Ese olor a clavo de especia que suelta un clavel cuando le da el sol de media mañana no es una comparación poética: la molécula responsable es el eugenol, la misma que perfuma el clavo de olor. De ahí viene el nombre científico de la especie cultivada, Dianthus caryophyllus, y de ahí viene también el nombre común en castellano. Lo curioso es que buena parte de los claveles que se venden hoy en floristería han perdido ese aroma por el camino: la selección para tallo largo, flor grande y duración en jarrón ha ido dejando el perfume fuera de la ecuación.

Este artículo desmonta la flor pieza a pieza, aclara qué es cada uno de los "claveles" que se encuentran en vivero y explica cómo cultivarlo sin que se pudra el cuello en el primer invierno.

Claveles rojos abiertos con la flor doble característica

La planta: nudos hinchados y hoja azulada

El clavel pertenece a las cariofiláceas, la familia de las jaboneras y las colleja. Es una perenne de vida corta: mata leñosa por la base, de porte entre 40 y 80 cm en las variedades de flor cortada, que se agota en tres o cuatro años. Pasado ese tiempo la planta se ahueca por el centro, florece peor y conviene renovarla con esquejes propios en lugar de intentar rejuvenecerla a base de abono.

El tallo tiene una particularidad que sirve para identificarlo a ciegas: es cilíndrico y con los nudos claramente engrosados, como pequeñas rodillas. Por esos nudos se quiebra con facilidad, y por esos nudos es justo por donde hay que cortar cuando se toma un esqueje. Las hojas son estrechas, opuestas, envainadoras y de un verde grisáceo azulado; ese tono glauco viene de una capa cerosa que reduce la pérdida de agua, y es la pista de que estamos ante una planta adaptada a suelos secos y calizos del entorno mediterráneo, no ante una planta de sombra húmeda.

Anatomía de la flor

La flor silvestre de Dianthus caryophyllus tiene cinco pétalos con el borde dentado o flecoso, cinco sépalos soldados en un cáliz tubular muy característico y, en la base de ese tubo, unas bractéolas cortas que forman lo que se llama epicáliz. Ese tubo verde y rígido, de unos dos o tres centímetros, es la firma del género: si al mirar una flor parecida no encuentras el tubo, no es un clavel.

Lo que se cultiva casi siempre, en cambio, es una flor doble: los estambres se han transformado en pétalos a lo largo de siglos de selección, de manera que la flor amontona treinta, cuarenta o más piezas dentro del mismo cáliz. Esa acumulación explica el defecto clásico del clavel, el reventón: el cáliz se raja por un lateral y la flor se abre torcida, con los pétalos derramados hacia un lado. No es una plaga ni un hongo. Se dispara sobre todo cuando hay oscilaciones bruscas de temperatura entre el día y la noche durante la formación del botón, y con abonados muy cargados de nitrógeno. En cultivo profesional se corrige con anillos de goma en el cáliz y con variedades seleccionadas por tener el cáliz resistente; en casa, se corrige plantando en un sitio sin corrientes frías y sin sobrealimentar.

La floración va de finales de primavera a principios de otoño al aire libre en la península, con un bajón claro en pleno agosto en el interior: por encima de 30 °C el clavel abre flores pequeñas y desvaídas. Su temperatura de confort está entre 15 y 22 °C, y es exactamente por eso que la producción comercial española se concentró históricamente en la costa mediterránea y en Canarias.

No todos los "claveles" del vivero son la misma planta

La etiqueta que verás en la maceta rara vez dice la especie, y las diferencias entre unas y otras son de años de vida y de tamaño, no de matiz:

Dianthus caryophyllus es el clavel propiamente dicho, el de flor grande y tallo largo. Dentro de él se distinguen los de flor uniflora o "standard" —una sola flor por tallo, obtenida desbotonando los capullos laterales— y los de flor múltiple o spray, que dejan ramificar el tallo y dan un ramillete de flores más pequeñas.

Dianthus barbatus, el clavel del poeta o minutisa, agrupa sus flores en cabezuelas planas y densas. Es bienal: el primer año hace roseta y el segundo florece y se muere. Quien lo compra creyendo que es un clavel perenne piensa al año siguiente que lo ha matado, cuando simplemente ha cumplido su ciclo. Si lo dejas granar, se resiembra solo.

Dianthus chinensis, el clavel chino, es el que se vende por bandejas de temporada en primavera para balcón. Flor plana, de un solo plano de pétalos, muy dentada, y vida corta: se comporta prácticamente como anual.

Dianthus plumarius, la clavellina, forma alfombras bajas de hoja azulada, aguanta el frío mucho mejor y es la opción sensata para rocallas y bordes de camino.

Sobre el clavel azul conviene una precisión: existe, se vendió con las marcas Moondust y Moonshadow, y se obtuvo insertando genes de la ruta de la delfinidina procedentes de la petunia, porque el género no sabe fabricar ese pigmento. El color real es un lila malva, no un azul de libro. Cualquier clavel de un azul eléctrico intenso en una floristería es una flor blanca teñida, y el tinte se nota en el corte del tallo y en el borde de los pétalos.

Suelo, sol y agua

Tratar el clavel como si fuera una planta acidófila lo arruina más rápido que cualquier plaga, y es justo lo contrario de lo que necesita. El clavel quiere pH entre 6,5 y 7,5, tolera de sobra la caliza y se vuelve clorótico y raquítico en sustratos ácidos de turba pura. Si compras sustrato, elige uno universal aligerado con arena gruesa o perlita, en proporción de una parte de arena por cada tres de sustrato, y olvídate de las mezclas para hortensias o camelias.

Sol directo, cuanto más mejor: menos de cinco o seis horas de sol al día y la planta se estira, los tallos se doblan y el número de botones cae en picado. En interior no prospera; el clavel de maceta que se regala florecido en primavera dura lo que dura esa floración y luego se degrada por falta de luz.

El riego es el punto crítico. El clavel resiste bien la sequía corta y muy mal el encharcamiento: en cuanto el agua se queda en el cepellón, hongos del suelo colonizan la base del tallo y la planta se viene abajo de un día para otro, ya con las raíces perdidas. Riega abundante y espacia hasta que los dos primeros centímetros de sustrato estén secos, y moja el suelo, no la planta. El agua sobre las hojas y sobre las flores abiertas es la vía de entrada de la alternaria y de la roya.

Para el abonado, un fertilizante equilibrado de floración con potasio alto cada quince días de abril a septiembre es suficiente. El exceso de nitrógeno da hojas grandes, tallos blandos, más pulgón y más cálices reventados.

Pinzado, esquejes y renovación

El pinzado es la operación que decide si tendrás una planta o un palo con una flor. Cuando el ejemplar joven tiene seis u ocho pares de hojas, se le corta la punta por encima del cuarto o quinto nudo. De cada nudo por debajo brotan tallos laterales, y la planta pasa de un tallo a cinco o seis. En claveles de flor cortada se pinza una vez; en los de porte compacto para maceta se puede pinzar dos veces con tres semanas de diferencia.

La multiplicación por esqueje es la única forma de conservar una variedad concreta, porque la semilla de un clavel doble da descendencia irregular y con frecuencia de flor simple. Se toman brotes laterales no florecidos de 8 a 10 cm, en primavera o a finales de verano, se arrancan tirando hacia abajo para llevar un talón, se les quitan las hojas de la mitad inferior y se clavan en arena húmeda o en una mezcla de turba y perlita al 50 %. Enraízan en tres o cuatro semanas a unos 18-20 °C, con luz pero sin sol directo, y con el sustrato apenas húmedo: mojado en exceso, el esqueje se pudre antes de sacar raíz.

En cuanto al frío, la mayoría de variedades de D. caryophyllus aguantan hasta unos -5 °C sin daños permanentes si el suelo drena; por debajo de eso pierden la parte aérea. En la meseta merece la pena proteger la base con un acolchado de grava o cortezas, que además evita que la lluvia salpique tierra sobre las hojas bajas.

Lo que suele matarlo

El enemigo serio del clavel es la fusariosis vascular, causada por Fusarium oxysporum f. sp. dianthi. Se manifiesta con un amarilleo que empieza por un solo lado de la planta, marchitez progresiva y, al cortar el tallo por la base, un anillo interior pardo. No tiene tratamiento curativo: la planta afectada se retira entera con su cepellón y ese suelo queda inservible para claveles durante años, porque el hongo persiste en forma de clamidosporas. La prevención pasa por no replantar claveles donde ya murió uno, usar sustrato nuevo en maceta y no reutilizar tierra.

La roya (Uromyces dianthi) sale como pústulas pardas polvorientas en el envés de las hojas cuando hay humedad ambiental alta y poca ventilación; se controla aclarando la planta, retirando hoja afectada y evitando el riego por aspersión. La araña roja aparece en el extremo opuesto, con calor y aire seco, y deja las hojas punteadas de amarillo y con telilla fina en las axilas. Entre los insectos, los trips deforman y decoloran los pétalos —se ven como rayas plateadas en la flor— y el pulgón se instala en los botones tiernos.

El clavel cortado y el etileno

El clavel reacciona al etileno más deprisa que casi cualquier otra flor de corte, y ese detalle explica casi todo lo que le pasa en el jarrón. El etileno es un gas que emiten las frutas maduras, y basta un frutero con manzanas o plátanos cerca para que los pétalos se enrollen hacia dentro y la flor se cierre en dos días, aún con el tallo perfectamente turgente. Un ramo de claveles sobre la mesa del comedor junto a la fruta dura la mitad que el mismo ramo en otra habitación.

Lo demás es rutina: corte en bisel, dos dedos de tallo cortados por encima de un nudo —el nudo tiene el tejido conductor obstruido y bebe mal—, retirar toda hoja que quede bajo el agua y cambiar el agua cada dos días. Bien tratado, un clavel aguanta de diez a catorce días, más que casi cualquier otra flor de corte doméstica.

Mascotas y manipulación

Las especies de Dianthus están catalogadas como ligeramente tóxicas para perros y gatos: la ingestión de hojas o flores provoca salivación, vómitos y diarrea leve, y el contacto repetido con la savia puede causar dermatitis en pieles sensibles. No es una planta peligrosa ni requiere retirarla de una casa con animales, pero conviene no dejar los recortes de poda al alcance de un cachorro que muerda todo lo que encuentra.

En resumen

El clavel es una perenne mediterránea de vida corta que quiere sol pleno, suelo suelto y alcalino, y muy poca agua parada. Su flor se reconoce por el cáliz tubular con epicáliz y por los pétalos dentados, y su versión doble —la de floristería— reventará el cáliz si sufre saltos de temperatura o exceso de nitrógeno. Pinza los ejemplares jóvenes para que ramifiquen, renuévalos cada tres o cuatro años a partir de esquejes de brote lateral con talón, y no vuelvas a plantar clavel donde uno murió marchito: casi siempre fue fusarium y el suelo se queda contaminado. Y si lo cortas para casa, aléjalo del frutero.


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