Hay dos maneras de elegir flores para el jardín: por la foto del catálogo o por lo que la planta pide. La primera se paga en julio, cuando la mitad de lo plantado en abril está tostado y la otra mitad ha florecido dos semanas y se ha quedado en un montón de tallos secos.

Una flor bonita en el jardín no es la que sale mejor en la fotografía, sino la que sostiene la escena durante semanas y encaja con el suelo y el clima que tienes. Esta selección va por ahí: especies vistosas de verdad, con lo que cada una exige y con las épocas concretas de siembra o plantación para el clima peninsular, que es donde se decide casi todo.

Macizo de flores de colores en un jardín

Aciano: azul puro y siembra de otoño

El aciano (Centaurea cyanus) da uno de los azules más limpios que se pueden conseguir en un jardín, y lo da gratis: es una anual de siembra directa que germina sin ningún cuidado especial y que se resiembra sola año tras año. Alcanza entre 60 y 90 cm y se combina de maravilla con amapolas, con gramíneas y con cualquier cosa amarilla.

La clave está en la fecha. En clima peninsular medio, el aciano se siembra en otoño, de octubre a noviembre, directamente en su sitio y a voleo. Pasa el invierno como una roseta pequeña y arranca en marzo con raíz hecha, lo que le permite florecer de abril a junio con tallos altos y firmes. Sembrado en marzo, como se hace por costumbre, la planta sale escasa, florece tarde, coincide con los primeros calores y se seca antes de dar nada. Solo en zonas de invierno muy duro —páramos de Castilla y León, Pirineo— conviene retrasar la siembra a febrero o marzo.

Un detalle que corrige más de un fracaso: el aciano quiere suelo pobre y bien drenado. Con abundante materia orgánica o abono nitrogenado crece frondoso, blando y se tumba con la primera tormenta. No lo abones. Y córtale las flores pasadas si quieres alargar la floración, aunque merece la pena dejar algunas cabezuelas para que suelten semilla.

Alhelí: la planta del perfume nocturno

Dos especies bastante distintas se llaman alhelí en España, y el cultivo cambia según cuál tengas delante.

El alhelí de invierno o alhelí blanco (Matthiola incana) es bienal, de flores dobles en espiga blanca, malva, rosa o granate, y con un perfume que se dispara al atardecer. Se siembra a finales de verano —agosto y septiembre— en semillero, se trasplanta en octubre y florece de febrero a mayo. Plántalo cerca de una puerta, de una ventana o del banco donde te sientas: su gracia es el olor, y desperdiciarlo al fondo del jardín es tirar la planta.

El alhelí amarillo (Erysimum cheiri) es el que se ve colgando de muros viejos y tapias de piedra por media España. Es perenne de vida corta, aguanta la sequía, el sol duro y los suelos calizos con una facilidad que ninguna otra flor de esa vistosidad tiene, y florece de febrero a mayo con un aroma a miel.

Los dos son crucíferas, de la familia de las coles, y ahí está el problema que casi nadie anticipa: son sensibles a la hernia de la col (Plasmodiophora brassicae) y a la altisa. No los plantes en el mismo bancal donde el año anterior hubo coles, rábanos o rúcula, ni repitas alhelíes en el mismo sitio muchos años seguidos. Y odian el encharcamiento: en suelo pesado y húmedo en invierno se pudren por el cuello.

Ajo ornamental gigante: estructura en mayo

Allium giganteum resuelve un problema de diseño que otras flores no resuelven: da altura y forma geométrica —esferas violetas de 10 a 15 cm sobre tallos de metro y medio— en un momento, mayo y junio, en el que los macizos suelen ser una masa informe. Y encima es un bulbo perfectamente adaptado al clima español, porque su ciclo natural incluye un verano seco en reposo.

Se plantan los bulbos en octubre y noviembre, a 15-20 cm de profundidad y separados unos 25 cm, en suelo con buen drenaje y a pleno sol. Enterrarlos poco es lo que hace que los tallos se venzan con el viento; esa profundidad no es un capricho.

Ahora, la parte que nadie cuenta en el garden center: las hojas basales amarillean y se secan justo cuando la planta está floreciendo. No es una enfermedad ni un error de riego, es lo normal en el género. Si plantas los alliums solos, en mayo tendrás unas bolas preciosas sobre un fajo de hojas mustias. La solución es plantarlos detrás o entremedias de vivaces que en esa fecha ya tengan volumen —nepetas, salvias, geranios vivaces, santolina— para que tapen el follaje. Las flores secas, además, aguantan de pie hasta agosto y siguen siendo decorativas. No los riegues en verano: en reposo, el agua los pudre.

Inflorescencias esféricas de Allium giganteum

Alstroemeria: la vivaz que más semanas de flor da

Si hay que quedarse con una sola vivaz por rentabilidad floral, la alstroemeria es candidata seria. Los híbridos modernos de Alstroemeria florecen desde mayo hasta las primeras heladas —cinco o seis meses seguidos en un clima suave— con flores moteadas en naranja, rosa, rojo, amarillo o blanco, y además son excelentes para cortar: en jarrón duran dos semanas largas.

Se plantan a partir de rizomas tuberosos en primavera o en otoño. Detalle importante para el interior peninsular: entierra el rizoma a 15-20 cm, más hondo de lo que parecería lógico. A esa profundidad el frío no lo alcanza y la planta rebrota tras inviernos de -6 o -8 °C; plantada superficialmente, se pierde. En zonas frías, además, acolcha con paja o corteza en noviembre.

Dos particularidades muy prácticas. La primera: los tallos no se cortan, se arrancan. Se agarra el tallo por la base y se tira con un movimiento firme hacia arriba hasta que sale del rizoma. Suena brusco, pero es lo que estimula la emisión de nuevos brotes; cortando con tijera la planta se aletarga y florece bastante menos. La segunda: la savia contiene tulipalina A y puede provocar dermatitis de contacto en quien la manipula a diario, algo bien documentado entre floristas. Con guantes finos y lavarse las manos después, no hay problema.

Un aviso de vigor: algunas variedades y la especie Alstroemeria aurea corren mucho por medio de sus rizomas y pueden colonizar un arriate entero. En jardín pequeño, plántala con una barrera enterrada o en maceta grande.

Ave del paraíso: espectacular donde el clima acompaña

Strelitzia reginae es probablemente la flor más llamativa que se puede tener en un jardín español, con esa inflorescencia naranja y azul que imita la cabeza de un ave. Pero tiene una frontera climática clara y conviene decirla antes de que nadie gaste el dinero: tolera heladas de -2 o -3 °C puntuales y poco más. En la costa mediterránea, en el suroeste andaluz y en Canarias vive fuera sin problema y florece de otoño a primavera. En Madrid, Burgos o Zaragoza es planta de maceta que hay que resguardar en invierno.

Lo que más frustra a quien la compra es la espera. Una estrelitzia de semilla tarda de cuatro a seis años en florecer, y una división al menos dos o tres. No hay forma de acelerarlo con abono. Un segundo motivo de no floración es el trasplante continuo: la estrelitzia florece cuando sus raíces están apretadas, así que una planta que se cambia a maceta más grande cada año echa hoja magnífica y ninguna flor. Déjala incómoda.

Quiere sol o sombra ligera, riego regular en primavera y verano, y abonado rico en potasio desde marzo. Las hojas se rasgan por el viento; eso es normal en el género y no indica enfermedad.

Brezo: precioso si el suelo lo permite, y muchas veces no lo permite

Cada otoño se llenan los expositores de macetitas de brezo cubiertas de flor, y cada primavera acaban en la basura. La etiqueta suele poner solo «brezo», pero lo que hay dentro casi siempre es Calluna vulgaris, una planta acidófila estricta que necesita un suelo de pH entre 4,5 y 5,5. Plantada en el suelo calizo de buena parte de la Península, o regada con el agua dura del grifo, amarillea en pocos meses y muere de clorosis. No la has cuidado mal: le has dado un suelo en el que no puede absorber hierro.

Las salidas son tres. Cultivarla en maceta con sustrato para acidófilas y regarla con agua de lluvia o con agua acidificada. Plantar especies que sí toleran algo de cal, como Erica carnea y sus híbridos Erica × darleyensis, que además florecen en pleno invierno y son mucho más indulgentes. O elegir directamente los brezos mediterráneos que crecen de forma silvestre en España: Erica multiflora, de floración otoñal, y Erica arborea, el brezo blanco arbóreo, que vive sin dificultad en suelos neutros y soporta la sequía estival.

La poda tiene su regla: se recorta ligeramente justo después de la floración y nunca por debajo de la parte verde. Sobre madera vieja y desnuda, la Calluna no rebrota y se queda con un hueco permanente.

Celosía: color de verano que no admite prisas

Celosia argentea aporta un color saturado —rojo fuego, naranja, fucsia, amarillo— que pocas anuales igualan, en dos formas muy distintas: la variedad plumosa, con plumeros verticales, y la cristata, la cresta de gallo, con esa inflorescencia aterciopelada y ondulada que parece coral. Las dos secan bien y mantienen el color en ramos secos durante meses.

Es planta tropical y esa es toda su historia de cultivo: no tolera el frío en absoluto. Se siembra en semillero protegido en marzo o abril, con el sustrato a 20-25 °C para que germine, y no se planta fuera hasta mediados de mayo, cuando la tierra está caliente y ha pasado el riesgo de heladas tardías. Aquí se pierde una celosía tras otra: sacarla al jardín en abril tras un par de días buenos la deja parada, y una celosía que se enfría de joven no se recupera —florece pequeña, prematura y raquítica el resto de su vida—. Mejor plantar tarde que pronto.

Sol pleno, suelo con buen drenaje, riego moderado y constante sin mojar la inflorescencia, que se mancha y se pudre. En riego por aspersión sufre. Con calor y sol florece de junio a octubre sin parar.

Cómo combinarlas para que el jardín funcione todo el año

Las siete anteriores no ocupan el mismo hueco ni en el calendario ni en el espacio, y esa es precisamente la manera de usarlas. Un reparto realista para un jardín de clima mediterráneo:

Invierno y principio de primavera: Erica × darleyensis y alhelíes, que cubren enero a abril, la época más pobre.
Primavera: aciano y alhelí en plena forma de abril a junio, con los alliums levantándose por encima en mayo.
Verano y otoño: alstroemerias y celosías, que aguantan de junio a octubre; el ave del paraíso, donde el clima lo permita, se solapa con el final del otoño.

Tres criterios de composición que dan más resultado que añadir especies. Planta en grupos impares de tres, cinco o siete pies de la misma variedad: un ejemplar suelto de cada cosa produce ruido visual, no un macizo. Combina formas, no solo colores —una esfera de allium, una espiga de alhelí, una masa plana de brezo—, porque el contraste de siluetas es lo que hace que un arriate se lea bien desde lejos. Y repite una misma planta a lo largo del recorrido en vez de amontonar variedades distintas: la repetición es lo que da sensación de jardín diseñado en lugar de colección.

Los tres fallos que más floraciones arruinan

Plantar en el mes equivocado. Los disgustos de esta lista vienen de fechas, no de cuidados: aciano sembrado en primavera en vez de en otoño, alliums plantados en enero cuando su ventana es octubre, celosías sacadas al jardín antes de que la tierra se caliente. Una planta puesta en su fecha se cuida prácticamente sola.

Ignorar el pH y el agua de riego. No es solo cosa del brezo: hortensias, azaleas, camelias y arándanos comparten el mismo obstáculo. Antes de comprar acidófilas, mide el pH de tu suelo con un kit de 10 euros y mira la dureza del agua de tu municipio. Si la respuesta es «calizo y agua dura», el brezo es una planta de maceta y ahí termina la discusión.

Abonar de más. El aciano se tumba con nitrógeno, la estrelitzia hace hoja y no flor con exceso de nitrógeno, los alliums se pudren si el suelo va cargado de agua y materia orgánica. Muchas de las flores más vistosas del jardín mediterráneo vienen de terrenos pobres, y ese es exactamente su punto fuerte: hay que resistir el impulso de mejorarles la vida.

En resumen

El aciano y el alhelí son las dos anuales más rentables y ambas se siembran en otoño, no en primavera. El Allium giganteum se planta en octubre a 15-20 cm de hondo y hay que taparle las hojas secas con vivaces por delante. La alstroemeria es la que más semanas de flor da, siempre que el rizoma vaya hondo y los tallos se arranquen en lugar de cortarse. El ave del paraíso solo vive fuera en la costa y tarda años en florecer, así que hay que comprarla sabiéndolo. El brezo de supermercado es Calluna vulgaris y en suelo calizo no tiene ningún futuro: en su lugar, Erica carnea, Erica multiflora o maceta con sustrato ácido. Y la celosía no sale al jardín hasta mediados de mayo, porque el frío de abril la marca para siempre. Acertar el mes y el suelo resuelve más que cualquier abono.


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