Las violas son plantas pequeñas, humildes y de floración larga que llenan los balcones españoles justo cuando ya no queda casi nada más floreciendo. Son también uno de los géneros con más historia cultural de la jardinería europea, con un simbolismo que va de la modestia monástica a la propaganda bonapartista, y con un par de rarezas biológicas —flores que no llegan a abrirse, semillas que reparten las hormigas, un perfume que desaparece mientras lo hueles— que las hacen mucho más interesantes de lo que su tamaño sugiere.
Qué es una viola y en qué se diferencia de un pensamiento
El género Viola, de la familia de las violáceas, comprende entre quinientas y seiscientas especies repartidas por casi todo el mundo, con especial concentración en zonas templadas del hemisferio norte y en los Andes. En jardinería española manejamos sobre todo cuatro:
Viola tricolor, el pensamiento silvestre o trinitaria. Especie europea, con flores pequeñas de 1,5 a 3 cm, típicamente combinando violeta, blanco y amarillo en la misma corola. Es la especie ancestral de la que deriva el pensamiento de jardín, y la que se usa en herboristería.
Viola × wittrockiana, el pensamiento de jardín. Un híbrido complejo obtenido en el siglo XIX a partir de V. tricolor, V. lutea y V. altaica. Flores grandes, de 5 a 10 cm, con las manchas oscuras centrales que le dan ese aire de cara.
Viola cornuta, la violeta de cuernos, originaria de los Pirineos. Flores más pequeñas pero muchísimas más por planta, y con un espolón largo y evidente. Es lo que los viveros venden estrictamente como "viola".
Viola odorata, la violeta de olor. Perenne rizomatosa de flor pequeña y perfume intenso, la de la perfumería y la confitería.
La distinción práctica entre "viola" y "pensamiento" en el comercio es de tamaño de flor y de cantidad: el pensamiento da flores grandes y pocas; la viola da flores pequeñas y muchísimas. Y hay un criterio que rara vez se menciona en la etiqueta y que sí importa aquí: la viola de flor pequeña aguanta mejor el calor y la lluvia fuerte. Las flores grandes del pensamiento se estropean con un chaparrón y la planta se rinde antes con las primeras semanas cálidas de mayo. En el clima peninsular, si quieres floración lo más larga posible, elige viola de flor pequeña.
Cómo es la flor por dentro
La flor de viola tiene una estructura muy característica y perfectamente diseñada para un polinizador concreto. Es zigomorfa, es decir, tiene un solo plano de simetría, como la cara de un animal, a diferencia de la simetría radial de una margarita.
Consta de cinco pétalos desiguales: dos superiores, dos laterales que suelen llevar pelos en la garganta, y uno inferior más ancho que actúa de plataforma de aterrizaje y se prolonga hacia atrás en un espolón donde se acumula el néctar. Solo un insecto con la lengua suficientemente larga —típicamente un abejorro— puede alcanzarlo, y al hacerlo se ve obligado a rozar las anteras.
Las líneas oscuras que irradian desde el centro no son un adorno: son guías de néctar. Muchas de ellas reflejan en el ultravioleta, una parte del espectro que los himenópteros ven y nosotros no, de modo que para un abejorro la flor tiene un patrón de señalización mucho más marcado del que nosotros percibimos.
Dos rarezas: flores que no se abren y semillas que caminan
Muchas violas, y Viola odorata de forma muy clara, producen dos tipos de flor a lo largo del año. En primavera aparecen las flores vistosas y perfumadas que conocemos, destinadas a la polinización cruzada. Después, ya avanzada la estación, la planta produce flores cleistógamas: pequeñas, verdosas, escondidas bajo las hojas y que nunca llegan a abrirse. Se autopolinizan dentro del capullo cerrado y producen semilla viable sin gastar un céntimo en pétalos, aroma ni néctar.
Es una estrategia de doble seguro: variabilidad genética cuando hay polinizadores, y reproducción garantizada y barata cuando no los hay. Y explica por qué en un jardín aparecen violetas espontáneas en rincones donde nunca has visto florecer nada.
La dispersión de la semilla es igual de curiosa y usa dos mecanismos combinados. Primero la balocoria: la cápsula madura se abre en tres valvas que, al secarse, se contraen y disparan las semillas a cierta distancia, a veces varios metros. Después la mirmecocoria: cada semilla lleva un apéndice carnoso y graso llamado elaiosoma, que las hormigas encuentran apetecible. Se llevan la semilla al hormiguero, consumen el elaiosoma y descartan la semilla intacta en un basurero subterráneo rico en nutrientes. Un servicio de transporte y siembra a cambio de un aperitivo.
El perfume que se apaga
Si alguna vez has olido violetas y has tenido la sensación de que el aroma desaparece a los pocos segundos y luego reaparece, no es sugestión.
El perfume de Viola odorata se debe fundamentalmente a las iononas, en particular la β-ionona. Estos compuestos tienen la propiedad de desensibilizar temporalmente los receptores olfativos que los detectan: tras unos segundos de exposición, el receptor deja de responder y el olor se percibe como desvanecido, para volver a captarse cuando los receptores se recuperan. Es un caso clásico de adaptación sensorial, y es la razón por la que a la violeta se la ha llamado a veces "la flor que se esconde del olfato".
¿Tiene algún uso más allá del ornamental?
Sí, varios, aunque conviene poner límites claros.
Como flor comestible, la viola es una de las mejores. Los pétalos son tiernos, de sabor suave y ligeramente vegetal, y aguantan bien en ensaladas, sobre postres, en cubitos de hielo o cristalizados con clara de huevo y azúcar. Las célebres violetas de Madrid, esos caramelos con forma de flor, son un producto de confitería tradicional aromatizado precisamente con esencia de violeta.
Aquí la advertencia importante y que casi nadie da: no comas las flores de una planta comprada en un vivero o en una gran superficie. Las plantas de flor de temporada se producen con tratamientos fitosanitarios y reguladores de crecimiento que no están autorizados para uso alimentario, y sus residuos permanecen en el tejido durante semanas. Si quieres consumirlas, cultívalas tú desde semilla o compra material específicamente etiquetado como comestible.
En uso tradicional herbolario, Viola tricolor aparece en la farmacopea europea con la parte aérea florida como droga. Contiene mucílagos, flavonoides, saponinas y derivados salicílicos, y su empleo tradicional se ha centrado en afecciones cutáneas y como expectorante suave. Viola odorata se ha usado como jarabe pectoral. Son usos tradicionales, no tratamientos: cualquier problema de salud requiere criterio médico, y las saponinas en dosis altas irritan el tubo digestivo.
En perfumería, la nota de violeta que se usa hoy procede casi siempre de iononas de síntesis o del absoluto de hoja de violeta, verde y terroso, porque extraer aroma de las flores es carísimo y da rendimientos ínfimos.
Y un uso jardinero que se aprovecha poco: como cubresuelos bajo arbustos caducifolios. Viola odorata y V. riviniana forman alfombras densas que florecen en febrero y marzo, cuando los arbustos aún no tienen hoja, y se retiran discretamente el resto del año.
Cultivo en España: es una planta de invierno
Este es el punto donde más gente se equivoca. Las violas se venden en primavera junto a las plantas de temporada estival, y se compran pensando que van a durar el verano. No lo harán. En el clima peninsular, la viola es una planta de otoño, invierno y comienzo de primavera, y muere o se degrada en cuanto llegan los primeros calores serios de mayo o junio.
Su calendario correcto:
Siembra en agosto y septiembre. La semilla germina bien entre 15 y 18 ºC y, un dato clave, por encima de 22-24 ºC entra en termoinhibición y no germina. Si siembras en pleno agosto en la meseta, hazlo en un lugar fresco y sombreado, o pon la bandeja unos días en la parte baja de la nevera antes de sacarla. Cubre la semilla ligeramente, porque prefiere oscuridad para germinar.
Plantación de octubre a noviembre. Es cuando se encuentran en vivero y cuando mejor arraigan, con el suelo todavía templado y las lluvias empezando.
Floración de noviembre a mayo, con un parón en las semanas más frías del interior y un pico espectacular en marzo y abril. En el litoral mediterráneo y el sur florecen prácticamente sin interrupción todo el invierno.
Retirada en mayo o junio, cuando se ahílan, dejan de florecer y se llenan de araña roja y oídio. Puedes dejar algunas para que suelten semilla y resiembren solas en otoño.
Condiciones: sol directo en invierno —cuanto más, mejor— y semisombra a partir de abril para alargar la temporada. Suelo fresco, con materia orgánica, drenante y ligeramente ácido a neutro. Riego regular sin encharcar: son plantas de raíz superficial que se marchitan rápido si se secan del todo, pero que se pudren por el cuello con exceso de agua. Riega al pie, nunca sobre la flor.
Abono líquido para plantas de flor cada dos semanas durante la floración, a dosis moderada; el exceso de nitrógeno da hojarasca y poca flor.
Retirada de flores marchitas: es la operación que más rendimiento da. Cada flor que forma cápsula frena la producción de flores nuevas. Pellizca el pedúnculo completo, no solo la corola.
Plagas: pulgón en primavera, araña roja en cuanto sube la temperatura, babosas y caracoles en otoño húmedo, y oídio y mildiu en plantaciones muy densas o mal aireadas. También son sensibles a la podredumbre por Pythium en macetas con drenaje deficiente.
El significado de la viola
El simbolismo se reparte entre dos líneas que conviene distinguir.
La violeta (Viola odorata) es desde la Antigüedad el emblema de la modestia y la humildad, por su costumbre de florecer escondida y perfumar sin dejarse ver. La expresión "ser una violeta" recoge esa idea. En la Grecia clásica era la flor de Atenas y se asociaba a Ío y a Perséfone; en la iconografía cristiana medieval, a la humildad de la Virgen.
Tiene además un capítulo político concreto: Napoleón fue apodado Caporal Violette tras su destierro a Elba, porque sus partidarios decían que volvería "cuando florecieran las violetas". Llevar una violeta en la solapa se convirtió en una señal bonapartista clandestina en la Francia de la Restauración. Más tarde, a comienzos del siglo XX, la violeta fue también emblema del sufragismo y del movimiento obrero en varios países europeos.
El pensamiento (Viola tricolor y sus híbridos) tiene otro significado, y viene directamente de su nombre. En francés, pensée significa pensamiento, y de ahí procede tanto el nombre castellano como el inglés pansy. Simboliza el recuerdo, el pensar en alguien ausente. Es la flor que Ofelia reparte en Hamlet diciendo "y estos son pensamientos, para que pienses". Regalar pensamientos equivale a decir "te tengo presente".
Su otro nombre popular, trinitaria, procede de los tres colores de la flor, leídos en la tradición cristiana como alusión a la Trinidad. En el folclore inglés se conoció también como heartsease, alivio del corazón, por su uso tradicional contra el mal de amores, y aparece en El sueño de una noche de verano como la flor cuyo jugo provoca el enamoramiento.
Por colores, la lectura habitual es: violeta y morado para el recuerdo y la fidelidad; blanco para la inocencia y la sinceridad; amarillo para la alegría y el afecto sencillo; y azul intenso para la lealtad. Son atribuciones modernas y flexibles, mucho menos asentadas que las de la violeta clásica.
En resumen
La flor de viola es zigomorfa, con cinco pétalos desiguales, espolón nectarífero y guías de néctar que brillan en ultravioleta para los abejorros. Muchas especies producen además flores cleistógamas que se autopolinizan sin abrirse, y sus semillas viajan disparadas por la cápsula y transportadas por hormigas gracias al elaiosoma. Es comestible y útil en herboristería, siempre que no proceda de planta tratada de vivero. En España se cultiva como planta de otoño e invierno, no de verano: se siembra en agosto-septiembre con temperaturas por debajo de 22 ºC, se planta en octubre-noviembre y florece hasta mayo. Y simbólicamente, la violeta representa la humildad y el pensamiento representa el recuerdo de alguien ausente.