El rojo se comporta de forma distinta al resto de colores del jardín. A las dos de la tarde de un día de julio, un macizo escarlata a pleno sol se aplana y se lee casi como una mancha oscura; a las siete, con la luz baja y cálida de la tarde, el mismo macizo se enciende. Y al anochecer es el primer color que desaparece: el ojo humano pierde sensibilidad al rojo en penumbra mucho antes que al azul o al blanco.

Eso tiene una consecuencia práctica inmediata. Si el sitio donde te sientas a disfrutar del jardín es la terraza a mediodía, el rojo puro rinde poco. Si es el atardecer, no hay color que funcione mejor. Y si es de noche con luz artificial, conviene acompañarlo de blancos, plateados o amarillos pálidos, que son los que seguirán viéndose.

Otro apunte que suele sorprender: las abejas no ven el rojo como lo vemos nosotros. Su visión se desplaza hacia el ultravioleta y el rojo puro les resulta un tono oscuro, poco llamativo. Un arriate exclusivamente rojo atrae bastantes menos abejas que uno con azules, violetas y amarillos. La excepción son las flores rojas que además reflejan ultravioleta, como la amapola común (Papaver rhoeas), que sí reciben visitas constantes. Si buscas color y polinizadores a la vez, mezcla.

Dónde colocar el rojo para que no chille

El rojo satura mucho y compite con todo lo que tenga cerca. Tres reglas que funcionan casi siempre:

Ponlo al fondo, no en primer plano. El rojo avanza visualmente: un grupo rojo en el extremo de un jardín pequeño lo hace parecer más corto, y colocado al fondo tira del ojo y da profundidad al conjunto.

Sepáralo con verde oscuro o con gris. Un seto de laurel, de mirto o de tejo detrás, o un colchón de Santolina, Artemisia o lavanda delante, hacen que el rojo se lea limpio. Combinado con rosa, magenta o naranja fuerte, el resultado suele ser confuso.

Agrupa en masas impares. Tres, cinco o siete plantas de la misma variedad juntas rinden mucho más que una de cada cosa repartida. Con el rojo esto se nota más que con ningún otro color, porque una sola planta se pierde y diez dispersas parecen un error.

Geranio rojo en flor

Clavel

El clavel de jardín (Dianthus caryophyllus) es planta mediterránea de origen y se comporta como tal: quiere sol directo al menos seis horas, suelo suelto y tolera perfectamente la cal. Lo que no perdona es el encharcamiento. En maceta, un sustrato universal a secas retiene demasiada agua para él; conviene mezclarlo al menos un 30 % con arena gruesa de río, perlita o picón.

Florece con fuerza de abril a junio y repite en septiembre y octubre si se le quitan las flores pasadas. Corta el tallo florido completo hasta el par de hojas más cercano, no solo la flor seca: los tocones se secan y son puerta de entrada de hongos.

El problema serio del clavel es la Fusarium oxysporum f. sp. dianthi, que provoca marchitez y amarilleo de una mitad de la planta mientras la otra sigue verde. No tiene tratamiento curativo y el hongo permanece años en la tierra. Si has perdido claveles en un arriate, no vuelvas a plantar claveles ahí; cambia de especie o cambia de sitio. En maceta, tira el sustrato entero y desinfecta o descarta la maceta.

Se multiplica muy fácil por esqueje. A finales de verano toma brotes de 8-10 cm que no lleven flor, quítales las hojas inferiores y clávalos en arena húmeda a la sombra: enraízan en tres o cuatro semanas. Una mata de clavel se agota en tres o cuatro años, así que renovar por esqueje es la manera de no quedarse sin ellos.

Geranio y gitanilla

Empecemos por la etiqueta de la maceta. Lo que se cultiva en los balcones españoles no pertenece al género Geranium, sino a Pelargonium: el geranio de porte erguido es Pelargonium × hortorum y la gitanilla colgante es Pelargonium peltatum. Los verdaderos Geranium son otra cosa, plantas vivaces de flor pequeña y rústica que se usan en macizo y aguantan el frío mucho mejor. Si compras semillas de "geranio" esperando la mata del balcón y te llega un Geranium, la confusión viene de ahí.

El Pelargonium es una planta de sequía con hojas suculentas. Riega solo cuando el sustrato esté seco un par de centímetros en profundidad, y siempre al pie, nunca sobre la hoja. Un plato lleno de agua bajo la maceta durante una semana de agosto basta para pudrir el cuello y perder la planta. En invierno, con temperaturas por debajo de 10 °C, el riego se espacia a una vez cada dos o tres semanas.

La poda fuerte se hace a finales de febrero o principios de marzo, dejando la mata a un tercio de su altura. Sin esa poda, el geranio se ahíla, pierde las hojas de la base y florece solo en las puntas.

La amenaza real es el taladro del geranio, Cacyreus marshalli, una mariposa sudafricana que llegó a Baleares a finales de los ochenta y hoy está por toda la Península. La hembra pone en los capullos, la oruga entra al tallo y lo vacía por dentro. El síntoma es inconfundible: un brote entero se marchita de golpe y, si lo cortas, encuentras el tallo hueco con serrín negro. Revisa las plantas de abril a octubre y corta y destruye cualquier tallo perforado en cuanto lo veas, sin dejarlo en el suelo. Los tratamientos con Bacillus thuringiensis solo sirven aplicados sobre las orugas recién nacidas, antes de que se metan dentro; cuando ya están en el tallo, ningún pulverizado las alcanza.

Gerbera

La gerbera (Gerbera jamesonii) viene del sur de África y es la más exigente de esta lista, aunque por un motivo muy concreto: la corona. El punto donde nacen las hojas debe quedar uno o dos centímetros por encima del nivel del sustrato. Plantada al ras, o enterrada un poco, el agua se queda en la corona y la planta se pudre. Es la causa de la mayoría de gerberas que duran un mes y se caen sin explicación aparente.

Quiere luz abundante pero no sol abrasador del interior peninsular en verano: en Madrid o Zaragoza, sol de mañana y sombra desde las dos. Sustrato ácido, entre pH 5,5 y 6,5, del tipo de los que se venden para plantas de acidez media. Riego por el borde de la maceta o desde abajo, dejando escurrir.

Las flores marchitas no se cortan: se agarra el escapo por la base y se tira con un giro suave, de forma que salga entero. Un pedúnculo cortado a medias se pudre y arrastra a la corona. No aguanta heladas; por debajo de 5 °C sufre y a 0 °C se pierde, así que fuera de la costa mediterránea y del sur se trata como planta de maceta que entra en invierno.

Hibisco de China

Aquí hay dos plantas distintas que se llaman igual en las conversaciones de vivero. Hibiscus rosa-sinensis, el hibisco de China o pacífico, es un arbusto tropical de hoja perenne y brillante, con flores enormes de un rojo intenso que duran un solo día. Aguanta bien la costa mediterránea y las Canarias, pero se daña por debajo de 5 °C y una helada seria lo mata. Tierra adentro es planta de maceta que se resguarda en invierno.

La otra es Hibiscus syriacus, la altea o rosa de Siria: arbusto de hoja caduca, resistente hasta -15 °C, que florece de julio a septiembre. Es la que sobrevive en Burgos o en Soria. Su gama de color va del blanco al lila y al magenta con centro granate; rojos puros no los da, así que si buscas rojo intenso y vives en zona fría, la altea no te lo va a resolver.

El rosa-sinensis florece sobre brotes del año, de modo que se poda a finales de invierno o al empezar la primavera, acortando ramas un tercio. Podarlo en verano es podar la floración. Agradece riegos regulares en la época de crecimiento y un abono con buena proporción de potasio; el exceso de nitrógeno da una planta magnífica de hoja y con muy pocas flores. Las hojas amarillentas con nervios verdes indican clorosis férrica por agua caliza, frecuente en media España, y se corrige con quelato de hierro.

Rosales rojos

El rosal es el que más margen de elección da, y por eso conviene elegir con criterio en lugar de comprar "un rosal rojo" a bulto. Dos avisos concretos:

Rojo no implica perfume. Muchas variedades de flor más oscura y de aspecto más espectacular, del tipo de las que se cultivan para floristería, no huelen a nada. Si el perfume te importa, busca variedades reconocidas por él, como 'Papa Meilland' o 'Mister Lincoln', asumiendo que la primera es bastante sensible al oídio y necesita buena ventilación.

El calor extremo quema los pétalos. Por encima de 35 °C, los bordes de los rojos oscuros se achicharran y se ponen pardos, y los rojos derivados de la cianidina viran a un tono violáceo al envejecer. En clima continental caluroso van mejor las variedades de pétalo grueso y las de porte arbustivo o paisajístico, más resistentes que los híbridos de té clásicos.

Rosa roja abierta

La poda de formación se hace en pleno reposo, antes de que las yemas empiecen a hincharse: enero en la costa suave, febrero o principios de marzo en el interior frío. Se dejan tres a cinco ramas jóvenes bien repartidas, se corta por encima de una yema orientada hacia fuera y se eliminan las ramas que se cruzan por el centro, que es donde se acumula la humedad.

Riega siempre al pie y por la mañana. Mojar el follaje por la tarde deja las hojas húmedas toda la noche y es la vía directa a la mancha negra (Diplocarpon rosae), esas manchas oscuras de borde estrellado que provocan la caída de la hoja en verano. Recoger y retirar la hojarasca caída en otoño reduce muchísimo la infección del año siguiente, porque el hongo inverna en ella.

Otras rojas que aguantan bien el verano español

Si el jardín tiene sol duro y poco riego, hay opciones más agradecidas que las cinco anteriores:

Salvia microphylla y Salvia greggii dan rojo de mayo a noviembre, resisten sequía una vez arraigadas y solo piden un recorte a la mitad al final del invierno. Salvia splendens, la de los parterres municipales, es de temporada y necesita riego constante.

Punica granatum, el granado, florece en un rojo anaranjado intenso de mayo a julio y soporta calor, cal y sequía. La variedad 'Nana' se queda en un metro y va bien en maceta grande.

Canna indica y las dalias rojas dan volumen de julio a octubre a cambio de riego generoso; los rizomas y tubérculos se arrancan y guardan en las zonas donde hiela fuerte.

Crocosmia y Hemerocallis de flor roja resuelven arriates con muy poco mantenimiento, y los penstemon rojos aguantan bien el continental si tienen drenaje.

Rojos que conviene mirar dos veces

Dos plantas de flor roja habituales merecen una advertencia clara.

La adelfa (Nerium oleander), con sus variedades de flor roja, es de las plantas más tóxicas que se cultivan en España: todas sus partes contienen glucósidos cardiotónicos y su ingestión es peligrosa para personas y animales, incluida el agua en la que hayan estado ramas cortadas. No es motivo para arrancarla de un jardín adulto, pero sí para no plantarla al alcance de niños pequeños, y para no quemar sus restos de poda ni usar sus ramas para nada que acabe cerca de comida.

El ricino (Ricinus communis), que se planta a veces por su follaje rojizo y sus frutos rojos espinosos, tiene semillas gravemente tóxicas. Con niños o perros en casa, sencillamente no lo pongas.

En sentido contrario, conviene rebajar un mito: la flor de pascua (Euphorbia pulcherrima) tiene fama de mortal y no lo es. Su látex irrita la piel y las mucosas y puede provocar molestias digestivas si se mastica, pero no es una planta letal. Lávate las manos tras podarla y no le des más importancia de la que tiene.

En resumen

El rojo pide sitio pensado: al fondo, en grupos, con verde oscuro o gris de compañía y sabiendo que a mediodía se apaga y al atardecer se enciende. Para el clavel, lo decisivo es el drenaje y no repetir sitio si ha habido fusariosis. Para el geranio, regar poco y vigilar el taladro de abril a octubre. Para la gerbera, mantener la corona por encima del sustrato. Para el hibisco, distinguir el tropical Hibiscus rosa-sinensis de la rústica altea antes de comprar según el clima que tengas. Y para el rosal, podar en reposo, regar al pie por la mañana y elegir variedad según perfume y tolerancia al calor. Si además quieres polinizadores, acompaña el rojo con azules y violetas, porque él solo no los llama.


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