Un sobre de semillas de Zinnia elegans sembrado a mediados de mayo en Valladolid da flor a finales de julio. El mismo sobre sembrado a mediados de julio no llega a nada: cuando la planta tiene tamaño para florecer, las noches ya bajan de 10 ºC y se para. El calendario manda más que la especie, y por eso conviene ordenar la temporada antes de comprar nada.
Aquí van las flores que rinden de verdad entre marzo y septiembre en clima peninsular, cuándo hay que ponerlas en marcha y qué las mata cada año en el mismo punto.
El calendario real: qué se siembra y cuándo
La confusión de fondo es esta: «flores de primavera y verano» no significa «sembrar en primavera y verano». Significa que florecen entonces. Muchas de las mejores hay que arrancarlas en febrero o marzo bajo cubierta, porque necesitan de 90 a 120 días desde la siembra hasta la primera flor.
Tres bloques distintos:
Semillero protegido, de febrero a marzo. Petunia (Petunia × hybrida), Salvia splendens, Antirrhinum majus (boca de dragón), Verbena, Celosia argentea, Nicotiana. Semilla fina, germinación lenta y plantas que necesitan mucho tiempo de cultivo. Requieren 18-22 ºC constantes en el sustrato, así que en la Meseta hay que meterlas en casa o en invernadero.
Siembra directa en el sitio definitivo, de abril a mayo. Helianthus annuus (girasol), Cosmos bipinnatus, Tropaeolum majus (capuchina), Papaver rhoeas y Eschscholzia californica, Nigella damascena, Ipomoea. Todas tienen raíz pivotante o crecimiento rapidísimo y detestan el trasplante: en maceta se enrollan, y al pasarlas al suelo se quedan enanas. La capuchina y la ipomea, además, germinan mejor si se dejan las semillas 12 horas en agua tibia porque tienen la cubierta dura.
Siembra tardía, junio. Sí existe, pero se reduce a especies rápidas: zinnia, Tagetes patula, Portulaca grandiflora, girasoles de ciclo corto. Florecen de agosto a octubre y sirven para tapar el hueco que dejan las primaverales cuando se agotan.
La fecha límite de las heladas tardías es la que decide todo. En la costa mediterránea y en el sur se puede plantar fuera desde mediados de marzo. En Madrid, ambas Castillas, Aragón interior o Navarra hay que esperar a después de la segunda semana de mayo; en zonas de montaña, a finales de mayo. Una noche de −1 ºC en abril se lleva por delante toda la planta de petunia, dalia y albahaca.
Las anuales que más flor dan por metro cuadrado
Si el objetivo es color continuo de junio a octubre sin complicaciones, cuatro géneros hacen casi todo el trabajo.
Zinnia. Florece a los 60-70 días de la siembra, aguanta calor seco y da flor de corte excelente. Su problema es el oídio, que le pone las hojas blancas en agosto. Se evita con marcos de plantación amplios (25-30 cm entre plantas), riego al pie y nunca por aspersión a última hora de la tarde.
Cosmos. Prospera en suelo pobre. Abonado con exceso de nitrógeno da plantas de metro y medio, tumbadas y sin apenas flor. Es el ejemplo más claro de que enriquecer el suelo no siempre ayuda.
Tagetes. T. patula es compacto y T. erecta llega al metro. Circula la idea de que ahuyenta plagas por su olor; lo que hay documentado es otra cosa y bastante más concreta: algunas especies de Tagetes reducen poblaciones de nematodos del género Meloidogyne en el suelo, pero para eso hay que cultivarlo como cubierta durante meses, no poner tres plantas en la esquina del bancal. En una jardinera funciona como flor, no como insecticida.
Petunia y calibrachoa. Reyes del balcón. Las variedades colgantes tipo surfinia son estériles y no hay que quitarles la flor pasada; las petunias de semilla sí agradecen que se les corten los frutos, porque en cuanto cuajan semilla frenan la floración.
A esas hay que sumar la caléndula (Calendula officinalis), que en el sur florece incluso en invierno, y el alhelí y la Lobularia maritima para bordes bajos y aromáticos.
Bulbos de verano: se plantan en marzo, florecen en julio
Los bulbos y tubérculos de verano se plantan cuando el suelo ya ha templado, entre marzo y mayo según la zona, y son la vía más rápida a una floración espectacular.
Dalia (Dahlia): tubérculo a 10-12 cm de profundidad, cuello hacia arriba, en suelo con buen drenaje. Y aquí está el punto que arruina más tubérculos: no se riega hasta que el brote asoma. Un tubérculo en tierra húmeda y fría, sin hojas que transpiren, se pudre en tres semanas. Desde que brota, riego abundante y despunte del tallo principal por encima del tercer par de hojas para forzar ramificación.
Gladiolo (Gladiolus): unos 90 días desde la plantación hasta la espiga. Plantando tandas cada quince días entre marzo y junio se encadena floración hasta octubre. Necesita tutor o viento moderado lo tumba.
Lirios (Lilium): bulbo a una profundidad de tres veces su altura. Prefieren la cabeza al sol y el pie en sombra, así que van bien detrás de una mata baja que les dé sombra a la base. Vigila el criocero del lirio (Lilioceris lilii), un escarabajo rojo brillante de unos 8 mm que devora las hojas; se quita a mano en cuanto se ve, porque sus larvas arrasan una mata en días.
Canna, agapanto, crocosmia y begonia tuberosa completan el repertorio. El agapanto (Agapanthus) florece mejor apretado en la maceta: trasplantarlo a un tiesto grande suele costar un año sin flor.
Lo que sobrevive a 40 ºC
En julio y agosto, con 38-40 ºC en el interior peninsular, la alegría de la casa (Impatiens walleriana) y la lobelia se derriten aunque se rieguen. Para pleno sol de verano hay otra lista:
Portulaca y gazania, que cierran la flor cuando falta luz pero aguantan sequía y suelo pobre. Lantana camara, arbustiva y floreciendo sin pausa hasta noviembre en la costa. Vinca de Madagascar (Catharanthus roseus), la de flor blanca, rosa o fucsia que se ve en las rotondas: quiere calor de verdad y se planta cuando las noches superan los 15 ºC. Puesta en abril en un suelo frío y húmedo se queda parada y acaba pudriéndose por el cuello, lo que suele achacarse a una mala planta cuando fue una plantación adelantada.
Y la lavanda, que merece párrafo aparte. Lavandula angustifolia quiere suelo drenado, calcáreo o neutro, y muy poco riego una vez arraigada; Lavandula stoechas, el cantueso, prefiere suelos ácidos o silíceos y por eso fracasa en los de la mitad este peninsular con mucha cal. Se poda justo después de la floración, cortando un tercio del crecimiento verde. Nunca hasta la madera vieja: la lavanda no tiene yemas latentes en el tallo lignificado y esa rama no rebrota jamás. Una mata podada a ras en invierno se queda en un esqueleto gris que hay que arrancar.
Especies menos vistas que compensan
Si el jardín va sobrado de geranios y petunias, estas cambian el registro sin exigir más trabajo:
Tithonia rotundifolia, el girasol mexicano, con flores naranjas y una capacidad enorme para atraer mariposas. Cleome hassleriana, de casi metro y medio, floración en forma de araña y siembra directa en mayo. Ammi majus y Scabiosa atropurpurea, ideales para ramos. Amaranthus caudatus, con inflorescencias colgantes granates. Nicotiana sylvestris, que perfuma el jardín al anochecer. Rudbeckia hirta, que se comporta como bienal o vivaz corta y aguanta el calor sin protestar.
Una advertencia sobre otra planta que se ofrece a menudo como ornamental de porte tropical: el ricino (Ricinus communis) es muy tóxico. Sus semillas contienen ricina, y la ingestión de unas pocas puede ser mortal en un niño. En una parcela con niños o perros, sencillamente no la plantes. Si ya la tienes, corta las inflorescencias antes de que fructifiquen.
Riego, abono y pinzado
Riego. Poco y a diario es peor que mucho y espaciado. El agua superficial hace que la raíz se quede en los tres primeros centímetros de tierra, y ese cepellón se seca en una tarde de bochorno. En suelo, riegos abundantes cada tres o cuatro días; en maceta, la frecuencia la marca el tiesto y en agosto puede ser diaria, pero siempre hasta que salga agua por el drenaje. A primera hora de la mañana, no al mediodía: no porque el agua «queme» las hojas (esa historia de la gota como lupa no ocurre en la práctica), sino porque a mediodía se evapora buena parte antes de llegar a la raíz.
Abono. El sustrato comercial trae fertilizante para cuatro a seis semanas. A partir de ahí, una anual en maceta necesita abono líquido cada 10-15 días, y conviene que sea rico en potasio: el exceso de nitrógeno da hoja grande y verde oscura, tallos blandos y poca flor.
Pinzado. Cortar la punta de cosmos, zinnia, boca de dragón o tagetes cuando tienen cuatro o cinco pares de hojas retrasa la primera flor unos diez días y a cambio multiplica los tallos. En una planta comprada en flor no tiene sentido; en una de semillero, sí.
Limpieza de flores pasadas. En las anuales que producen semilla viable, quitar la flor marchita mantiene la floración semanas más, porque la planta interpreta que no ha completado su ciclo. Es la tarea de cinco minutos que más floración añade en agosto.
Errores que se pagan en la temporada
Comprar el plantel en plena floración. En un alvéolo pequeño y ya florido, la raíz suele estar enrollada y la planta ha gastado la energía en flor, no en enraizar. Elige ejemplares con botones sin abrir y, al plantar, deshaz el cepellón con los dedos y corta las raíces que giren en círculo.
Plantar demasiado junto. Doce petunias en una jardinera de 60 cm dan un mes bonito y luego se ahogan entre ellas. Tres o cuatro plantas por cada 60 cm es el marco razonable.
Suelo compactado y sin drenaje. El agua estancada en el fondo de la maceta pudre la raíz y los síntomas —hoja amarilla y planta mustia— se confunden con falta de riego. Antes de añadir agua, mete el dedo tres centímetros: si está húmedo, el problema es el contrario.
Plantar bulbos de verano en otoño. Dalias, gladiolos y cannas no soportan el invierno bajo tierra en zonas con heladas fuertes. En la Meseta se desentierran en noviembre, se secan y se guardan en un lugar fresco y seco hasta la primavera.
Toxicidad: dos avisos concretos
Además del ricino ya mencionado, si convives con un gato conviene saber que todo el género Lilium y también Hemerocallis son gravemente tóxicos para los felinos: el polen, los pétalos y hasta el agua del jarrón pueden provocar un fallo renal agudo. Basta con que el animal se lama el pelo tras rozar la flor. En un jardín con gatos, o se prescinde de los lirios o se plantan en una zona inaccesible.
La adelfa (Nerium oleander), muy usada como seto florido de verano en toda la costa, es tóxica en todas sus partes para personas y animales, incluida la madera de poda. No se quema jamás en una barbacoa y los restos van al contenedor, no al compost de un huerto.
En resumen
Para tener flor de junio a octubre en España hay que decidir en febrero. Petunias, salvias y bocas de dragón se siembran bajo cubierta a finales de invierno; girasoles, cosmos, capuchinas y amapolas van directos al suelo en abril o mayo, cuando ya no hay riesgo de helada; los bulbos de verano —dalia, gladiolo, lirio, canna— se plantan de marzo a mayo, y la dalia no se riega hasta que brota.
Para el rigor de julio y agosto en el interior, apuesta por portulaca, gazania, lantana, vinca de Madagascar y lavanda, con riegos abundantes y espaciados en lugar de diarios y someros. Poda la lavanda solo sobre madera verde y justo después de florecer. Abona con potasio cada dos semanas en maceta, pinza las anuales de semillero y quita las flores pasadas. Y ten presentes las dos advertencias: ricino fuera si hay niños, lirios fuera si hay gatos.