Gentiana es un género de alta montaña. Esa frase parece una obviedad botánica y sin embargo decide casi todo lo demás: veranos frescos, humedad constante en la raíz, suelo suelto y noches que refrescan. Un jardín de Sevilla o de Zaragoza no ofrece nada de eso, y por eso la genciana tiene fama de planta caprichosa cuando en realidad solo está fuera de su sitio. Elegida la especie adecuada y colocada donde le corresponde, es una perenne longeva y muy poco exigente.

Qué es una genciana

El género agrupa alrededor de 400 especies de la familia de las gencianáceas, repartidas por las montañas de Europa, Asia, América y Nueva Zelanda. En la península ibérica crecen de forma silvestre en el Pirineo, la cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y algunos enclaves del Sistema Central y de Sierra Nevada.

Casi todas son herbáceas vivaces, con hojas enteras y opuestas, y flores en forma de trompeta o de estrella con cinco lóbulos. El azul ultramar de algunas especies alpinas es uno de los azules más saturados que existen en la flora europea, pero el género también da flores amarillas, blancas, purpúreas y moteadas.

Flor azul de genciana con la corola en forma de trompeta

Un aviso previo sobre la genciana amarilla

Gentiana lutea, la genciana amarilla o de los Alpes, es la especie de raíz amarga que se usa en licorería y en herboristería. Hay dos cosas que conviene saber antes de acercarse a ella.

La primera es legal: sus poblaciones silvestres están protegidas o su recolección regulada en varias comunidades autónomas españolas, entre ellas Cataluña, Aragón, Castilla y León y Asturias, precisamente porque la extracción de raíz destruye la planta entera y tarda décadas en reponerse. Arrancar gencianas en el monte no es una excursión inocente; en muchos sitios es una infracción sancionable. Si la quieres en el jardín, cómprala en vivero.

La segunda es de seguridad. Antes de florecer, la roseta de hojas de Gentiana lutea se confunde con la de Veratrum album, el vedegambre blanco, una planta gravemente tóxica que comparte los mismos prados de montaña y que causa intoxicaciones todos los años en Europa, algunas mortales. La diferencia está en las hojas: en la genciana son opuestas, lampiñas y de tacto liso; en el vedegambre son alternas, marcadamente plisadas como un abanico y con pelillos en el envés. Ante la más mínima duda, no se toca. Este artículo trata del cultivo ornamental de la planta y no describe ninguna preparación de su raíz.

Las especies que funcionan en un jardín español

Comprar una genciana alpina de rocalla y plantarla en un arriate corriente a pleno sol de meseta tiene un final previsible: muere en su primer agosto. La elección de especie pesa aquí más que cualquier cuidado posterior. Estas son las opciones sensatas según el tipo de jardín.

Gentiana asclepiadea (genciana de hoja de asclepias) es la más agradecida para un jardín corriente del norte peninsular o de zonas de montaña media. Forma matas de 60 a 80 centímetros con tallos arqueados y flores azules a lo largo de todo el tallo, de julio a septiembre. Vive a media sombra, en suelo con materia orgánica y fresco, y admite condiciones de borde de bosque. Tiene además una forma de flor blanca.

Gentiana septemfida, del Cáucaso, es la más tolerante del género. Mata baja de 20 a 30 centímetros, floración azul intenso en pleno verano y una gran indiferencia hacia el pH del suelo. Si nunca has cultivado gencianas, empieza por esta.

Gentiana acaulis es la clásica de las postales alpinas: trompetas azules enormes sobre una mata de apenas 10 centímetros, en abril y mayo. Prefiere suelos ácidos o neutros y veranos frescos. Es también famosa por vivir bien y no florecer durante años cuando algo no le cuadra, normalmente exceso de calor estival o suelo demasiado rico. Gentiana clusii es su equivalente para suelos calizos.

Gentiana sino-ornata florece en otoño, de septiembre a noviembre, y es espectacular, pero es estrictamente calcífuga: no admite ni cal en el suelo ni agua del grifo dura. En buena parte de España eso significa sustrato de plantas acidófilas y riego con agua de lluvia sin excepciones.

Gentiana pneumonanthe, autóctona, vive en brezales y turberas húmedas y ácidas. Es planta de coleccionista y de hábitat delicado, no de arriate.

Suelo, luz y agua

La combinación que buscan casi todas las gencianas es contradictoria solo en apariencia: raíz siempre fresca y a la vez drenaje perfecto. En montaña eso lo da un suelo pedregoso por el que circula agua de deshielo. En el jardín se imita con una mezcla de tierra franca, mantillo de hojas o turba rubia y una proporción generosa de arena gruesa o grava fina, y con una capa de acolchado —corteza de pino, grava, lajas planas— que mantenga el suelo fresco alrededor del cuello.

Ese acolchado con piedra tiene una función concreta: bajo la piedra la tierra conserva humedad y temperatura estable, que es exactamente el microclima que la planta tiene bajo las rocas de un canchal.

En cuanto a la luz, la regla depende de la latitud. En zonas de montaña o en el norte húmedo, sol directo. En clima mediterráneo o continental cálido, sombra durante las horas centrales del día, con sol de mañana. Cuanto más caluroso sea el verano, más sombra necesita.

El riego no se negocia: el suelo no debe secarse nunca del todo entre abril y septiembre. Un secado completo en julio marchita la mata y, aunque rebrote, se lleva por delante la floración de ese año y a veces la planta. En invierno, en cambio, hay que evitar el encharcamiento sobre la corona, que produce podredumbre.

Y una cuestión que decide el éxito en gran parte de España: el agua del grifo es calcárea en la mayoría del país. Para las especies calcífugas, regar con ella durante un par de temporadas provoca clorosis férrica, hojas amarillentas con nervios verdes y decaimiento progresivo. Si no puedes recoger agua de lluvia, elige G. septemfida, G. asclepiadea o G. clusii, que la toleran.

Plantación, abonado y trasplante

Se plantan en primavera, de marzo a mayo, o a principios de otoño en climas suaves, dejando el cuello a ras de suelo y sin enterrarlo. Marco de 20 a 30 centímetros para las especies bajas y de 40 a 50 para G. asclepiadea.

El abonado debe ser escaso. Un aporte de compost bien maduro o de mantillo de hojas en superficie a la salida del invierno es todo lo que necesitan. Nada de estiércol fresco ni de fertilizantes ricos en nitrógeno: producen matas blandas, propensas a hongos y con menos flor, y en las especies alpinas provocan un crecimiento desgarbado que pierde el porte compacto.

El trasplante es el punto débil de varias especies. Gentiana lutea desarrolla una raíz principal gruesa y profunda que no admite ser cortada: se planta joven, del contenedor, y se deja quieta. Las gencianas de mata, en cambio, aguantan bien que se las divida.

Multiplicación

Por semilla, con una condición inevitable: casi todas las gencianas necesitan frío húmedo para germinar. Lo práctico es sembrar en otoño, en semillero con sustrato arenoso, y dejar la maceta a la intemperie todo el invierno protegida de los pájaros; el frío natural hace la estratificación y la nascencia llega en marzo o abril. Si siembras en primavera, hay que pasar la semilla de cuatro a ocho semanas en nevera, entre 0 y 5 ºC, dentro de sustrato húmedo.

Conviene saber en qué se está entrando con las especies grandes: Gentiana lutea puede tardar más de un año en germinar y necesita entre cinco y diez años desde la siembra hasta la primera floración. No es una planta para impacientes.

Por división de mata, a principios de primavera, en ejemplares establecidos de G. asclepiadea, G. septemfida o G. sino-ornata: se levanta el cepellón, se separan porciones con raíces y yemas y se replantan de inmediato sin dejar que se sequen. Es el método más rápido y fiable.

Algunas especies alpinas admiten también esquejes de brote basal tomados a finales de primavera y enraizados en arena y turba a la sombra.

Problemas habituales

Los caracoles y babosas se comen los brotes tiernos en primavera y pueden arrasar una planta joven en una noche húmeda. Es su principal enemigo real en el jardín.

Los pulgones aparecen en los tallos florales y se controlan con jabón potásico. En cuanto a hongos, hay roya en veranos húmedos, con pústulas anaranjadas en el envés, y sobre todo podredumbre de la corona en suelos pesados o mal drenados durante el invierno, que es la causa más común de que una genciana desaparezca sin más entre noviembre y febrero.

Las hojas amarillentas con nervadura verde marcada no son plaga: son clorosis por exceso de cal, y el remedio pasa por corregir el sustrato y el agua de riego, no por echar más abono.

Genciana de flores blancas en floración

Propiedades y usos

La raíz de Gentiana lutea contiene glucósidos secoiridoides, principalmente gentiopicrósido y amarogentina. La amarogentina es una de las sustancias amargas más potentes que se conocen: su sabor sigue siendo perceptible en diluciones extremas. De ahí que la raíz sea materia prima clásica de vermuts, amargos y aperitivos, y que en fitoterapia tradicional se haya empleado como tónico amargo para estimular la secreción digestiva.

Ese mismo carácter amargo explica sus contraindicaciones: no se recomienda en personas con úlcera gástrica o duodenal, gastritis o reflujo, ni durante el embarazo. Y, como se ha dicho arriba, la recolección silvestre está regulada y el riesgo de confusión con el vedegambre es real. Cualquier uso interno debe consultarse con un profesional sanitario y hacerse con producto de origen controlado.

Una confusión que conviene deshacer: el violeta de genciana del botiquín no procede de esta planta. Es el cloruro de metilrosanilina, un colorante de síntesis con acción antiséptica al que se puso ese nombre simplemente por parecerse su color al de las flores del género.

En el jardín, el uso principal es ornamental: rocallas, borduras de arriates frescos, primer plano de macizos de sombra junto a helechos, hostas, primaveras y Meconopsis, y jardines de montaña. G. sino-ornata tiene además el mérito de florecer en octubre, cuando ya no queda casi nada azul en el jardín.

En resumen

La genciana no es una planta difícil, es una planta de montaña puesta a menudo donde no toca. Necesita suelo suelto y rico en materia orgánica, humedad constante en verano sin encharcamiento en invierno, sombra en las horas centrales si el clima es cálido, poco abono y, en varias especies, agua sin cal. Para empezar, Gentiana septemfida o Gentiana asclepiadea; para otoño, Gentiana sino-ornata con sustrato acidófilo y agua de lluvia. Se multiplica por división en primavera o por semilla estratificada en frío, con paciencia. Y con Gentiana lutea, dos reglas firmes: se compra en vivero, no se arranca del monte, y jamás se recolecta nada en campo por el riesgo de confundirla con el vedegambre blanco.


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