Un bulbo de narciso plantado en octubre parece no hacer nada hasta enero. Bajo tierra está haciéndolo todo: emite raíces en cuanto el suelo se enfría por debajo de unos 13 °C y pasa el invierno construyendo en silencio la flor que ya venía preformada dentro del bulbo desde el verano anterior. Por eso el narciso es tan puntual y por eso, cuando falla, casi siempre falla por algo que ocurrió el año anterior y no por lo que estés haciendo ahora.
Aviso previo, porque importa: todas las partes del narciso son tóxicas. El bulbo concentra licorina y otros alcaloides, además de rafidios de oxalato cálcico. Se han registrado intoxicaciones por confundir bulbos de narciso con cebollas o chalotas en la cocina, con vómitos intensos y trastorno digestivo. No es una planta comestible en ninguna de sus partes, ni en infusión ni de ninguna otra forma. Para perros y gatos también es tóxica, y el bulbo es la parte más peligrosa. Manipular muchos bulbos seguidos con las manos desnudas provoca una dermatitis conocida entre los recolectores, así que con guantes.
Cuándo asoma y cuándo florece
El calendario del narciso en la península tiene tres tiempos bien separados:
Enraizamiento, de octubre a diciembre. Nada visible en superficie. El bulbo necesita este periodo con el suelo fresco y algo húmedo para anclarse. Si se planta tarde, en enero, la planta arranca con un sistema radicular pobre y da flores más pequeñas o directamente no da ninguna.
Brotación, de mediados de enero a finales de febrero en la mayor parte del país. Salen primero las hojas, en forma de puñal enrollado que se abre en cinta acanalada, y el escapo floral asoma poco después envuelto en una membrana papirácea llamada espata. En la costa mediterránea y en el sur puede adelantarse a Navidad; en zonas frías de montaña o en la meseta norte se retrasa a marzo.
Floración, de febrero a abril según variedad y altitud, con un margen de casi dos meses entre las más tempranas y las más tardías. Narcissus poeticus y sus derivados cierran la temporada en mayo en clima frío.
Hay una excepción que conviene conocer: los narcisos del grupo tazetta, y muy en particular Narcissus papyraceus —el narciso de invierno o "paperwhite"—, no necesitan pasar frío para florecer y abren entre noviembre y enero. Son los adecuados para Levante, Andalucía costera, Canarias o cualquier sitio donde el invierno no baje lo suficiente. Y en el extremo opuesto está Narcissus viridiflorus, un narciso de flores verdes y olor intenso, propio del Estrecho, que florece en otoño, en septiembre y octubre, con las hojas ausentes.
Por qué el frío no es opcional
Salvo los tazetta, los narcisos necesitan entre 12 y 15 semanas por debajo de 9 °C para que el escapo se alargue y la flor salga. Sin ese periodo el bulbo emite hojas y se queda ahí: brota, verdea y no florece.
Esto tiene una consecuencia práctica en zonas de invierno suave. Comprar bulbos y plantarlos en Málaga o en Alicante esperando la estampa de narcisos de un jardín inglés termina en un montón de hojas. La solución es plantar variedades tazetta, o bien meter los bulbos comprados en septiembre en la parte baja de la nevera, dentro de una bolsa de papel perforada y lejos de la fruta —el etileno que desprenden las manzanas aborta la flor dentro del bulbo—, y sacarlos a plantar tras diez o doce semanas.
La flor por dentro
El narciso pertenece a las amarilidáceas, la familia del ajo ornamental y la azucena de Guernsey. Su flor tiene una estructura muy reconocible y con nombres propios:
El perianto son las seis piezas exteriores, tres sépalos y tres pétalos idénticos entre sí, dispuestos en estrella plana. Encima y en el centro está la corona o trompeta, una estructura tubular que no existe en la mayoría de familias de plantas y que se forma como una excrecencia de la base de los tepalos. Esa corona es la que define toda la clasificación hortícola del género: según sea más larga o más corta que las piezas del perianto, el narciso cae en un grupo o en otro.
El tallo floral, o escapo, es hueco y sin hojas, y en muchos narcisos tiene sección aplanada con dos aristas. Antes de abrirse, el capullo va envuelto en la espata, esa hoja fina y translúcida que queda colgando seca junto a la flor. Cada escapo lleva una sola flor en la mayoría de los grupos, pero en los tazetta y en los jonquilla soporta un ramillete de cuatro a doce flores más pequeñas y mucho más perfumadas.
Grupos de narciso que se encuentran en España
La clasificación hortícola oficial reparte el género en trece divisiones. Estas son las que llenan los catálogos y los jardines de aquí.
Trompeta
La imagen clásica: una flor por tallo y una corona tan larga o más que los tepalos, de 5 a 8 cm en total. Derivan de Narcissus pseudonarcissus. Son los más vigorosos, los mejores para naturalizar en pradera y los que mejor aguantan el frío continental.
Corona grande y corona pequeña
Dos divisiones distintas separadas por una regla de proporción: en los de corona grande, la trompeta mide más de un tercio pero menos que la longitud de los tepalos; en los de corona pequeña, menos de un tercio, quedando como una tacita o un anillo apretado. Los de corona pequeña suelen florecer más tarde y admiten mejor la media sombra.
Dobles
Corona, tepalos o ambos multiplicados, hasta el punto de que la flor pierde la trompeta reconocible y parece una peonía en miniatura. Bonitos y con un inconveniente real: pesan, y una lluvia de marzo los tumba contra el suelo y los llena de barro. En zonas ventosas o de primavera lluviosa dan mal resultado.
Triandrus
Descendientes de Narcissus triandrus, especie ibérica. Dos o tres flores colgantes por tallo, con los tepalos ligeramente echados hacia atrás y aspecto de campanilla. Porte bajo, entre 20 y 30 cm, ideales para maceta y primer plano de arriate.
Ciclamíneos
De Narcissus cyclamineus, otra especie del noroeste peninsular y del norte de Portugal. Los reconoces al instante: los tepalos se doblan hacia atrás como las orejas de un caballo al galope, dejando la trompeta larga y estrecha proyectada hacia delante. Son de los más tempranos, florecen desde febrero, y prefieren suelo que no se seque del todo.
Jonquilla y tazetta
Los grupos del perfume. Los jonquilla, derivados de Narcissus jonquilla, tienen hojas cilíndricas y juncosas en lugar de planas y llevan de dos a cinco flores pequeñas de aroma penetrante. Los tazetta llevan hasta doce flores por escapo, no necesitan frío y son los que se cultivan en el Mediterráneo desde la antigüedad.
Poeticus
Perianto blanco puro y una corona diminuta, plana, amarilla con el borde rojo o anaranjado. Los últimos en florecer y los más resistentes al frío húmedo.
Especies silvestres
España concentra una parte enorme de la diversidad mundial del género: Narcissus bulbocodium, el de la corona en forma de embudo o "aro de miriñaque"; Narcissus asturiensis, una trompeta enana de pocos centímetros; Narcissus cantabricus, blanco y de floración invernal. Muchas de estas poblaciones están protegidas por la normativa autonómica de flora silvestre, y arrancar bulbos del campo es ilegal además de innecesario: se venden propagados en vivero. En el jardín se comportan mejor que los híbridos grandes en suelos pobres y secos.
Plantación y cuidados
Época. De septiembre a noviembre, antes de que llegue el frío duro. En clima cálido, hacia el final de esa horquilla.
Profundidad. Dos o tres veces la altura del bulbo: para un bulbo estándar, unos 12 a 15 cm hasta la punta. Un bulbo enterrado a cuatro o cinco centímetros se recalienta durante el verano y se divide en bulbillos demasiado pequeños para florecer: a los dos años esa mata solo saca hojas. Separa los bulbos entre 10 y 15 cm si quieres macizos, más si buscas un efecto naturalizado. La punta arriba y la placa radicular —la base plana y áspera— abajo.
Suelo. Cualquiera que drene. El narciso tolera caliza y suelos pobres, y lo único que no perdona es el agua estancada en invierno: en terreno arcilloso pesado el bulbo se pudre. Si tu jardín encharca, planta en montículo elevado o en maceta honda con buena capa de drenaje.
Exposición. Sol o sombra ligera. Bajo caducifolios funciona perfectamente, porque el narciso hace toda su vida antes de que el árbol tenga hojas.
Riego. Prácticamente ninguno en la península en invierno: la lluvia basta. En primavera seca conviene un riego mientras haya hoja verde, y a partir de que la hoja amarillee, cortar el agua por completo. El bulbo entra en reposo estival y quiere estar seco.
Lo que decide la floración del año siguiente
Aquí es donde se pierde la floración: cortar las hojas nada más pasar la flor. Esas hojas, feas y desordenadas durante seis u ocho semanas, son las que rellenan el bulbo para el año que viene. Segar el césped con los narcisos aún verdes, o atarles las hojas en un nudo para que estorben menos, deja el bulbo a medio cargar y la primavera siguiente sale hoja sin flor. La regla es esperar a que el follaje amarillee por sí solo, hacia finales de mayo o junio, y solo entonces retirarlo.
Dos operaciones más que sí ayudan. Quitar la flor marchita en cuanto se seca, cortándola justo bajo el ovario y dejando el escapo verde en pie: así el bulbo no gasta en fabricar semilla. Y una aportación de abono rico en potasio —sirve el de tomateras— durante la floración y las dos o tres semanas siguientes, que es cuando la planta está acumulando reservas.
Si una mata que llevaba años floreciendo empieza a dar solo hojas, casi siempre es agolpamiento: el bulbo original se ha multiplicado en un racimo apretado que compite consigo mismo. Se desentierra en verano, con la hoja ya seca, se separan los bulbos con la mano, se descartan los blandos y se replantan en otoño más espaciados.
Problemas
La mosca del narciso (Merodon equestris) pone huevos en el cuello del bulbo a finales de primavera; la larva se come el interior y el bulbo aparece blando y hueco al desenterrarlo. Ayuda pisar o cubrir con tierra el orificio que deja la hoja al secarse, que es por donde entra.
La podredumbre basal por Fusarium oxysporum f. sp. narcissi ataca por la placa radicular y avanza con el calor del almacenamiento; un bulbo que huele mal o cede al apretarlo se tira, nunca se planta.
El nematodo del tallo (Ditylenchus dipsaci) deja pequeñas protuberancias amarillas en las hojas y anillos pardos concéntricos al cortar el bulbo en rodajas. No tiene remedio doméstico: se retira todo el grupo y no se replantan bulbos ahí en varios años.
Narcisos en jarrón, con una precaución
El tallo cortado de narciso suelta un mucílago con alcaloides que tapona los vasos de otras flores y acorta drásticamente la vida de tulipanes, rosas o fresias en el mismo jarrón. Si quieres mezclarlos, deja primero los narcisos solos en agua durante 12 a 24 horas, cambia el agua y ya entonces móntalos con el resto, sin volver a recortar los tallos. Recortarlos otra vez reabre la herida y vuelve a soltar la savia.
En resumen
El narciso se planta de septiembre a noviembre, echa raíz en otoño, brota entre enero y febrero y florece de febrero a abril, salvo los tazetta, que abren en pleno invierno sin necesitar frío, y Narcissus viridiflorus, que florece en otoño. La flor se identifica por el perianto de seis piezas y la corona central, y la longitud relativa de esa corona es lo que separa unas divisiones de otras. Entierra los bulbos a 12-15 cm, dales suelo que drene y deja que las hojas amarilleen solas antes de tocarlas: cortarlas verdes es cambiar la floración del año siguiente por unas semanas de jardín ordenado. Y recuerda que todo en esta planta es tóxico, empezando por el bulbo.