Comprar el ramo el mismo 14 de febrero, a media tarde y en la floristería que pilla de camino, es la forma más segura de pagar el triple por unas flores que se doblarán el domingo. La elección importa, pero el momento de la compra y el estado en que sale la flor del cubo importan casi tanto. Este artículo trata de las dos cosas: qué flor tiene sentido regalar en febrero en España y cómo reconocer la que va a durar.
Por qué en febrero las rosas están caras y no siempre buenas
La rosa de flor cortada que se vende aquí en invierno viene, en su mayor parte, de invernaderos de Ecuador, Colombia y Kenia, y entra en Europa por la subasta holandesa de Aalsmeer antes de bajar a los mercados españoles. Entre el corte y el jarrón pueden pasar de siete a diez días, casi siempre en cámara a 2-4 °C. Eso no es malo en sí: el frío continuo conserva bien. El problema es la ruptura de la cadena de frío en la última semana de enero y la primera de febrero, cuando el volumen se dispara y las cajas pasan horas en muelles y furgonetas.
La consecuencia práctica es que en San Valentín el precio sube y la calidad media baja. Si puedes, compra el 12 o el 13, en una floristería que trabaje con rotación alta, y ponla en agua en casa. Un día extra en tu jarrón, bien hidratada, hace más por el ramo que un día extra en el almacén del mayorista.
Cómo reconocer una rosa que va a aguantar
Antes de mirar el color, mira el cuello y el botón. Son los dos indicadores que no engañan.
El cuello es el tramo de tallo justo bajo la flor. Sujeta la rosa por el tallo, en horizontal, a unos 20 cm de la flor: la cabeza debe quedarse firme. Si cae, esa rosa ya tiene los vasos obstruidos por bacterias o por una burbuja de aire y no se recupera; en el jarrón hará el clásico bent neck en veinticuatro horas.
El botón debe estar apretado pero con los pétalos exteriores empezando a separarse. Una rosa completamente cerrada, dura como una piedra, se cortó demasiado verde y muchas veces ya no abre: se seca en botón. Una rosa que ya enseña el corazón se abrirá del todo esa misma noche.
Fíjate también en los pétalos guardianes, los dos o tres exteriores, feos y a veces algo pardos. Que estén ahí es buena señal: han protegido la flor durante el transporte. Un buen florista los retira delante de ti. Que falten y la flor esté impecable puede significar que llevan días quitándole capas.
Las hojas dan la última pista. Firmes, verdes, sin manchas grises polvorientas: esas manchas son Botrytis cinerea, moho gris, y en una habitación caldeada arrasa el ramo entero en dos días.
El clavel dura tres veces más que la rosa
Aquí hay una injusticia heredada. El clavel (Dianthus caryophyllus) arrastra fama de flor barata y anticuada desde los años ochenta, y sin embargo es una de las flores cortadas con mejor vida en jarrón: de dos a tres semanas frente a los cinco o seis días de una rosa de febrero. Además, buena parte del clavel que se vende en España se produce aquí, en la zona de Chipiona y Cádiz y en Canarias, así que llega con muchos menos días encima. Los cultivares actuales, sobre todo los de flor grande tipo standard y los aromáticos, no tienen mucho que ver con el clavel de gasolinera que la gente recuerda.
Un aviso técnico: el clavel es extremadamente sensible al etileno. Basta un frutero con manzanas o plátanos en la misma habitación para que cierre los pétalos y se marchite en un par de días. Si regalas claveles, la recomendación de mantenerlos lejos de la fruta no es un adorno.
Lo que está de temporada de verdad en febrero
Regalar flor de temporada sale más barato, llega más fresca y demuestra bastante más criterio que la rosa por defecto. En febrero, en España, están en su momento:
Ranúnculo (Ranunculus asiaticus). Producción nacional importante en el Levante y en Andalucía. Pétalos apretadísimos, casi de papel, en toda la gama de blancos, corales y granates. Aguanta entre siete y diez días y abre progresivamente, así que el ramo va cambiando.
Anémona (Anemone coronaria). La roja de centro negro es rotunda sin ser cursi. Ojo: sigue creciendo y se mueve buscando la luz, con lo que el ramo se descoloca; hay que recolocarla.
Tulipán (Tulipa). El detalle que pilla desprevenido al que lo recibe es que el tulipán sigue alargándose dentro del jarrón, entre 2 y 5 cm, y se curva. No está estropeado, está vivo. Si te molesta, jarrón alto y estrecho.
Mimosa (Acacia dealbata). En flor en febrero en Galicia y la cornisa cantábrica, con un olor a miel muy reconocible. Dura poco en agua, tres o cuatro días, y hay que darle mucha hidratación al llegar a casa. Conviene saber que es especie exótica invasora en buena parte del noroeste peninsular: como flor cortada no hay problema, pero no se planta.
Fresia (Freesia) y alhelí (Matthiola incana) si lo que buscas es aroma. El alhelí huele a clavo y a miel, y es de las pocas flores que perfuman una habitación entera.
Lisianthus (Eustoma grandiflorum) y alstroemeria si buscas duración: ambas superan con facilidad las dos semanas.
El crisantemo, aquí, no
El crisantemo (Chrysanthemum × morifolium) es una flor excelente: dura tres semanas en jarrón, hay decenas de formas y colores y en Japón tiene rango imperial. Pero en España se asocia de forma casi automática al 1 de noviembre y al cementerio, y esa asociación es lo bastante fuerte como para estropear el regalo. Como planta de jardín o de terraza en otoño, magnífica. Como ramo de San Valentín, mejor otra cosa. La misma advertencia sirve para el gladiolo y, en algunas zonas, para el lirio blanco.
Si hay gato en casa, no regales azucenas
Esto conviene decirlo pronto y sin rodeos. Todas las especies del género Lilium (azucenas, lirios orientales, lirios asiáticos) y del género Hemerocallis son gravemente nefrotóxicas para los gatos. No hace falta que el animal se coma la flor: basta con que se le pegue polen en el pelo y se lo lamine al acicalarse, o que beba del agua del jarrón. La lesión renal aguda puede aparecer en cuestión de horas y es mortal sin tratamiento veterinario inmediato. No existe un umbral seguro conocido.
Si sospechas ingestión, aunque sea mínima, al veterinario ese mismo día, y llévate la flor o una foto para identificarla. La regla sencilla: en casa con gatos, ningún Lilium, ni cortado ni en maceta.
Otras plantas de estas fechas son bastante menos peligrosas, pero conviene tenerlas presentes: los bulbos de tulipán y de jacinto (Hyacinthus orientalis) provocan vómitos y dermatitis de contacto si se mordisquean, y el narciso (Narcissus) contiene licorina, irritante para perros y gatos. En estos casos el problema es el bulbo, no tanto la flor.
Planta en maceta: dura más, pero exige acertar
Una planta viva es mejor regalo que un ramo si —y solo si— encaja con la casa que la va a recibir. Un piso interior con calefacción a 23 °C y aire seco mata en tres semanas casi cualquier cosa que no sea tropical.
Phalaenopsis. La orquídea sensata. Vive bien entre 18 y 25 °C, que es exactamente la temperatura de un salón español en invierno, y aguanta floreciendo dos o tres meses. Se riega por inmersión una vez por semana, dejando escurrir del todo: el error que la mata es el plato con agua permanente, que pudre las raíces. Maceta transparente para poder ver las raíces, que deben estar verdes tras el riego y plateadas cuando pide agua. Cuando termine la vara, se corta por encima del tercer nudo desde la base y muchas veces rebrota.
Ciclamen (Cyclamen persicum). Precioso y de floración larguísima, pero necesita frío: entre 12 y 15 °C. Puesto encima de un radiador o en un salón caldeado se desploma en diez días y el comprador cree que le vendieron una planta mala. Su sitio es una galería fresca, un alféizar sin calefacción o una terraza resguardada. Riego siempre por el plato, nunca sobre el tubérculo.
Gardenia (Gardenia jasminoides). El aroma es incomparable y por eso se regala tanto en febrero. Conviene saber a qué se compromete quien la recibe: exige agua sin cal —el agua dura de buena parte de la Península le provoca clorosis férrica en semanas—, sustrato ácido de plantas de brezo, humedad ambiental por encima del 60 % y nada de corrientes. Con calefacción y aire seco tira los capullos sin abrirlos. Es un regalo estupendo para alguien con maña y una zona luminosa y húmeda; para el resto, es una decepción anunciada.
Camelia (Camellia japonica). En febrero está en plena floración en el norte peninsular. Es planta de exterior, de media sombra y suelo ácido; en interior no vale. Para quien tenga jardín en Galicia, Asturias o Cantabria, es un regalo que dura décadas.
Rosal en maceta. Los miniatura de floristería son planta de temporada; para que el regalo tenga recorrido, mejor un rosal a raíz desnuda de variedad conocida, que en febrero es justo la época de plantación en casi toda España.
Que el ramo dure: lo que funciona y lo que no
Nada más llegar a casa, recorta 2 o 3 cm del tallo en diagonal, con tijera afilada o cuchillo, y mételo en agua en el momento. El corte en ángulo evita que el tallo se apoye plano en el fondo del jarrón; que se haga bajo el agua es una precaución razonable, aunque lo determinante es que el intervalo entre cortar y sumergir sea corto.
Retira todas las hojas que queden por debajo de la línea del agua. Es el gesto que más vida en jarrón añade, y el más ignorado. Una hoja sumergida se pudre en dos días, multiplica las bacterias y esas bacterias son las que taponan los vasos del tallo.
Usa el sobrecito de conservante y usa la dosis indicada, ni más ni menos. No es publicidad: lleva azúcar (alimento), un acidificante que baja el pH del agua a valores donde el tallo absorbe mejor, y un biocida. Un ramo con conservante bien dosificado dura fácilmente el doble que el mismo ramo en agua sola.
Sobre los remedios caseros conviene ser claro. La aspirina y la moneda de cobre en el agua no hacen nada demostrable. El azúcar solo, sin biocida, es peor que nada: alimenta a las bacterias antes que a la flor. Lo único casero que sí tiene fundamento es una gota de lejía por litro —literalmente una gota— como bactericida, mejor aún combinada con un chorrito de bebida ácida azucarada. Aun así, el conservante comercial está mejor equilibrado.
Cambia el agua cada dos días recortando un centímetro de tallo, y coloca el jarrón lejos del radiador, del sol directo y del frutero. La fruta madura emite etileno, la hormona del envejecimiento vegetal, y acelera la senescencia de casi todas las flores. Por la noche, cuanto más fresca esté la habitación, mejor.
Dos casos particulares. El narciso suelta por el corte un látex mucilaginoso que obstruye los tallos de las demás flores: hay que dejarlo doce horas solo en un recipiente con agua y luego pasarlo al ramo sin volver a cortarlo. Y las flores de tallo hueco, como el delfinio o la amapola, agradecen un sellado rápido del corte a la llama antes de entrar al agua.
Elegir con criterio
Si la persona no cuida plantas, flor cortada de larga duración: clavel, lisianthus o alstroemeria, y olvídate del tópico. Si tiene mano y un sitio luminoso, una Phalaenopsis. Si hay animales en casa, cualquier cosa menos Lilium. Si quieres que se note que has pensado el regalo, ranúnculos o anémonas, que están en temporada y casi nadie los pide. Y si la rosa roja es innegociable porque es la que se espera, al menos cómprala un día antes y elígela mirando el cuello.
En resumen
La rosa roja de febrero es cara, viene de lejos y llega en su peor momento del año; comprarla el 12 o el 13, y comprobar que el cuello aguanta firme y que el botón empieza a abrir, marca la diferencia entre cinco días y dos. La flor de temporada —ranúnculo, anémona, tulipán, fresia, alhelí— sale mejor de precio y llega más fresca. El clavel dura dos o tres semanas y merece que se le quite el estigma, aunque hay que alejarlo de la fruta por el etileno. El crisantemo, aquí, arrastra una connotación funeraria que estropea el regalo. En casa con gatos, ningún Lilium: el polen y hasta el agua del jarrón provocan fallo renal agudo. Y si el regalo es planta viva, hay que acertar con la casa: Phalaenopsis para un salón cálido, ciclamen solo para un sitio fresco, gardenia únicamente para quien tenga agua sin cal y humedad. Con el ramo ya en casa, tres cosas: recorte en diagonal, ninguna hoja bajo el agua y el conservante en su dosis.