Las flores de Navidad tienen un problema conocido: se compran en diciembre, decoran quince días espléndidos y llegan a Reyes medio deshojadas. No es mala suerte ni mala calidad. Casi todas son plantas que se cultivan forzadas en invernadero y que pasan del calor húmedo del cultivo al frío de la calle y de ahí a un salón con calefacción, y ese recorrido las castiga.

Sabiendo qué necesita cada una, la mayoría aguanta toda la temporada e incluso vuelve al año siguiente. Aquí van las plantas y flores navideñas que se encuentran en España, cómo cuidarlas de verdad y cuáles de ellas conviene mantener lejos de niños y animales, que es un asunto real en estas fechas.

Ramo de flores de Navidad

La flor de Pascua, la protagonista

La flor de Pascua o poinsetia (Euphorbia pulcherrima) es originaria de México, donde es un arbusto que supera los tres metros. Lo que llamamos flor no lo es: las hojas rojas son brácteas, hojas modificadas que cambian de color. Las flores de verdad son los botoncitos amarillos y verdes del centro, llamados ciatios, y su estado es el mejor indicador de frescura: si ya han soltado polen o se han caído, la planta lleva semanas en el comercio.

Su fama de planta que muere sola viene de tres errores concretos:

  • El frío en el trayecto. Una poinsetia expuesta a menos de diez grados durante el transporte, o esperando junto a la puerta de un supermercado, sufre un daño que se manifiesta días después con caída masiva de hojas. Pide que te la envuelvan y no la dejes en el coche.
  • El agua acumulada en el envoltorio. Ese papel metalizado decorativo hace de cubo. El agua se queda ahí, la raíz se asfixia y la planta se pudre. Quítalo o perfóralo por abajo.
  • La corriente de aire. Junto a una puerta que se abre o bajo una salida de aire caliente, defolia en una semana.

Sus condiciones son fáciles: entre 15 y 22 grados, mucha luz indirecta (una ventana clara sin sol directo abrasador), y riego moderado cuando la superficie del sustrato está seca, escurriendo siempre el sobrante. No pulverices las brácteas, porque se manchan.

Si quieres conservarla, en primavera se poda a unos diez o quince centímetros, se trasplanta y se saca a media sombra en verano. Volver a teñirla de rojo exige lo que casi nadie hace: es una planta de día corto y necesita alrededor de catorce horas diarias de oscuridad total, sin ninguna luz artificial, durante ocho a diez semanas desde comienzos de otoño. Una caja o un armario cada tarde, todos los días. Con una sola noche de luz de farola por la ventana, el proceso se interrumpe.

Sobre su toxicidad hay mucha exageración. El látex blanco de la flor de Pascua, como el de todas las euforbias, es irritante para la piel, las mucosas y sobre todo los ojos, y su ingestión puede provocar molestias digestivas en personas y mascotas. No es el veneno mortal de la leyenda urbana, pero tampoco es inocuo: guantes al podar, lavarse las manos después y mantenerla fuera del alcance de gatos que muerden hojas.

Otras plantas navideñas de maceta

La amarilis (Hippeastrum) es el bulbo estrella de estas fechas. Se planta de noviembre a diciembre, dejando el tercio superior del bulbo fuera del sustrato, en maceta ajustada y con muy poco riego hasta que arranca. Florece entre seis y ocho semanas después, con dos o tres varas de flores enormes. Necesita luz para que la vara no se tumbe, y girar la maceta cada dos días la mantiene recta. El bulbo es tóxico por ingestión, para personas y para mascotas.

El cactus de Navidad (Schlumbergera) es el más agradecido de todos y también el peor entendido. No es un cactus de desierto: vive sobre ramas de árbol en bosques húmedos brasileños, así que quiere sombra luminosa, humedad y riego regular, no sequía. Florece porque los días se acortan y las noches refrescan; si está junto a un radiador o con luz encendida hasta tarde, no hace botones. Es una de las pocas plantas navideñas que no figura como tóxica para perros y gatos, lo que la convierte en una buena opción en casas con animales. Puede vivir décadas y se multiplica partiendo dos o tres segmentos y dejándolos cicatrizar antes de plantarlos.

El ciclamen (Cyclamen persicum) florece todo el invierno si se le da frío y luz: entre 12 y 16 grados es su rango, y en un salón caldeado se agota en dos semanas. Se riega por el plato o por inmersión, nunca sobre el tubérculo ni sobre las hojas, porque el agua en el centro de la roseta lo pudre. Las flores y hojas marchitas se retiran tirando con un giro suave, no cortando. El tubérculo es tóxico por ingestión.

El eléboro o rosa de Navidad (Helleborus niger y sus híbridos) es una perenne de sombra que florece en pleno invierno, incluso bajo la nieve. En jardines del norte y de zonas de montaña es una planta magnífica para el rincón sombrío bajo árboles caducos. Toda la planta es tóxica y su savia irrita la piel.

El follaje tradicional: acebo, muérdago y hiedra

Flores y follaje de Navidad

El acebo (Ilex aquifolium) es el follaje navideño por excelencia, y con él hay que ser claro: en España es un árbol protegido por la normativa de numerosas comunidades autónomas, y cortar ramas de acebo silvestre está prohibido o sometido a autorización según el territorio. La recolección para adorno navideño llevó a la desaparición de acebedas enteras en la cornisa cantábrica y en los sistemas montañosos. El acebo que se vende legalmente procede de cultivo, viene con su etiqueta y no plantea ningún problema; el que alguien corta en el monte, sí. Sus frutos rojos son tóxicos por ingestión y muy atractivos para los niños.

El muérdago (Viscum album) es una planta hemiparásita que vive sobre las ramas de otros árboles. Sus bayas blancas son tóxicas por ingestión, para personas y animales, así que si se cuelga la tradicional rama en el marco de una puerta conviene colocarla donde no lleguen manos pequeñas ni caigan frutos al suelo.

La hiedra (Hedera helix) aporta verde y aguanta bien en guirnaldas y centros. Sus frutos son tóxicos y su savia provoca dermatitis de contacto en personas sensibles.

Ninguno de estos avisos exige renunciar a la decoración tradicional. Exigen colocarla en alto y no dejar frutos caídos por el suelo. Ante una ingestión, se acude al médico o al veterinario.

Las flores de corte para centros y ramos navideños

Para un centro de mesa de diciembre en España, lo que hay disponible y funciona bien es esto: amarilis, que da la flor más espectacular por tallo; lilium, con perfume potente (retira las anteras naranjas si no quieres manchas en el mantel, y ten en cuenta que el lilium es especialmente tóxico para los gatos); rosas en tonos rojos y blancos; anémonas y ranúnculos, que son flores de temporada real en invierno y salen a buen precio; y clavel, la flor de corte más duradera y la más infravalorada.

Como follaje, el eucalipto aporta volumen y aroma, y las ramas de pino, abeto y brezo dan la nota de temporada. El cotoneaster y el pyracantha del jardín ofrecen bayas rojas sin necesidad de tocar el acebo silvestre.

Para que un centro navideño dure toda la semana: espuma floral bien empapada antes de clavar nada, tallos cortados en bisel, y el conjunto lejos del radiador, de las velas encendidas y del frutero, porque el etileno que desprende la fruta madura acelera el marchitamiento.

De dónde viene la costumbre

Adornar la casa con verde en pleno invierno es una tradición muy anterior a la Navidad cristiana y aparece en varias culturas europeas, asociada a las fiestas del solsticio y al valor simbólico de las plantas que se mantienen verdes cuando todo lo demás está desnudo. El acebo, el muérdago y la hiedra estaban ya en esas celebraciones.

La flor de Pascua es una incorporación posterior y americana: la tradición atribuye su uso ornamental navideño a los frailes franciscanos de México, que vieron en la disposición estrellada de sus brácteas una alusión a la estrella de Belén. Su difusión mundial es del siglo XX, y hoy es una de las plantas en maceta más vendidas del planeta en un plazo de apenas seis semanas al año.

En resumen

Las flores de Navidad se estropean por frío en el trayecto, agua estancada en el envoltorio decorativo y corrientes de aire caliente, no porque sean plantas frágiles. La flor de Pascua quiere entre 15 y 22 grados, luz clara y riego moderado con drenaje; el ciclamen quiere frío; el cactus de Navidad quiere humedad y sombra luminosa, y es el que más años puede acompañarte.

El apartado que no conviene saltarse es el de la seguridad. El látex de la flor de Pascua irrita, y los frutos de acebo y muérdago, el bulbo de la amarilis, el tubérculo del ciclamen y el eléboro entero son tóxicos por ingestión. Y el acebo silvestre está protegido en buena parte de España: si lo quieres en casa, se compra cultivado.


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