Si te han regalado una gardenia cargada de capullos y se te están cayendo sin abrir, no has hecho nada raro: es lo que le pasa a casi todas. Esa planta viene de un invernadero con humedad alta, luz abundante y temperatura estable, y ha aterrizado en un salón seco, con calefacción y con la mitad de luz. La gardenia responde a los cambios bruscos soltando los botones, que es su manera de abandonar una inversión que no puede mantener.

La segunda cosa que conviene saber es qué planta tienes. Es Gardenia jasminoides, un arbusto de hoja perenne del este de Asia, y no es un jazmín ni tiene parentesco con ninguno, aunque se venda como "jazmín del Cabo". Pertenece a las rubiáceas, la familia del café, y eso explica bastante de su carácter: quiere suelo ácido, agua blanda y ambiente húmedo, igual que un cafeto.

Gardenia

Qué es la gardenia y de dónde viene

Es un arbusto perenne de hoja coriácea y brillante, originario de las regiones subtropicales del este de Asia, con China y Japón como centro. La flor silvestre es sencilla, de pocos pétalos; las flores dobles enrolladas como una rosa que se venden aquí son variedades seleccionadas en cultivo, primero en jardinería china y japonesa y luego en Europa y Estados Unidos.

El nombre del género es del siglo XVIII y no tiene nada que ver con jardines: se lo puso Linneo a propuesta del naturalista John Ellis en honor de Alexander Garden, médico y naturalista escocés establecido en Carolina del Sur. La coincidencia con la palabra inglesa garden es casual, y explica por qué en tantos textos aparece la historia confundida.

Por qué se caen los capullos sin abrir

Es la pregunta más repetida sobre esta planta y tiene una respuesta clara: la gardenia forma los botones con unas condiciones y los abre con otras, y si entre las dos fases hay un cambio fuerte, los suelta. Los disparadores habituales son el aire seco de la calefacción, el riego irregular (secarse del todo un día y encharcarse al siguiente), un cambio de sitio o de orientación, y los saltos de temperatura entre el día y la noche dentro de casa.

Lo que funciona es aburrido: un sitio fijo y luminoso sin sol directo del mediodía, el sustrato siempre fresco pero nunca con la maceta en un plato con agua, y humedad ambiental alta. Para eso, una bandeja con grava mojada bajo la maceta, sin que el fondo toque el agua, o un grupo de plantas juntas, que crean su propio microclima. Lo que no se hace es pulverizar las flores abiertas: el agua les deja manchas pardas.

El agua de riego, que es lo que la mata a medio plazo

La gardenia es acidófila estricta. En suelo o sustrato con pH alto no puede absorber el hierro, y entonces las hojas nuevas salen amarillas con los nervios verdes, que es la clorosis férrica clásica. En buena parte del este y del sur de España el agua del grifo es dura y va subiendo el pH del sustrato riego a riego, así que una planta que llegó perfecta se pone amarilla en unos meses sin que cambie nada más.

La solución es agua de lluvia o de baja mineralización, sustrato específico para plantas acidófilas y no aportar nunca cal ni compost muy calizo. Si ya está clorótica, se corrige con un quelato de hierro para acidófilas, y la dosis es la del envase, no la que a uno le parezca. El cultivo completo, poda incluida, lo tienes en Gardenia jasminoides.

"Jazmín del Cabo" y los otros falsos jazmines

El nombre comercial de la gardenia en inglés es Cape jasmine, y de ahí salió el "jazmín del Cabo" que se usa en floristería. No es un jazmín, y esto importa porque bajo la palabra jazmín se venden en España media docena de plantas distintas con cuidados que no se parecen:

  • El jazmín de verdad es Jasminum, con especies trepadoras de flor blanca o amarilla.
  • El jazmín estrella o falso jazmín es Trachelospermum jasminoides, una trepadora de hoja perenne muy usada en pérgolas y vallas.
  • El jazmín de Madagascar es Stephanotis floribunda, de flor cerosa en tubo.
  • La dama de noche es Cestrum nocturnum, que huele solo de noche.
  • Y el jazmín del Cabo es esta gardenia.

Si compras un "jazmín" pensando en una trepadora rústica y te dan una gardenia, te llevas un arbusto acidófilo y sensible al frío. Al revés también pasa. Fíjate siempre en el nombre científico de la etiqueta.

Flor de gardenia

Los tipos que se venden

Casi todo lo que hay en el mercado son variedades de Gardenia jasminoides. Se distinguen sobre todo por tamaño y por la flor: las de porte bajo y tapizante, del grupo 'Radicans', sirven para maceta y para borde en el norte húmedo; las de flor grande y muy doble, tipo 'Veitchii', son las clásicas de floristería y de planta de regalo; y hay selecciones de flor sencilla, menos vistosas y bastante más agradecidas. En el noroeste atlántico cualquiera de ellas puede vivir plantada en el jardín y llegar a arbusto; en el interior y en el sur, maceta y protección en invierno.

El fruto, el colorante y el perfume

Las variedades de flor doble apenas fructifican, pero las sencillas dan un fruto carnoso anaranjado. En el este de Asia ese fruto se ha usado como colorante amarillo para tejidos y para alimentos, un uso documentado y antiguo que sigue vivo en la cocina japonesa y china. No es un uso medicinal y aquí no entramos en eso.

Del aroma hay un dato curioso: es uno de los perfumes florales más deseados y uno de los que peor se extrae. La flor da muy poco rendimiento y el resultado no aguanta el proceso, así que la mayoría de los perfumes de gardenia son reconstrucciones hechas con otras materias, no extracto de la flor.

Perros, gatos y niños

La gardenia aparece en las listas veterinarias de plantas que pueden provocar vómitos, diarrea y, en algún caso, ronchas en perros y gatos si muerden hojas o frutos. No está entre las peligrosas de verdad, que son otras (adelfa, lirios del género Lilium para gatos, tejo), pero no es planta para dejar al alcance de un cachorro, y los frutos caídos conviene recogerlos. Si un animal ha comido cantidad, la consulta es al veterinario, no a un remedio casero.

Plagas, en corto

Dentro de casa y con aire seco, lo que aparece es araña roja, y con la planta en el exterior, cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas. Contra la cochinilla, el jabón potásico mojando bien el envés funciona; contra la araña roja, lo primero es subir la humedad ambiental. En jardinería doméstica solo se usan productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, con la dosis de la etiqueta, y el marco es el Real Decreto 1311/2012, que pone la prevención y los medios físicos antes que el tratamiento químico. Con la planta en flor no se trata, por las abejas.

El significado, y de dónde viene

Los manuales victorianos del lenguaje de las flores le asignaron a la gardenia el amor no declarado y la discreción, en la línea de lo que se le atribuía a casi cualquier flor blanca y muy perfumada. Es una convención editorial del siglo XIX, no una propiedad de la planta, y los manuales ni siquiera coincidían entre ellos.

Lo que sí tuvo peso real fue su papel como flor de solapa y de pelo en la primera mitad del siglo XX, hasta quedar asociada al jazz por la costumbre de llevarla prendida. En España funciona sobre todo como planta de regalo perfumada, que es justo el uso que explica por qué tanta gente acaba buscando por qué se le caen los capullos.

En resumen

La gardenia no es difícil por capricho: es una acidófila de clima húmedo metida en salones secos y regada con agua dura. Si le das un sitio fijo y luminoso, humedad ambiental, sustrato ácido y agua de lluvia, deja de dar problemas. Si la riegas con agua del grifo en Valencia o en Murcia, se pondrá amarilla por mucho que la cuides en todo lo demás.

Y dos avisos de nombre. No es un jazmín, por mucho que la etiqueta diga jazmín del Cabo, y comprobar el nombre científico te ahorra llevarte una planta por otra. Tampoco es una planta con propiedades: su fruto ha servido de colorante en Asia y su flor de adorno aquí, y ahí acaba la historia.


Contenidos relacionados