Jazmín, con propiedad, es Jasminum, un género de unas doscientas especies de la familia del olivo (Oleaceae), de arbustos y trepadoras de leño delgado repartidos por las zonas cálidas y templadas del Viejo Mundo. El problema es que en España se llama jazmín al menos a ocho plantas más, de cinco familias distintas, y dos de ellas son seriamente tóxicas. Así que lo primero que resuelve este artículo es cómo saber si lo que tienes delante es un jazmín.

La clave corta es esta: hoja compuesta en casi todas las especies (de tres foliolos o pinnada), flores con un tubo estrecho y largo que se abre en un limbo de cuatro a nueve lóbulos, solo dos estambres escondidos dentro de ese tubo, y savia transparente. Si al cortar un tallo sale un látex blanco, no es un jazmín. Si las flores tienen un penacho de estambres amarillos a la vista, tampoco. Con eso se descartan la mitad de los falsos jazmines sin necesidad de más.

Flor blanca de cinco lobulos

Este es el aspecto por el que muchas plantas acaban etiquetadas como jazmín: flor blanca de cinco lóbulos sobre un arbusto de hojas brillantes. Pero las hojas son simples, enteras y coriáceas, no compuestas, así que el parecido no basta para llamarla Jasminum.

Los jazmines de verdad que se cultivan aquí

Dentro del género hay especies muy distintas en rusticidad y en época de floración, y confundirlas es la causa habitual de que alguien plante un jazmín en Burgos y se le muera al primer invierno.

  • Jazmín común o blanco (Jasminum officinale). Trepadora de hoja pinnada, semicaduca, flores blancas muy perfumadas en verano. Es el más resistente al frío de los blancos y el que aguanta en el interior peninsular con una pared abrigada.
  • Jazmín real o jazmín de España (Jasminum grandiflorum). Muy parecido al anterior pero de flor mayor y más friolero. Es la especie clave en perfumería.
  • Jazmín chino (Jasminum polyanthum). El de las macetas con arco de alambre que se venden en invierno, con capullos rosados que abren en flor blanca. Florece muy temprano y agradece protección en heladas.
  • Jazmín de Arabia o diamela (Jasminum sambac). Arbusto de hoja perenne y flor muy carnosa, de los más aromáticos y de los más sensibles al frío: aquí es planta de litoral cálido o de maceta protegida.
  • Jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum). El único que florece en pleno invierno, amarillo, sobre ramas desnudas, y además el más resistente al frío del género. No huele apenas, y quien lo compra buscando perfume se lleva un chasco.
  • Jazmín silvestre (Jasminum fruticans). El nuestro, y merece apartado propio.

El jazmín que crece solo en el monte español

Jasminum fruticans es un arbusto mediterráneo de flor amarilla, hoja pequeña de tres foliolos y ramas verdes y angulosas, que vive en matorrales, encinares aclarados y roquedos de buena parte de la península, sobre todo en suelos calizos. Es la respuesta a una pregunta que sorprende a mucha gente: sí, hay un jazmín autóctono, y no es blanco ni huele como los de jardín.

Como planta de jardinería está infravalorado. Aguanta la sequía de verano sin riego una vez arraigado, no le importa la cal del suelo y tolera el frío mucho mejor que sus primos tropicales. Para un seto informal en clima seco es una opción razonable y de aquí.

Los falsos jazmines, uno por uno

Todos estos se venden o se nombran como jazmín y ninguno pertenece al género. Los ordeno por lo frecuentes que son en los viveros:

  • Jazmín estrellado, falso jazmín o jazmín de leche: Trachelospermum jasminoides, de las Apocináceas. Trepadora perenne de hoja simple y coriácea, flores blancas en hélice y savia lechosa, que es lo que lo delata y lo que irrita la piel y los ojos al podar. Es el que más se planta hoy en muros y vallas.
  • Jazmín del Cabo: la gardenia (Gardenia jasminoides), de las Rubiáceas. Flor blanca muy carnosa y acidófila estricta.
  • Jazmín de Madagascar: Stephanotis floribunda, también Apocináceas, la trepadora de flores blancas de cera de los ramos de novia.
  • Jazmín de noche, galán de noche o dama de noche: Cestrum nocturnum, de las Solanáceas, la familia de la patata y el tomate. Su perfume nocturno es tan potente que resulta agobiante en un patio pequeño, y la planta es tóxica, frutos incluidos.
  • Jazmín de jardín o celinda: Philadelphus, un arbusto caducifolio de flores blancas de cuatro pétalos anchos con un penacho de estambres amarillos. Huele parecido, y de ahí el nombre.
  • Falso jazmín de hoja de patata: Solanum laxum, otra solanácea trepadora, de flores blancas estrelladas con el centro amarillo.
  • Jazmín naranjo o mirto de Brunei: Murraya paniculata, de las Rutáceas, la familia del naranjo, con un olor a azahar que explica el nombre.
  • Jazmín amarillo o de Carolina: Gelsemium sempervirens. Trepadora de flores amarillas en forma de trompeta, muy tóxica en todas sus partes.

Arbusto con flores blancas en racimos densos

Ejemplo del lío: esto no es un jazmín sino una celinda (Philadelphus), el llamado jazmín de jardín. Se ve en las flores de cuatro pétalos anchos y en el manojo de estambres amarillos, dos cosas que ningún Jasminum tiene.

Los dos que hay que respetar

De la lista anterior, el jazmín amarillo de Carolina (Gelsemium sempervirens) es la planta a tener clara: contiene alcaloides muy activos y toda ella es peligrosa por ingestión, tanto para personas como para animales. No es una planta para un jardín con niños pequeños, y desde luego no se prepara nada con ella. El galán de noche (Cestrum nocturnum) es también tóxico, con los frutos como parte de más riesgo, que además son atractivos por ser bayas.

El falso jazmín (Trachelospermum jasminoides) no se come, pero el problema práctico es otro: su látex blanco irrita piel y ojos, y una poda de una pared entera sin guantes y sin lavarse después acaba en picor. Ante cualquier ingestión de planta, en niños o en animales, lo que toca es llamar al 112 o al servicio de información toxicológica y no probar remedios caseros.

El jazmín en perfumería y en el patio

La parte cultural del jazmín que es verdadera y comprobable no es medicinal, es olfativa. Las dos especies que sostienen la perfumería son Jasminum grandiflorum, que se llama jazmín de España precisamente por su historia de cultivo en el Mediterráneo, y Jasminum sambac, el de Asia. La flor se recoge a mano y de madrugada, porque el aroma se concentra por la noche y se pierde con el calor del día, y de ahí se obtiene por extracción el absoluto de jazmín, uno de los materiales clásicos y caros de la perfumería.

En el sur de España el jazmín es además elemento de patio: se planta junto a la puerta o a la reja para que el olor entre en casa al anochecer, mezclado con el del galán de noche y el de la dama de noche. Es una tradición doméstica bien documentada en la arquitectura popular andaluza y una razón perfectamente buena para plantar uno.

Lo que el jazmín no hace

En internet encontrarás el jazmín asociado a toda clase de efectos sobre el hígado, la digestión, el ánimo, el estrés o el deseo sexual. Nada de eso está respaldado: en la Unión Europea no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para el jazmín, y lo que circula viene de catálogos de venta, no de evaluación. El té de jazmín es té verde aromatizado con las flores, y su interés es el sabor. Cualquier uso tradicional que se cuente de esta planta se cuenta como tradición, no sustituye a un tratamiento y no se usa para decidir nada sobre una enfermedad.

El significado atribuido

Al jazmín se le atribuye amor, sensualidad y elegancia discreta, y en el lenguaje de las flores europeo del siglo XIX aparecía con mensajes distintos según el color: al blanco la amabilidad, al amarillo la gracia, al de Arabia el amor correspondido. Como con todas las flores, es una convención cultural con fecha, y en Asia tiene sus propias lecturas, con el jazmín sambac como flor de ofrenda y de fiesta en varios países. Lo interesante es que casi todas esas atribuciones giran alrededor del olor, que es lo único que la planta aporta de verdad.

En resumen

Un jazmín es un Jasminum, de la familia del olivo, y se reconoce por la hoja compuesta, el tubo floral estrecho, los dos estambres dentro del tubo y la savia transparente. Para plantar uno, lo que decide es el frío: nudiflorum y officinale aguantan el interior, polyanthum quiere abrigo y sambac es de litoral cálido o de maceta protegida. Y hay uno silvestre nuestro, Jasminum fruticans, amarillo, calcícola y resistente a la sequía.

Todo lo demás que se llama jazmín es otra cosa: el falso jazmín de los muros es Trachelospermum, con savia lechosa irritante; el del Cabo es la gardenia; el de Madagascar es Stephanotis; el de noche es Cestrum, tóxico; el de jardín es una celinda; y el amarillo de Carolina es Gelsemium, muy tóxico. Ninguno tiene propiedades medicinales autorizadas, y el jazmín vale por lo que huele.


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