Pide maravillas en un vivero de Valencia y te sacarán un semillero de caléndula naranja; pide lo mismo en Santiago de Chile y te darán semillas de girasol. El nombre viaja mal, y esa es la primera cosa que conviene resolver antes de sembrar nada: cuando en España se habla de la flor de las maravillas se habla, casi siempre, de Calendula officinalis, una anual mediterránea de la familia de las asteráceas que florece cuando el resto del jardín está parado.

Flores anaranjadas de maravilla o caléndula abiertas al sol

La planta que hay detrás del nombre

Calendula officinalis forma una mata de 30 a 50 cm, ramificada desde la base, con hojas alargadas, algo carnosas y ligeramente pegajosas al tacto por las glándulas resinosas. Las flores son capítulos de 4 a 7 cm, con lígulas que van del amarillo limón al naranja intenso y un disco central más oscuro. Las hay simples y las hay dobles, según la variedad.

La semilla no se parece a nada más: es un aquenio curvado, rugoso, con forma de garra o de uña. Esa forma es la razón de que se siembre bien a mano y de que la planta se resiembre sola por todo el arriate, año tras año, sin que nadie la ayude.

Aunque los catálogos la clasifican como anual, en la costa mediterránea y en el suroeste peninsular se comporta como bienal corta: sembrada en otoño, pasa el invierno vegetando y florece de febrero a mayo con una fuerza que no tiene cuando se siembra en primavera. Aguanta heladas ligeras, hasta unos ‑5 °C, aunque las flores abiertas se estropean con dos o tres grados bajo cero y hay que contar con perder los capítulos que estuvieran a punto.

Entre las variedades que se encuentran con facilidad en España, 'Fiesta Gitana' es la enana de unos 25-30 cm, buena para maceta y jardinera; 'Pacific Beauty' da tallos más largos y sirve para flor cortada; 'Indian Prince' tiene el naranja bronce con el envés rojizo. La especie botánica, sin más apellido, es la que mejor se resiembra y la que más flor da a lo largo de la temporada.

Otras plantas que también responden a "maravilla"

Conviene saber qué más se esconde tras ese nombre, porque una de las plantas implicadas sí es tóxica. En buena parte de Andalucía y Canarias se llama maravilla al Mirabilis jalapa, el dondiego de noche, esa mata de flores tubulares fucsias, amarillas y jaspeadas que abre al atardecer. Sus semillas negras y su raíz tuberosa contienen compuestos irritantes y purgantes; ingeridas provocan vómitos y diarrea, y las semillas son lo bastante llamativas como para que un niño pequeño las pruebe. Si en casa hay niños o perros, merece la pena identificar cuál de las dos maravillas tienes plantada.

En Chile y parte de Argentina, maravilla es directamente el girasol, Helianthus annuus. Y en algunas zonas de Levante se aplica el nombre a la campanilla trepadora Ipomoea. Nada de esto es un error de nadie: son nombres populares paralelos, y por eso el nombre científico no es una pedantería sino la única forma de pedir lo que quieres.

El equívoco del "marigold" y los nematodos

Hay una idea que conviene desmontar antes de que te cueste una temporada: que plantar caléndulas alrededor del huerto limpia el suelo de nematodos. El origen del malentendido está en el inglés: allí marigold designa tanto a la caléndula (pot marigold) como a los tagetes (French marigold, Tagetes patula). Los estudios sobre supresión de Meloidogyne se hicieron con tagetes, cuyas raíces liberan alfa-tertienilo, un compuesto nematicida. La caléndula tiene un efecto mucho más discreto y desde luego no sustituye a una rotación bien hecha ni a una biofumigación.

Si lo que buscas es actuar sobre nematodos, siembra Tagetes patula en cubierta densa y entiérrala; si lo que buscas es flor de invierno y atraer fauna útil, la caléndula es la adecuada. Son dos trabajos distintos y dos plantas distintas.

Cuándo sembrar en España

El calendario marca la diferencia entre una mata que florece cinco meses y una que florece tres semanas y se rinde con el primer golpe de calor.

En la franja mediterránea, en Canarias y en el valle del Guadalquivir, la siembra buena es de septiembre a mediados de noviembre. La planta enraíza con las lluvias de otoño, atraviesa el invierno como una mata baja y arranca a florecer con los primeros días largos de febrero.

En el interior peninsular y en el norte, donde el invierno castiga más, se siembra de febrero a abril, en semillero protegido o directamente en el terreno cuando el suelo pasa de 12 °C. Desde la siembra hasta la primera flor pasan unos 60-70 días.

Dos detalles técnicos que se pasan por alto: la semilla de caléndula germina mejor a oscuras, así que hay que cubrirla con un centímetro largo de tierra en lugar de dejarla en superficie; y germina entre 6 y 15 días con el sustrato a 15-22 °C. Por encima de 25 °C la nascencia se vuelve irregular, motivo por el cual sembrar en junio pensando en tener flor en verano no funciona.

Y ahí está el límite real de la especie: la caléndula es una planta de tiempo fresco. En Sevilla o en Zaragoza, en cuanto se instalan los treinta y muchos grados de julio, la mata se alarga, se llena de oídio y deja de abrir. No es que la hayas cuidado mal; es que ha terminado su ciclo.

Suelo, riego y abonado

Se adapta a casi cualquier suelo, incluidos los calizos y pobres tan comunes en el centro y el este peninsular, con un pH cómodo entre 6 y 7,5. Lo único innegociable es el drenaje: en tierra encharcada el cuello se pudre en pocos días.

Necesita sol directo. A media sombra crece, pero los capítulos abren a medias y los tallos se estiran buscando luz. Las flores cierran de noche y en días muy nublados, algo normal y no un síntoma de nada.

Riego moderado y espaciado, dejando secar los primeros centímetros entre uno y otro. Una caléndula establecida en tierra aguanta la sequía bastante mejor de lo que aparenta. Regarla por encima, mojando el follaje, es lo que dispara el oídio y la botritis.

Con el abonado hay que contenerse. Un exceso de nitrógeno da matas enormes, verdes, tiernas, cargadas de pulgón y con muy poca flor. Un poco de compost maduro al plantar es suficiente para toda la temporada; si acaso, un abono de floración cada tres semanas en maceta, donde el sustrato se agota antes.

Quitar la flor pasada no es estética

Es una anual, y una anual tiene un solo objetivo: producir semilla y morirse. En cuanto los primeros capítulos cuajan aquenios, la planta interpreta que ha terminado y reduce la floración de golpe. Cortar las flores marchitas justo por debajo del capítulo, cada tres o cuatro días, alarga la floración semanas enteras. Es la diferencia entre un mes de flor y una temporada completa.

La contrapartida: si las quitas todas, no habrá resiembra espontánea. Lo práctico es dejar madurar dos o tres capítulos al final del ciclo, cuando el aquenio se ve seco y curvado como una garra, y recoger esa semilla o dejar que caiga sola.

Pulgón, oídio y lo que sí hace en el huerto

La caléndula atrae al pulgón negro (Aphis fabae) con una eficacia notable. De ahí sale otra leyenda repetida: que "repele" el pulgón. Hace justo lo contrario, y precisamente en eso reside su utilidad. Plantada en el borde de un bancal de habas o cerca de los tomates, funciona como planta trampa: concentra las colonias en unos pocos tallos que puedes cortar y retirar, y sostiene poblaciones de sírfidos, mariquitas y avispillas parásitas que después trabajan en el resto del huerto. Sus flores abiertas y planas son muy accesibles para los sírfidos adultos, cuyas larvas devoran pulgón.

Dicho de otro modo: no la plantes esperando que ahuyente nada. Plántala para que el enemigo se agrupe donde tú controlas y para alimentar a quien se lo come.

El oídio aparece con calor y noches húmedas, sobre todo a partir de mayo. Airear la plantación, no regar por aspersión y retirar hojas afectadas suele bastar; el azufre mojable funciona, pero nunca por encima de 28-30 °C ni a pleno sol, porque quema. La botritis es problema de inviernos lluviosos en zonas costeras y se combate con distancia entre plantas y limpieza de flores pasadas.

Usos: cocina, piel y color

Las lígulas (los "pétalos") son comestibles y se han usado desde hace siglos para dar color amarillo a caldos, arroces, mantequillas y quesos. De ahí el apodo de azafrán de pobre, que describe bien lo que aporta: color, casi nada de aroma y ningún parecido de sabor con el azafrán verdadero. Se arrancan las lígulas y se desecha el receptáculo verde, que amarga. En ensalada, crudas, quedan bien y aportan carotenoides.

En cosmética y en farmacia la caléndula se emplea en preparados tópicos para piel irritada, y es uno de los pocos casos en que el uso tradicional cuenta con respaldo razonable. Aquí conviene una advertencia concreta: al ser una asterácea, puede provocar dermatitis de contacto en personas sensibilizadas a esta familia (manzanilla, árnica, crisantemo). Si es tu caso, prueba en una zona pequeña o evítala, y para cualquier uso interno consulta antes en la farmacia.

En resumen

La maravilla española es Calendula officinalis, y no conviene confundirla con el dondiego de noche, cuyas semillas y raíz sí son tóxicas. Se siembra en otoño en el sur y el litoral, y a finales de invierno en el interior, cubriendo bien la semilla porque germina a oscuras. Quiere sol, drenaje, poco abono y riego moderado al pie. Cortando las flores pasadas cada pocos días florece durante meses; dejando dos o tres capítulos maduros al final tienes semilla gratis para siempre. En el huerto no repele el pulgón: lo atrae, y esa es exactamente la función que le interesa a quien sabe usarla. Y para los nematodos, tagetes, no caléndula.


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