En octubre la gloxinia se queda sin hojas, se seca entera y parece muerta. No lo está. Debajo del sustrato hay un tubérculo vivo que volverá a brotar en marzo si se guarda como debe guardarse, y que con los años produce plantas más grandes y con más campanas que la que se compró en flor en la floristería. Tirar la maceta en cuanto se marchita la última flor es lo que convierte una planta perenne en un adorno de tres meses.

La etiqueta dice gloxinia, la botánica dice otra cosa

En la maceta pondrá Gloxinia, a secas. El nombre botánico que corresponde a esta planta es Sinningia speciosa, de la familia de las gesneriáceas, la misma de la violeta africana (Saintpaulia) y de la Streptocarpus. Existe además un género Gloxinia de verdad, con Gloxinia perennis como especie más conocida, que es otra planta distinta y que casi no se cultiva. La confusión viene del siglo XIX y ya no hay quien la deshaga, pero conviene saberla por una razón práctica: si buscas información en inglés o consultas fichas de cultivo serias, la encontrarás bajo Sinningia, y las pautas que valen para la violeta africana valen casi todas para esta.

Lo importante del parentesco es doble. Primero, las hojas son aterciopeladas, cubiertas de pelos cortos que retienen el agua y se manchan con facilidad. Segundo, y esto define todo el manejo, la planta es tuberosa: acumula reservas en un tubérculo aplanado y tiene un ciclo anual de crecimiento y reposo que hay que respetar.

Gloxinia de flores rojas aterciopeladas

Luz: mucha claridad, ningún rayo directo

La gloxinia quiere luz abundante pero filtrada. Una ventana orientada al este, con sol suave de primera hora, es la mejor posición en una casa española. Al sur solo sirve con un visillo por delante o retirada un metro del cristal.

El sol directo de mediodía, aunque sea a través del vidrio, quema las hojas aterciopeladas: aparecen manchas pardas secas, de bordes definidos, que ya no se recuperan. En el extremo contrario, con poca luz la planta estira los peciolos, las hojas quedan separadas y espaciadas, y los botones florales se abortan antes de abrir. Si tu gloxinia crece pero no florece, la luz es el primer sospechoso, no el abono.

Riego: por abajo y con agua templada

Durante el crecimiento, el sustrato se mantiene húmedo pero nunca encharcado. La forma correcta de regar es poniendo la maceta en un plato con agua durante quince o veinte minutos y retirando después el sobrante. Regar desde arriba tiene dos problemas: moja las hojas, que se manchan, y sobre todo deja agua en el cuello de la planta, justo donde el tubérculo se pudre.

Tres detalles que marcan la diferencia:

Agua a temperatura ambiente. El agua fría del grifo sobre una hoja aterciopelada deja anillos y manchas claras permanentes. Deja la regadera llena la noche anterior.

Nada de pulverizar. Aquí hay que ir contra el consejo que se repite para plantas de interior. Sobre una hoja pilosa el agua no se escurre, se queda entre los pelos y se convierte en foco de botritis. La humedad ambiental se sube de otra manera: un plato ancho con grava y agua bajo la maceta, sin que el fondo toque el agua, o agrupando varias plantas juntas. Con la calefacción encendida en invierno la humedad de un salón baja del 30 %, y eso es lo que dispara la araña roja.

Menos agua conforme baja la temperatura. El paso del riego de verano al reposo no es brusco, es una reducción progresiva a partir de septiembre.

Temperatura

El rango cómodo va de 18 a 25 °C. Por debajo de 15 °C la planta deja de crecer y por encima de 28 °C las flores duran dos días en lugar de una semana. En una vivienda del interior peninsular, con veranos de 35 °C, la gloxinia va mucho mejor en una habitación fresca del norte de la casa que en el salón.

Evita las corrientes de aire y, muy en particular, el chorro del aire acondicionado: el frío seco directo arruga los botones y los tira sin abrir.

Sustrato y plantación del tubérculo

Necesita un sustrato ligero, aireado y ligeramente ácido, en torno a pH 5,5-6,5. Una mezcla que funciona bien es dos partes de turba rubia o fibra de coco, una de perlita y una de mantillo fino. Los sustratos universales compactados retienen demasiada agua y matan el tubérculo por asfixia en un par de meses.

El tubérculo se planta con la cara cóncava hacia arriba: es el lado por donde salen los brotes, y ponerlo del revés retrasa la brotación varias semanas o la impide del todo. Se entierra apenas, dejando la parte superior a ras de sustrato o cubierta con un centímetro escaso. La maceta debe ser ancha y poco profunda, unos cuatro o cinco centímetros más ancha que el tubérculo, y con agujeros de drenaje generosos.

Abonado

Desde que brota hasta que termina la floración, un abono líquido para plantas de flor rico en fósforo y potasio (tipo 15-30-15 o similar) cada diez o quince días, a la mitad de la dosis que indique el envase. Se aplica sobre sustrato ya húmedo, nunca sobre tierra seca, para no quemar las raíces finas.

Los abonos muy nitrogenados, o el de plantas verdes, dan hojas enormes y ninguna flor. En cuanto la planta empieza a amarillear en otoño, se suspende el abonado por completo: seguir alimentándola en esa fase interfiere con la formación de reservas en el tubérculo.

El reposo invernal, que es donde se gana o se pierde la planta

Al final del verano las hojas se van poniendo amarillas y flácidas. Eso no es una enfermedad ni falta de riego: es el ciclo natural. La planta está pasando las reservas de la parte aérea al tubérculo.

El procedimiento es este:

1. A partir de septiembre, espacia los riegos progresivamente y deja de abonar.

2. Cuando el follaje esté seco, corta los tallos dejando dos centímetros sobre el tubérculo.

3. Guarda la maceta entera, en seco, en un lugar oscuro, ventilado y fresco: entre 10 y 15 °C. Un trastero, un armario de una habitación sin calefacción, una alacena. Si prefieres sacar el tubérculo, límpialo de tierra y guárdalo en una bolsa de papel con turba seca o vermiculita.

4. No lo riegues. Ni un poco «para que no se seque». En reposo, el agua es lo único que puede pudrirlo.

5. Entre febrero y marzo, cuando veas asomar los primeros brotes rosados, trasplanta a sustrato nuevo, coloca la maceta en luz y da un riego moderado. A partir de ahí se reanuda el ciclo.

El reposo dura entre dos y cuatro meses. Un tubérculo bien conservado dura muchos años y va engordando; a los tres o cuatro años da plantas con quince o veinte flores por temporada, muy por encima de lo que rinde una recién comprada.

Multiplicación

La forma más agradecida es el esqueje de hoja, en primavera o principios de verano. Se corta una hoja sana con dos o tres centímetros de peciolo, se clava en una mezcla de turba y perlita húmeda, se cubre con una bolsa transparente o una campana y se mantiene a 22-24 °C con luz indirecta. En seis a diez semanas se forman tubérculos diminutos en la base del peciolo; la hoja madre acaba secándose y no pasa nada.

También se puede dividir un tubérculo grande en el momento del trasplante de finales de invierno, siempre que cada trozo lleve al menos un brote visible; los cortes se dejan secar al aire unas horas antes de plantar. Y se puede sembrar: la semilla es polvo fino que se siembra en superficie, sin cubrir, y germina en dos o tres semanas, pero tarda de seis a ocho meses en dar la primera flor y la descendencia no repite el color de la madre.

Gloxinia de flores lila con borde más claro

Problemas frecuentes y qué los causa

Manchas pardas o anillos claros en las hojas. Agua fría o gotas al sol. No se quitan; corta las hojas más feas y riega por abajo.

Botones que se secan sin abrir. Aire demasiado seco, corriente fría, o cambio brusco de sitio con la planta ya con botones. La gloxinia no lleva bien que la muevan en plena floración.

Punteado amarillento y telarañas finas en el envés. Araña roja (Tetranychus urticae), típica de ambiente cálido y seco de invierno con calefacción. Sube la humedad ambiental, limpia y trata con jabón potásico o aceite de neem insistiendo en el envés, repitiendo cada semana.

Flores deformadas con rayas plateadas y manchas necróticas. Trips. Además del daño directo, son vectores de virus como el INSV, para el que no hay tratamiento: la planta afectada se retira.

Moho gris sobre pétalos marchitos o en la base de los tallos. Botritis. Retira siempre las flores pasadas en cuanto se marchitan y ventila la habitación.

El tubérculo se ablanda y huele. Podredumbre por exceso de agua o por riego durante el reposo. Rara vez se salva; si la zona podrida es pequeña, se recorta hasta tejido sano, se espolvorea el corte con azufre o canela y se deja secar varios días antes de replantar.

En resumen

La gloxinia de floristería es Sinningia speciosa, una planta tuberosa perenne y no un ramo con maceta. Quiere luz clara sin sol directo, entre 18 y 25 °C, sustrato ácido y aireado, riego por inmersión con agua templada y abono de floración quincenal a media dosis mientras crece. No se pulveriza: la humedad se sube con un plato de grava. Cuando amarillea en otoño no está enferma, está entrando en reposo; se seca, se guarda en oscuridad a 10-15 °C sin nada de agua y se despierta en febrero o marzo con un trasplante. Ese ciclo respetado es la diferencia entre una planta que dura tres meses y un tubérculo que florece cada año, cada vez con más flores.


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