No queda ni un solo ejemplar silvestre de Cosmos atrosanguineus. La especie se considera extinta en su hábitat original de las tierras altas de México, y todas las plantas que hoy se cultivan en Europa descienden por multiplicación vegetativa de un puñado de introducciones antiguas. Cada mata que compras en un vivero español es, literalmente, un clon de aquellas. Ese dato explica muchas de las particularidades de la planta, empezando por una que desarma a bastante gente: no da semilla viable.

La flor de chocolate es una compuesta perenne de raíz tuberosa, pariente cercana de los cosmos anuales de jardín y prima lejana de la dalia. Su rasgo célebre es el olor: en las horas cálidas de la tarde, las flores despiden un aroma que recuerda al cacao con vainilla, tan reconocible que es la razón principal por la que se cultiva.

Flores rojo oscuro de Cosmos atrosanguineus conocidas como flor de chocolate

Cómo es la planta

Forma una mata baja y abierta de 40 a 60 cm de altura y una anchura similar, con tallos finos y algo laxos que tienden a inclinarse. Las hojas son pinnadas, de un verde oscuro mate, más carnosas y menos plumosas que las de Cosmos bipinnatus.

Las flores son capítulos solitarios de 3 a 4 cm de diámetro, con seis u ocho lígulas de un rojo granate tan oscuro que a contraluz parece negro aterciopelado, y un disco central del mismo tono. Se abren de julio a las primeras heladas, y en la costa mediterránea o atlántica templada pueden alargarse hasta noviembre. Cada flor dura varios días y la planta va emitiendo tandas sucesivas si se la mantiene alimentada y sin frutos.

Bajo tierra hay un tubérculo carnoso, alargado y agrupado en un manojo, muy parecido al de una dalia pequeña. De ahí sale todo cada primavera, y ahí está también el punto débil de la planta en invierno.

El aroma: cuándo huele y a qué

El olor no está siempre presente, y esto decepciona a quien compra la planta en flor en un vivero fresco por la mañana y no huele nada. La emisión de compuestos volátiles depende de la temperatura y del momento del día: el aroma se percibe sobre todo por la tarde, con la flor caliente por el sol, y se desvanece en horas frescas o en días nublados.

El componente que reconoce la nariz es la vainillina y compuestos emparentados, los mismos que aparecen en el chocolate procesado. Por eso el cerebro traduce el olor como cacao aunque la planta no tenga ningún parentesco con Theobroma cacao.

Para aprovecharlo hay que plantarla donde uno pase: al borde de un camino, junto a un banco, en un macetero a la altura de la barandilla de la terraza. Metida en el fondo de un arriate se pierde por completo, porque el aroma no viaja lejos.

Y una advertencia que hay que decir sin rodeos: que huela a chocolate no significa que se pueda comer. No es una planta comestible, ni sus flores, ni sus hojas, ni sus tubérculos, y no debe usarse para aromatizar alimentos ni infusiones.

Qué planta llega realmente a casa

Hay tres plantas distintas que responden al nombre de flor de chocolate en el comercio español, y confundirlas cuesta dinero y desilusión.

La primera es Cosmos atrosanguineus, la auténtica: perenne tuberosa, flor granate oscura, aroma vespertino. Se vende en maceta con la planta ya brotada, casi nunca de otra forma, y suele llevar una etiqueta con el nombre del cultivar, siendo 'Choca Mocha' y 'Chocamocha' los más habituales, ambos más compactos y con menos perfume que la forma original.

La segunda aparece en sobres de semillas. El detalle decisivo es que la especie verdadera es autoincompatible y prácticamente estéril en cultivo, así que un sobre de semillas etiquetado como flor de chocolate contiene otra cosa: normalmente cultivares muy oscuros de Cosmos bipinnatus, como 'Rubenza' o los de la serie 'Double Click', que son anuales, más altos, de flor mayor y sin aroma. Salen plantas bonitas, pero quien esperaba el olor se queda sin él.

La tercera es Berlandiera lyrata, una compuesta norteamericana con flores amarillas de centro oscuro que huelen intensamente a cacao. Esta sí se multiplica por semilla, es más rústica y más resistente a la sequía, y huele a primera hora de la mañana, justo al contrario que el cosmos. Para un jardín seco de interior peninsular es, con frecuencia, la mejor de las tres opciones.

A esto se suma Akebia quinata, la trepadora llamada "liana del chocolate" en algunos catálogos, que no tiene nada que ver con ninguna de las anteriores.

Plantación

El momento de plantar es abril, o finales de marzo en el sur y en el litoral, cuando el suelo ya se ha templado y ha pasado el riesgo de helada tardía. Los tubérculos que se meten en tierra fría y húmeda de febrero no brotan antes, se pudren.

Se entierran a 5-8 cm de profundidad, con las yemas hacia arriba, dejando 40 cm entre plantas. Si se parte de maceta, se trasplanta con el cepellón entero sin desmenuzar y a la misma altura que traía.

La ubicación pide pleno sol en el norte y en zonas templadas, y sol de mañana con sombra en las horas duras de julio y agosto en Andalucía, Murcia o el valle del Ebro. A menos de cuatro horas de sol directo, la planta se estira, se tumba y florece poco.

El suelo tiene que drenar bien. Fértil, con compost incorporado, pero suelto: en arcilla compacta hay que levantar el arriate o enmendar con arena gruesa y materia orgánica. En maceta, contenedor de 25-30 cm de diámetro como mínimo, sustrato universal con un tercio de perlita, y agujero de drenaje despejado.

Riego y abonado

Durante el crecimiento y la floración quiere riegos regulares y moderados: el sustrato húmedo pero nunca saturado. En jardín, un riego profundo cada tres o cuatro días en verano suele bastar; en maceta, cada uno o dos días en julio, porque el volumen es pequeño y se seca rápido. Regar a primera hora o al atardecer, y mejor al pie que por encima, para no mojar las flores.

Con el abono conviene ir en dirección contraria a lo intuitivo. Un fertilizante rico en nitrógeno da una mata verde y frondosa con muy pocas flores, y encima blanda y apetecible para el pulgón. Lo que funciona es un abono líquido de alto contenido en potasio —vale perfectamente el de tomateras— cada 15 días desde junio hasta septiembre, sobre sustrato ya húmedo.

Quitar las flores marchitas cortando el tallo hasta la primera hoja o brote lateral prolonga la floración varias semanas. No es una manía de jardinero meticuloso: mientras la planta no consigue formar fruto, sigue produciendo capítulos nuevos.

El invierno, que es donde se pierden

El tubérculo resiste el frío bastante mejor de lo que resiste la humedad. En suelo seco y drenante aguanta sin daño hasta unos -5 °C, y con un acolchado de 10 cm de paja, hojarasca o corteza puede pasar inviernos algo más duros. Lo que lo mata casi siempre no es la helada, sino un invierno lluvioso en tierra pesada: el tubérculo se pudre bajo el agua estancada y en primavera no hay rebrote.

De ahí se deducen dos estrategias según dónde se viva. En la costa mediterránea, Andalucía, Levante, Baleares y zonas templadas del litoral atlántico, se deja en el suelo, se corta el follaje seco tras las primeras heladas y se acolcha, procurando que el punto no reciba el agua del canalón ni se encharque.

En la Meseta, el interior de Castilla, Aragón, Navarra o zonas de montaña, lo prudente es desenterrar. Se hace cuando la parte aérea se ennegrece por el frío, hacia noviembre: se levanta el manojo de tubérculos con la horca, se sacude la tierra sin lavar, se dejan orear unos días en un lugar fresco y ventilado y se guardan en una caja con turba seca, serrín o vermiculita a 5-10 °C, en oscuridad. Se revisan una vez al mes y se retira cualquier tubérculo blando. En marzo se sacan y se replantan.

Una alternativa cómoda para quien cultiva en maceta: meter el contenedor entero, sin riego, en un garaje o trastero fresco y sin heladas, y retomar el riego en marzo cuando asomen los brotes.

Detalle de una flor de chocolate de color rojo oscuro

Multiplicación

Por semilla, olvídate: no la produce en condiciones normales de cultivo. Quedan dos vías, ambas sencillas.

La división del manojo de tubérculos se hace en marzo, antes de replantar. Se separan grupos con un cuchillo limpio, y la condición innegociable es que cada trozo lleve al menos una yema del cuello, la zona donde el tubérculo se une al tallo del año anterior. Un tubérculo sin cuello, por gordo que sea, no brota nunca. Se dejan cicatrizar los cortes un par de días antes de enterrarlos.

Los esquejes basales dan resultados aún mejores. En marzo se colocan los tubérculos en una bandeja con sustrato ligero a 18-20 °C; cuando los brotes alcanzan 8-10 cm se cortan con un trozo de la base, se les quitan las hojas inferiores y se plantan en una mezcla de turba y perlita, en ambiente húmedo y sin sol directo. Enraízan en tres o cuatro semanas y florecen ese mismo verano.

Problemas frecuentes

Pulgón en los brotes tiernos y bajo los capullos, sobre todo en plantas sobreabonadas. Chorro de agua y jabón potásico si persiste.

Babosas y caracoles devoran los brotes recién emergidos en abril y mayo, cuando la planta está más indefensa. Es la causa habitual de que un tubérculo que "no brotó" en realidad brotara y desapareciera en una noche. Revisar al anochecer las primeras semanas.

Araña roja en terrazas cerradas y calurosas, con punteado amarillento en el haz y telillas finas. Se controla subiendo la humedad ambiental.

Oídio en finales de verano con noches húmedas y días secos: polvillo blanco en las hojas. Airear la mata y evitar mojar el follaje.

Si la planta crece pero no florece, la causa suele ser una de tres: horas de sol insuficientes, exceso de nitrógeno o falta de limpieza de flores viejas. Si se tumba y se despatarra, es que le falta luz o que el abono era demasiado rico.

Dónde queda bien en el jardín

El granate oscuro se traga la luz y desaparece a distancia, así que colocarla como mancha de color al fondo de un arriate es desaprovecharla. Luce cuando se ve de cerca y con luz de tarde por detrás, que es cuando las lígulas se vuelven traslúcidas y adquieren el brillo aterciopelado.

Combina bien con follajes plateados o grises —Artemisia, Stachys byzantina—, con gramíneas finas como Stipa tenuissima que la sostengan visualmente, y con flores de tonos cálidos claros que hagan contraste. En maceta sola, sobre fondo claro, también funciona.

Como flor cortada dura poco, tres o cuatro días, y el aroma casi no se traslada al interior. Es una planta para oler en el jardín, no en jarrón.

En resumen

Cosmos atrosanguineus es una perenne tuberosa mexicana, extinta en la naturaleza y conservada solo en cultivo, con flores granate casi negras de 3-4 cm que huelen a cacao y vainilla en las tardes cálidas, de julio hasta las heladas. Quiere pleno sol, suelo drenante, riego regular y abonado potásico quincenal, y agradece que se le corten las flores pasadas.

No da semilla viable: se multiplica dividiendo el manojo de tubérculos en marzo, siempre con una yema del cuello en cada trozo, o por esqueje basal. Los sobres de semilla con ese nombre contienen cosmos anuales sin aroma, y quien busque una alternativa rústica y sembrable con el mismo olor tiene en Berlandiera lyrata una opción sólida. El invierno es el momento crítico: el frío moderado lo tolera, el encharcamiento no, así que acolchado y buen drenaje en la costa, y desenterrar y guardar en seco a 5-10 °C en el interior peninsular. Y por muy convincente que sea el olor, la planta no es comestible.


Contenidos relacionados