La temperatura mínima de tu invierno decide qué flores tropicales puedes plantar en el suelo y cuáles vivirán siempre en maceta. No el catálogo del vivero, ni la orientación, ni el riego: los grados de la peor noche de enero. Un Hibiscus rosa-sinensis que aguanta sin problemas en la costa de Málaga se queda en un manojo de ramas secas en Valladolid, y no hay abono que lo arregle.
Con eso claro, el resto es sencillo. Aquí tienes siete especies de flor espectacular y origen tropical o subtropical, con lo que de verdad necesitan y con el punto exacto donde se suelen perder. Cuatro de ellas son tóxicas en mayor o menor grado, y lo digo al hilo de cada una.
Antes de elegir: qué significa "tropical" en un jardín español
Las plantas de esta lista vienen de sitios donde no hiela nunca o casi nunca, y donde llueve en verano. La península ofrece justo lo contrario: heladas en invierno y sequía de junio a septiembre. De ahí salen los dos ajustes de siempre.
El frío marca el límite de plantación. En el litoral mediterráneo y en el suroeste atlántico, con mínimas que rara vez bajan de 0 °C, varias de estas especies viven fuera todo el año. En el interior peninsular, con heladas de -5 °C o más fuertes, solo dos de las siete tienen alguna posibilidad, y el resto son plantas de maceta que entran a resguardo en noviembre.
La sequedad del aire marca el mantenimiento. Con un 25 % de humedad relativa en agosto, o dentro de casa con la calefacción puesta, la araña roja (Tetranychus urticae) se instala en hibisco y estrelitzia en cuestión de semanas. Se ve como un punteado amarillento en el haz y telarañas finísimas en el envés. Pulverizar agua sobre las hojas en los días secos es preventivo barato; una vez instalada, hace falta acaricida específico y repetir a los diez días.
Rosa del desierto (Adenium obesum)
Suculenta de África oriental y Arabia, con un tronco ensanchado en la base —el caudex— que almacena agua, y flores en embudo de rosa intenso a blanco. Necesita sol directo sin filtrar y un sustrato que drene en segundos: mezcla de tierra de cactus con un 40-50 % de árido grueso, tipo picón o pómice.
Por debajo de 10-12 °C se para y pierde las hojas; por debajo de 5 °C empiezan los daños en el caudex. En la península es planta de maceta que inverna en interior luminoso. Durante ese reposo, sin hojas, no se riega: el agua sobre un caudex parado a 12 °C pudre la base desde dentro, y cuando el tronco se ablanda al tacto ya no hay marcha atrás. Riegos generosos pero espaciados de abril a septiembre, esperando a que el sustrato esté seco del todo.
El látex del adenio contiene glucósidos cardiotónicos y es tóxico por ingestión; en algunas zonas de África la savia se ha usado como veneno de flechas. Trabaja con guantes al podar, lávate las manos y no la pongas al alcance de niños ni de animales que roan tallos.
Árbol de coral (Erythrina crista-galli)
La más rústica del grupo y la que mejor encaja en un jardín español de verdad. Es una leguminosa de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil —árbol nacional argentino— que suelta racimos de flores rojo carmín durante buena parte del verano. Caduca, así que el frío la pilla sin hojas.
Aguanta heladas de -5 °C sin despeinarse y, con la base protegida con un acolchado, rebrota desde el cuello incluso si la parte aérea se quema. Se cultiva sin problema en Valencia, Andalucía y la costa catalana, y en interiores templados con algún resguardo.
Aquí está la clave que decide la floración: florece sobre la madera del año. Se poda corta a finales de invierno, en febrero, incluso dejando un armazón de ramas muy cortas; cada brote nuevo terminará en una inflorescencia. Podarla en verano, con las ramas ya crecidas, es quedarse sin flores esa temporada. Después de cada tanda de flores, corta los racimos marchitos y suele repetir.
Las semillas y la corteza contienen alcaloides con acción sobre la placa neuromuscular. No es un árbol peligroso al tacto, pero las vainas y sus semillas rojas no se ingieren, y conviene retirarlas si hay niños pequeños en el jardín.
Rosa de China (Hibiscus rosa-sinensis)
Arbusto de flor grande, de un día de duración, que se reemplaza cada mañana durante meses si la planta está bien alimentada. Quiere sol, riego regular en verano y abonado quincenal con un fertilizante rico en potasio de mayo a septiembre.
Es sensible al frío: por debajo de 5 °C sufre y una helada le quema el follaje entero. En la costa vive fuera; tierra adentro, maceta y galería o interior luminoso de noviembre a marzo. Como el adenio, se poda a finales de invierno porque florece en madera nueva.
Dos averías típicas. La primera, caída de capullos antes de abrir: casi siempre es un cambio brusco —una sequía de un par de días, un traslado, una corriente de aire frío— y se corrige con constancia de riego, no con más abono. La segunda, hojas amarillas con los nervios verdes: es clorosis férrica por regar con agua caliza, y el agua de red del levante y de la meseta lo es. Se trata con quelato de hierro EDDHA, que es el único que se mantiene disponible en suelos con pH alto.
No confundas esta especie con Hibiscus syriacus, el altea o rosa de Siria, que es caducifolio, aguanta -15 °C y sí se planta en el interior sin ninguna protección. Se parecen en la flor y no se parecen en nada más.
Palmera de Madagascar (Pachypodium lamerei)
La etiqueta de la maceta dice "palmera" y el aspecto engaña: tronco columnar erizado de espinas y un penacho de hojas alargadas arriba. No es una palmera, ni tampoco un cactus. Pertenece a las apocináceas, la familia de la adelfa y del plumeria, y eso tiene consecuencias prácticas: su savia lechosa es irritante y tóxica. Quien la manipula como si fuera un cactus, sin guantes y frotándose después la cara, acaba con la piel o los ojos irritados sin entender por qué.
Las espinas salen de tres en tres directamente del tallo, sin la areola algodonosa que tendría cualquier cactus verdadero. Es un detalle que sirve para identificarla en el vivero.
Cultivo: sol pleno, sustrato mineral muy drenante, riego solo cuando se seca por completo y ninguno por debajo de 12 °C. En invierno se comporta como caduca y suelta las hojas; volverán en primavera. Las flores, blancas y perfumadas, solo aparecen en ejemplares viejos y altos, de más de un metro y medio, y en climas donde pase el invierno caliente. Una planta de interior de 60 cm no va a florecer, y eso no es un problema de cuidados.
Frangipani (Plumeria rubra)
Ramas gruesas y carnosas, hojas grandes agrupadas en las puntas y flores de cinco pétalos con el perfume más reconocible del trópico. Florece de junio a octubre, siempre en el extremo de los brotes del año.
Es caduca y necesita un invierno seco. De noviembre a marzo, con la planta desnuda, se corta el riego por completo y se mantiene por encima de 8-10 °C. Regarla en ese reposo pudre las ramas: se ablandan por la punta y la podredumbre baja. En la costa mediterránea vive fuera con un buen resguardo de muro al sur; en el resto, maceta grande y garaje luminoso o interior fresco.
Se multiplica con una facilidad casi absurda por esquejes de rama de 30-40 cm, pero con un paso que no se puede saltar: hay que dejar cicatrizar el corte a la sombra durante una o dos semanas antes de plantarlo en sustrato apenas húmedo. Un esqueje fresco clavado directamente en tierra mojada se pudre. El látex blanco que suelta al cortar irrita la piel y las mucosas; guantes y no tocarse los ojos.
Violeta africana (Saintpaulia ionantha)
La única de la lista pensada exclusivamente para dentro de casa, y una de las pocas plantas de interior que puede estar en flor casi todo el año. Viene de los montes Usambara, en Tanzania, donde vive en la sombra húmeda del bosque; nada de sol directo, por tanto. Un apunte de nomenclatura: desde 2012 la botánica ha incluido el género Saintpaulia dentro de Streptocarpus, aunque en el comercio se sigue vendiendo con el nombre antiguo.
Quiere entre 18 y 24 °C, luz abundante pero indirecta —una ventana al este es el sitio ideal— y humedad ambiental. Se abona cada dos o tres semanas en primavera y verano con fertilizante para plantas de flor muy diluido.
El riego es lo único delicado. Se riega desde abajo, poniendo la maceta en un plato con agua diez minutos y vaciando el sobrante, y con agua a temperatura ambiente. El agua fría sobre las hojas peludas provoca manchas blanquecinas o pardas permanentes: no es un hongo, es un daño celular por diferencia térmica. Si la roseta se moja en el centro y el ambiente es fresco, aparece podredumbre del cuello.
Se reproduce cortando una hoja madura con dos centímetros de peciolo y clavándola en un vaso con sustrato húmedo. En seis u ocho semanas brotan plantitas en la base.
Ave del paraíso (Strelitzia reginae)
Sudafricana, de hojas coriáceas en abanico y esa inflorescencia naranja y azul que parece la cabeza de un pájaro. Lo que se ve como una flor es en realidad una bráctea que va soltando varias flores sucesivas durante semanas, de ahí su durabilidad como flor cortada.
Resiste hasta -2 °C puntuales, lo que la hace viable al aire libre en todo el litoral mediterráneo, Canarias y el suroeste. Tolera sol pleno o media sombra, aunque a pleno sol necesita riego constante en verano.
Lo que casi siempre falla es la floración, y por dos motivos concretos. Uno: es lenta de por sí. Desde semilla tarda entre cuatro y seis años en florecer; desde una división de mata, dos o tres. Dos: florece mejor con las raíces apretadas. Trasplantarla cada año a una maceta más grande, o abonarla con un fertilizante rico en nitrógeno, produce una planta enorme de hojas magníficas y cero flores. Déjala estrecha, abona con potasio de primavera a otoño y ten paciencia. Las hojas viejas se cortan a ras de suelo solo cuando están secas.
Qué elegir según dónde vivas
Resumido en tres escenarios:
Costa mediterránea, Canarias y suroeste atlántico, sin heladas apreciables. Puedes plantar en suelo estrelitzia, árbol de coral, hibisco y, con un muro que le dé calor y resguardo, plumeria. El adenio y el Pachypodium siguen siendo mejores en maceta por el tema del drenaje invernal.
Interior peninsular con heladas de hasta -5 o -7 °C. Árbol de coral en suelo, con acolchado grueso en la base los primeros años. El resto, maceta que entra a cubierto en noviembre.
Piso sin terraza. Violeta africana como planta de flor permanente, y Pachypodium o adenio como plantas de porte junto a la ventana más luminosa que tengas, asumiendo que no florecerán.
En resumen
De las siete, solo Erythrina crista-galli es realmente rústica en el interior de España; Strelitzia reginae aguanta el litoral y el resto son plantas de maceta que invernan a resguardo. Hibisco y árbol de coral florecen sobre madera nueva y se podan a finales de invierno. Adenio y plumeria pierden las hojas en el reposo y en esos meses no se riegan, porque el riego invernal es lo que los mata. La estrelitzia florece cuando está apretada en la maceta, no cuando se la trasplanta. Y en cuatro de ellas —adenio, Pachypodium, plumeria y las semillas del árbol de coral— hay compuestos tóxicos: guantes al podar y fuera del alcance de niños y mascotas.