Si buscas "flores de Europa" esperando una lista de flores exóticas te vas a llevar una decepción, y a cambio te vas a encontrar algo más útil: la flora europea es pobre en número comparada con la asiática o la americana, y precisamente por eso se entiende bien. Las glaciaciones del Cuaternario barrieron el centro y el norte del continente varias veces, y las plantas que sobrevivieron lo hicieron refugiadas en las tres penínsulas del sur, la ibérica, la italiana y la balcánica. Cuando el hielo se retiró, muchas no volvieron a subir.
De ahí sale el dato que más sorprende a quien vive aquí: España es el país con más especies de plantas de Europa, del orden de seis mil vasculares, y buena parte de las flores que se consideran típicamente europeas son en realidad ibéricas. Y de ahí sale el segundo asunto de este artículo, que es el contrario: media docena de flores que todo el mundo tiene por europeas vinieron de fuera.
La flora europea por ambientes, no por países
Las fronteras políticas no dicen nada sobre plantas. Europa se reparte en unos pocos ambientes grandes, y cada uno tiene su repertorio de flores.
El bosque atlántico, del norte peninsular a Escandinavia, es el de la floración de sotobosque: plantas que abren en primavera aprovechando la luz que todavía entra entre las ramas desnudas. El lirio de los valles, los narcisos silvestres, las prímulas y las dedaleras.
La alta montaña, en Pirineos, Alpes, Cárpatos y Sierra Nevada, es el ambiente más rico en endemismos, porque cada macizo funciona como una isla: gencianas, saxífragas y campánulas de porte bajo y floración concentrada en pocas semanas.
El matorral mediterráneo es el nuestro, y su rasgo es que la leñosa manda sobre la herbácea: jaras del género Cistus, romero, lavandas, tomillos y coscojas. La flor dura poco y todo el esfuerzo está en aguantar el verano. Parece pobre hasta que ves un jaral en flor en mayo.
Y los prados y ribazos, que son hábitat de origen humano: amapolas, margaritas, claveles silvestres y la mayor parte de lo que se vende como "mezcla de flores de pradera". Dependen del pastoreo y de la siega, y desaparecen tanto si la parcela se abandona como si se intensifica.
Clavel del poeta (Dianthus barbatus), de las montañas del sur de Europa. Se comporta como bienal: siembra un año, florece al siguiente.
Los narcisos, el género más europeo que existe
Si hay un género que se pueda llamar europeo con propiedad es Narcissus. Su centro de diversidad está en el Mediterráneo occidental y, dentro de él, en la Península Ibérica: una parte considerable de las especies del género solo crece de forma natural entre Portugal, España y el suroeste de Francia.
Narcissus pseudonarcissus, el narciso trompón de la Europa atlántica. En España aparece en el norte y en zonas de montaña.
El narciso trompón (Narcissus pseudonarcissus) es el arquetipo: una sola flor por tallo con la corona tan larga como los pétalos. De él descienden casi todos los narcisos amarillos de bulbo grande que se venden en otoño.
Narcissus poeticus, de las montañas del centro y el sur de Europa, Pirineos incluidos. La corona es un anillo corto de borde rojizo.
El narciso de los poetas (Narcissus poeticus) es el opuesto en proporciones: perianto blanco y ancho, y una corona reducida a un disco con el reborde rojo. Es planta de prados de montaña húmedos y florece más tarde que los demás.
Narcissus tazetta, el narciso de ramillete del Mediterráneo, con varias flores por tallo.
El narciso de ramillete (Narcissus tazetta) es el mediterráneo de verdad, con varias flores por escapo y floración de invierno en la mitad este y sur de España. Aguanta el suelo calizo y la sequía estival mejor que ninguno, y es el que mejor se naturaliza aquí.
Narcissus triandrus, endemismo ibérico de flores blancas colgantes y pétalos hacia atrás.
Narcisos de tipo cyclamineus, híbridos de jardín. La especie silvestre, Narcissus cyclamineus, es un endemismo del noroeste ibérico con los pétalos completamente doblados hacia atrás.
Y luego están los dos endemismos ibéricos de la galería. Narcissus triandrus, de flores blancas colgantes y pétalos reflejos, crece en la mitad occidental de la Península. Narcissus cyclamineus vive en prados húmedos del noroeste, entre Galicia y el norte de Portugal, con el perianto doblado hacia atrás del todo. Ojo con las fotos que circulan bajo su nombre: la mayoría son híbridos de jardín del grupo cyclamineus, con el perianto solo a medio doblar, como el de arriba.
Todos los narcisos son tóxicos. El bulbo concentra alcaloides (licorina entre ellos) y hay intoxicaciones documentadas por confundirlo con una cebolla en la cocina. Lo son también para perros y gatos, y el bulbo recién plantado es justo lo que un perro desentierra.
Dos flores de bosque europeo, y las dos peligrosas
Lirio de los valles (Convallaria majalis). Muy tóxico en todas sus partes, incluidas las bayas rojas.
El lirio de los valles o muguete (Convallaria majalis) es la flor del bosque caducifolio europeo: un rizoma que se extiende bajo la hojarasca y saca dos hojas anchas y un tallo de campanillas blancas muy perfumadas. En España es planta rara, de hayedos y robledales húmedos del norte, y en jardín solo funciona en sombra fresca y suelo con materia orgánica. En el Mediterráneo seco no hay manera.
Es, además, una de las plantas de jardín más tóxicas que se pueden plantar: contiene glucósidos cardiotónicos en toda la planta, y las bayas rojas del verano son el mayor riesgo, porque llaman la atención y están a la altura de un niño. Tóxica también para perros y gatos.
Lirio hediondo (Iris foetidissima), de la Europa occidental. Aguanta la sombra seca bajo árboles, donde casi nada más prospera.
El lirio hediondo (Iris foetidissima) es lo contrario en exigencias, y de las mejores plantas europeas para el jardín español. Es un iris de hoja perenne, del oeste de Europa, que vive en sombra seca bajo encinas y setos, donde compiten las raíces y no llega el riego. La flor es discreta, de un lila sucio con venas, y el interés está en otoño: las cápsulas se abren y dejan a la vista unas semillas naranjas que aguantan colgadas todo el invierno. El nombre viene del olor de la hoja al estrujarla. Como todos los iris, el rizoma es irritante y no se come.
Anemone blanda, del sureste de Europa. Brota de un tubérculo pequeño y florece a ras de suelo al final del invierno.
La anémona griega (Anemone blanda) completa el trío de sotobosque. Viene del sureste europeo, crece de un tubérculo diminuto y florece pegada al suelo cuando todavía hace frío. Es una ranunculácea, y como tal tiene savia irritante. Pasa el verano seca y dormida, que es su manera de esquivar nuestro agosto.
Las que todo el mundo cree europeas y no lo son
Girasol. Pese a nombres de variedad como "gigante ruso", Helianthus annuus es una planta norteamericana.
El girasol es el caso más claro. Helianthus annuus se domesticó en Norteamérica y llegó a Europa en el siglo XVI como curiosidad. Fueron los rusos quienes en el XIX lo seleccionaron para aceite, y de ahí salieron las variedades de cabeza enorme cuyos nombres comerciales todavía hablan de gigantes rusos: el girasol que pinta de amarillo media Castilla en junio es un cultivo americano con apellido ruso.
La lista sigue. El geranio del balcón no es un geranio: es Pelargonium, un género sudafricano. Los Geranium de verdad sí son en buena parte europeos, pero son esas herbáceas de flor plana y hoja recortada que casi nadie llama geranios. El tulipán entró en el jardín europeo desde Anatolia y Asia central, aunque hay especies silvestres en Europa como Tulipa sylvestris. La hortensia y la camelia son asiáticas, y la dalia, la petunia y los tagetes, americanas. Lo que se vende como jardín mediterráneo suele estar lleno de buganvillas y aloes, que tampoco son de aquí.
Las dos rosas de la galería
Rosa gallica, la rosa silvestre europea que está en el origen de los rosales antiguos del continente.
Rosa gallica sí es europea: crece silvestre en el centro y el sur del continente y es una de las especies fundadoras de los rosales antiguos europeos. Flor sencilla o semidoble, floración única en primavera y un arbusto que rebrota de raíz y forma manchas.
Rosa damascena, la rosa de Damasco. No es una especie silvestre europea, sino un híbrido antiguo de origen próximo-oriental.
Rosa damascena, en cambio, se cuela en la lista sin serlo: no es una especie silvestre europea, sino un híbrido muy antiguo de origen próximo-oriental que llegó al Mediterráneo por la vía del cultivo. Que los campos de rosa para destilación estén en Bulgaria y Turquía dice de dónde sale el aceite, no de dónde sale la planta.
Si te tienta recolectar
Ver un narciso silvestre en flor da ganas de llevarse el bulbo. No se hace. La flora silvestre está protegida por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, de la que dependen el catálogo estatal de especies amenazadas y los de cada comunidad autónoma, y varios narcisos ibéricos de área reducida figuran en ellos. Además, una arrancada de bulbos acaba con una población pequeña en un par de temporadas, y la alternativa es barata: casi todas estas plantas se venden propagadas en vivero.
En resumen
La flora europea es el resultado de un filtro, el de las glaciaciones, y eso explica su pobreza en el norte y su riqueza en el sur, con la Península Ibérica a la cabeza. Organizarla por ambientes dice mucho más que organizarla por países, y es lo que permite saber si una planta funcionará en tu jardín.
Entre las flores europeas de verdad hay material de primera para el jardín español: narcisos mediterráneos, Iris foetidissima, Rosa gallica y el matorral aromático. Y quedan las dos advertencias: los narcisos y el lirio de los valles son tóxicos, este último en grado serio, y media lista de supuestas flores europeas clásicas viene de América, de Asia o de Sudáfrica.