Mide unas tres décimas de milímetro. Es decir, que en el punto final de esta frase cabrían dos, y aun así es una flor completa: tiene un estambre con su polen y un pistilo con su óvulo, y de ahí sale un fruto que también es el más pequeño que se conoce. Pertenece al género Wolffia, unas plantas acuáticas flotantes que caben en la cabeza de un alfiler y que en España crecen, sin que nadie repare en ellas, en balsas y acequias.

Superficie de agua cubierta de diminutas plantas flotantes de la familia de las lentejas de agua

Qué es exactamente Wolffia

Wolffia es un género de plantas con flor emparentado con las lentejas de agua. Durante décadas se clasificaron en una familia propia, las Lemnáceas, pero los estudios moleculares las metieron dentro de las aráceas (Araceae), la misma familia del aro, el potos y la cala. Cuesta creerlo mirando un ejemplar: son primas lejanas de plantas con hojas de un metro, y ellas se han quedado en un granito verde de menos de un milímetro.

La planta entera es un cuerpo ovoide o globoso, sin tallo, sin hojas verdaderas y —esto es lo que la distingue de las lentejas de agua corrientes— sin ninguna raíz. Flota medio sumergida, con el ápice asomando en la superficie. Según la especie mide entre 0,3 y 1,5 mm de largo. Wolffia angusta y Wolffia globosa, las asiáticas, están en el extremo pequeño de esa horquilla.

En la Península la especie que se encuentra es Wolffia arrhiza, presente en aguas quietas y ricas en nutrientes de varias zonas, aunque de forma dispersa y poco frecuente. A simple vista parece polvo verde sobre el agua, o un alga. Basta cogerla con la mano y verla escurrirse entre los dedos como sémola mojada para intuir que son plantas sueltas.

Dónde está la flor

La flor no cuelga de ningún sitio ni tiene pétalos. Se forma dentro de una pequeña cavidad en la cara superior del cuerpo de la planta, una especie de hoyuelo, y consiste en un único estambre y un único pistilo. Nada más. Sin pétalos, sin sépalos, sin perfume y sin nada que ofrecer a un insecto.

Esa reducción no es un accidente evolutivo: es coherente. Una planta que se reproduce casi siempre por gemación —cada individuo va soltando yemas hijas por una bolsa lateral, y así se duplica una población en poco más de un día en condiciones cálidas— no necesita invertir en una corola llamativa. La flor queda como un recurso de reserva, y de hecho la floración es rara: se puede tener una balsa cubierta de Wolffia durante años sin que florezca una sola vez.

Verla exige lupa de 10 o 20 aumentos y bastante paciencia. Con lupa de mano se distingue el hoyuelo y, si hay suerte, la punta del estambre asomando. El fruto que sigue es un utrículo diminuto que contiene una sola semilla, y también ostenta el récord de tamaño mínimo.

Los récords que se confunden entre sí

Aquí hay cuatro cosas distintas que suelen mezclarse en la misma frase, y conviene separarlas.

La flor más pequeña es la de Wolffia, con esas fracciones de milímetro.

La planta con flor más pequeña también es Wolffia: en este caso el récord de la flor y el del organismo entero coinciden, porque la flor ocupa casi todo lo que hay.

La flor individual más grande es la de Rafflesia arnoldii, una planta parásita del sudeste asiático que no tiene hojas ni tallo visible y cuya flor llega a superar los 90 cm de diámetro y los 7 kg. Huele a carne podrida porque la polinizan moscas.

La inflorescencia más grande —que no es lo mismo que una flor— corresponde a Amorphophallus titanum, el aro titán, que levanta una estructura de hasta unos tres metros formada por miles de flores diminutas agrupadas alrededor de un eje. Cuando la prensa titula "la flor más grande del mundo" con la foto del aro titán, está confundiendo flor con inflorescencia. Y da la casualidad de que el aro titán y Wolffia son parientes: los dos son aráceas. La familia guarda el récord por arriba y por abajo.

La lenteja de agua que sí verás, y la que no debes mover

Lo que cubre de verde un estanque de jardín casi nunca es Wolffia. Suele ser Lemna minor, la lenteja de agua común: un disquito plano de 2 a 4 mm con una sola raicilla colgando. Si al mirarla al trasluz aparece esa raíz, no es Wolffia. Y si es plana en vez de globosa, tampoco.

Hay una tercera que conviene identificar bien: Lemna minuta, de origen americano, más pequeña que la común y con nerviación distinta. Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, lo que significa que su posesión, transporte, comercio y suelta en el medio natural están prohibidos. Ha desplazado a la flora acuática autóctona en varios humedales peninsulares. En la misma situación legal está Azolla filiculoides, el helecho de agua rojizo que también se vende a veces para acuarios.

De ahí sale la advertencia práctica más importante de este artículo: no vacíes nunca el agua de un acuario, ni el sobrante de un estanque, en un arroyo, una acequia o una charca. Un fragmento del tamaño de una lenteja basta para colonizar un tramo entero de río en una temporada, y no hay forma barata de sacarlo después. El agua sobrante va al riego del jardín o al desagüe, y las plantas retiradas, al contenedor de restos vegetales o al compost, secas.

Un estanque cubierto de verde no siempre es un problema, pero puede serlo

Las lentejas de agua aparecen cuando hay nitratos y fosfatos de sobra: escorrentía de abonado, hojas en descomposición en el fondo, exceso de comida de peces. Son un síntoma antes que una plaga.

Una capa parcial hace cosas buenas. Sombrea el agua y frena las algas filamentosas, consume nutrientes que si no acabarían en un verdín pegajoso, y sirve de alimento a patos y peces. Cubriendo un tercio de la superficie, hace más bien que mal y no hay motivo para quitarla.

El problema empieza cuando la cobertura se acerca al 100 %. Con la superficie sellada, el intercambio de oxígeno con el aire se corta y las plantas sumergidas dejan de fotosintetizar por falta de luz. En una noche calurosa de julio, el oxígeno disuelto se desploma y por la mañana aparecen los peces boqueando en la superficie, o muertos. No hay señal previa visible.

La retirada se hace con un salabre de malla fina o pasando una tabla por la superficie hacia una esquina, mejor con brisa que empuje a favor. Conviene dejar el montón húmedo un par de horas al borde del agua para que vuelvan al estanque los invertebrados atrapados. Y luego atacar la causa: reducir la comida de los peces, retirar hojarasca del fondo, alejar el abonado del borde y meter plantas que compitan por los mismos nutrientes.

Alimento y laboratorio

En Tailandia, Laos y Birmania, Wolffia globosa se recolecta y se come desde hace mucho: la llaman khai nam, "huevo de agua", y va en sopas y tortillas. Tiene una proporción de proteína notablemente alta para un vegetal, y por eso ha entrado en los últimos años en la investigación alimentaria europea como cultivo proteico de crecimiento rapidísimo y consumo de agua bajo.

Ojo con trasladar eso al estanque de casa. Lo que se come allí procede de cultivo controlado en agua limpia. Estas plantas absorben con enorme eficacia lo que haya en el medio, incluidos metales pesados y restos de purines, que es justamente lo que las hace útiles para depurar aguas residuales. Recolectar lentejas de agua de una charca cualquiera para cocinarlas no es buena idea.

Flores diminutas que sí puedes encontrar en el jardín

Sin llegar al récord, hay flores minúsculas y perfectamente reconocibles con una lupa barata a pie de arriate. La Soleirolia soleirolii, esa alfombra verde que crece en los rincones húmedos y sombríos, abre flores verdosas de menos de un milímetro que pasan por completo desapercibidas. Las Sagina hacen lo propio con flores blancas de dos o tres milímetros. Y Arabidopsis thaliana, la hierbecilla que sale sola entre las macetas y que es la planta modelo de la genética vegetal, tiene flores blancas de tres milímetros que han sido fotografiadas más veces que ninguna otra en la historia de la botánica.

Merece la pena tener una lupa de 10 aumentos en el cajón del cobertizo. Buena parte de lo que crece entre las baldosas resulta ser, vista de cerca, mucho más elaborada de lo que aparenta.

En resumen

La flor más pequeña del mundo es la del género Wolffia, plantas acuáticas flotantes sin raíces que rara vez pasan del milímetro y medio, emparentadas con las aráceas. La flor mide en torno a 0,3 mm, se aloja en un hoyuelo del cuerpo de la planta, se reduce a un estambre y un pistilo, y aparece rara vez porque estas plantas se multiplican casi siempre por yemas. No hay que confundirla con la mayor flor individual, la de Rafflesia arnoldii, ni con la mayor inflorescencia, la de Amorphophallus titanum. En el estanque de casa lo que se ve suele ser Lemna minor; conviene identificar Lemna minuta y Azolla filiculoides, catalogadas como invasoras en España, y no verter jamás agua ni restos de acuario en cauces naturales. Una cobertura parcial de lenteja de agua ayuda a controlar algas; una cobertura total puede matar a los peces por falta de oxígeno en una sola noche de verano.


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