Regalar un ramo con lilium a alguien que convive con gatos puede terminar en el veterinario de urgencias. Todas las partes de Lilium y también de Hemerocallis —hasta el polen que cae sobre el pelo del animal y que después se lame— provocan fallo renal agudo en gatos, y basta una cantidad pequeña. Es el primer filtro que conviene aplicar antes de pensar en colores y significados: quién va a recibir el ramo y con quién vive. Después ya viene todo lo demás.

Lo que sigue es una guía práctica de qué flor encaja en cada ocasión, por qué encaja y cuánto va a durar, que al final es lo que decide si el regalo se recuerda con cariño o acaba en el cubo el jueves.

El lenguaje de las flores no es un código universal

La florigrafía que circula en listas de internet procede en gran parte de manuales victorianos del siglo XIX, y muchos de aquellos significados eran invención comercial de los propios editores. Conviven además tradiciones que se contradicen entre sí: la rosa amarilla significa amistad en la lectura anglosajona y celos o infidelidad en la tradición popular española y en varios países de América Latina. El crisantemo es en Japón la flor imperial y símbolo de longevidad, y en España e Italia la flor de los cementerios.

De ahí salen dos reglas útiles. La primera: los significados que sí funcionan son los que comparte la cultura de quien recibe, no los que aparecen en un listado. La segunda: cuando el simbolismo es dudoso, mejor apostar por lo que se sabe seguro. En España, llevar crisantemos a una casa como regalo alegre es un desacierto, por muy bonitos que sean y por mucho que duren en jarrón, porque la asociación con Todos los Santos es inmediata. Lo mismo ocurre en Francia.

Hay un detalle geográfico que ahorra apuros al viajar: en Rusia y en buena parte de Europa del Este los ramos de número par se reservan a los funerales, así que se regalan siempre en número impar. En España esa convención no existe.

Bodas

El blanco domina por una razón que en España tiene raíz propia: el azahar, la flor del naranjo amargo (Citrus aurantium), formaba la corona de la novia mucho antes de que llegaran las modas anglosajonas. Es blanca, muy perfumada y florece en abril y mayo, lo que la ata a la temporada de bodas de primavera. Fuera de esos meses solo se consigue como flor preservada o de imitación.

Para ramos de novia, las flores que aguantan bien varias horas fuera del agua son la rosa de tallo corto, la peonía en temporada (mayo y junio en España), el lisianthus, la calla y las orquídeas del género Phalaenopsis. Las flores más delicadas ante el calor son las hortensias y las dalias: en una boda de agosto en Andalucía, una hortensia sin agua se marchita en tres o cuatro horas y no hay forma de recuperarla.

Como regalo a los novios, más que un ramo suele funcionar una planta que sobreviva a la mudanza posterior. Un rosal de patio, un jazmín (Jasminum officinale) o un limonero en maceta se convierten en un recuerdo que sigue vivo diez años después. El ramo, en cambio, es para el día.

Flor de Phalaenopsis blanca

Amor, primeras citas y aniversarios de pareja

La rosa roja funciona porque no admite lectura ambigua, y esa es precisamente su virtud y su límite: dice una cosa muy concreta y muy fuerte. Para una primera cita, doce rosas rojas comunican una intensidad que puede resultar incómoda. Ahí encajan mejor una rosa de tonos suaves —rosa pálido, melocotón, crema—, los tulipanes en invierno y primavera, o las peonías si es mayo.

Para aniversarios, la conveniencia práctica manda: las rosas de floristería duran de cinco a siete días en jarrón, y la alstroemeria, entre diez y catorce. Un ramo mixto de rosas con alstroemeria y algo de verde aguanta el doble que uno solo de rosas, y sigue reconociéndose como ramo romántico.

Sobre la Rosa canina, el escaramujo o rosal silvestre de nuestros setos y cunetas: su flor de cinco pétalos rosa pálido tiene una carga simbólica distinta a la del rosal de floristería, más ligada a lo silvestre y a lo espontáneo. Dura poquísimo cortada —apenas un día— pero como planta de regalo es resistente, se cubre de flor en mayo y da frutos rojos en otoño.

Nacimientos y visitas a un hospital

Antes de comprar nada conviene llamar a la planta y preguntar. Muchas unidades de cuidados intensivos, oncología, hematología y neonatología no admiten flores ni plantas: el agua del jarrón es un caldo de cultivo bacteriano y la tierra de las macetas contiene esporas de hongos ambientales que suponen un riesgo real para pacientes inmunodeprimidos. La norma varía de un hospital a otro, así que la llamada de treinta segundos evita el paseo con un ramo que se queda en el mostrador.

Cuando sí se permiten, lo apropiado es un ramo pequeño, de poco perfume y en un recipiente estable que no ocupe la mesilla entera. El aroma intenso del lilium o del nardo resulta agobiante en una habitación cerrada y con alguien con náuseas. La gerbera (Gerbera jamesonii) encaja bien: colores vivos, sin perfume, aspecto alegre y sin connotaciones de duelo. Los ramos de gerberas, alstroemerias y estáticas cumplen a la perfección.

Para un nacimiento, la tradición española de rosa y azul se ha ido diluyendo, y en su lugar funcionan mejor los tonos suaves en general. Se agradece especialmente algo que la familia no tenga que atender: una orquídea o una planta resistente ahorran a unos padres recién estrenados el trabajo de cambiar el agua de un jarrón.

Gerbera de color intenso

Duelo, funerales y aniversarios de fallecimiento

En España la costumbre distingue con claridad entre el centro o la corona que se envía al tanatorio y el ramo que se lleva a casa de la familia semanas después. El primero es un encargo de floristería con estructura, habitualmente en blanco, y suele hacerse por teléfono indicando el tanatorio y la sala. Blanco, verde y toques de morado o azul son los tonos que no se equivocan nunca.

El crisantemo (Chrysanthemum) es aquí la flor funeraria por excelencia y a la vez una de las más duraderas en jarrón: dos y hasta tres semanas. El clavel blanco, el lilium blanco, la rosa blanca y las gladiolas cumplen el mismo papel.

Para el aniversario de un fallecimiento o una visita al cementerio, las plantas en maceta rinden mucho más que la flor cortada, que en un nicho al sol se seca en dos días. Un ciclamen en invierno o una Kalanchoe blossfeldiana aguantan semanas de abandono absoluto. Y si hay un jardín o una tumba en tierra, plantar un romero o una lavanda es más duradero que cualquier ramo.

Agradecimientos, disculpas y gestos sin etiqueta

Son las ocasiones donde el simbolismo importa menos y la elección puede ser puramente estética. Sirve casi cualquier cosa alegre y sin carga: gerberas, tulipanes, girasoles en verano, ranúnculos en primavera, freesias por el aroma.

Para una casa a la que se va invitado a cenar, hay una consideración que se agradece: llegar con flores cortadas obliga al anfitrión a dejar la cocina, buscar un jarrón y cortar tallos justo cuando está sirviendo. Una planta ya plantada, o un ramo que venga en su propio recipiente con agua, resuelve el problema.

Cuando es mejor una planta que un ramo

La Phalaenopsis es el regalo de mayor rendimiento por euro gastado: su vara florece entre dos y tres meses seguidos, y con cuidados mínimos vuelve a florecer al año siguiente. Se riega una vez por semana en verano y cada diez o quince días en invierno, empapando el sustrato de corteza y dejando escurrir todo el agua sobrante; lo que la mata es dejar el agua acumulada en la maceta exterior o en el centro de la roseta de hojas, que pudre el cogollo.

Conviene desmontar aquí la recomendación de los cubitos de hielo, que circula desde hace años como método de riego infalible. La Phalaenopsis es una epífita de bosque tropical: su rango cómodo está entre 18 y 28 ºC y el contacto con hielo daña las raíces carnosas. Además, un cubito aporta unos 30 ml de agua, muy poco para humedecer un sustrato de corteza. Regar con agua templada bajo el grifo, una vez por semana, es más sencillo y funciona.

Cuando la vara termina de florecer y sigue verde, se corta por encima del segundo o tercer nudo contando desde la base y a menudo emite una vara secundaria. Si la vara se ha secado y amarilleado entera, se corta a ras.

Otras plantas que funcionan como regalo duradero: la Spathiphyllum para interiores con poca luz, la Kalanchoe para quien riega poco, y cualquier aromática —romero, tomillo, menta— para quien cocina.

Que el ramo dure el doble

Media docena de gestos marcan la diferencia entre cuatro días y diez.

Corte en bisel y bajo el agua. Un corte oblicuo aumenta la superficie de absorción, y hacerlo con el tallo sumergido evita que entre una burbuja de aire que bloquee los vasos conductores. Tijera o cuchillo afilados; el tallo aplastado con unas tijeras romas absorbe peor.

Ninguna hoja bajo el agua. Las hojas sumergidas se pudren en dos días y el agua se enturbia y huele. Retirar todo el follaje del tercio inferior.

Cambiar el agua cada dos días y volver a cortar un centímetro de tallo cada vez. Es lo que más alarga la vida del ramo, más que cualquier producto. El sobrecito de conservante que dan en la floristería sí sirve: contiene azúcar como alimento y un biocida que frena las bacterias. La aspirina y las monedas de cobre no funcionan.

Lejos del frutero. La fruta madura desprende etileno, y los claveles y las alstroemerias son extremadamente sensibles: sus flores se cierran y caen prematuramente junto a un plátano o unas manzanas. El mismo motivo aconseja retirar cuanto antes las flores marchitas del propio ramo.

Ni sol directo ni corrientes ni encima del televisor. El calor acelera la marchitez; un rincón fresco duplica la duración.

Casos particulares. Los narcisos (Narcissus) segregan por el corte un mucílago que tapona los tallos de las demás flores del jarrón: hay que dejarlos solos en agua doce o veinticuatro horas antes de combinarlos, y ya no volver a cortarlos. Los tulipanes siguen creciendo dentro del jarrón y se curvan hacia la luz, lo cual es normal, no un defecto. Las gerberas tienen el tallo hueco y se doblan por el cuello: van en poca agua, tres o cuatro dedos, y en jarrón muy limpio. A los lilium conviene retirarles las anteras en cuanto abren, porque el polen mancha la ropa y los manteles de forma casi indeleble.

Seguridad: lo que no se regala a según qué casa

Vale la pena tener presentes unos pocos riesgos reales, sin alarmismo.

Gatos. Lilium y Hemerocallis son nefrotóxicos para ellos incluso en dosis mínimas, polen incluido. Si la casa tiene gato, cualquier ramo que los incluya queda descartado: no basta con ponerlo alto, porque el polen viaja.

Perros y niños pequeños. Los bulbos y tubérculos son la parte más problemática de muchas plantas ornamentales: el tubérculo del ciclamen, los bulbos de narciso y de jacinto y las semillas del ricino contienen compuestos que provocan vómitos, diarrea y, en el caso del ricino, cuadros graves. Como flor cortada el riesgo es bajo; como planta en maceta al alcance de quien escarba, no.

Piel sensible. La savia de los Euphorbia —incluida la flor de Pascua— irrita piel y ojos, y la de los ranúnculos y anémonas contiene protoanemonina, también irritante. No es motivo para descartarlas, sí para lavarse las manos después de manipular muchos tallos.

Alergias. Las flores de floristería son casi todas polinizadas por insectos, con polen pesado y pegajoso que apenas queda en suspensión, así que rara vez desencadenan una alergia respiratoria. Lo que sí molesta a personas sensibles son los perfumes intensos: nardo, jacinto, lilium oriental y freesia en habitaciones pequeñas.

En resumen

Antes que el significado, comprueba dos cosas: si en esa casa hay gatos (nada de lilium ni de Hemerocallis) y si el hospital admite flores. En España, el crisantemo pertenece al duelo y no se regala en alegría, y la rosa amarilla arrastra una lectura de celos que la anglosajona no tiene. Para bodas, blancos y el azahar de abril y mayo; para amor, rosas rojas si el momento lo pide y tonos suaves si es pronto; para hospitales, flores vivas y sin perfume como la gerbera; para duelo, blanco y verde; para durar, alstroemeria y crisantemo, y por encima de todo una Phalaenopsis, que da tres meses de flor y vuelve al año siguiente. Y una vez en casa: corte en bisel bajo el agua, ninguna hoja sumergida, agua nueva cada dos días, lejos del frutero y del sol. Eso vale más que cualquier truco heredado.


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