El 26 de marzo de 2021 los cerezos de Kioto alcanzaron la plena floración, la fecha más temprana registrada en una serie documental que arranca en el siglo IX. Ese dato existe porque en Japón hay más de mil doscientos años de gente anotando por escrito el día exacto en que se abrieron las flores. A esa costumbre de mirar los árboles floridos, y de organizar la vida alrededor de ellos durante dos semanas, se la llama hanami: literalmente, "ver flores".

Qué es y de dónde viene

El hanami no empezó con los cerezos. Durante el periodo Nara (siglo VIII), la flor que se contemplaba era la del ciruelo japonés, Prunus mume, importada de China junto con buena parte de la cultura letrada de la época. El desplazamiento hacia el cerezo, sakura, ocurrió en el periodo Heian, cuando la aristocracia de la corte convirtió su floración en tema poético central y en excusa para banquetes al aire libre. De ahí bajó a los samuráis, luego a los comerciantes de Edo, y en el siglo XVIII ya era una fiesta popular con comida, bebida y multitudes.

La idea que sostiene todo eso es el mono no aware: la emoción que produce lo que se va. La flor del cerezo dura una semana escasa y cae entera, sin marchitarse en el árbol. Se contempla porque se acaba. Conviene decirlo sin adornos, porque la versión turística del hanami se queda en las fotos rosas y se pierde justo la mitad interesante.

Cerezos en flor durante el hanami

Por qué todos los cerezos florecen el mismo día

Hay un detalle botánico que explica el fenómeno y que rara vez aparece en los reportajes. El cerezo que llena los parques japoneses no es una especie silvestre: es Prunus × yedoensis 'Somei-Yoshino', un híbrido seleccionado a mediados del siglo XIX en el vivero de Somei, en Edo. Se propaga exclusivamente por injerto, de modo que cada ejemplar plantado desde entonces es un clon genéticamente idéntico a los demás.

La consecuencia es directa: dentro de una misma localidad, todos responden a la temperatura con el mismo umbral y abren prácticamente a la vez, en cuestión de dos o tres días. Y florecen antes de brotar las hojas, lo que da esa masa blanca rosada sin una mota verde. Ninguna población natural de cerezos hace eso; la uniformidad es obra humana, no de la naturaleza.

El vocabulario japonés está calibrado a esa precisión: kaika es la apertura de las primeras flores, mankai la plena floración —unos siete días después—, yozakura la contemplación nocturna con los árboles iluminados y hanafubuki la nevada de pétalos que cierra el ciclo. El avance de la floración de sur a norte, desde Kyushu a finales de marzo hasta Hokkaido en mayo, se llama sakura zensen, "frente de los cerezos", y se pronostica y se sigue como un frente meteorológico, con árboles de referencia designados en templos y santuarios cuyas flores dan por iniciada oficialmente la temporada.

El hanami que sí puedes hacer en España

No hace falta billete a Japón. La península tiene sus propias floraciones masivas, y algunas superan en superficie a cualquier parque japonés.

Valle del Jerte (Cáceres). Más de un millón y medio de cerezos de fruto, Prunus avium, plantados en bancales sobre las laderas. Florecen entre mediados de marzo y primeros de abril según la altitud, y como el valle escalona desde los 400 hasta más de 1.000 metros, la floración sube por la ladera durante dos o tres semanas. La fiesta del Cerezo en Flor está declarada de Interés Turístico Nacional. Si vas, sube de cota: abajo puede haber terminado y arriba estar empezando.

Vall de Gallinera (Alicante). Cerezos en terrazas de piedra seca entre montañas, floración a finales de febrero y marzo, más temprana por el clima suave.

Valle de Caderechas (Burgos). Cerezos de altura, floración tardía, entre finales de abril y mayo. Es la opción para quien llega tarde a todo lo demás.

Almendros. El equivalente peninsular del ume japonés: Prunus dulcis abre en enero y febrero, antes que ningún otro frutal. La Quinta de los Molinos, en Madrid, se llena a mediados de febrero; en Mallorca y en el interior alicantino la floración cubre comarcas enteras. Es un hanami de invierno, con frío de verdad y sin hojas en ningún árbol alrededor.

Paisaje de primavera con árboles en floración

Plantar tu propio cerezo de flor: lo que hay que saber antes

El cerezo ornamental que se vende en los garden centers españoles suele ser Prunus serrulata 'Kanzan', de flor doble rosa fuerte, y con menor frecuencia 'Somei-Yoshino' o el llorón Prunus × subhirtella 'Pendula'. Antes de comprar, tres advertencias concretas.

Necesitan horas-frío. Los cerezos de flor requieren un periodo invernal frío para romper la latencia de las yemas. En Murcia, Almería o la costa de Málaga, un invierno templado provoca floraciones escalonadas, pobres y desiguales, o directamente escasas. En la mitad norte, en la meseta y en cualquier zona de montaña funcionan bien. En clima cálido, el Prunus mume es sustituto honesto: florece en enero y febrero, aguanta inviernos suaves y además huele, cosa que el cerezo apenas hace.

Odian el suelo encharcado y compactado. Son árboles de raíz superficial y muy sensibles a la asfixia radicular. Plantados en un hoyo estrecho de suelo arcilloso, con riego de césped diario encima, duran unos pocos años y se van por podredumbre del cuello. Hoyo ancho, suelo que drene y nada de acumular tierra ni acolchado contra el tronco.

Se podan en verano, no en invierno. Hay un proverbio japonés que resume siglos de experiencia: sakura kiru baka, ume kiran baka, "tonto el que poda el cerezo, tonto el que no poda el ciruelo". El cerezo cicatriza mal y sus heridas son puerta de entrada para el chancro bacteriano (Pseudomonas syringae) y para el plateado (Chondrostereum purpureum). Si hay que quitar una rama, hazlo a finales de verano, con el árbol activo y el tiempo seco, y limita el corte a lo imprescindible. Podarlo en enero como se poda un frutal de pepita es la manera más segura de perder el árbol en cinco años.

Cómo se hace bien: comida, hora y respeto por el árbol

El hanami japonés es un picnic. Se extiende una tela en el suelo, se comparte comida preparada de antemano —bento, hanami dango en brochetas de tres colores, sakura mochi envuelto en hoja de cerezo salada— y se pasa la tarde bajo el árbol. Hay una versión nocturna, el yozakura, con farolillos, que cambia por completo el aspecto de la floración.

Sobre la hoja de cerezo salada conviene una precisión: se usa curada en sal y en cantidades mínimas, y aporta el aroma a cumarina característico. Las hojas frescas y, sobre todo, las semillas de los Prunus contienen glucósidos cianogénicos; no son un peligro en el uso tradicional, pero no son material para experimentar en casa ni para dejar al alcance de un perro que muerda huesos de cereza.

Y lo que de verdad daña la floración del año siguiente no es coger una flor caída, sino el suelo. Miles de personas sentadas sobre las raíces compactan el terreno y reducen la aireación justo donde el cerezo tiene el sistema radicular, superficial y frágil. En los parques japoneses más visitados esto es un problema de gestión reconocido, con vallados y rotación de zonas. Traducido a un picnic en el Jerte o en la Quinta de los Molinos: no aparques bajo el árbol, no claves nada en el tronco, no cuelgues hamacas de las ramas y no arranques ramillos floridos, que es lo que estropea la silueta del árbol durante años.

Contemplar sin cerezos

El hanami no es propiedad del cerezo. En Japón se contemplan también las glicinas en mayo (fuji), los crisantemos en otoño y las hojas rojas del arce (momijigari) en noviembre, con la misma lógica: un momento breve, una fecha que cambia cada año, una salida planificada para verlo. Cualquier jardín en España puede tener su calendario propio —almendro en febrero, cerezo o manzano de flor en marzo, glicina en abril, jacaranda en mayo o junio en el sur, tilo en junio—, y lo que convierte eso en hanami no es la especie, sino sentarse a mirarlo con tiempo en lugar de pasar de largo.

En resumen

El hanami es la práctica japonesa de contemplar la floración efímera, nacida con el ciruelo Prunus mume y trasladada después al cerezo. Su espectacularidad tiene una explicación botánica concreta: el 'Somei-Yoshino' es un clon propagado por injerto, y por eso abre a la vez y antes de echar hoja. En España hay hanami de sobra —el Jerte, la Vall de Gallinera, Caderechas, los almendrales de febrero— con un calendario que va de enero a mayo según especie y altitud. Si quieres tu propio cerezo de flor, comprueba primero que tu invierno da frío suficiente, plántalo en suelo que drene y no lo podes en invierno: en verano, poco y con tiempo seco.


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