Una cesta colgante de 30 cm de diámetro lleva unos doce litros de sustrato y, recién regada, cuelga de su gancho con nueve o diez kilos de peso. Ese número decide más cosas que el color de la flor: dónde se puede anclar, cuánto aguanta sin riego y qué plantas van a sobrevivir a agosto en un balcón orientado al sur.

Las colgantes fallan por motivos muy repetidos y muy poco románticos: macetas pequeñas que se secan a mediodía, agua de grifo dura que amarillea las hojas nuevas, especies de clima fresco puestas al sol de Sevilla y anclajes que se sueltan con el primer levante. Antes de la lista de especies conviene resolver esos cuatro puntos, porque una calibrachoa perfecta en una jardinera mal colocada dura tres semanas.

El continente manda sobre el contenido

El volumen de sustrato es la reserva de agua de la planta. En una maceta colgante de 20 cm apenas hay cuatro litros: en julio, en el interior peninsular, eso significa regar por la mañana y volver a regar por la tarde. Con 30-35 cm de diámetro se pasa a doce o quince litros y basta un riego diario. Si no puedes regar todos los días, la solución no es una planta más resistente en una maceta pequeña, sino una maceta mayor, con depósito o con autorriego por goteo con programador.

Sobre el sustrato: las mezclas de turba rubia pura se secan hasta hacerse hidrófobas y, cuando eso pasa, el agua corre por el borde y sale por abajo sin mojar el cepellón. Una mezcla con 20-30 % de fibra de coco y un puñado de perlita se rehidrata mucho mejor. Si el cepellón ya se ha secado del todo, sumergir la maceta entera en un barreño diez minutos es lo único que lo recupera.

Y el anclaje. Un gancho a taco de plástico en un ladrillo hueco no sostiene diez kilos oscilando con viento. Taco químico o pasante, y en las barandillas, soportes por el interior del balcón o con doble sujeción. Bastantes ordenanzas municipales prohíben expresamente colocar macetas en el exterior de barandillas sin sujeción firme, y el goteo del riego sobre la vía pública o el vecino de abajo es motivo habitual de denuncia. Riega con un plato bajo o hazlo con menos volumen y más frecuencia.

Petunias colgantes, surfinias y calibrachoas

La etiqueta que verás en el vivero dice «Surfinia», y conviene saber qué estás comprando: es una marca comercial registrada de petunias colgantes de propagación vegetativa, no una especie botánica. La planta es Petunia × hybrida, igual que las petunias de semilla, pero las series de esqueje ramifican más, cuelgan un metro y no se desgarban a mitad de verano. Otras marcas equivalentes son Tumbelina, Cascadias o Supertunia; todas se manejan igual.

La Calibrachoa × hybrida es un género distinto, emparentado, de flor mucho más pequeña —dos o tres centímetros— y floración más densa y continua. Aguanta mejor la lluvia que la petunia, cuyas flores grandes se apelmazan y se pudren después de una tormenta.

Calibrachoa en maceta colgante

Ambas comparten un problema muy concreto en España: necesitan un sustrato ácido, entre pH 5,5 y 6,2, y el agua del grifo de medio país va con bicarbonatos y pH de 7,5-8. En pocas semanas el sustrato se alcaliniza, el hierro deja de estar disponible y las hojas nuevas salen amarillas con los nervios verdes. Eso es clorosis férrica, no falta de riego, y regar más la empeora. Se corrige con un abono de reacción ácida para plantas acidófilas y un aporte de quelato de hierro EDDHA —el único que sigue funcionando con pH alto— cada tres o cuatro semanas. Si recoges agua de lluvia, úsala para estas dos.

Sol directo, mínimo seis horas. Abonado líquido semanal a la dosis de la etiqueta desde abril hasta septiembre: son plantas que florecen sin parar y agotan el sustrato en un mes. Y un recorte a la mitad a finales de julio, cuando los tallos empiecen a quedarse pelados por la base, devuelve una segunda floración limpia en tres semanas.

Geranio de hiedra: el más agradecido y el más vigilado

Pelargonium peltatum es la colgante clásica de los balcones mediterráneos y sigue siendo la que mejor relación da entre esfuerzo y resultado: soporta el calor, tolera quedarse seca un día, florece de marzo a noviembre en el litoral y se multiplica por esqueje con una facilidad ridícula. Sus hojas carnosas y de tacto acartonado son la pista: acumula agua, y por eso el riego excesivo la mata antes que la sequía. El síntoma del exceso es el edema, unas costras corchosas en el envés de las hojas que no se curan.

Pelargonium peltatum, geranio de hiedra, en flor

El asunto serio es Cacyreus marshalli, el taladro o barrenador del geranio, una mariposa sudafricana instalada en España desde principios de los noventa y presente hoy en toda la península. La hembra pone en los capullos, la oruga entra en el tallo y lo vacía por dentro: la planta se ve bien hasta que una rama entera se dobla de golpe y aparece hueca, con serrín. Cuando el daño se ve, la oruga ya lleva semanas dentro.

Lo que funciona es mirar. Revisa los capullos y los tallos cada semana entre abril y octubre, corta y tira a la basura —no al compost— cualquier tallo con orificio, y trata con Bacillus thuringiensis var. kurstaki cuando veas volar mariposas pequeñas marrones alrededor de los geranios, que es cuando las orugas recién nacidas aún están fuera del tallo. Una vez dentro, ningún producto de uso doméstico las alcanza.

Fucsias: una planta de clima atlántico

La Fuchsia florece de maravilla entre 15 y 24 °C. Por encima de 28-30 °C aborta los capullos, se le caen sin abrir y la planta se queda parada hasta septiembre. Eso la convierte en una colgante excelente en Galicia, la cornisa cantábrica, el norte de Cataluña o zonas de montaña, y en una compra frustrante en Madrid, Zaragoza o el valle del Guadalquivir salvo que tengas un patio sombrío, fresco y con humedad.

Si tu clima acompaña, elige variedades de porte péndulo ('Dark Eyes', 'Swingtime', 'Marinka') y colócala a media sombra, con sol de mañana como mucho. Fuchsia magellanica es la más rústica: aguanta heladas de varios grados bajo cero, rebrota de cepa y en el norte se comporta como arbusto perenne. Sus frutos, por cierto, son comestibles, aunque sosos.

Alegría de la casa y lobelia, dos anuales de sombra fresca

Impatiens walleriana es la mejor planta de flor para una sombra luminosa: florece sin sol directo, cuelga bien desde una cesta y no pide más que humedad constante. Tiene un problema añadido desde hace algo más de una década: el mildiu de la impatiens (Plasmopara obducens), que apareció con fuerza en Europa hacia 2011 y arrasó plantaciones enteras. Empieza con un polvillo blanco en el envés y en pocos días la planta suelta todas las hojas y quedan los tallos desnudos.

Hay dos salidas prácticas. Una, comprar series resistentes: Beacon e Imara XDR se seleccionaron precisamente contra ese hongo y se venden ya en viveros españoles. Otra, cambiar de especie: Impatiens hawkeri, la alegría de Nueva Guinea, no es sensible a ese mildiu y además tolera algo de sol directo, aunque pide más agua. Si una temporada se te fue por mildiu, no reutilices el sustrato: las esporas invernan en él.

Lobelia erinus hace ese azul intenso que ninguna otra colgante iguala, en cascadas finas de 25-30 cm. Es sudafricana pero de clima fresco: por encima de 27-28 °C sostenidos se para, se afea y muere. En el litoral norte y en climas de montaña dura toda la temporada; en el resto de España conviene plantarla en marzo, disfrutarla hasta junio, recortarla a la mitad y aceptar que julio y agosto los pasa mal, o directamente tratarla como planta de primavera y otoño y sustituirla en verano.

Campánulas para muros y barandillas

Dentro del género Campanula hay especies erguidas de jardín, como C. persicifolia, y otras que caen. Para colgar interesan dos. Campanula isophylla, la llamada estrella de Italia o novia, forma una mata compacta que se desborda por el borde de la maceta y se cubre de estrellas azules o blancas en verano; quiere media sombra fresca, riego regular y protección del sol de tarde, y suele comportarse como planta de dos o tres temporadas antes de agotarse.

Campanula poscharskyana es mucho más dura: rústica, resiste heladas fuertes, se conforma con poco sustrato y cae por muros y jardineras durante años. Si buscas algo permanente en un antepecho y no una temporada de color, esta es la elección sensata. Su vigor tiene contrapartida: en un macetero compartido acaba desplazando a las vecinas, así que ponla sola.

Hoya carnosa, la colgante de interior

Hoya carnosa es una trepadora asiática de hoja gruesa y cerosa que en interior se cultiva colgada, con los tallos cayendo un metro o más. Sus umbelas de flores estrelladas, aterciopeladas y con perfume nocturno intenso segregan un néctar pegajoso que gotea: no la cuelgues sobre un sofá ni sobre parqué sin protección.

Aquí hay un detalle que arruina la floración de muchas hoyas domésticas: los pedúnculos florales son perennes y vuelven a florecer año tras año sobre el mismo punto. Si al caer las flores cortas ese pedúnculo seco como quien limpia una planta, eliminas el órgano que iba a dar la floración siguiente y la planta tarda temporadas en rehacerlo. Se retiran las flores marchitas y se deja el rabito.

Lo demás es sencillo: luz muy clara sin sol directo de mediodía, sustrato drenante tipo mezcla de orquídea con corteza, riego cuando el sustrato esté seco —tolera mucho mejor la sequía que el encharcamiento—, y maceta pequeña, porque florece mejor apretada. Necesita cierta madurez, así que un esqueje de un año rara vez florece. En invierno, un periodo fresco de 14-16 °C con riego escaso favorece que saque flor en primavera. Su látex blanco irrita piel y mucosas; lávate las manos después de podarla.

Vinca minor y la confusión de nombres

Vinca minor es una tapizante perenne de hoja lustrosa y flores azul violáceo en primavera. No cuelga en cascada como una petunia: emite tallos rastreros de 40-60 cm que se dejan caer por el borde y enraízan donde tocan tierra. Aguanta sombra profunda, sequía moderada y heladas, y es la solución para esa jardinera del patio interior donde no prospera nada.

Dos advertencias. La primera, botánica: Vinca major, de hoja y flor mayores, es bastante más agresiva y en España se ha naturalizado en riberas y sotos desplazando vegetación autóctona; en jardinera no pasa nada, pero no la tires al campo ni la eches al compost que vayas a usar fuera. Y la vinca de Madagascar que se vende para pleno sol es Catharanthus roseus, otro género distinto, anual en casi toda la península. La segunda, sanitaria: toda la planta de Vinca contiene alcaloides indólicos y no es comestible ni para personas ni para mascotas.

Si el balcón es sur y no puedes regar a diario

Las nueve especies clásicas cubren buena parte de las situaciones, pero un balcón a mediodía en Murcia o Córdoba, con riego cada dos o tres días, pide otro material. Estas resuelven ese escenario:

Lantana montevidensis, la lantana rastrera, florece de abril a noviembre con calor extremo y riego escaso, y es una fábrica de mariposas. Sus frutos verdes son tóxicos por ingestión, cosa a tener en cuenta con niños pequeños. Portulaca grandiflora y Portulaca umbraticola son suculentas anuales que abren con el sol y toleran secarse. Scaevola aemula, la flor de abanico australiana, cuelga 50 cm y no se para en agosto. Bidens ferulifolia aporta amarillo continuo y es de las más resistentes al calor seco. Lampranthus y Delosperma hacen cascadas suculentas espectaculares en primavera con riego casi nulo. Y Dichondra argentea 'Silver Falls' no da flor pero cuelga hilos plateados de metro y medio que acompañan bien a cualquiera de las anteriores.

Riego, abonado y calendario

Riego. Se riega por peso y por tacto, no por calendario. Levanta la maceta: si pesa poco, riega hasta que salga agua por los agujeros y espera a que vuelva a aligerarse. En cestas de fibra de coco la evaporación lateral es enorme y en verano necesitan riego diario sí o sí. Riega por la mañana temprano; el riego de mediodía en pleno sol no quema la hoja, pero se pierde media dosis en evaporación.

Abonado. Las colgantes de flor son plantas forzadas en poco sustrato: consumen mucho. Abono líquido para plantas de flor cada siete días entre abril y septiembre, o abono de liberación lenta (3-4 meses) mezclado en el sustrato al plantar y un refuerzo líquido a partir de julio. Si las hojas nuevas amarillean con nervios verdes, es hierro; si amarillean las viejas empezando por abajo, es nitrógeno.

Calendario peninsular. Las anuales de temporada se plantan cuando ha pasado el riesgo de helada: mediados de marzo en el litoral mediterráneo y sur, mediados o finales de abril en la meseta y el interior norte. Se pinzan los brotes al plantar para forzar ramificación. Se recortan a la mitad a finales de julio para renovar. Y se retiran con las primeras heladas, salvo geranio de hiedra y fucsia, que en zonas suaves se conservan de un año a otro resguardándolos de la escarcha y podándolos a un tercio en febrero.

En resumen

Elige primero el sitio y luego la planta. A pleno sol y con riego diario: petunia colgante o surfinia, calibrachoa y geranio de hiedra. A pleno sol y con riego irregular: lantana rastrera, portulaca, escévola o delosperma. En sombra fresca: impatiens —de serie resistente al mildiu— y lobelia, y fucsia solo si vives en clima atlántico o de montaña. Para algo permanente en un muro: Campanula poscharskyana o Vinca minor. Y en interior, Hoya carnosa, sin cortarle nunca los pedúnculos florales.

Los tres factores que más resultado dan no son la especie: maceta de al menos 30 cm, anclaje capaz de sostener diez kilos y corrección del hierro si tu agua es dura. Con eso resuelto, casi cualquiera de estas plantas cumple.


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