Cada flor de un hemerocallis abre por la mañana y está marchita esa misma noche. No es un fallo de cultivo ni señal de que la planta esté enferma: el nombre del género lo dice literalmente, del griego hemera (día) y kallos (belleza). Lo que sostiene la floración durante semanas es que cada vara floral trae entre quince y cuarenta botones que van abriendo por turnos.

Esa confusión es la que hace que alguien devuelva la planta al vivero a los tres días. Merece la pena aclararla primero, porque el resto del cultivo del Hemerocallis es sencillo hasta el aburrimiento: es de las vivaces más duras que se pueden plantar en España.

Qué planta es exactamente

El género Hemerocallis se sitúa hoy en la familia Asphodelaceae, aunque en libros antiguos aparece dentro de las liliáceas. En la maceta del vivero la etiqueta suele decir «lirio de un día» o «azucena amarilla», y a menudo lo colocan junto a los Lilium. La diferencia importa para el cultivo: el lirio verdadero crece de un bulbo escamoso y es bastante quisquilloso con el drenaje y con la botritis; el hemerocallis forma una mata de raíces carnosas y engrosadas con un rizoma corto, rebrota con enorme facilidad y tolera suelos que un Lilium no soportaría.

Las hojas son acintadas, arqueadas, de 40 a 70 cm, y salen en abanicos. De cada mata emergen varas florales (escapos) desnudas que se elevan por encima del follaje. Según cultivar, la flor mide de 5 a 20 cm y va del amarillo limón al granate casi negro, pasando por naranjas, rosas, melocotón y bicolores con ojo contrastado.

Mata de Hemerocallis en plena floración

Entre las especies, Hemerocallis fulva es la naranja rústica que se ha naturalizado en cunetas y bordes de acequia; el clon triploide más extendido es estéril y se propaga por estolones, así que en suelo fértil y regado se expande y desplaza a lo que tenga cerca. Hemerocallis lilioasphodelus (citada también como H. flava) florece pronto, en amarillo limón, y es de las pocas perfumadas de verdad. Hemerocallis middendorffii es compacta, temprana y también aromática, buena elección para jardines pequeños. Por encima de las especies hay decenas de miles de híbridos registrados; el más vendido en España es 'Stella de Oro', enano, amarillo dorado y refloreciente.

Un aviso sobre gatos

Los hemerocallis son gravemente tóxicos para los gatos. La ingestión de hojas, flores, polen o incluso agua del jarrón puede provocar un fallo renal agudo, y basta una cantidad muy pequeña. El cuadro empieza con vómitos y apatía en pocas horas y la lesión renal se instala en uno o dos días; el pronóstico depende de que se acuda al veterinario de inmediato. Es la misma toxicidad que presentan los Lilium. Si convives con gatos que salen al jardín o si cortas flores para casa, elige otra planta.

Para perros y personas el riesgo es mucho menor: en algunos países asiáticos los botones de H. fulva forman parte de la cocina tradicional, aunque se han descrito molestias digestivas y no todas las especies ni todos los híbridos son inocuos. Como planta de jardín, trátala como ornamental y punto.

Dónde plantarlo en España

El hemerocallis quiere sol, pero la cantidad depende de la latitud y del color de la flor. En el norte y en zonas de montaña, pleno sol sin discusión: con menos de seis horas de luz directa hace hoja y saca pocos escapos. En el centro y el sur peninsular, sol de mañana y sombra a partir de las dos o las tres de la tarde da mejores resultados, sobre todo con los cultivares de flor roja, granate o morada oscura, cuyos pigmentos se degradan con el sol intenso y aparecen manchados o «derretidos» al mediodía. Los amarillos y naranjas aguantan sol pleno sin despeinarse.

De suelo no es exigente. Prospera en franco, en arenoso y también en arcilloso, algo poco común entre las vivaces de flor, y acepta pH desde ligeramente ácido hasta calizo. Lo único que no perdona es el encharcamiento permanente en invierno combinado con plantación profunda. Es rústico hasta unos -25 °C, así que el frío peninsular no es un problema en ningún punto.

Plantación: la profundidad decide la floración

Se planta a raíz desnuda en otoño (octubre-noviembre) o a finales de invierno y principio de primavera (febrero-marzo). El otoño es preferible en el sur y en el litoral, porque la mata enraíza durante los meses templados y llega a su primer verano ya instalada. En el interior frío, mejor la ventana de febrero-marzo.

Haz un hoyo amplio, forma un montículo de tierra en el fondo, apoya la corona encima y reparte las raíces carnosas alrededor. La corona —el punto blanquecino donde las hojas se unen a las raíces— tiene que quedar entre 2 y 3 cm por debajo de la superficie. Enterrarla diez centímetros «para que agarre mejor» es exactamente lo que produce esas matas frondosas y sanas que llevan tres años sin florecer, y también la vía de entrada de la podredumbre de corona en suelo pesado. Deja 40-60 cm entre plantas, o 30 cm si es un cultivar enano tipo 'Stella de Oro' destinado a formar borde continuo.

Riega a fondo tras plantar y mantén el suelo fresco las primeras semanas. Un acolchado de cinco centímetros ayuda mucho el primer verano, pero no lo amontones sobre la corona.

Riego y abonado durante la temporada

Una mata establecida sobrevive a la sequía sin morir, pero eso no significa que florezca igual. El agua se nota en dos momentos concretos: durante la formación de los escapos, en primavera, y durante la floración. Si el suelo se seca en esas fases, los botones se caen sin abrir y las flores salen más pequeñas y con menos días de duración por vara. En clima peninsular seco, un riego semanal abundante en primavera y dos por semana en pleno verano bastan; en el litoral con suelo arenoso, algo más.

Con el abono, moderación. Un aporte de compost bien hecho en otoño o un fertilizante equilibrado en marzo cubre las necesidades del año. El exceso de nitrógeno da abanicos de hoja enormes y muy pocas varas florales, además de tejido blando que atrae pulgón. Si tu planta hace un follaje espectacular y apenas florece, revisa primero la profundidad de plantación y después el abonado nitrogenado; en ese orden.

Limpieza de flores y varas

Retira la flor marchita pinzándola en su base cada día o cada dos días. No es solo cuestión estética: la flor pasada se deshace en una masa viscosa que mancha los botones vecinos y facilita hongos, y si cuaja semilla la planta desvía energía a madurarla en lugar de a abrir botones nuevos.

Cuando una vara ha abierto su último botón, córtala a ras de la mata. En los cultivares reflorecientes —'Stella de Oro' es el caso típico— esa limpieza es la que decide si tienes flor solo en junio o de junio a octubre con pequeñas pausas. El follaje se deja intacto hasta que amarillea; en los tipos caducos se limpia en otoño-invierno y en los perennes basta con retirar las hojas secas de fuera.

Tipos caducos, semiperennes y perennes

Los catálogos clasifican los cultivares en tres grupos según el comportamiento del follaje en invierno, y en España esa etiqueta es más útil que en otros países porque tenemos climas muy distintos en poco territorio.

Los caducos (dormant) pierden toda la hoja y descansan; van bien en el interior, en el norte y en zonas de montaña, y en el sur templado a veces no reciben frío suficiente y florecen de forma irregular. Los perennes (evergreen), en su mayoría de selección estadounidense meridional, conservan follaje todo el año y rinden muy bien en el litoral mediterráneo, en Canarias y en Andalucía; en Soria o en Teruel una helada fuerte les quema la hoja verde y las debilita. Los semiperennes se comportan de un modo u otro según el año y son la apuesta segura si no quieres complicarte.

Hemerocallis Stella de Oro de flor amarilla

Multiplicación por división de mata

La división es el método normal y el único que reproduce el cultivar tal cual. Toca cada tres a cinco años, cuando la mata se ha cerrado por el centro y florece menos que antes.

El momento bueno es el final del verano o el otoño, de septiembre a noviembre, una vez terminada la floración, o bien a la salida del invierno antes de que rebrote con fuerza. Levanta la mata entera con horca, sacudiendo o lavando la tierra con manguera hasta ver dónde se separan los abanicos. Separa a mano o, si el rizoma está muy apretado, con dos horcas espalda contra espalda o un cuchillo limpio. Deja dos o tres abanicos por división: las divisiones de un solo abanico agarran, pero tardan un año más en dar flor.

Recorta las hojas a unos 15-20 cm para reducir la transpiración mientras la raíz se recupera, elimina las raíces dañadas y replanta enseguida, otra vez con la corona a 2-3 cm. Riega a fondo. Es normal que el año siguiente a la división la floración sea más floja; al segundo año vuelve al ritmo habitual.

Hay un segundo método gratuito: algunos cultivares producen proliferaciones, pequeñas plantitas que brotan en un nudo del escapo. Cuando la varita ya está seca, se corta el trozo de tallo dejando un par de centímetros a cada lado de la plantita y se planta en un tiesto con sustrato ligero, manteniéndolo húmedo hasta que emita raíces propias.

La siembra de semilla funciona, pero sirve para obtener híbridos nuevos, no para copiar una variedad: las plantas hijas salen distintas a la madre y tardan dos o tres años en florecer. Si lo que quieres es más ejemplares de ese naranja concreto que te gustó, divide.

Problemas que pueden aparecer

El pulgón coloniza escapos tiernos en primavera y deforma los botones; un chorro de agua a presión o jabón potásico lo resuelve. Los trips producen botones rayados y flores que abren con los pétalos abarquillados.

Más específico es el mosquito del hemerocallis (Contarinia quinquenotata), presente en Europa: la hembra pone en los botones jóvenes y las larvas los deforman hasta dejarlos anchos, achatados y abortados, sin que lleguen a abrir. No hay tratamiento cómodo; lo eficaz es cortar y destruir —no compostar— todos los botones deformados en cuanto se detectan, porque las larvas caen al suelo para pupar y aumentan la población del año siguiente. Suele afectar solo a la primera oleada de floración, de modo que los cultivares tardíos escapan.

Caracoles y babosas roen los brotes tiernos que emergen en marzo. Y la podredumbre de corona, con hojas centrales que se vuelven amarillas y se sacan tirando suavemente, aparece casi siempre por la combinación de plantación demasiado profunda, suelo compactado y agua parada: se corrige levantando la mata, limpiando el tejido podrido y replantando en alto.

Dónde queda bien en el jardín

Su punto fuerte es cubrir superficie con poco mantenimiento. Funciona en masas de una sola variedad al pie de setos, en taludes donde sujeta la tierra con sus raíces carnosas, en la orilla de estanques y acequias, y bajo árboles de copa ligera. Los enanos reflorecientes sirven de borde bajo continuo delante de arbustos.

Como la floración de cada cultivar dura de cuatro a seis semanas, la forma de tener flor de mayo a octubre es combinar tres o cuatro variedades de época distinta —una temprana tipo H. middendorffii, una de plena temporada y una refloreciente— en lugar de plantar veinte ejemplares iguales. Combina bien con gramíneas ornamentales, equináceas, salvias y agapantos, que comparten exigencias de sol y riego.

En resumen

El hemerocallis da una flor por día y por eso parece efímero, pero cada vara encadena decenas de botones y cada cultivar florece cuatro o seis semanas seguidas. Plántalo con la corona a solo 2-3 cm de profundidad —enterrarla más es lo que deja la mata sin flor durante años—, dale sol pleno en el norte y sombra de tarde en el sur si el cultivar es de flor oscura, riega en primavera y en floración, y no te pases con el nitrógeno. Retira flores marchitas y varas agotadas para que los reflorecientes sigan hasta octubre, divide la mata cada tres o cinco años en otoño dejando dos o tres abanicos por porción, y vigila botones deformados por el mosquito del hemerocallis. Un dato que no se puede pasar por alto: la planta es gravemente tóxica para los gatos, así que en una casa con gatos conviene descartarla.


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