A las siete de la tarde de un día de julio, el arriate que a mediodía era una mancha de naranja, rojo y bronce parece vacío. No ha pasado nada: las gazanias han cerrado. Sus capítulos se pliegan al caer la luz y vuelven a abrirse a la mañana siguiente, y ese mecanismo, que desconcierta a quien acaba de plantarlas, es la clave para entender dónde hay que ponerlas y dónde no.

Qué planta es exactamente

El género Gazania pertenece a las asteráceas y procede del sur de África, sobre todo de Sudáfrica y Namibia. La especie que se cultiva en España es casi siempre Gazania rigens (antes citada como Gazania splendens), junto con un enjambre de híbridos de jardinería derivados de ella y de Gazania linearis.

Es una herbácea perenne de porte bajo, entre 15 y 30 centímetros de altura, que forma matas densas a partir de una roseta basal. Las hojas son lanceoladas o profundamente lobuladas, verde oscuro por el haz y cubiertas de un fieltro blanco plateado por el envés; ese tomento es un rasgo de planta adaptada a la sequía y al viento, no un defecto ni un hongo.

Las flores —capítulos, hablando con propiedad— miden de 5 a 8 centímetros y aparecen sobre pedúnculos cortos. Van del amarillo limón al naranja intenso, el rojo cobrizo, el rosa y el crema, muchas veces con anillos concéntricos oscuros y un ocelo en la base de cada lígula. En el litoral mediterráneo florecen prácticamente de marzo a noviembre, con un parón en lo más duro de agosto si les falta agua.

Hay dos formas de crecimiento que conviene distinguir antes de comprar, porque no sirven para lo mismo. Las variedades de mata compacta (series de semilla tipo Daybreak, New Day o Kiss) se quedan en su sitio y valen para maceta, jardinera y bordura. La variedad rastrera, Gazania rigens var. leucolaena, emite tallos tendidos que enraízan al tocar el suelo y cubren superficie: es la que se usa en taludes y medianas.

Flores de gazania abiertas al sol con anillos concéntricos en las lígulas

Por qué se cierran las flores

La gazania es nictinástica y fotonástica: sus lígulas responden a la intensidad de la luz y, en menor medida, a la temperatura. Se abren cuando el sol da de lleno y se cierran al atardecer, en días muy nublados y bajo lluvia. En su medio de origen esto protege el polen y el néctar de la humedad nocturna.

De ahí se deduce una regla práctica que ahorra disgustos: una gazania a media sombra vive, pero apenas verás sus flores abiertas. Puesta bajo un árbol, en un patio orientado al norte o en un balcón que solo recibe sol de primera hora, la planta seguirá emitiendo botones y tú seguirás viendo un montón de hojas plateadas con unos cilindros cerrados encima. No está enferma, no le falta abono: le falta luz directa. Seis horas de sol al día es el mínimo real, y cuanto más, mejor.

Suelo, riego y abonado

Lo que mata gazanias en España no es el frío, es el agua parada. Sus raíces se pudren con facilidad en sustratos que retienen humedad, y el síntoma llega tarde: la mata se vuelve verde apagado, las hojas centrales se ablandan y en dos o tres días la planta se desprende del suelo tirando suavemente. Cuando eso pasa ya no hay marcha atrás.

En jardín pide suelo suelto, arenoso o pedregoso, con drenaje rápido. Tolera bien la caliza y los pH ligeramente básicos, que son los habituales en media península. Si el terreno es arcilloso, no basta con hacer un hoyo y rellenarlo de sustrato de saco —eso crea una bañera—: hay que levantar un caballón o plantar en un arriate elevado con arena gruesa o grava fina mezclada en el primer palmo.

En maceta, mezcla que funcione: dos partes de sustrato universal y una de perlita o arena de río lavada, y agujero de drenaje libre. Nada de plato con agua debajo en verano.

El riego debe ser espaciado y a fondo. En plena floración estival, en el interior peninsular, cada cuatro o cinco días en suelo y cada dos o tres en maceta pequeña, siempre comprobando antes que los tres o cuatro primeros centímetros están secos. De noviembre a febrero, con la planta parada, prácticamente nada: la lluvia suele bastar y regar en esos meses es la vía más rápida a la podredumbre del cuello. Tolera además la brisa salina, lo que la hace muy útil en jardines de primera línea de costa.

Con el abonado conviene la mano ligera. Un fertilizante de liberación lenta al plantar, o un abono líquido para plantas de flor —bajo en nitrógeno y alto en potasio— cada quince o veinte días entre abril y septiembre, es suficiente. El exceso de nitrógeno produce matas enormes, blandas y con muy pocas flores, y encima más apetecibles para el pulgón.

Poda y mantenimiento

No se poda en sentido estricto, pero sí se limpia. Cortar los capítulos marchitos con el pedúnculo entero, en la base, es lo que mantiene la floración continua: si dejas que cuajen semillas, la planta reduce la emisión de botones nuevos. Media hora cada diez días en un arriate mediano cambia por completo el resultado de agosto.

A finales del invierno, en zonas donde pasa el año fuera, conviene un recorte general de la mata para eliminar tallos leñosos, hojas secas y partes desnudas del centro. Las gazanias tienden a ahuecarse por dentro con el tiempo; el recorte fuerza brotes basales nuevos. En cualquier caso, a partir del tercer o cuarto año la mata pierde vigor y compensa renovarla con esquejes propios.

Plagas y enfermedades

Con calor y aire seco aparece la araña roja (Tetranychus urticae): punteado amarillento en el haz y telillas finas en el envés. Se combate subiendo la humedad ambiental alrededor de la planta y, si va a más, con jabón potásico o un acaricida específico aplicado al envés, que es donde vive.

El pulgón se instala en los pedúnculos tiernos y deforma los botones. La cochinilla algodonosa (Planococcus citri) se esconde en las axilas de las hojas y en el cuello, protegida por una cera blanca que repele los tratamientos de contacto; hay que insistir mojando bien y repetir a los diez días.

Cochinilla algodonosa sobre los tallos de una planta

Los caracoles y babosas arrasan las plantas jóvenes recién puestas, sobre todo en primavera húmeda. Y en cuanto a hongos, la lista es corta pero seria: podredumbre radicular por Pythium o Phytophthora en suelos encharcados, botritis sobre las flores viejas que no se retiran en otoño lluvioso y algún foco de oídio en plantas apretadas y mal ventiladas. Los tres tienen la misma raíz del problema: exceso de humedad y falta de aire.

Cuándo plantar y cómo multiplicarla

La plantación se hace en primavera, cuando ha pasado el riesgo de heladas: febrero o marzo en la costa mediterránea y andaluza, abril en la meseta y el norte. Marco de plantación de 25 a 30 centímetros entre matas para las variedades compactas y de 40 a 50 para las rastreras. En zonas de invierno suave también se puede plantar en septiembre, para que enraíce con las lluvias de otoño.

Por semilla: siembra en semillero protegido de febrero a marzo, a 18-20 ºC. Un detalle que cambia el porcentaje de nascencia es que la semilla de gazania germina mejor a oscuras, así que hay que cubrirla con medio centímetro de sustrato en vez de dejarla en superficie. Nace en 8 a 15 días y florece a los tres o cuatro meses de la siembra. Ojo: la mayor parte de las variedades comerciales son híbridos F1, de modo que la semilla recogida de tus propias plantas dará descendencia muy variable en color y porte.

Por esqueje, que es como se conservan idénticas las variedades buenas: a finales de verano o principios de otoño se toman brotes laterales de 6 a 8 centímetros arrancados de la base con un pequeño talón, se les quitan las hojas inferiores y se plantan en una mezcla de arena y turba, o de perlita y fibra de coco, a la sombra y con el sustrato apenas húmedo. Enraízan en tres o cuatro semanas.

La división de mata en primavera también funciona en ejemplares viejos y bien desarrollados.

Resistencia al frío

La gazania resiste heladas ligeras, del orden de -3 a -5 ºC de forma puntual, siempre que el suelo esté seco. Ese matiz es todo: en un suelo drenado, con poco riego invernal, aguanta el invierno del litoral mediterráneo, del valle del Guadalquivir y de buena parte de Canarias como planta perenne. En un suelo húmedo, la misma temperatura la liquida.

Por eso en la meseta, el interior de Aragón o la cornisa cantábrica se cultiva normalmente como planta anual de temporada, replantando cada primavera, o bien se guardan unas macetas madre en invernadero frío o en un porche resguardado y se replanta a partir de esquejes.

Usos en el jardín y una precaución

Es una planta de xerojardinería de primer orden: cubre suelo, aguanta reflejo de pavimento, tolera el salitre y florece durante meses con muy poca agua. Funciona en taludes y rocallas, en borduras de arriates soleados, en jardineras de balcón orientado a sur, en la franja seca de un jardín mediterráneo junto a lavandas, gauras, santolinas o Delosperma, y en macizos de temporada donde antes se recurría al tagete.

Una advertencia que rara vez aparece en la etiqueta: Gazania rigens se naturaliza con facilidad en arenales y suelos costeros del sur y el levante peninsular, y en otros países de clima mediterráneo, como Australia, figura ya como especie invasora en sistemas dunares. Si vives junto a una duna o un espacio natural protegido, mantén la planta contenida en jardín o maceta y retira los capítulos secos antes de que suelten semilla.

En resumen

La Gazania rigens es una perenne sudafricana de 15 a 30 centímetros que florece de primavera a otoño y cuyas flores solo se abren con luz directa, de modo que fuera del pleno sol el espectáculo simplemente no ocurre. Quiere suelo suelto y drenado, riegos espaciados, poco abono y ningún encharcamiento; resiste hasta unos -4 ºC en seco, lo que la hace perenne en la costa y anual de temporada en el interior. Se multiplica por semilla en febrero-marzo y por esqueje a finales de verano, se mantiene retirando las flores marchitas y sus problemas serios —araña roja, cochinilla, podredumbre de raíz— casi siempre avisan antes en forma de riego mal ajustado. Junto al mar, plántala sabiendo que puede escaparse del jardín.


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