La primavera no es un momento, es una sucesión. En la Península hay al menos tres oleadas de floración entre marzo y junio, y cada una se prepara en una época distinta del año anterior. Quien planta todo en abril acaba con un jardín que estalla tres semanas y se apaga: el error no está en las especies elegidas, sino en el calendario.

Este artículo repasa las flores que mejor funcionan en primavera en clima peninsular, agrupadas por lo que realmente importa a la hora de plantarlas: cuándo se siembran y cuánto sol aguantan. Con esa información se puede montar una secuencia que empiece con los bulbos de febrero y termine con las anuales de verano ya instaladas en junio.

Jardín en flor durante la primavera

Las bulbosas: se plantan en otoño, no en primavera

Esta es la confusión más extendida y la que más decepciones causa. Tulipanes (Tulipa spp.), narcisos (Narcissus spp.), jacintos (Hyacinthus orientalis), muscaris (Muscari spp.) y fresias florecen en primavera, pero el bulbo se entierra entre octubre y diciembre. Comprarlos en marzo, ya brotados y en maceta, sirve para tener flor inmediata, pero no equivale a haberlos plantado.

La profundidad de plantación es sencilla de recordar: dos o tres veces la altura del bulbo. Un tulipán de 4 cm se entierra a unos 10-12 cm. Enterrar poco es peor que enterrar mucho, porque los bulbos poco profundos sufren el calor precoz de marzo y salen tallos cortos y flor pequeña.

El punto crítico en España es el frío invernal. Los tulipanes y jacintos necesitan un periodo de temperaturas bajas (aproximadamente 12-14 semanas por debajo de 9 ºC) para que el tallo se alargue como debe. En la meseta o en el interior de Aragón y Castilla ese frío llega solo. En el litoral mediterráneo y en Andalucía occidental no siempre, y el resultado son tulipanes que florecen a ras de suelo. La solución habitual es comprar bulbos ya prerrefrigerados o meterlos entre cuatro y seis semanas en el cajón de las verduras de la nevera antes de plantarlos, nunca junto a manzanas o peras, porque el etileno que desprenden aborta la flor dentro del bulbo.

Los narcisos son la excepción amable: florecen bien casi en cualquier punto de España, se naturalizan solos y los roedores no se los comen porque son tóxicos. Si se quiere una bulbosa que dure años sin trabajo, es esa. Los tulipanes de gran flor, en cambio, suelen comportarse como anuales al sur del Ebro: florecen espectacularmente el primer año y van menguando después.

Después de la floración, no cortar las hojas. Es la tentación de todo el mundo cuando el macizo empieza a verse feo en mayo, pero el bulbo del año que viene se fabrica con esas hojas. Hay que esperar a que amarilleen solas, entre cuatro y seis semanas después de la flor. Cortar la flor marchita, sí; cortar el follaje verde, no.

Las que se siembran en otoño y florecen temprano

Hay un grupo de anuales de clima fresco que, en España, dan mucho mejor resultado sembradas en septiembre-octubre que en primavera. Pasan el invierno como plantas pequeñas y arrancan en cuanto suben las temperaturas, floreciendo desde marzo con un porte muy superior al que tendrían sembradas tarde.

El alhelí (Matthiola incana) es el ejemplo clásico. Sembrado en otoño, florece de marzo a mayo con espigas densas y un perfume dulce, muy intenso al atardecer, que es la mitad de su gracia. Sembrado en marzo, florece en mayo con calor ya encima y dura poco. Necesita suelo con buen drenaje y algo de cal; en suelos ácidos y encharcados se pudre por el cuello. Existen variedades enanas para maceta y de tallo largo para flor cortada.

Las amapolas siguen la misma lógica y además exigen algo más: no soportan el trasplante. La raíz principal se rompe y la planta se queda parada o muere. Hay que sembrarlas a voleo directamente en su sitio, en octubre-noviembre, apenas cubiertas con tierra fina, y aclarar después. La amapola de campo (Papaver rhoeas) se resiembra sola año tras año si se la deja granar; la oriental (Papaver orientale) es vivaz, de flor mucho mayor, y entra en reposo completo en verano, desapareciendo de la vista hasta el otoño. Conviene plantarla junto a algo que tape ese hueco en julio.

La digital (Digitalis purpurea) es bienal: el primer año hace una roseta de hojas y el segundo levanta la espiga de campanas moteadas, de hasta metro y medio. Es la flor de las zonas frescas y húmedas del norte peninsular, y allí se naturaliza con facilidad en suelos ácidos y a media sombra bajo árboles. En zonas cálidas y secas hay que darle sombra de tarde y no dejarla secar. Toda la planta es tóxica: contiene glucósidos cardiotónicos, y no es una especie para plantar donde jueguen niños pequeños o donde alguien pueda confundir sus hojas con las del consuelda o la borraja.

Las anuales de siembra primaveral

Aquí sí toca sembrar en febrero-marzo en semillero protegido, o en abril directamente en el suelo cuando ya no haya riesgo de helada. La referencia práctica para el interior peninsular es no plantar en el exterior antes de mediados de abril; en el litoral mediterráneo y en el sur se puede adelantar tres o cuatro semanas.

Los tagetes (Tagetes patula y Tagetes erecta) son la anual más agradecida que existe. Germinan en cuatro o cinco días a 20 ºC, florecen a los dos meses de la siembra y no paran hasta las primeras heladas si se les van quitando las flores secas. Aguantan el pleno sol de julio en Sevilla sin despeinarse. Su fama de repeler nematodos del suelo es real pero muy matizable: el efecto lo produce el Tagetes patula cultivado en masa y enterrado luego como abono verde, no cuatro plantas puestas de borde entre los tomates. Como refugio de insectos auxiliares, en cambio, funcionan perfectamente.

Los phlox merecen una aclaración, porque bajo el mismo nombre se venden plantas muy distintas. El Phlox drummondii es anual, bajo, de siembra primaveral y floración de mayo a julio. El Phlox paniculata es una vivaz de metro de altura que florece en pleno verano y necesita suelo fresco y rico; en el interior seco español lo pasa mal y suele coger oídio si se le riega por encima y le falta aireación. El Phlox subulata es tapizante, florece en abril cubriendo el suelo de color y es el único de los tres que aguanta bien la sequía y el suelo pobre, ideal para taludes y rocallas.

El mímulo (Mimulus spp., hoy reclasificado en el género Erythranthe) va en la dirección contraria: quiere humedad constante y frescor. Es planta de borde de estanque o de maceta a media sombra en el norte. En el centro y sur peninsular se seca en cuanto llega el calor de junio, así que solo tiene sentido como flor de temporada corta en primavera.

Para la sombra: impatiens y begonias

Los patios interiores, los porches orientados al norte y las terrazas cubiertas son el terreno de estas dos.

Las impatiens (Impatiens walleriana) florecen sin parar de mayo a octubre a la sombra, que es algo que casi ninguna otra planta hace. Tienen un problema serio que conviene conocer: desde hace más de una década el mildiu velloso (Plasmopara obducens) arrasa las plantaciones, provocando caída súbita de hojas y flores y dejando tallos desnudos en cuestión de días. Es un patógeno que sobrevive en el suelo, así que no conviene replantar impatiens en el mismo sitio dos años seguidos. La alternativa práctica es la Impatiens hawkeri, la llamada Nueva Guinea, resistente a ese mildiu, de hoja mayor y flor más grande, que además tolera algo más de sol directo si no le falta agua.

Flores de Impatiens hawkeri

Las begonias cubren dos usos distintos. La Begonia semperflorens es la de macizo: compacta, de flor pequeña y continua, hoja verde o bronce, aguanta sol suave y sombra, y se comporta como anual. Las begonias tuberosas (Begonia × tuberhybrida) dan flores enormes, casi de camelia, y se plantan a partir de marzo con el tubérculo apenas enterrado y la parte cóncava hacia arriba; en otoño se arrancan, se dejan secar y se guardan en un sitio fresco y seco hasta la primavera siguiente. Ambas detestan el agua sobre la hoja y el sustrato encharcado.

Campánulas y otras vivaces que ganan con los años

La campánula (Campanula spp.) es un género amplio y muy útil. La Campanula persicifolia levanta varas de campanas azules o blancas de 70-90 cm en mayo y junio, aguanta media sombra y se comporta como vivaz fiable en casi toda España si el suelo drena. La Campanula portenschlagiana es tapizante, florece con una intensidad desproporcionada para su tamaño y se instala en juntas de muro y grietas de piedra sin más cuidados. En ambas, cortar las varas florales en cuanto se pasan suele provocar una segunda floración menor a finales de verano.

La ventaja de las vivaces frente a las anuales es evidente a los tres años: la mata se ensancha, hay que dividirla en otoño y de una planta salen cuatro. La desventaja es que el primer año dan poco. Un macizo bien planteado combina las dos cosas: vivaces como armazón permanente y anuales para rellenar los huecos mientras aquellas se hacen.

Las bromelias: primavera de interior

Las bromelias (Guzmania, Vriesea, Aechmea, Bromelia) se venden en primavera con la inflorescencia ya formada y suelen malinterpretarse. Lo que parece la flor es en realidad un conjunto de brácteas coloreadas que puede durar meses; las flores verdaderas son pequeñas y efímeras.

Lo esencial: cada roseta florece una sola vez en su vida y después muere. No es un fallo de cultivo. Antes de morir emite hijuelos en la base, y cuando esos hijuelos alcanzan un tercio del tamaño de la madre se separan y se plantan aparte. Ese es el ciclo completo, y explica por qué una bromelia comprada en flor acaba deteriorándose por mucho que se la cuide.

El riego se hace llenando el embudo central de la roseta, no empapando el sustrato, y conviene vaciarlo y renovarlo cada dos o tres semanas para que no se pudra. Prefieren luz abundante sin sol directo y agua sin cal. Son epífitas: el sustrato de tierra normal las mata por asfixia radicular, necesitan mezcla de corteza y turba muy aireada.

Cómo se multiplican

Tres vías, según la planta.

Semilla. Para anuales y bienales. Semillero con sustrato específico, fino y esterilizado, semillas apenas cubiertas con su propio grosor de tierra y riego por capilaridad desde abajo para no desenterrarlas. Temperatura de germinación en torno a 18-22 ºC para la mayoría. El error más común es sembrar demasiado denso: la plántulas compiten, se ahílan y aparece el damping-off, ese hongo que las tumba de golpe a nivel del cuello. Sembrar claro y ventilar previene más que cualquier fungicida. Se trasplantan cuando tienen dos o tres hojas verdaderas.

División de mata. Para vivaces como campánulas, phlox paniculata o margaritas. Se hace en otoño o a finales de invierno, con la planta parada: se saca el cepellón, se corta en trozos con raíz y yemas, y se replanta enseguida. Rejuvenece la mata, que con los años se ahueca por el centro.

Bulbos e hijuelos. Los bulbos producen bulbillos laterales que se separan al desenterrarlos, cuando el follaje ya se ha secado en junio. Los pequeños tardan uno o dos años en alcanzar tamaño de floración. Los hijuelos de bromelia funcionan igual.

Una advertencia sobre la semilla recogida en casa: si la planta madre era un híbrido F1 (habitual en los tagetes e impatiens de vivero), la descendencia sale desigual y peor. Con especies botánicas y variedades tradicionales, como la amapola o el alhelí, la semilla propia funciona perfectamente.

Un calendario que funciona

Septiembre-octubre: siembra de alhelíes, amapolas, pensamientos y calendulas en su sitio definitivo. Preparación de los macizos con compost.

Octubre-diciembre: plantación de bulbos de primavera. Cuanto más tarde en ese margen, mejor, para evitar que broten con un otoño templado.

Febrero-marzo: siembra en semillero protegido de tagetes, phlox anuales, impatiens y begonias. Plantación de tubérculos de begonia.

Abril: trasplante al exterior de todo lo criado en semillero, una vez pasado el riesgo de helada. Primer abonado de las bulbosas que ya han florecido.

Mayo-junio: retirada de flores marchitas para prolongar la floración, y arranque y guardado de los bulbos cuyo follaje ya se ha secado.

En resumen

Un jardín de primavera bien resuelto se planifica en otoño. Los bulbos se entierran en noviembre a dos o tres veces su altura, las anuales de clima fresco se siembran en octubre en su sitio y las de calor esperan al semillero de febrero. Los narcisos son la bulbosa más fiable en España; los tulipanes de gran flor tienden a degenerar al sur del Ebro salvo que se prerrefrigeren. Para la sombra, la Impatiens hawkeri ha sustituido con ventaja a la walleriana por su resistencia al mildiu. Y dos reglas que se saltan casi todos: no cortar el follaje verde de los bulbos después de la flor, y aceptar que la roseta de una bromelia muere tras florecer, dejando los hijuelos como continuación.


Contenidos relacionados