Cada flor del lino rojo dura una mañana. Se abre con el sol, aguanta unas horas y a media tarde los cinco pétalos están en el suelo, hechos un pañuelo arrugado. Al día siguiente la mata vuelve a estar llena, porque abre unas cuantas cada día durante semanas. Quien juzga la planta por una flor suelta no entiende de qué va: aquí lo que cuenta es la sucesión, no el individuo.

Hablamos de Linum grandiflorum, un lino anual originario del norte de África —Argelia, sobre todo— que en jardinería se cultiva casi siempre en su variedad rubrum, la de flor rojo carmín con el centro casi negro. Es una planta de siembra directa, de ciclo corto y de muy poco mantenimiento, y precisamente por eso se ve poco en los viveros: no aguanta bien el trasplante y no da buena planta en maceta de venta, así que se vende en sobre de semillas o no se vende.

Flor de Linum grandiflorum rubrum, el lino rojo

Qué lino es cada lino

El género Linum tiene mucha confusión encima y conviene ordenarla antes de comprar semilla, porque los tres linos que circulan por aquí no se cultivan igual ni sirven para lo mismo.

Linum grandiflorum es el rojo, anual, de 40 a 60 cm, con la flor grande —de 3 a 4 cm de diámetro— y el ciclo entero resuelto en unos cuatro o cinco meses. Muere después de dar semilla y no hay forma de que rebrote.

Linum usitatissimum es el lino de toda la vida, el agrícola: el de la fibra textil y el de la semilla de linaza. También es anual, pero su flor es azul pálido y bastante más pequeña. Si en un sobre pone solo "lino" y la foto es azul, es este o es el siguiente.

Linum perenne (y su pariente Linum narbonense, silvestre en buena parte de la Península) es perenne, de flor azul, y esa sí vuelve año tras año en el mismo sitio. Quien busca una mata estable de lino en un jardín seco quiere esta, no la roja.

La etiqueta que más despista es "lino rojo perenne". No existe: si la flor es rojo carmín intenso, es grandiflorum y es anual. Sembrarlo esperando que rebrote al segundo año lleva a un arriate vacío en abril y a la sospecha de que la semilla era mala. La semilla estaba bien; la planta simplemente había terminado su vida.

Dónde ponerlo

Sol directo, y cuanto más, mejor. A media sombra el tallo se estira buscando luz, se queda blando y la mata se tumba con la primera tormenta de mayo. Es una planta de secano mediterráneo por temperamento: le va bien la solana que a otras las quema.

El suelo tiene que drenar. No necesita ser bueno; necesita no encharcarse. Terreno pedregoso, arenoso, calizo, pobre, con pH neutro o alcalino: perfecto. En arcilla compacta que se queda mojada tres días después de llover, la raíz principal se pudre en cuanto suben las temperaturas. Si el terreno es pesado, lo práctico es sembrar en un caballón elevado de 15 o 20 cm y mezclar arena gruesa o grava fina en los primeros centímetros.

Aguanta el frío moderado del invierno peninsular sin problema en estado de plántula —heladitas de -4 o -5 °C las pasa agachado—, pero no le sienta bien el calor extremo: por encima de los 32-35 °C sostenidos deja de abrir flor y empieza a cerrar el ciclo. Eso condiciona el calendario más que ninguna otra cosa.

Siembra: directa y en el momento justo

El lino rojo tiene una raíz pivotante fina que se rompe al menor movimiento. Sembrarlo en semillero para luego trasplantarlo produce plantas raquíticas que florecen la mitad y mueren pronto, cuando no se quedan directamente paradas. Siembra siempre a golpe definitivo, en el sitio donde va a florecer, sea el arriate o la maceta.

Hay dos ventanas:

Otoño (finales de septiembre a principios de noviembre). Es la buena en el litoral mediterráneo, en Andalucía, en Levante y en general donde el invierno sea suave. La planta se instala en el fresco, hace raíz durante el invierno aprovechando las lluvias, y en marzo-abril arranca a florecer con un sistema radicular que ya sabe buscar agua sola. Estas plantas son más grandes, florecen antes y duran más semanas que las de siembra primaveral.

Final de invierno (febrero-marzo). Es la opción para el interior frío, la meseta norte, zonas de montaña o cualquier sitio con heladas fuertes y prolongadas. Florece de mayo a julio, con un periodo algo más corto porque el calor le corta la fiesta.

La siembra de mayo o junio no vale la pena: la planta nace, se estira y se seca antes de dar nada decente.

La técnica es simple. Se prepara la tierra suelta y sin terrones, se esparce la semilla a voleo y se cubre apenas, con 3 o 5 mm de tierra fina o un rastrillado superficial. Enterrarla a un centímetro reduce mucho la nascencia. Después, riego en lluvia fina para no arrastrarla y mantener la superficie húmeda hasta que germine, cosa que ocurre en 10 a 20 días según temperatura.

Semillas de lino, pequeñas, planas y brillantes

Conviene sembrar generoso y aclarar después, dejando una planta cada 10-15 cm. Las que se arrancan no se pueden replantar en otro sitio: se cortan a ras o se tiran. Si se deja la siembra sin aclarar, salen tallos finos y apretados que se vencen todos juntos.

Riego y abonado, o más bien la falta de ambos

Una vez establecida, la planta se apaña con muy poca agua. En siembra de otoño en zona de costa puede llegar a no necesitar ni un riego hasta que empieza a florecer. En primavera, un riego semanal profundo en tiempo seco es suficiente; regar poco y a diario mantiene la raíz en superficie y la planta se derrumba en cuanto llegue el primer día de 30 °C.

Con el abono, lo prudente es no echar ninguno. En tierra de jardín normal no hace falta. Un aporte de nitrógeno —estiércol fresco, un abono de césped, un universal generoso— produce mucha hoja verde, tallos largos y blandos, y menos flor. La mata se tumba en la primera racha de viento y ya no se recupera. Si la tierra es arena muerta de verdad, un puñado de compost maduro mezclado antes de sembrar cubre todo el ciclo.

En maceta y jardinera

Funciona bien en contenedor si se respetan dos condiciones: profundidad y drenaje. La raíz pivotante quiere al menos 20-25 cm de fondo, así que las jardineras de balcón de 15 cm dan plantas mediocres. El sustrato, universal mezclado con un tercio de arena de río o perlita, nunca turba pura, que retiene demasiado.

Se siembran unas cuantas semillas por maceta y se aclaran a tres o cuatro plantas en una de 20 cm. En terraza a pleno sol el riego sube a dos veces por semana en pleno mayo, pero siempre dejando secar la superficie entre riego y riego.

Mantenimiento durante la floración

El pétalo caído no ensucia: se deshace solo. Lo que sí conviene es quitar las cápsulas de semilla mientras dure la floración, si se quiere alargarla. En cuanto la planta consigue madurar semilla en cantidad, entiende que ha terminado y deja de abrir flor. Un repaso semanal con las tijeras cortando los extremos con frutos redondeados mantiene la mata en flor varias semanas más.

Al final del ciclo, la decisión: o se corta todo y se retira, o se dejan las últimas cápsulas para que suelten semilla. Linum grandiflorum se resiembra solo con bastante facilidad si el suelo no se remueve ni se acolcha, y en jardines de estilo silvestre eso significa una mancha roja que aparece sola cada primavera en un sitio ligeramente distinto. Si esa espontaneidad no encaja con el diseño, hay que retirar la planta antes de que la cápsula se abra.

Para guardar semilla: se recogen las cápsulas cuando pasan de verde a pajizo y suenan al agitarlas, se dejan secar unos días en un plato y se aplasta suavemente para liberar las semillas, planas, brillantes y de color caramelo. Guardadas en sobre de papel en sitio fresco y seco germinan bien durante dos o tres años.

Problemas reales

La plaga apenas existe: algún pulgón en los brotes tiernos de primavera, que se resuelve con un chorro de agua o jabón potásico, y poco más. Los caracoles y babosas sí se ceban con las plántulas recién nacidas en siembra de otoño, y en una noche pueden dejar el bancal pelado. Ahí conviene vigilar los primeros quince días.

Los fallos graves son de cultivo, no de bicho. Suelo encharcado, siembra demasiado profunda, trasplante, exceso de abono y sombra: cada uno de los cinco da el mismo resultado, una planta tumbada, escuálida o directamente ausente. Y hay uno más discreto: sembrar en tierra recién removida y llena de semilla de hierba, donde la plántula de lino, que es finísima al principio, pierde la carrera contra cualquier gramínea. Una escarda a mano a las tres semanas resuelve el problema para todo el ciclo.

Con qué queda bien

Su sitio natural es la pradera florida de secano, mezclado con amapola (Papaver rhoeas), aciano (Centaurea cyanus), coreopsis y gypsophila anual. Todos comparten exigencias —sol, suelo pobre, poca agua— y ninguno se come a los demás.

En arriate más formal, aporta un rojo puro y ligero que no pesa, porque el tallo es fino y la flor parece flotar. Combina bien delante de salvias azules o de lavandas, y también en el borde de un huerto: atrae abejas y sírfidos, que son buenos aliados contra el pulgón de las hortalizas de al lado.

En resumen

Linum grandiflorum es un anual de siembra directa, sol pleno y suelo pobre y bien drenado. Se siembra en otoño donde el invierno es suave y a final de invierno donde es duro, siempre en el sitio definitivo y cubriendo la semilla apenas unos milímetros, porque el trasplante lo arruina. Riego escaso, abono ninguno, aclareo a 10-15 cm y quitar cápsulas para alargar la floración. Cada flor dura un día y la mata abre flores nuevas durante semanas. No es perenne por mucho que lo diga alguna etiqueta: la roja es anual y se resiembra sola si se la deja.


Contenidos relacionados