Integrar una piscina en un jardín con flores se decide en una franja concreta: los dos o tres metros que rodean el vaso. Ahí es donde se acumulan casi todos los problemas de una piscina rodeada de plantación, y ninguno tiene que ver con el gusto. Tiene que ver con qué especie suelta hoja pequeña que atasca el skimmer, cuál levanta el pavimento y la estructura con la raíz, cuál pincha al pasar descalzo y cuál atrae abejas justo donde la gente se tumba mojada.

La buena noticia es que la lista de lo que no va al borde es corta y bastante clara, y con ella resuelta el resto del jardín puede ser tan florido como quieras. Lo que sigue es esa lista, qué sí funciona en la franja del borde, cómo poner sombra sin ensuciar el agua y el aviso que casi nadie hace: el agua de la piscina no sirve para regar.

Integrar una piscina en un jardín floreado

Lo que una piscina le hace al jardín de alrededor

El borde de una piscina es un microclima hostil, y conviene entenderlo antes de plantar. El pavimento claro refleja luz y calor hacia arriba, así que una planta que en el mismo jardín estaría bien en media sombra recibe ahí mucha más radiación de la que parece. La coronación se pone a una temperatura alta en agosto y calienta el suelo contiguo. Y llega salpicadura de agua tratada cada vez que alguien se baña.

Eso descarta de entrada lo que pide frescor, humedad ambiental y suelo que no se seque: hortensias, helechos, camelias y azaleas no son plantas de borde de piscina en clima mediterráneo. Y descarta también, por el lado contrario, el césped pegado al vaso, que hay que segar, que suelta recorte y que exige riego por aspersión justo donde no interesa.

Qué planta no va al borde, y por qué

  • Raíz agresiva y expansiva. Chopo, sauce, higuera, morera y los bambúes corredores buscan la humedad del vaso, levantan el pavimento y pueden comprometer la estructura y las conducciones. El ailanto (Ailanthus altissima) además está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), rebrota de raíz con una fuerza notable y no se planta en ningún caso.
  • Hoja pequeña, aguja y flor menuda. Pinos, cipreses, casuarina, olivo, mimosa, tamarindo y la mayoría de las coníferas. La hoja grande se recoge con la red; la pequeña se cuela por el skimmer y termina en el prefiltro de la bomba y en el fondo, y multiplica el trabajo de limpieza. El olivo, además, suelta flor y fruto.
  • Flor que atrae abejas y avispas. Lavanda, romero, tomillo, santolina, buddleja y la hiedra en flor son excelentes para el jardín y malas compañeras a un metro de donde la gente está descalza y mojada. No se eliminan, se colocan a unos metros y a ser posible detrás de un paso.
  • Espinas y hoja punzante. Rosales, buganvilla, pyracantha, berberis, cactus, yucas y agaves. El agave, con la espina terminal a la altura de la cara de un niño, es de las peores ideas en un borde de piscina.
  • Frutales y todo lo que mancha. Higuera, mora, níspero y las palmeras datileras dejan fruto que tiñe la piedra y el porcelánico, y atrae avispas.
  • Mucha semilla o vilano. El plumero de la Cortaderia selloana, que además figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), y el vilano del chopo llenan la superficie del agua.
  • Las tóxicas, donde hay niños. La adelfa (Nerium oleander) es la típica planta de piscina en el sur y es de las ornamentales más tóxicas que tenemos, toda la planta y también para perros y gatos: mira la ficha de la adelfa como planta venenosa. Añade las euforbias, cuyo látex irrita piel y ojos, y el ricino.

Qué funciona de verdad en la franja del borde

Lo que buscas es hoja perenne, coriácea o carnosa, porte bajo o medio, tolerancia a sol reflejado y suelo seco, y poca caída. Con eso, la lista es amplia:

  • Tapizantes suculentas. Delosperma, Lampranthus y Aptenia dan flor abundante en primavera y verano, no sueltan hoja y aguantan el calor del pavimento. Cuidado con el riego, que piden poco.
  • Matas mediterráneas de hoja gruesa. Pitosporo enano (Pittosporum tobira), Westringia fruticosa, Convolvulus cneorum y Teucrium fruticans, todas de hoja pequeña pero que apenas la sueltan y toleran salinidad y viento.
  • Flor de sol sin abeja insistente. Gazania (Gazania rigens), Dietes, agapanto (Agapanthus) y Amaryllis belladonna, que florece a final de verano con la hoja ya seca.
  • Hoja arquitectónica sin pinchos. Phormium, Dianella y Aeonium dan estructura todo el año. Es preferible el phormium a la yuca por lo evidente: no acaba en punta rígida.
  • Trepadora en muro. El jazmín de leche (Trachelospermum jasminoides) es la opción más limpia para un cerramiento junto a la piscina: perenne, perfumado y sin caída relevante.

Sobre las palmeras, que son el tópico de piscina: la hoja seca de una palmera adulta es pesada y peligrosa al caer, y la Phoenix canariensis está muy afectada por el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) en el litoral, con lo que asumes un problema sanitario y de gestión de restos. Si quieres ese porte, piénsalo con el ejemplar ya adulto en la cabeza, no con el de vivero.

La sombra que no ensucia

Una piscina necesita sombra, y ponerla con un árbol encima del agua es la peor manera de conseguirla. La solución sensata es sombra construida, con pérgola, vela o sombrilla, en el lado desde el que pega el sol de tarde. Si la sombra ha de ser vegetal, el árbol va colocado de modo que su copa no vuele sobre el vaso y su sombra alcance la zona de estar por la tarde, cuando el sol baja, no al mediodía. Suele significar ponerlo bastante más lejos de lo que uno tiende a plantar.

Y la distancia mínima se calcula pensando en el adulto, no en lo que compras: como criterio prudente, un árbol no se planta más cerca del vaso que el radio de la copa que tendrá de mayor, y en especies de raíz vigorosa hay que añadir barrera antirraíces, instalada al construir y no después.

El agua de la piscina no sirve para regar

Es la creencia más extendida y la más dañina. El cloro se degrada con el tiempo y al sol, pero el problema de fondo es otro: en una piscina de cloración salina el agua lleva sodio, y el sodio no se va. Al regar con ella se acumula en el suelo, degrada la estructura del terreno, dificulta que la raíz absorba agua y quema la planta por acumulación, con síntomas que se parecen a la sequía aunque estés regando. Está explicado a fondo en se pueden regar las plantas con agua de la piscina.

Lo mismo vale para el vaciado. Soltar el contenido de una piscina en el jardín, en el alcorque de un árbol o en la red de pluviales no es una decisión doméstica: el vertido de aguas de piscina está regulado por la ordenanza municipal, y cada ayuntamiento marca dónde y cómo se puede evacuar, normalmente con condiciones sobre el cloro residual y el caudal. Antes de vaciar, se consulta la ordenanza del municipio y la normativa autonómica que aplique.

Riego y pavimento: dónde va el goteo

La plantación del borde se riega por goteo, nunca por aspersión. Un aspersor junto a la piscina mete en el vaso agua con tierra y, si has abonado, con fosfatos, que es alimento directo para las algas. Por el mismo motivo, el abonado de la franja del borde se hace localizado y con cuidado de no dejar gránulos sobre el pavimento, porque el primer baldeo los lleva al agua.

Para el acolchado, grava o árido antes que corteza. La corteza y la viruta flotan, y con el primer viento acaban en el skimmer, en la piscina y pegadas en los pies de todo el mundo. La grava, además, refleja menos calor que el hormigón claro y se mantiene en su sitio.

El orden de las obras

Un detalle que ahorra mucho dinero: las conducciones de riego, el tubo de la iluminación del jardín y la barrera antirraíces se dejan puestos antes de pavimentar el perímetro. Abrir después una zanja en la coronación o en el pavimento de una piscina terminada es caro, queda visto y compromete la impermeabilización. Y conviene decidir en ese momento por dónde pasarán las personas mojadas, porque ese itinerario tiene que ir limpio de plantación, de goteo y de grava.

En resumen

El jardín florido y la piscina conviven sin problema si respetas la franja del borde. Fuera de ella: raíz agresiva, hoja pequeña y en aguja, frutales, espinosas, plumeros y semilla voladora, las que atraen abejas y las tóxicas si hay niños. Dentro: suculentas tapizantes, matas mediterráneas de hoja gruesa, gazania, dietes, agapanto, phormium y jazmín de leche en el muro. La sombra, construida o con el árbol lo bastante lejos para que la copa no vuele sobre el agua.

Y dos reglas que van más allá de la estética: el agua de la piscina no se usa para regar, sobre todo si la cloración es salina, porque el sodio se acumula y quema la raíz; y el vaciado se hace según la ordenanza municipal, no al jardín ni al alcorque. Deja el goteo y la barrera antirraíces puestos antes de pavimentar, acolcha con grava y no con corteza, y el mantenimiento de la piscina dejará de ser una pelea contra la plantación.


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