Antes de comprar nada, averigua la fecha media de la última helada en tu zona. De ese dato depende todo lo demás. En el litoral mediterráneo y en el suroeste puede estar en febrero; en la meseta norte, en Soria o en Teruel, las heladas tardías llegan a mediados de mayo. Un tubérculo de Canna plantado tres semanas antes de tiempo no adelanta la floración: se pudre en suelo frío y húmedo.

La primavera es la estación en la que se plantan las flores de aspecto tropical porque su origen está en climas donde el verano es la temporada de lluvias, no de sequía. Ahí está el trato que hay que aceptar: lo exótico no se paga en dinero, se paga en agua de julio y agosto. Quien no esté dispuesto a regar en pleno verano, mejor que se quede con la paleta mediterránea.

Dos avisos que van primero

Hay exóticas que no se pueden plantar. El Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013 y normativa posterior) prohíbe la venta, la plantación y la posesión de varias plantas ornamentales que se vendieron con normalidad hace años. Entre ellas, el plumero de la pampa (Cortaderia selloana), el jacinto de agua (Eichhornia crassipes) y la uña de gato (Carpobrotus edulis). Si alguien te ofrece un esqueje de cualquiera de ellas, la respuesta es no, y no es una cuestión de gustos: hay régimen sancionador detrás. En Canarias y en zonas de litoral la lista es más larga, así que conviene consultar la normativa autonómica antes de introducir cualquier planta agresiva de multiplicación fácil.

Hay exóticas seriamente tóxicas. Las Brugmansia (trompeta de ángel) y las Datura contienen alcaloides tropánicos —escopolamina, atropina, hiosciamina— en toda la planta, con especial concentración en semillas y flores. Las intoxicaciones graves y las muertes documentadas por consumo de sus flores o semillas son reales y no infrecuentes. Son plantas ornamentales magníficas y perfectamente legales, pero no van en un jardín con niños pequeños, y desde luego no hay ningún preparado casero que se les pueda hacer. La vinca de Madagascar (Catharanthus roseus) contiene alcaloides antitumorales que a dosis descontroladas son cardiotóxicos y neurotóxicos. Las calas (Zantedeschia) y los filodendros llevan oxalato cálcico, que irrita boca y garganta al masticarlos. Nada de esto impide cultivarlas: implica saber qué se tiene plantado.

Flores de Catharanthus roseus, vinca de Madagascar

Bulbos y rizomas de verano: el grupo que se planta ahora

Son la vía más rápida y barata a un jardín de aire tropical. Se plantan cuando el suelo pasa de 13-15 °C —marzo en el sur y el litoral, abril en el interior, finales de abril o principios de mayo en zonas frías— y florecen ese mismo verano.

Cannas (Canna × generalis y afines). Rizomas enterrados a 8-10 cm, en suelo rico, con sol pleno y riego generoso: agradecen incluso el borde de un estanque. Un detalle que ahorra disgustos: gran parte del material barato que circula está infectado por el virus del mosaico amarillo de la canna. Si las hojas nuevas salen con estrías amarillas paralelas al nervio, moteado o deformadas, no es carencia de hierro ni falta de riego; es virosis, no tiene cura y se transmite por pulgón y por cuchillo de división. Se retira la planta entera.

Dalias (Dahlia). Mexicanas, y por tanto exóticas de pleno derecho aunque las veamos como planta de toda la vida. Tubérculo plantado a 10-15 cm de profundidad, con el cuello del tallo hacia arriba, y sin regar hasta que asome el primer brote. Regar un tubérculo dormido es la forma más habitual de pudrirlo. A partir de ahí, agua abundante, tutor para las variedades altas y corte continuo de flores marchitas.

Tigridia pavonia. La flor de un día mexicana: tres pétalos amplios en rojo, amarillo, blanco o rosa, con el centro moteado. Cada flor dura una mañana, pero cada bulbo abre varias en sucesión durante semanas. Se planta en abril a 8 cm, en suelo suelto y sol pleno. En zonas frías se desentierra en otoño.

Eucomis (flor de la piña). Sudafricana, con esa inflorescencia en columna rematada por un penacho de brácteas que le da el nombre. Eucomis bicolor y E. comosa aguantan hasta -5 o -8 °C con acolchado en suelo bien drenado. Se planta con el ápice del bulbo casi a ras de suelo.

Gladiolus murielae (el antiguo Acidanthera). Flores blancas de garganta granate, muy perfumadas al atardecer, en agosto y septiembre. Se planta escalonado entre marzo y mayo para alargar la floración.

Calas de color (Zantedeschia elliottiana, Z. rehmannii y sus híbridos). A diferencia de la cala blanca clásica, estas son caducas y frioleras: rizoma en abril, sombra ligera en el sur, riego regular en crecimiento y sequedad total en el reposo invernal. Encharcarlas en invierno las mata.

Nardo (Agave amica, antes Polianthes tuberosa). El perfume más intenso de todo este grupo. Necesita calor real y una temporada larga; en el norte peninsular rara vez llega a florecer bien.

Trepadoras de temporada: volumen en un solo verano

Cubrir una pérgola desnuda en cuatro meses solo lo consiguen las trepadoras anuales o tratadas como tales.

Cobaea scandens, la campanilla morada o «taza y platillo», es la más espectacular del grupo: flores de 6-8 cm que abren de un verde crema y viran a violeta oscuro, sobre un cáliz ancho que hace de platillo. Trepa 5 o 6 metros en una temporada con zarcillos ramificados. Se siembra en febrero o marzo bajo cubierta, colocando la semilla de canto, no plana, porque tumbada se pudre con facilidad; la germinación es irregular y conviene sembrar de más. Florece desde julio hasta las primeras heladas. En el litoral libre de heladas puede persistir varios años y sembrarse sola con entusiasmo, así que ahí toca vigilarla.

Flor de Cobaea scandens, la trepadora taza y platillo

Ipomoea lobata (antes Mina lobata) da espigas unilaterales de florecillas escalonadas del rojo al crema, muy vistosas contra una celosía. Thunbergia alata, el ojo de poeta, es más modesta y funciona bien en maceta alta o cesta colgante. Ambas se siembran en marzo y abril, en directo si el suelo ya está templado.

Para estructura permanente, Passiflora caerulea es la pasionaria rústica: soporta -8 °C, se defiende sola y llega a ser invasora en el propio jardín por rebrotes de raíz, así que conviene plantarla donde pueda mandarse podar sin miramientos.

Flor continua que aguanta el verano español

Catharanthus roseus, la vinca de Madagascar, es la respuesta a un problema muy concreto: qué poner en un macizo a pleno sol en Córdoba, Murcia o Valencia que florezca de junio a octubre sin desfallecer. Tolera el calor extremo y la sequedad, florece sin descanso y no necesita despuntes ni limpieza de flores marchitas.

Su punto débil está en el otro extremo. Se planta tarde, cuando las mínimas nocturnas superan los 12-15 °C de forma estable: puesta en abril en un macizo frío se queda parada, amarillea y ya no arranca. Y muere por exceso de riego mucho más a menudo que por falta: en suelo pesado y húmedo aparecen Phytophthora y Pythium, la planta se marchita de golpe con la tierra empapada y no hay vuelta atrás. Sustrato drenante, riego solo cuando la superficie está seca, y nunca en cama de agua.

En zonas sin heladas se comporta como perenne leñosa de tres o cuatro años; en el resto se trata como anual de temporada.

Para la sombra: opciones poco exploradas

La zona umbría del jardín suele quedarse en hostas y helechos, y admite más cosas.

Rehmannia elata, la digital china, produce espigas de flores acampanadas rosa magenta con la garganta moteada, muy parecidas a una digital pero de textura más carnosa. Quiere sombra fresca, suelo mullido con humus y humedad constante: en un patio caluroso y seco no funciona. Rústica hasta unos -5 °C, se extiende por estolones y forma colonia con los años. Floración de finales de primavera a mediados de verano. Es de las pocas exóticas de sombra que se puede plantar en primavera y ver en flor esa misma temporada.

Flores acampanadas de Rehmannia elata

La acompañan bien las begonias tuberosas —en especial Begonia boliviensis, de flores colgantes rojo coral, mucho más resistente al calor que las de flor doble— y las fucsias de porte arbustivo en el norte húmedo.

Exóticas que se quedan: estructura para años

Si la idea es que el jardín tenga carácter tropical de forma permanente y no solo un verano, la plantación de primavera también es el momento para las vivaces y arbustos de origen subtropical que resisten el invierno peninsular.

Agapanthus. Los de hoja caduca (A. campanulatus y sus híbridos) aguantan hasta -10 °C; los perennifolios tipo A. praecox son más frioleros y quedan para el litoral. Florecen mejor con la raíz apretada, así que ni maceta enorme ni divisiones frecuentes.

Plumbago auriculata. Azul celeste de junio a noviembre, rebrota de cepa aunque se hiele hasta el suelo en el interior. Requiere poda dura en febrero para florecer bien, porque florece sobre madera del año.

Crocosmia y Kniphofia, sudafricanas, en naranjas y rojos encendidos, rústicas y sin exigencias particulares más allá de un suelo que drene.

Strelitzia reginae, el ave del paraíso, solo para litoral y zonas sin heladas fuertes: por debajo de -2 °C sufre. Conviene saber que tarda entre cuatro y seis años en florecer desde semilla y que no florece en sombra profunda; las quejas de «mi strelitzia no florece» se resuelven casi siempre con más luz y más paciencia.

Cómo plantar sin perder la temporada

Prepara el suelo antes de tener las plantas en la mano. Este grupo pide, en general, suelo suelto y rico: airea a 30 cm e incorpora compost. Sobre arcilla compacta, planta en bancal elevado; los rizomas y tubérculos tropicales toleran el calor y el agua, pero no el suelo asfixiado.

No pases de golpe una planta criada en invernadero al sol de mayo. Necesita aclimatación: una semana en sombra ligera, sacándola progresivamente, evita quemaduras foliares que luego tardan meses en superarse.

Riega en profundidad y con menos frecuencia, siempre a primera hora de la mañana o al atardecer. Un acolchado de 5 cm de corteza o restos de poda triturados baja notablemente la temperatura del suelo en agosto y reduce el consumo de agua, que es exactamente donde estas plantas resultan caras.

Y planifica ya el otoño: anota qué tienes que desenterrar antes de las primeras heladas —dalias, tigridias y cannas en zona fría— y dónde vas a guardarlo. En zona templada basta con un buen acolchado sobre la cepa.

Fallos que se repiten

Plantar demasiado pronto. Es lo que arruina más tubérculos cada primavera. El calendario del vivero no es el calendario de tu pueblo.

Regar el bulbo dormido. Hasta que no hay hoja no hay transpiración, y el agua se queda alrededor de un tejido de reserva sin defensas.

Suponer que tropical significa sombra. Cannas, dalias, tigridias, nardos y vincas quieren sol pleno. Plantarlas bajo un árbol da tallos estirados y ninguna flor.

Comprar por la foto sin mirar la rusticidad. Una planta preciosa que se hiela cada noviembre en Burgos no es una mala planta: es una planta mal colocada. Y si el catálogo no dice la temperatura mínima, búscala antes de pagar.

En resumen

La plantación de exóticas de primavera se organiza alrededor de un dato, la última helada, y de un compromiso, el riego estival. Con eso claro, los bulbos y rizomas de verano —cannas, dalias, tigridias, Eucomis, Gladiolus murielae, calas de color— dan resultado en la misma temporada y a bajo coste.

Para volumen rápido, Cobaea scandens sembrada de canto en febrero cubre una pérgola entera. Para macizos a pleno sol en clima cálido, Catharanthus roseus plantada tarde y regada con moderación. Para la sombra fresca, Rehmannia elata y begonias tuberosas. Y para estructura duradera, agapantos, Plumbago, Crocosmia y pasionaria rústica.

Dos cautelas antes de comprar: comprueba que la especie no figure en el catálogo de invasoras —el plumero de la pampa y la uña de gato están prohibidos— y ten presente la toxicidad de Brugmansia, Datura, vincas y calas a la hora de decidir dónde va cada planta.


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