Cinco pétalos iguales repartidos como los radios de una rueda, y un fruto rematado en un pico largo y afilado. Esa es la firma del género Geranium, y no coincide con la de la planta que ocupa las jardineras de medio país. La flor del balcón tiene dos pétalos arriba distintos de los tres de abajo, y eso ya la delata: es un Pelargonium.

Ambos géneros pertenecen a la familia de las geraniáceas, junto a Erodium, los alfilerillos que salen solos en cualquier cuneta. Comparten el fruto característico, un esquizocarpo que al secarse se abre lanzando las semillas por resorte. De ahí vienen los tres nombres, todos tomados del griego y todos referidos a aves de pico largo: geranos es la grulla, pelargos la cigüeña y erodios la garza. La confusión popular tiene, por tanto, casi tres siglos de antigüedad: fue Linneo quien metió a los pelargonios sudafricanos dentro de Geranium, y aunque L'Héritier los separó en 1789, el nombre común ya se había quedado pegado.

Cómo separarlos en dos segundos

Mirando la flor de frente. El Geranium es actinomorfo: tiene simetría radial, se puede partir por cualquier eje y salen dos mitades iguales. Los diez estambres son fértiles. El Pelargonium es zigomorfo, con un solo plano de simetría, los pétalos superiores más grandes y con frecuencia marcados con venas oscuras, y solo siete estambres fértiles de los diez. Además esconde un detalle que no tiene ningún Geranium: un espolón nectarífero soldado al pedicelo, un tubito fino pegado al tallito de la flor que se ve al trasluz.

La otra diferencia importante es el frío. Los pelargonios vienen del sur de África y se dañan a partir de 0 ºC; por eso en el interior peninsular hay que meterlos o taparlos en invierno. Las especies de Geranium que se cultivan en jardín son vivaces rústicas, muchas de ellas resistentes hasta -15 o -20 ºC, que desaparecen bajo tierra en invierno y rebrotan en marzo. Son plantas de suelo, no de maceta de balcón.

Hay un tercer contraste práctico. El taladro del geranio, Cacyreus marshalli, la mariposa que perfora los tallos y arruina las jardineras de toda la costa mediterránea, se ceba con los pelargonios. Los geranios vivaces no le interesan. Y donde el pelargonio resulta tóxico para perros y gatos, los Geranium no plantean ese problema.

Cómo pedirlo sin que te den otra cosa

Entra en un vivero español, pide geranios y acabarás delante de la mesa de los pelargonios de temporada. Para que te entiendan hay que decir geranio vivaz, geranio de jardín o directamente el nombre botánico. En catálogos de vivaces también aparecen como cranesbill, traducido a veces como pico de grulla. Si la etiqueta pone Pelargonium, o si la planta trae flores en umbela apretada sobre un tallo largo y hojas redondeadas con una banda oscura, no es lo que buscas.

Otra pista: los geranios vivaces se venden en contenedor de 1 a 3 litros en la zona de plantas perennes, no en bandejas de flor de temporada, y suelen ofrecerse en otoño y a finales de invierno, que es cuando toca plantarlos.

Geranium x cantabrigiense en floración

Los que resuelven la sombra seca

Debajo de un árbol grande, con raíces que compiten y poca agua, casi nada prospera. Este grupo sí.

Geranium macrorrhizum es la solución más fiable para ese sitio. Rizomatoso, de 30 a 40 cm, forma una alfombra densa que ahoga las malas hierbas y aguanta sequía una vez arraigado. La hoja es palmada, aromática al rozarla —de esta especie se extrae la esencia usada en perfumería— y en otoño se tiñe de rojo y bronce. En clima templado se mantiene semiperenne. Variedades habituales: 'Album', de flor blanca con cáliz rosado, 'Bevan's Variety', magenta intenso, e 'Ingwersen's Variety', rosa pálido y hoja más lustrosa.

Geranium × cantabrigiense es el híbrido entre G. macrorrhizum y G. dalmaticum, y hereda lo mejor de los dos: la resistencia del primero y el porte compacto del segundo. Se queda en 20-25 cm, forma tapiz cerrado, la hoja también es aromática y se conserva gran parte del invierno. Florece en mayo y junio. 'Biokovo', blanco con el centro y los estambres rosados, es la selección más difundida y se localizó silvestre en la sierra croata de Biokovo. 'Cambridge' tira a rosa fuerte y 'Karmina' a carmín. Para el pie de un muro, un talud o el borde de un camino en semisombra, es difícil hacerlo mejor.

Geranium nodosum crece de forma natural en el Pirineo y en las montañas del norte peninsular, y tolera la sombra profunda mejor que ninguno. Hoja brillante de tres a cinco lóbulos y flores lilas con las venas más oscuras desde mayo hasta septiembre. Se resiembra con moderación, lo justo para ir colonizando huecos.

Geranium phaeum, llamado a veces viuda negra, tiene flores pequeñas de un granate casi negro con los pétalos vueltos hacia atrás. Prefiere sombra y suelo fresco; en el norte se ha naturalizado. 'Samobor' añade una mancha castaña muy marcada en cada hoja y es tan interesante en follaje como en flor.

Los que aguantan sol y sequía

Geranium sanguineum es autóctono de la mitad norte de España y el más adecuado para pleno sol en clima seco. Mata redondeada de 20-30 cm, hoja muy dividida y flores magenta desde mayo hasta bien entrado septiembre. Una vez establecido, tira con riegos escasos. 'Album' es blanco puro; la var. striatum, rosa muy pálido con venas rojas, resulta más delicada de aspecto pero igual de dura; 'Max Frei' es una selección compacta de flor oscura.

Geranium renardii, del Cáucaso, llama la atención por la hoja: gris verdosa, aterciopelada y con la superficie hundida como si estuviera acolchada. La flor es blanca con venas violeta. Exige sol y un drenaje bueno de verdad; en suelo pesado y húmedo en invierno se pudre. En rocalla mediterránea funciona muy bien.

Geranium cinereum y su subespecie subcaulescens son plantas de alta montaña pirenaica, de 10-15 cm, pensadas para rocalla o jardinera de grava. 'Ballerina', rosa pálido con venas y ojo negros, es la variedad clásica. Lo que las mata no es el frío, es el encharcamiento invernal.

Los de floración interminable

Aquí manda Geranium 'Rozanne' (registrado como G. Gerwat), híbrido de G. himalayense y G. wallichianum 'Buxton's Variety'. Florece desde junio hasta las primeras heladas sin parar, con flores azul violáceo de centro blanco de 5 cm, y se extiende un metro a lo ancho apoyándose en las plantas vecinas. La razón de esa floración continua es que es estéril: no cuaja semilla, así que nunca recibe la señal de dejar de florecer. Como efecto añadido, no se resiembra por el jardín ni hace falta quitarle las flores marchitas. En 2013 la RHS la eligió planta del siglo entre todas las presentadas en Chelsea, y el título está bien puesto.

Geranium × oxonianum, cruce de G. endressii y G. versicolor, cubre desde mayo hasta octubre con flores rosas de venas marcadas. 'Wargrave Pink' es la más vendida, salmón claro; 'Claridge Druce' resulta mucho más vigorosa y, al contrario que 'Rozanne', se resiembra con ganas: úsala solo donde quieras que se extienda. G. endressii, uno de sus progenitores, es planta del Pirineo occidental, lo que explica que este grupo se comporte tan bien en la cornisa cantábrica y en Galicia.

Los altos, para fondo de macizo

Geranium pratense es el geranio de los prados de siega del Pirineo y la cordillera Cantábrica. Llega a 80-90 cm y levanta en junio una nube de flores azul violeta. 'Mrs Kendall Clark' tiene un azul grisáceo con venas más claras; 'Plenum Violaceum', de flor doble y estéril, dura más y no se siembra sola, cosa que la especie sí hace con abundancia. Geranium sylvaticum ocupa un nicho parecido en bosque claro de montaña.

Geranium psilostemon, armenio, es el más espectacular del género: 1,20 m de altura y flores magenta puro con un ojo negro en el centro. Necesita suelo fresco y no funciona en secano del interior sin riego, pero en el norte es una planta de primer orden.

Aparte quedan los geranios arbustivos de Madeira, Geranium maderense y G. palmatum, con rosetas enormes de hoja muy recortada y una inflorescencia de cientos de flores. G. maderense es monocárpico: crece dos o tres años, florece a lo grande y muere dejando semilla. Solo prospera donde no hiela, así que su terreno en España son Canarias y las costas más suaves.

Los que ya tienes sin haberlos plantado

En cualquier rincón sombrío y algo húmedo aparece Geranium robertianum, la hierba de San Roberto, anual o bienal, de tallos rojizos, hoja finamente dividida, flores rosas pequeñas y un olor peculiar al estrujarla. Tiene larga tradición en la medicina popular, pero como planta de jardín es sobre todo una espontánea tolerable. Junto a ella salen G. molle, G. rotundifolium, G. dissectum y G. lucidum, todas anuales, todas comunes en toda la península y ninguna problemática. Reconocerlas ayuda a entender el género: son el mismo esquema floral en versión miniatura.

Cultivo: el verano es el examen

En el norte peninsular, en zonas de montaña y en clima atlántico, los geranios vivaces se comportan como en el jardín inglés del que vienen la mayor parte de las selecciones: crecen solos y apenas piden nada. El problema empieza en el interior seco y en el sur, donde el calor de julio y agosto los seca por arriba.

La respuesta no es regar más, es elegir la especie correcta y darles sombra de tarde. G. sanguineum, G. macrorrhizum, G. × cantabrigiense y G. renardii aguantan bien el verano mediterráneo si tienen algo de sombra a partir de las tres. G. pratense y G. psilostemon, en cambio, van a sufrir en Castilla o en Andalucía sin riego regular.

La plantación se hace preferentemente en otoño, de octubre a noviembre, para que enraícen con el suelo aún templado y las lluvias, o si no a finales de invierno. Como tapizante conviene una densidad de cuatro a seis plantas por metro cuadrado; los de porte grande, tres. Aceptan cualquier suelo que drene, incluidos los calizos, y no necesitan abonado más allá de un aporte de compost en superficie cada primavera.

La técnica que más rendimiento da es el corte a ras a finales de junio. Cuando la primera floración acaba y el follaje empieza a amarillear y a tumbarse, se siega toda la planta a unos 5 cm del suelo, se retira lo cortado y se riega. En dos o tres semanas rebrota con hoja nueva y limpia, y muchas variedades dan una segunda floración en septiembre. Sin ese corte, la mata pasa el resto del verano hecha un desastre. Funciona especialmente bien con G. × oxonianum, G. pratense y G. macrorrhizum.

Se dividen cada tres o cuatro años, en otoño o a finales de invierno, separando la mata con la pala y replantando los trozos exteriores. Plagas, casi ninguna: algún ataque de babosas a los brotes tiernos de marzo, oídio en veranos secos y sin ventilación, y poco más. Son además una fuente de néctar excelente para abejas y abejorros durante meses, algo que un pelargonio de balcón no ofrece.

En resumen

El geranio botánico es Geranium, una vivaz rústica de flor radial con cinco pétalos iguales y fruto en pico de grulla; lo del balcón es Pelargonium, sudafricano, de flor asimétrica y sensible al frío. Para pedirlo en el vivero hay que hablar de geranio vivaz o usar el nombre científico. Para sombra seca bajo árboles, G. macrorrhizum y G. × cantabrigiense 'Biokovo'; para sol y poca agua, G. sanguineum y G. renardii; para florecer de junio a las heladas, 'Rozanne', que es estéril y por eso no para; para fondo de macizo en clima fresco, G. pratense y G. psilostemon. Plántalos en otoño, dales sombra de tarde si vives al sur del Sistema Central y siégalos a ras a finales de junio: eso es prácticamente todo el mantenimiento que van a pedirte.


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