Dos meses escasos: eso es lo que aguanta en casa una planta con flor comprada para decorar. No porque sea difícil de cultivar, sino porque se elige por la foto del punto de venta y se coloca donde queda bien, no donde puede vivir. Una planta con flor tiene exigencias de luz muy superiores a las de una planta de follaje, y esa es la variable que decide casi todo.

A continuación, las especies que mejor funcionan realmente en un hogar español, con lo que cada una necesita y con una advertencia honesta cuando la planta es de exterior aunque se venda como de interior.

Composición de plantas con flor para decorar el hogar

Antes de elegir: la regla de la luz

Producir una flor cuesta muchísima más energía que producir una hoja. Por eso un potos sobrevive en un pasillo y una gardenia no. La regla práctica más útil que conozco es esta: si en el punto donde vas a poner la planta necesitas encender la luz a mediodía para leer cómodamente, ahí no va a florecer nada. Podrá vivir, incluso mantener las flores que traía de vivero durante unas semanas, pero no producirá nuevas.

Como referencia, la intensidad luminosa cae de forma drástica al alejarse de la ventana. A dos metros de un ventanal queda una fracción muy pequeña de lo que hay junto al cristal, aunque a nuestro ojo la habitación siga pareciendo luminosa, porque la pupila compensa. Casi todas las plantas de flor de interior quieren estar a menos de un metro de una ventana, con luz brillante y en general sin sol directo de mediodía en verano.

Y una segunda regla que mata más plantas que ninguna otra cosa: quita el envoltorio de celofán o plástico decorativo y no dejes agua en el plato. Ese envoltorio convierte la maceta en un cubo sin drenaje, las raíces se asfixian, se pudren y la planta muere con el sustrato empapado mientras el dueño piensa que le falta agua.

Azalea (Rhododendron simsii)

La azalea de interior es una de las plantas con flor más espectaculares del invierno, y también una de las que peor se trata. Su problema no es la luz, es el calor.

La azalea es una planta de montaña subtropical húmeda que quiere fresco: entre 12 y 16 ºC. Colocada sobre un radiador o en un salón a 23 ºC con calefacción, suelta los botones sin abrirlos y las hojas se ponen crujientes en cuestión de días. El sitio correcto es una habitación fresca, una galería o un porche protegido, con luz muy brillante e indirecta.

Es además una acidófila estricta: necesita sustrato para plantas de brezo o de hortensias, y agua sin cal. Regada con agua dura del grifo, en pocos meses desarrolla clorosis férrica, con las hojas amarillas y los nervios verdes. Usa agua de lluvia, agua filtrada o agua embotellada de baja mineralización.

El riego, por inmersión: sumerge la maceta en un barreño diez minutos, deja escurrir bien y devuélvela al sitio. El cepellón de turba, si llega a secarse del todo, se vuelve hidrófobo y el agua resbala por los lados sin humedecerlo, lo que da lugar a plantas que se marchitan pese a que uno riega todos los días.

Tras la floración, lo mejor que puedes hacer es sacarla al exterior, a semisombra, durante primavera y verano. Es donde acumulará fuerza para volver a florecer.

Begonias (Begonia)

Un género enorme y muy versátil, con tres grupos útiles en casa. Las begonias de flor tipo Begonia × hiemalis o elatior, con flores dobles muy abundantes que recuerdan a rosas en miniatura. Las begonias de follaje, como Begonia rex, cultivadas por sus hojas con dibujos metálicos y flores insignificantes. Y las begonias de caña, como Begonia maculata, con hojas en ala de ángel punteadas de blanco y ramilletes colgantes.

Todas comparten los mismos requisitos: luz brillante indirecta —el sol directo les quema la hoja—, temperatura entre 18 y 24 ºC, y humedad ambiental alta. Y una particularidad importante: no toleran que se les moje la hoja. Tienen tejidos blandos muy propensos al oídio y a la botritis, así que nada de pulverizar. Para subir la humedad, coloca la maceta sobre una bandeja con grava y agua, sin que la base toque el agua, o agrupa varias plantas.

Riega cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos, siempre por el borde de la maceta y nunca sobre el cuello, que se pudre con facilidad. Las de flor suelen agotarse tras la floración: es normal, y se renuevan muy fácilmente por esqueje de hoja o de tallo.

Bromelias (Aechmea, Guzmania, Vriesea)

Son de las plantas de interior más resistentes con flor de larga duración, y hay que entender bien cómo funcionan porque su comportamiento desconcierta.

La Aechmea fasciata, con sus hojas grises bandeadas y su inflorescencia rosa espinosa, es la más conocida. En las bromelias, lo vistoso no son las flores sino las brácteas coloreadas, que se mantienen tres, cuatro y hasta seis meses; las flores verdaderas son pequeñas, azules o moradas, y duran días.

Muchas son epífitas: en la naturaleza viven sobre árboles, y sus raíces sirven sobre todo de anclaje. Absorben agua y nutrientes por la roseta central, ese embudo que forman las hojas. Por eso el riego correcto es llenar la roseta con agua sin cal y mantener el sustrato apenas húmedo, no empapado. Conviene vaciar y renovar el agua de la roseta cada dos o tres semanas para que no se pudra.

Y aquí el dato que evita disgustos: la bromelia florece una sola vez y después muere. Es monocárpica. No has hecho nada mal. Lo que sí hace, mientras la planta madre se deteriora, es emitir hijuelos en la base. Cuando alcancen aproximadamente un tercio del tamaño de la madre, sepáralos con un corte limpio y plántalos por separado. Tardarán entre dos y tres años en florecer, y se puede forzar la floración encerrando la planta unos días en una bolsa con una manzana madura: el etileno que desprende la fruta induce la formación de la inflorescencia. Es uno de los trucos de horticultura casera que sí funciona de verdad.

Camelias (Camellia japonica)

Aquí toca ser sincero: la camelia no es una planta de interior. Se vende en flor en invierno y se coloca en el salón, donde invariablemente suelta todos los botones sin abrir en dos semanas.

La camelia es un arbusto de exterior de zonas de clima oceánico, y en España se cultiva magníficamente en Galicia, Asturias, Cantabria y el norte de Portugal, donde hay colecciones históricas notables. Necesita frío invernal, humedad ambiental alta, suelo ácido y sombra o semisombra. La combinación de calefacción, aire seco y poca luz de un interior es exactamente lo contrario.

Si te la han regalado, la mejor jugada es tenerla en interior unos pocos días como decoración puntual, en el sitio más fresco y luminoso de la casa, y trasladarla después a una terraza, patio o jardín en semisombra, en maceta con sustrato acidófilo y regada con agua sin cal. En zonas de interior seco y cálido, el sitio ideal es orientación norte, resguardada del viento y con acolchado permanente.

Y una advertencia sobre la caída de botones: si están mojándose con lluvia constante y luego hiela, o si la planta ha sufrido sequía en verano cuando formaba las yemas, los botones caerán en enero por mucho que lo hagas todo bien a partir de ahí. La camelia se prepara en agosto para florecer en enero.

Claveles (Dianthus caryophyllus)

El clavel es una planta mediterránea de pleno sol y suelo pobre y calizo, así que su sitio en la casa es la ventana, el balcón o la terraza, no una estantería del salón. En interior sin sol directo se ahíla, se tumba y no florece.

Cultivado en jardinera con sustrato drenante y sol, es una de las plantas de flor más rentables que existen: florece desde primavera hasta bien entrado el otoño en el litoral, aguanta la sequía moderada y perfuma con esa nota de clavo que le da nombre. Riega poco y siempre al pie: el clavel se pudre por el cuello con enorme facilidad, y la fusariosis es su enfermedad clásica.

Dos operaciones lo mantienen productivo: pinzar las puntas de los tallos jóvenes para que ramifique, y retirar sistemáticamente las flores marchitas. Cada dos o tres años conviene renovar la planta por esqueje, porque las matas viejas se lignifican y florecen poco.

Como flor cortada es de las más duraderas, dos o tres semanas, pero es muy sensible al etileno: no pongas un jarrón de claveles junto al frutero, porque las manzanas y los plátanos maduros les provocan el cierre prematuro de la corola.

Crisantemos (Chrysanthemum × morifolium)

El crisantemo de maceta es barato, dura mucho y viene en toda la gama de colores. Lo interesante es entender por qué se encuentra en flor en cualquier época del año.

El crisantemo es una planta de día corto: solo forma flores cuando la duración de la noche supera cierto umbral, lo que en condiciones naturales ocurre en otoño. De ahí su asociación con noviembre y con la festividad de los difuntos en España. La producción comercial manipula el fotoperiodo con mallas opacas y luz artificial para tener planta en flor todo el año, y añade reguladores de crecimiento para conseguir esas matas compactas y esféricas.

La consecuencia práctica es doble. Primero, que la planta que compras es más pequeña de lo que su genética indica: si la plantas en el jardín, al año siguiente crecerá al triple de altura y perderá la forma de bola. Segundo, que en casa, con la luz encendida por las noches, no volverá a florecer aunque el resto de cuidados sean correctos.

Mientras está en flor, quiere luz muy brillante, ambiente fresco (15-18 ºC alarga muchísimo la floración) y riego regular sin encharcar. Después, lo mejor es plantarlo en el jardín o en una jardinera exterior: es rústico, aguanta el frío peninsular y volverá a florecer en otoño de forma natural. Ojo si tienes gatos o perros: el crisantemo contiene piretrinas y lactonas sesquiterpénicas, y es tóxico para ellos además de causar dermatitis de contacto en personas sensibles.

Gardenias (Gardenia jasminoides)

Perfume extraordinario y fama justificada de planta difícil. La gardenia no es caprichosa, es exigente en tres cosas concretas y no negocia ninguna.

Acidez. Es acidófila estricta. Sustrato para plantas ácidas y riego exclusivamente con agua sin cal. Un mes de agua dura y aparecen las hojas amarillas con nervios verdes. Un aporte de quelato de hierro cada dos meses en primavera y verano ayuda.

Humedad ambiental. Quiere por encima del 60 %, y una casa con calefacción baja del 30 %. Bandeja con grava y agua, agrupamiento con otras plantas o humidificador. Pulverizar las hojas ayuda poco y mancha las flores.

Temperatura estable. Entre 16 y 22 ºC de día y algo más fresco de noche. Los cambios bruscos y las corrientes de aire le provocan la caída masiva de botones, que es su síntoma característico de descontento.

Luz muy brillante sin sol directo abrasador. Riego regular manteniendo el cepellón fresco pero nunca encharcado. Y una precaución con la poda: forma los botones sobre madera del año anterior, así que una poda drástica a destiempo elimina la floración siguiente. Poda ligeramente justo después de que termine de florecer.

Gerberas (Gerbera jamesonii)

Flores grandes, planas y de colores muy saturados sobre tallos desnudos. Es una compuesta sudafricana que en España funciona mejor en terraza o balcón que en interior, porque necesita mucha luz, incluido algo de sol directo suave.

El punto crítico de la gerbera es el riego, y su causa de muerte casi universal es la podredumbre de la corona. La planta forma una roseta compacta a ras de sustrato, y si el agua se queda ahí, se pudre. Riega siempre por el borde de la maceta o por inmersión breve, nunca en el centro, y deja secar la capa superficial entre riegos. Al plantar, deja la corona ligeramente por encima del nivel del sustrato.

Retira las flores pasadas tirando del tallo con un movimiento seco en lugar de cortarlo: un tocón de tallo hueco retiene agua y se convierte en foco de botritis. Abona cada dos semanas durante la floración con un fertilizante rico en potasio.

Como flor cortada tiene el conocido problema de que el tallo se dobla; ayuda usar poca agua en el jarrón, cambiarla a diario y recortar el tallo en diagonal cada dos días.

Geranios (Pelargonium, no Geranium)

Empecemos por deshacer una confusión que arrastramos desde el siglo XVIII. Los geranios de balcón no son Geranium, son Pelargonium. Linneo los agrupó inicialmente en el mismo género y el nombre popular se quedó fijado, pero se separaron poco después. Geranium son los geranios verdaderos: herbáceas perennes rústicas de flor pequeña y simétrica, con especies autóctonas en la península, muy usadas en jardinería de macizo. Pelargonium son las plantas sudafricanas de flor asimétrica que llenan los balcones de Andalucía y del Mediterráneo.

La confusión no es solo terminológica: tienen exigencias opuestas. El Geranium verdadero aguanta el frío y prefiere la semisombra fresca. El Pelargonium quiere pleno sol, sequedad y temperaturas suaves, y muere con las heladas.

Los tipos principales de pelargonio: P. × hortorum, el geranio zonal de mata erguida; P. peltatum, la gitanilla, colgante y de hoja carnosa; P. grandiflorum o pensamiento, de flores grandes y manchadas; y los geranios de olor (P. graveolens, P. citrosum), cultivados por la fragancia de sus hojas.

Su sitio es la ventana, la barandilla o la terraza, a pleno sol. En interior, sin sol directo, se estiran y florecen mal. Riego moderado y solo cuando el sustrato esté seco: el geranio muere ahogado mucho antes que de sed. Sustrato drenante, abono para plantas de flor cada quince días en primavera y verano, y retirada constante de las inflorescencias marchitas, tirando del pedúnculo entero desde la base.

Su principal problema en España es la mariposa del geranio (Cacyreus marshalli), una plaga de origen sudafricano introducida en los años noventa. La oruga excava galerías dentro de los tallos y la planta se derrumba de golpe, aparentemente sin causa. Se detecta por los agujeritos oscuros en los tallos y por el aserrín. Hay que cortar y destruir los tallos afectados en cuanto se advierten, y en zonas de mucha presión conviene tratar preventivamente en primavera y verano.

Otras opciones que funcionan muy bien en interior

Además de las anteriores, hay tres o cuatro plantas que rinden especialmente bien dentro de casa y que suelen quedarse fuera de estas listas:

Phalaenopsis, la orquídea mariposa. Es la planta de flor de interior más duradera que existe: dos y tres meses de floración continua. Sustrato de corteza, riego por inmersión semanal dejando escurrir del todo, luz brillante indirecta. Nunca la plantes en tierra ni dejes agua en el cache-pot.

Spathiphyllum, la cuna de Moisés. Tolera menos luz que casi cualquier otra planta de flor y avisa de la sed dejando caer las hojas de forma teatral y recuperándose en una hora tras el riego.

Saintpaulia ionantha, la violeta africana. Florece prácticamente todo el año en una ventana al norte o al este. Riego siempre desde abajo: el agua sobre sus hojas aterciopeladas deja manchas necróticas.

Kalanchoe blossfeldiana. Suculenta, casi indestructible, con floración larguísima. Como el crisantemo, es de día corto: para que vuelva a florecer necesita catorce horas de oscuridad completa al día durante unas seis semanas.

Cyclamen persicum. El ciclamen es la planta de flor de invierno por excelencia, con la misma exigencia que la azalea: quiere frío, entre 12 y 16 ºC. Junto a un radiador se marchita en una semana. Riego por inmersión, jamás sobre el tubérculo, y en verano entra en reposo y pierde la hoja, lo que no significa que esté muerta.

En resumen

Para decorar la casa con flores de verdad, lo primero es elegir por la luz disponible y no por el hueco decorativo: a más de un metro de la ventana casi ninguna planta volverá a florecer. Quita siempre el celofán y no dejes agua en el plato. Después, ajusta cada especie a su necesidad concreta: azalea, camelia y ciclamen quieren fresco y mueren junto al radiador; gardenia y azalea exigen sustrato ácido y agua sin cal; bromelia se riega en la roseta y muere tras florecer, dejando hijuelos; gerbera y clavel se pudren si el agua toca el cuello; crisantemo y kalanchoe solo repiten flor con noches largas de verdad; y los geranios de balcón son Pelargonium, plantas de pleno sol y poco riego que hay que vigilar por la mariposa del geranio. Si buscas la máxima duración con el mínimo esfuerzo dentro de casa, la Phalaenopsis y el Spathiphyllum son las apuestas más seguras.


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