Poda a finales de invierno, riego escaso y abono rico en potasio. Con esas tres decisiones un geranio de balcón florece de marzo a noviembre en buena parte de España, y sin ellas se convierte en una mata larguirucha con cuatro hojas arriba y tallos pelados abajo. Lo demás —el sustrato, la maceta, la exposición— importa, pero importa menos que esas tres.

Geranios en flor en una jardinera de balcón

Qué planta es exactamente la que tienes en la barandilla

El geranio de balcón no pertenece al género Geranium. Es un Pelargonium, un género hermano de origen sudafricano que se separó botánicamente en 1789 pero al que el nombre popular no siguió. La distinción no es una pedantería de etiqueta: cambia por completo lo que la planta aguanta.

Un Pelargonium tiene la flor con simetría bilateral —los dos pétalos superiores son distintos de los tres inferiores— y no resiste la helada: por debajo de 0 °C se dañan las hojas y a partir de −2 o −3 °C mueren los tallos. Un Geranium auténtico tiene flores radiales, perfectamente simétricas, es una vivaz herbácea rústica que soporta −15 °C y desaparece bajo tierra en invierno para rebrotar en primavera.

Los que se cultivan en jardinera son, básicamente, tres:

Pelargonium × hortorum, el geranio zonal, de porte erecto, hoja redondeada con una banda oscura en forma de herradura y flores en umbela compacta. Es el clásico de patio andaluz.

Pelargonium peltatum, la gitanilla, de tallos colgantes, hoja carnosa y lustrosa parecida a la de la hiedra y flor más suelta. Es la que se descuelga por la fachada.

Pelargonium × domesticum, el geranio pensamiento o regio, de flor grande y manchada, muy vistoso pero de floración corta y concentrada en primavera. Si el tuyo florece espectacularmente en abril y luego se calla hasta el año siguiente, no está enfermo: es de este grupo.

A ellos se suman los geranios de olor (Pelargonium graveolens, Pelargonium crispum, Pelargonium tomentosum), de flor discreta y hoja aromática, que se cuidan igual que los zonales.

Luz: el punto donde se decide la floración

El geranio necesita un mínimo de cinco o seis horas de sol directo para florecer con continuidad. Con menos, alarga los entrenudos, se estira buscando la luz y produce hoja en lugar de flor. Un geranio en un patio interior orientado al norte no es un geranio enfermo; es un geranio a oscuras.

El matiz está en el verano del interior peninsular y del valle del Guadalquivir. Con 40 °C y sol de mediodía, las umbelas de los zonales se queman por los bordes y la planta entra en una pausa de floración. En esas zonas conviene una orientación este —sol de mañana, sombra desde las dos— o una malla de sombreo ligera en julio y agosto. En la costa mediterránea y atlántica, sol pleno todo el día sin problema.

Sustrato y maceta: drenaje por encima de todo

Un sustrato universal de saco, tal cual, retiene demasiada agua para esta planta. Mezcla tres partes de sustrato con una de perlita o arena gruesa de río y tendrás el drenaje que el geranio pide. El pH ideal está entre 6 y 6,5; en aguas duras de gran parte de España el sustrato se alcaliniza con los meses y aparece clorosis férrica (hoja amarilla con los nervios verdes), que se corrige con un quelato de hierro y, sobre todo, renovando el sustrato cada dos años.

Sobre el tamaño de la maceta hay una idea que hace daño: la de que cuanto más grande, mejor. Un geranio zonal vive bien en una maceta de 18 a 22 cm de diámetro, y una gitanilla en una jardinera de 20 cm de fondo. Trasplantado a un tiesto enorme, la planta dedica un año a llenar de raíces ese volumen y mientras tanto no florece; además, el exceso de sustrato húmedo alrededor del cepellón es la antesala de la podredumbre. El agujero de drenaje debe estar libre y el plato, vacío. Un plato con agua permanente mata más geranios que cualquier plaga.

El riego, siempre por defecto

Riega cuando los tres o cuatro primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto, y entonces riega a fondo, hasta que salga agua por el drenaje. Ese ciclo de empapado y secado es exactamente lo que la planta hace en su hábitat de origen. En pleno julio, en una jardinera al sol, eso puede significar riego diario; en marzo, cada cuatro o cinco días; en enero, cada dos o tres semanas.

El riego de invierno es donde se pierden más plantas. Con la planta parada, el frío y el sustrato mojado, el hongo Pythium ataca la base del tallo: aparece una mancha negra que sube desde el cuello, el tallo se ablanda y en pocos días la planta se dobla y se cae sola. Es el pie negro, y no tiene cura una vez declarado; solo se puede cortar por encima de la zona sana y salvar un esqueje si llegas a tiempo.

Riega siempre al sustrato, nunca por encima de la planta. La hoja mojada por la tarde es la puerta de entrada de la roya y del Botrytis.

Abonado: potasio sí, nitrógeno con cuentagotas

Un geranio que echa hojas enormes y verdes intensas y no saca flor está sobrealimentado de nitrógeno. Es el efecto típico de abonar con un fertilizante «universal» de hoja verde o con estiércol fresco.

Lo que necesita es un abono rico en potasio: sirve perfectamente el que se vende para tomateras, con una relación del tipo 4-6-8 o similar. Aplícalo cada diez o quince días desde marzo hasta finales de octubre, a la dosis del envase o algo por debajo, y siempre sobre sustrato ya húmedo —abonar en seco quema las raicillas—. De noviembre a febrero, ningún abono.

Multiplicación: el esqueje que hay que dejar secar

La forma normal de multiplicar un geranio es por esqueje, y funciona con una tasa de éxito altísima si se respeta un paso que resulta contraintuitivo.

Las mejores épocas son finales de verano (agosto y septiembre) y la primavera. Corta puntas de 8 a 10 cm justo por debajo de un nudo, con tijera limpia. Quita las hojas inferiores, las estípulas secas y cualquier botón floral —si dejas la flor, el esqueje gasta en ella la energía que necesita para enraizar—. Y ahora el paso raro: deja el corte al aire, en sombra, entre dos y cuatro horas, hasta que cicatrice y forme una película seca. En casi cualquier otro esqueje esto sería un error; en Pelargonium, cuyos tallos son semicarnosos y muy propensos a pudrirse, es lo que marca la diferencia.

Planta después en perlita sola, o en una mezcla de turba y arena a partes iguales, apenas húmeda. No uses campana ni bolsa de plástico: el exceso de humedad ambiental los pudre. Luz clara sin sol directo y entre 18 y 22 °C. En tres o cuatro semanas hay raíces. La hormona de enraizamiento es innecesaria.

Por semilla también se puede, aunque solo tiene sentido con las variedades híbridas F1 de zonal que venden las casas de semillas. Se siembran de diciembre a febrero en interior, a 20-22 °C, cubriendo apenas la semilla; germinan en una o dos semanas y florecen unas dieciséis semanas después de la siembra, es decir, en mayo o junio. La semilla recogida de tus propias plantas híbridas no reproducirá la planta madre: saldrán ejemplares dispares, algunos interesantes y otros mediocres.

Poda anual y limpieza de flores

La poda fuerte se hace a finales de invierno, en febrero o principios de marzo, antes de que arranque el crecimiento. Rebaja la planta a un tercio de su tamaño, cortando siempre un centímetro por encima de un nudo y eliminando los tallos leñosos, secos o cruzados. Una mata vieja y desnuda por abajo se rejuvenece por completo con dos temporadas de esta poda. Podar en otoño, en cambio, deja heridas abiertas justo cuando llega la humedad y el frío.

Durante la temporada, retira las flores pasadas. Y hazlo bien: no arranques solo el ramillete marchito, sino todo el pedúnculo desde su base, doblándolo hacia un lado con el pulgar hasta que salte limpio del tallo. El trozo de pedúnculo que queda cuando se corta a medias se pudre y se convierte en foco de Botrytis, ese moho gris que después salta a los botones sanos. La misma lógica vale para las hojas amarillas: fuera de la maceta, no al sustrato.

Invernada

En la franja costera mediterránea y en el sur, el geranio pasa el invierno en la calle sin más que reducir el riego. Tierra adentro —Madrid, ambas Castillas, Aragón, el interior de Cataluña— las heladas de enero acaban con él.

La solución práctica: entrar las macetas a un lugar fresco, luminoso y sin heladas, entre 5 y 10 °C, un porche cerrado, un garaje con ventana o una galería. Riego mínimo, apenas para que el cepellón no se convierta en polvo, y nada de calefacción: en un salón a 22 °C el geranio se estira y sale en marzo peor de lo que entró. Si no tienes espacio, la alternativa clásica sigue funcionando: sacar la planta de la maceta, sacudir la tierra, cortar a la mitad y guardarla con la raíz al aire en un lugar oscuro y fresco, replantándola en marzo.

La mariposa africana, la plaga que hay que vigilar

Cacyreus marshalli, la mariposa africana del geranio, llegó a Baleares a comienzos de los noventa y hoy está por toda la Península. Es el problema serio de este cultivo, y su daño se ve tarde porque ocurre por dentro.

La mariposa es pequeña, marrón grisácea con una colita fina en el ala posterior. Pone huevos aislados sobre los botones florales y las hojas tiernas. La oruga, verde con pelillos, empieza royendo el botón y enseguida perfora el tallo y excava una galería en su interior. Los síntomas: botones que se secan sin abrir, agujeritos en los tallos con restos que parecen serrín y brotes enteros que se marchitan de un día para otro mientras el resto de la planta sigue verde.

El control se apoya sobre todo en la vigilancia. Revisa los botones florales una vez por semana entre abril y noviembre, y en cuanto veas un agujero, corta el tallo entero por debajo de la galería y tíralo a la basura, nunca al compost ni al suelo del jardín. Sobre orugas jóvenes, antes de que entren en el tallo, funcionan los tratamientos con Bacillus thuringiensis var. kurstaki y las piretrinas; una vez la oruga está dentro, ningún producto de contacto la alcanza. En el mercado doméstico la oferta de insecticidas se ha reducido bastante en los últimos años, así que comprueba en la etiqueta que el producto está autorizado para jardinería exterior doméstica y que menciona el cultivo.

Aparte de esta, el geranio recibe pulgón en primavera —fácil de tratar con jabón potásico—, mosca blanca en verano bajo el envés, y araña roja en ambientes secos y calurosos, que se detecta por un punteado amarillo fino en la hoja y se frena aumentando la humedad ambiental.

Enfermedades y trastornos no infecciosos

Roya del geranio (Puccinia pelargonii-zonalis): pústulas anaranjadas dispuestas en círculos concéntricos en el envés, con manchas amarillas correspondientes en el haz. Ataca solo a los zonales. Retira las hojas afectadas, separa las macetas para que corra el aire y deja de mojar el follaje.

Botrytis: moho gris aterciopelado sobre flores y hojas en otoño húmedo. Se combate con limpieza y ventilación más que con fungicidas.

Edema: bultitos corchosos, marrones, en el envés de las hojas. No es un hongo ni una plaga y no se contagia; es un desajuste fisiológico que aparece cuando la raíz absorbe más agua de la que la hoja puede transpirar, típico de días frescos y húmedos con sustrato encharcado. Se corrige espaciando los riegos. Tratarlo con fungicida no sirve de nada.

Dos ideas extendidas que conviene revisar

El geranio no espanta los mosquitos. Cada primavera aparecen en los viveros macetas etiquetadas como «citronela» o «planta antimosquitos»: casi siempre son Pelargonium «citrosum» o algún geranio de olor emparentado con Pelargonium graveolens. Su aceite esencial, extraído y aplicado sobre la piel, sí tiene cierta actividad repelente medida en laboratorio. La planta viva en una maceta, no: sus hojas solo liberan aroma cuando se estrujan, y la concentración que alcanza el aire de una terraza es irrelevante para un mosquito. Comprar la planta por esa razón conduce a una decepción segura; comprarla porque huele muy bien al rozarla es perfectamente razonable.

El geranio no es una planta inocua para las mascotas. Los Pelargonium contienen geraniol y linalol, y su ingestión provoca en perros y gatos vómitos, salivación y pérdida de apetito, además de dermatitis por contacto en animales sensibles. No es una intoxicación grave ni frecuente, pero si tienes un gato con costumbre de mordisquear las plantas del balcón, tenlo en cuenta a la hora de colocar las jardineras.

En resumen

El geranio de balcón es un Pelargonium sudafricano, no un Geranium, y de ahí viene todo lo demás: quiere sol abundante, sustrato drenante, maceta más bien justa, riego solo cuando la superficie está seca y protección frente a las heladas tierra adentro. Abónalo con potasio de marzo a octubre, retira los pedúnculos florales completos, pódalo a un tercio en febrero y multiplícalo por esqueje a finales de verano dejando cicatrizar el corte unas horas antes de plantarlo. Vigila los botones florales cada semana en busca de las galerías de Cacyreus marshalli y corta sin contemplaciones el tallo afectado. Y no lo compres esperando que aleje mosquitos: cómpralo porque florece nueve meses al año con muy poco a cambio.


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