Fotografiar una flor blanca a las dos de la tarde de un julio manchego quema los pétalos hasta dejarlos sin textura, y ningún ajuste posterior recupera esa información. La misma gardenia, a las ocho de la mañana o bajo un cielo cubierto, sale con relieve, con el amarillo cremoso del centro y con las sombras suaves entre pétalo y pétalo.
Esa es la parte técnica, y se resuelve pronto. La otra parte es saber qué estás mirando. Una foto bonita de una flor sirve de poco si no viene con lo que hace falta para cultivarla, o para no cultivarla. Este recorrido va por diez especies que aparecen constantemente en galerías de flores, con su identificación correcta, sus exigencias reales y el punto donde se tuercen.
Cómo salen bien las fotos de flores
Cuatro cosas cambian el resultado más que el equipo:
Luz difusa. Cielo cubierto, primera hora o última hora. El sol de mediodía crea un contraste que ningún sensor cubre entero: o se quema el blanco o se tapa la sombra. Con un cartón blanco puedes rebotar luz sobre la zona oscura de la flor.
Fondo limpio. Agáchate hasta poner la flor a la altura del ojo y busca detrás de ella algo lejano —un seto en sombra, el cielo— para que salga desenfocado. Una manguera, un macetero o una rama a medio metro por detrás desactivan la flor por bien iluminada que esté.
Nada de viento. Un soplo de aire arruina el enfoque a distancias cortas. Si sopla, protege la planta con el cuerpo o espera.
No pulverices agua sobre los pétalos. Las gotas artificiales se notan y, en flores como la gardenia, el agua deja marcas pardas en cuestión de horas. En las suculentas cubiertas de cera, borra el polvillo azulado y no vuelve a salir en esa hoja.
Dalia (Dahlia sp.)
Compuesta mexicana, de tubérculo, con una variabilidad de formas que va del capítulo simple de ocho pétalos al pompón esférico de cientos. Se planta en abril, cuando ya no hay riesgo de helada, a unos 10-15 cm de profundidad y con el brote hacia arriba.
Florece desde julio hasta la primera helada si se le quitan las flores marchitas; en cuanto una dalia forma semillas, deja de producir capullos. Pinza la punta del tallo principal cuando tenga cuatro pares de hojas y tendrás una planta ramificada en vez de un mástil con una flor.
En el interior frío conviene desenterrar los tubérculos tras la primera helada que ennegrezca las hojas, secarlos y guardarlos en un lugar fresco y seco hasta la primavera. En la costa se quedan en tierra con un buen acolchado. Su enemigo doméstico es el oídio, que aparece en agosto con noches húmedas y días secos; airea la plantación y no riegues por aspersión.
Un apunte si te interesan los polinizadores: las variedades dobles y de pompón han convertido sus estambres en pétalos y no ofrecen ni néctar ni polen accesible. Las simples y las de collarete sí, y se llenan de abejorros.
Flamboyán (Delonix regia)
El árbol de floración más aparatosa que existe: una copa entera cubierta de rojo escarlata en verano. Es una leguminosa endémica de Madagascar, curiosamente rarísima en estado silvestre y plantada por medio mundo.
Aquí viene la parte que las fotos no cuentan: no tolera la helada. Una sola noche a -1 °C le quema los brotes y a -3 °C mata ejemplares jóvenes. En España solo prospera en Canarias y, con suerte y microclima, en puntos muy abrigados del litoral de Málaga, Almería o Murcia. Fuera de eso no es cuestión de cuidarlo mejor. Además necesita calor sostenido para florecer, así que incluso donde sobrevive puede pasar años sin dar flor.
Echeveria (Echeveria glauca)
Roseta suculenta mexicana de un azul verdoso mate. Ese color no está en la hoja: es una capa de cera llamada pruina, que la planta fabrica como protección solar. Se borra con el dedo y con el chorro de la manguera, y la hoja afectada se queda verde brillante para siempre, porque no se regenera.
De ahí sale la norma de riego: agua al sustrato, nunca sobre la roseta. El agua acumulada en el centro, además de quitar la cera, pudre el ápice.
Quiere sol —a la sombra se estira y pierde la forma compacta—, sustrato mineral y riegos escasos. Aguanta hasta -3 o -4 °C si el sustrato está seco; con las raíces mojadas, se deshace a 0 °C. En primavera saca unos tallos laterales curvados con flores acampanadas naranjas y amarillas, y esa inflorescencia da fotos mucho mejores que la roseta.
Cactus cacahuete (Echinopsis, antes Chamaecereus silvestrii)
Este es un lío de nombres. El cactus de tallos cortos y dedudos que forma matas colgantes y saca flores rojo bermellón enormes en relación con su tamaño ha ido pasando por Chamaecereus silvestrii, Echinopsis chamaecereus y algún nombre más del género Echinopsis. En vivero lo encontrarás con cualquiera de ellos; la planta es la misma, de origen argentino.
Es un cactus fácil, generoso y agradecido, con un requisito estricto para florecer: invierno frío y totalmente seco, entre 5 y 10 °C, sin una gota de agua de noviembre a marzo. Un ejemplar que pasa el invierno en el salón a 20 °C y con riego mensual crece verde y sano, y no da una sola flor en su vida. Cuando un cactus lleva años sin florecer sin más síntomas, la causa suele estar ahí y no en el abono.
Los segmentos se desprenden solos y enraízan con dejarlos sobre sustrato seco unos días. Cuidado con la araña roja, que en interiores secos lo ataca y deja los tallos oxidados.
Gardenia (Gardenia jasminoides)
Arbusto chino de hoja perenne brillante y flores blancas cerosas de perfume denso. Fotogénica hasta lo indecente y exigente en la misma medida.
Su condición innegociable es el sustrato ácido, con pH entre 5 y 6,5, y el riego con agua descalcificada. Con el agua de red de gran parte de España, dura y con bicarbonatos, la gardenia amarillea entre los nervios en pocos meses y va perdiendo hojas. Se corrige con sustrato para plantas acidófilas, riego con agua de lluvia o embotellada de baja mineralización y quelato de hierro EDDHA, que sigue siendo asimilable con pH alto mientras otros quelatos ya no lo son.
Los capullos se caen antes de abrir cuando hay corrientes de aire, aire seco de calefacción o cambios de temperatura bruscos. Le van bien entre 16 y 22 °C, media sombra luminosa y humedad ambiental alta. Se poda ligeramente justo después de la floración, no en invierno, porque los botones se forman sobre la madera del año anterior.
Gerbera (Gerbera jamesonii)
Sudafricana, de roseta basal y flores de colores planos y saturados que parecen dibujadas. Se vende como planta de temporada y se tira en septiembre, pero es perenne y puede durar años.
La clave de que dure es la plantación: la corona tiene que quedar por encima del nivel del sustrato, un centímetro largo. Enterrada, o regada por encima, se pudre por Botrytis y la planta se viene abajo entera en una semana con las hojas ennegrecidas desde la base. Riego al borde de la maceta, nunca al centro.
Sol de mañana y sombra en las horas duras, sustrato drenante y abono con potasio en floración. Aguanta -2 o -3 °C, así que en el litoral vive fuera todo el año y en el interior conviene entrarla o tratarla como anual.
Jacarandá (Jacaranda cuspidifolia y Jacaranda mimosifolia)
Las avenidas moradas de Sevilla, Cádiz o Málaga en mayo son casi siempre Jacaranda mimosifolia, la especie que se plantó de forma masiva como arbolado urbano. J. cuspidifolia es su pariente cercano, mucho menos frecuente, con folíolos más grandes y menos numerosos y flores algo mayores. Distinguirlas en una foto de la copa entera es prácticamente imposible; hay que mirar la hoja de cerca.
Florece entre mayo y junio, y a veces repite en septiembre. Un detalle que explica su espectacularidad: buena parte de las flores abren con el árbol aún medio desnudo, sin la hoja compitiendo con el color.
Un ejemplar adulto tolera -5 °C, pero los jóvenes son sensibles y en el interior peninsular sufren. La otra advertencia es de sitio: las flores caídas forman una alfombra resbaladiza y manchan la carrocería de los coches, y sus raíces levantan pavimentos si se planta con menos de tres o cuatro metros de acera.
Jazmín chino (Jasminum polyanthum)
Trepadora vigorosa que en febrero y marzo se cubre de capullos rosados que abren en flores blancas con un perfume que llena un patio entero. Crece rápido, hasta tres o cuatro metros, y necesita soporte desde el principio.
Es la planta de la lista con el fallo de cultivo más específico: necesita seis u ocho semanas de frío, entre 8 y 13 °C, en otoño para inducir los botones florales. La maceta que se compra en flor en enero y se queda dentro de casa todo el año, a temperatura constante, no vuelve a florecer nunca y se convierte en una maraña verde. Sácala a la terraza o a una galería fresca de octubre a diciembre y la floración vuelve.
La poda va justo después de la floración, en abril, porque florece sobre las ramas del año anterior. Podarla en otoño elimina exactamente la madera que iba a dar flor. En el litoral resiste el invierno fuera; aguanta heladas ligeras de -3 °C con algún daño en las puntas.
Paulonia (Paulownia tomentosa)
Empiezo por la ortografía, porque circula mal escrita en catálogos y etiquetas: es Paulownia, con w, en honor a Ana Paulovna de Rusia. Con "Pawlonia" no la vas a encontrar en ninguna referencia botánica seria.
Árbol de crecimiento extraordinariamente rápido, de hojas enormes y aterciopeladas, que en abril y mayo se llena de panículas de flores tubulares lilas antes de brotar la hoja. De ahí que las fotos de paulonia en flor sean todas de ramas desnudas cargadas de color.
Dos avisos. El primero, técnico: los botones florales se forman en otoño y pasan el invierno expuestos. En zonas con inviernos duros se hielan y el árbol no florece, aunque crezca bien. Por eso rinde mejor en la mitad sur y en el litoral que en la meseta norte.
El segundo es más serio. Produce cantidades enormes de semilla muy ligera, que se dispersa con el viento y germina en cunetas, ríos y terrenos removidos. Está considerada invasora en varios países de Europa y en buena parte de Estados Unidos. Antes de plantarla, consulta la normativa de tu comunidad autónoma y valora de verdad si tiene sentido meterla cerca de un espacio natural. En un jardín aislado y con retirada de plantones, otra cosa.
Rebutia (Rebutia pauciareolata)
Cactus globoso diminuto de los Andes de Bolivia y el norte de Argentina, que florece con una desproporción encantadora: la planta cabe en una taza de café y se rodea de flores naranjas o rojas más grandes que ella. Varias especies del grupo se manejan hoy dentro del género Aylostera, así que verás los dos nombres.
El rasgo que sirve para identificar el género en una foto: las flores brotan de la base del tallo, no del ápice. Si salen de la corona, estás mirando otra cosa.
Cultivo de cactus de altura: maceta pequeña, sustrato con más de la mitad de árido, sol directo y, otra vez, reposo invernal seco y frío entre 5 y 8 °C. Un invierno cálido y con riego produce una planta que se estira, se deforma y no da flor en primavera. Aguanta cerca de 0 °C sin problema si está completamente seca.
En resumen
Para las fotos: luz difusa, fondo lejano, altura de ojo y ni una gota pulverizada sobre los pétalos. Para las plantas: la gardenia amarillea con agua caliza y se recupera con sustrato ácido y quelato EDDHA; gerbera se pudre si le entierras la corona; echeveria pierde la cera para siempre si la mojas por encima; cactus como Echinopsis y Rebutia solo florecen tras un invierno seco y frío; el jazmín chino necesita frío otoñal para formar botones; la dalia repite flor mientras le quites las marchitas. Y dos avisos de plantación: el flamboyán no pasa una helada, y la paulonia se resiembra sola con vocación invasora.