Colombia es el segundo exportador mundial de flor cortada por valor, detrás de los Países Bajos, y el primer proveedor del mercado de Estados Unidos. La diferencia entre los dos países es que los holandeses mueven flor propia y, sobre todo, flor de otros a través de sus subastas, mientras que lo que sale de Bogotá y de Medellín se ha cultivado allí. Si compras un clavel en cualquier parte del mundo, hay muchas probabilidades de que se haya cortado en el altiplano colombiano.

Este artículo va de eso: qué se cultiva en Colombia, por qué justamente allí y no en otro sitio, cómo llega a Europa y qué flor es la suya de verdad. No es un catálogo de flores bonitas del trópico, porque la historia interesante de las flores colombianas es agronómica y logística.

orquídea Cattleya Orquídea del género Cattleya. La flor nacional de Colombia es Cattleya trianae, de este grupo.

Por qué la flor sale de allí y no de aquí

La ventaja colombiana no es el calor, es la combinación de latitud y altitud. Los cultivos de rosa y clavel están en la Sabana de Bogotá, a unos 2.600 metros, y en el oriente antioqueño, alrededor de Rionegro y La Ceja, algo más bajo. A esa altura y casi sobre el ecuador ocurren tres cosas a la vez.

La primera es que el día dura lo mismo todo el año. No hay invierno fotoperiódico ni verano largo: son unas doce horas de luz en enero y las mismas en julio. Para una explotación que tiene que entregar un número exacto de tallos en una fecha exacta, eso vale más que cualquier otra cosa, porque la planta se comporta igual en todas las semanas del calendario.

La segunda es que la radiación es alta y las noches son frescas. La flor crece despacio, el tallo engorda, el pétalo se forma apretado y el color sale saturado. Es el mismo motivo por el que las mejores rosas de corte del mundo se dan en zonas tropicales de montaña y no en llanuras cálidas.

La tercera es económica: sin heladas no hace falta calefactar. Los invernaderos son estructuras de plástico sin calor auxiliar y, en buena parte, sin luz artificial. Un invernadero holandés de rosa necesita calefacción y lámparas medio año, y eso se paga en cada tallo.

Qué se cultiva

El grueso de la exportación son cuatro cosas: rosa, clavel y miniclavel, crisantemo (el pompón de las floristerías) y hortensia. A eso se añaden alstroemerias, gypsophila y una gama larga de follajes de relleno, que son el negocio silencioso del ramo: sin verde no hay bouquet.

En clavel Colombia es el mayor exportador del mundo, y no por casualidad: Dianthus caryophyllus es una planta de montaña mediterránea que agradece exactamente ese clima de día templado y noche fría. En crisantemo la clave es otra, y es un buen ejemplo de manejo fino: el crisantemo florece con días cortos, así que el cultivador no espera a la estación, alarga artificialmente el día con lámparas para mantener la planta vegetativa y luego lo acorta tapando el invernadero con lona negra. Con eso programa la floración de cada bancal en la semana que le interesa.

Las flores tropicales que la gente asocia a Colombia, heliconias y anturios, existen y se exportan, pero son un nicho pequeño comparado con la rosa y el clavel, y se cultivan en tierras bajas y húmedas, no en el altiplano.

San Valentín manda

El calendario del sector no lo fija el clima, lo fijan dos fechas del hemisferio norte: San Valentín y el Día de la Madre. Alrededor del 14 de febrero se concentra la mayor operación logística de flor del año, con vuelos fletados a diario desde Bogotá y Medellín hacia Miami. Todo el ciclo de cultivo se planifica hacia atrás desde ese día.

La flor viaja por avión, en cajas, con cadena de frío desde el corte hasta el mayorista. Esa cadena es la que decide la calidad final: una rosa que ha roto el frío una sola vez llega al jarrón con la mitad de vida útil. Y explica también por qué la variedad se elige por resistencia al transporte y duración en agua antes que por aroma. Las rosas de corte modernas huelen poco, y no es un descuido: es una consecuencia de haber seleccionado durante décadas por otras cosas.

Y en España, ¿qué compramos?

Conviene deshacer un malentendido. Que Colombia sea el segundo exportador mundial no significa que la rosa de una floristería de Madrid venga de allí. El mercado natural de Colombia es Estados Unidos, porque el avión es corto. A Europa llega mucha flor de Kenia y Etiopía, por la misma razón geográfica, y además casi todo pasa antes por las subastas holandesas, que son las que redistribuyen. El clavel colombiano sí es habitual aquí.

Lo que sí es cierto es lo de fondo: en enero, en España, la flor cortada de temporada no existe, y lo que hay en el cubo viene de un invernadero sin calefacción de la zona intertropical o de un invernadero calefactado del norte de Europa. La producción española de flor cortada, que tuvo peso en Andalucía, Cataluña y Canarias, se redujo mucho al competir con esos costes.

La orquídea nacional

La flor nacional de Colombia es Cattleya trianae, una orquídea epifita de los bosques andinos que crece sobre las ramas de los árboles, no en el suelo. El nombre recuerda a José Jerónimo Triana, el botánico colombiano del siglo XIX que participó en la Comisión Corográfica y describió buena parte de la flora del país.

Colombia tiene además una de las floras de orquídeas más ricas del planeta, con varios miles de especies, muchas de área muy reducida en laderas concretas de las cordilleras. Aquí hay una advertencia que va con el tema: todas las orquídeas están incluidas en los apéndices del convenio CITES, y el comercio internacional de ejemplares recolectados en el monte está restringido. Las orquídeas que se venden legalmente proceden de propagación en vivero. La recolección silvestre, no el cultivo, es una de las amenazas reales para estas especies.

Las flores en la calle: la Feria de Medellín

La Feria de las Flores de Medellín, en agosto, es el acontecimiento popular del sector, y su símbolo es el desfile de silleteros: campesinos del corregimiento de Santa Elena que cargan a la espalda una silla de madera con un arreglo floral montado sobre ella. La silleta viene de un oficio real, el de los cargueros que subían mercancías (y personas) por caminos de montaña, y de ahí pasó a ser el soporte de una composición de flores. Es un caso poco común de fiesta agrícola que no celebra una cosecha de comida.

Los nombres comunes, con cuidado

Si buscas listas de "flores colombianas" te vas a encontrar nombres que no llevan a ninguna parte. La cayena es Hibiscus rosa-sinensis, un arbusto de origen asiático plantado en medio mundo tropical, así que es una flor muy vista en Colombia pero no colombiana. Con San Joaquín se nombran, según la región, arbustos de flor roja distintos entre sí. Y nombres como "zapatos de fraile" o "rosa de concepción" cambian de planta de un valle a otro.

La regla práctica es la de siempre: el nombre común sirve para hablar con el vecino y el nombre científico sirve para saber qué estás plantando. Cuando solo tengas el nombre común, desconfía de las listas.

En resumen

Colombia es una potencia de flor cortada por una coincidencia afortunada: día constante de doce horas, altitud que da noches frescas y sol fuerte, y ausencia de heladas que ahorra la calefacción. Sobre eso se ha montado una industria de rosa, clavel, crisantemo y hortensia que trabaja con fechas del hemisferio norte y mueve la mercancía en avión con frío.

De la flora silvestre, lo que de verdad distingue al país son las orquídeas, con Cattleya trianae como emblema, y ahí el mensaje es el contrario al del comercio: se disfrutan cultivadas y propagadas en vivero, porque el expolio de poblaciones silvestres es un problema y el comercio internacional está regulado por CITES.


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