fructificará casi nunca; esto no afecta a la floración, solo a la producción de semilla.

Las especies más manejadas en jardinería son:

  • Anigozanthos manglesii: la roja y verde, emblema floral de Australia Occidental. Es la más espectacular y también la más difícil de mantener: es corta de vida, muy sensible al exceso de humedad y suele comportarse casi como anual en cultivo.
  • Anigozanthos flavidus: la más alta (varas de hasta dos metros), de flores verdosas o amarillentas, menos vistosa pero mucho más longeva, tolerante a suelos pesados y resistente a la mancha de tinta.
  • Anigozanthos rufus, A. pulcherrimus, A. humilis: especies de porte medio o bajo, con rojos intensos y amarillos, presentes sobre todo en el linaje de los híbridos.
  • Un pariente cercano que a veces aparece en catálogos: Macropidia fuliginosa, la pata de canguro negra, con vello negro sobre fondo verde. Es exigente y de cultivo difícil fuera de su área.

Compra la planta correcta y te ahorras el fracaso

Aquí conviene detenerse, porque la elección de la variedad pesa más que cualquier cuidado posterior. La foto que ilustra el nombre "pata de canguro" suele ser A. manglesii, con ese contraste rojo y verde imposible. Quien la compre esperando una mata perenne que dure años se llevará un disgusto: florece de forma memorable una primavera y a menudo se agota después, sobre todo si el invierno ha sido húmedo.

La alternativa sensata son los híbridos con sangre de A. flavidus. El programa australiano de mejora que dio lugar a las series comerciales modernas —las Bush Gems desarrolladas por Angus Stewart son el ejemplo más conocido, con nombres como 'Bush Pearl', 'Bush Ranger' o 'Bush Diamond'— buscó exactamente eso: conservar el color de las especies vistosas y heredar de flavidus el vigor, la longevidad y la resistencia a las manchas foliares. Un híbrido enano de esos, en una maceta de 30 cm, florece varias temporadas seguidas. Una manglesii pura es un ejercicio de coleccionista.

Suelo y drenaje: aquí se decide todo

Los rizomas de Anigozanthos proceden de arenas silíceas profundas y muy pobres. Traducido al jardín: necesitan drenaje libre y suelo ácido o neutro, entre pH 5,5 y 7. En terreno arcilloso de secano castellano o manchego, con lluvia de otoño encharcando el cuello, el rizoma se pudre en pocas semanas.

Si el suelo del jardín es pesado, hay dos salidas: plantar en caballón o bancal elevado de 30-40 cm con mezcla de arena de río lavada y sustrato, o cultivarla directamente en maceta. La maceta funciona muy bien, y permite además moverla a resguardo en invierno. Una mezcla que da resultado es dos partes de sustrato universal, dos de arena gruesa o gravilla fina de 2-4 mm y una de fibra de coco; lo importante es que el agua atraviese el cepellón sin quedarse.

Sobre el abonado hay que ir con cuidado. Las plantas australianas de suelos arenosos absorben fósforo con una eficiencia altísima y se intoxican con dosis que otra planta encajaría sin inmutarse. Un abono NPK equilibrado de tipo 15-15-15 aplicado con generosidad quema las raíces y provoca amarilleos y muerte de puntas. Usa fertilizante específico para plantas australianas o para acidófilas, bajo en fósforo, en dosis reducida, una vez a comienzos de primavera y otra al terminar la floración. Materia orgánica muy hecha, poca; estiércol fresco, ninguno.

Luz, riego y temperaturas

Sol directo, cuanto más mejor. A media sombra la planta vive pero emite pocas varas y estas salen flojas y curvadas buscando luz. En interior, junto a una ventana, no florece: no es planta de casa.

El riego sigue el ritmo de su clima de origen, que casualmente es el nuestro invertido en intensidad pero no en forma. Durante el crecimiento y la floración (de marzo a julio) agradece riegos regulares que mantengan el sustrato fresco sin encharcar. En pleno verano, una vez pasada la flor, reduce mucho: la planta entra en semirreposo y el exceso de agua con el suelo caliente es la combinación que pudre rizomas. En invierno, si llueve, no riegues nada. Un riego de mantenimiento en diciembre sobre suelo frío y ya húmedo es lo que hace que en marzo el abanico de hojas se desprenda entero al tirar de él, con la base convertida en pasta marrón.

En cuanto al frío, los híbridos de flavidus aguantan heladas ligeras de hasta unos -3 o -4 °C sin daño permanente: puede quemarse la hoja, pero el rizoma rebrota. Las especies puras del suroeste australiano son más delicadas. Esto sitúa el cultivo cómodo en el litoral mediterráneo, el sur peninsular, la costa atlántica andaluza y Canarias, donde florecen espléndidas. En la meseta o en zonas de heladas fuertes conviene la maceta con invernada en porche fresco y luminoso, sin calefacción.

Mata de Anigozanthos manglesii en flor

La mancha de tinta y otros problemas

El trastorno característico del género es la llamada mancha de tinta, causada principalmente por el hongo Alternaria alternata. Aparece como manchas negras alargadas que avanzan desde la punta de la hoja hacia abajo hasta ennegrecer el abanico entero. Se dispara con humedad prolongada sobre la hoja, con temperaturas suaves y con plantas debilitadas o demasiado densas.

El manejo es más cultural que químico:

  • Riega siempre al pie, nunca por aspersión sobre el follaje, y hazlo por la mañana.
  • Corta y retira las hojas afectadas en cuanto aparezcan, sin dejarlas en el suelo.
  • Después de la floración, siega la mata entera a 5-10 cm del suelo. Parece brutal, pero es la práctica estándar: elimina el inóculo, fuerza un rebrote limpio y rejuvenece el abanico. Los híbridos vigorosos rebrotan en tres o cuatro semanas.
  • Deja aire entre plantas. Un marco de 40-60 cm en las variedades enanas y de 80-100 cm en las altas.

Las babosas y los caracoles atacan los brotes tiernos en primavera, sobre todo en maceta y en jardines con riego. La cochinilla algodonosa puede instalarse en la base de los abanicos si la planta está en zona muy resguardada y sin ventilación.

Multiplicación y renovación de la mata

La vía práctica es la división de mata. Se hace a finales de invierno o justo después de la floración, desenterrando el cepellón y separando con cuchillo secciones de rizoma que lleven cada una al menos dos o tres abanicos de hojas con sus raíces. Divisiones más pequeñas arraigan mal. Después del corte conviene dejar orear las heridas unas horas a la sombra antes de replantar, y regar con moderación hasta que se vea el primer brote nuevo.

La siembra por semilla es posible pero lenta y desigual, y en los híbridos no reproduce la variedad: la descendencia sale distinta a la planta madre. Además, muchas semillas de Anigozanthos germinan mucho mejor tras un tratamiento con humo, que es su señal natural después de un incendio; sin ese estímulo la germinación resulta pobre.

Conviene además dividir la mata cada tres o cuatro años aunque no se quieran plantas nuevas. Con el tiempo el rizoma se agota por el centro, la parte vieja deja de emitir varas y la floración decae. Renovarla devuelve la producción de flor.

Cómo usarla en el jardín y como flor cortada

Combina de forma natural con la paleta de secano mediterráneo: gramíneas ornamentales como Stipa tenuissima, lavandas, Westringia, Grevillea, agapantos, Phormium o suculentas. La textura vertical de sus hojas y la altura de las varas rompen bien la horizontalidad de un macizo de arbustos redondeados. En jardín de grava queda especialmente cómoda, y la grava le aporta el drenaje superficial que necesita.

Como flor cortada es de las mejores. Corta la vara cuando se hayan abierto una o dos flores de la base, con un tallo largo y limpio, y en jarrón dura de dos a tres semanas. También se seca bien colgada cabeza abajo en un lugar oscuro y ventilado, conservando buena parte del color del vello.

Errores que arruinan la planta

  • Plantarla en tierra de jardín arcillosa sin corregir. Aguanta el primer verano y desaparece en el segundo invierno.
  • Abonar con NPK convencional a dosis normales. El exceso de fósforo se manifiesta como necrosis en las puntas de las hojas y colapso posterior.
  • No cortar la mata tras la floración. Las hojas viejas ennegrecidas se convierten en la fuente de infección del año siguiente.
  • Regar por encima. Cada mojadura del follaje es una oportunidad para Alternaria.
  • Cultivarla como planta de interior. Sin sol directo no hay varas florales, por mucho que la hoja se mantenga verde.
  • Dejar el plato de la maceta con agua. Basta una semana para asfixiar el rizoma.

En resumen

La pata de canguro es una perenne rizomatosa australiana cuyo color reside en el vello que cubre las flores, no en los pétalos. Se cultiva bien en el litoral mediterráneo y el sur peninsular, a pleno sol, en suelo arenoso ácido con drenaje libre y con abonado bajo en fósforo. Elige híbridos derivados de Anigozanthos flavidus si quieres una mata duradera, y reserva A. manglesii para el capricho de una temporada. Riega al pie, nunca sobre la hoja; corta la mata a ras después de florecer para frenar la mancha de tinta; mantén el sustrato seco durante el invierno y divide cada tres o cuatro años. Con eso, cada primavera tendrás varas de flor durante semanas y un ramo que aguanta medio mes en el jarrón.


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