Empecemos deshaciendo un equívoco de nombre. El malvón no es un geranio, aunque en España se le llame así en todas las floristerías, y tampoco es una malva pese a lo que sugiere la palabra. Es un Pelargonium, un género distinto dentro de la familia Geraniaceae, originario de la provincia sudafricana del Cabo. La diferencia importa más de lo que parece: los Geranium verdaderos son vivaces de clima templado que agradecen la media sombra y el frío invernal, mientras que el malvón viene de un clima seco, luminoso y sin heladas. Confundirlos lleva directamente a plantarlo mal.

Dicho esto, el nombre «malvón» está perfectamente asentado: se usa en Argentina, Uruguay y buena parte de América para el pelargonio de macizo y de maceta, y en algunas comarcas españolas también. Nos referimos a la misma planta de siempre: la de las hojas redondeadas con una banda oscura en forma de herradura y las cabezuelas de flor densas sobre un tallo largo.

Malvones de distintos colores cultivados en macetas

Qué pelargonio tienes delante

Distinguir el grupo al que pertenece tu planta cambia los cuidados, así que conviene saberlo:

Pelargonium × hortorum, el malvón o geranio zonal propiamente dicho. Porte erguido, tallos algo carnosos que con los años se lignifican en la base, hoja aterciopelada con la «zona» oscura característica. Es el más resistente al sol directo y al calor, y el que aquí nos ocupa.

Pelargonium peltatum, la gitanilla o geranio de hiedra. Tallos colgantes, hoja lisa, brillante y carnosa, en forma de hoja de hiedra. Aguanta menos el sol de mediodía en verano y agradece algo de sombra a partir de julio en el interior. Es el de balcón y jardinera colgante.

Pelargonium × domesticum, el geranio pensamiento o de pétalo grande. Flores mucho mayores y manchadas, floración concentrada en primavera. Es el más delicado de los tres y el que peor lleva el calor seco.

Pelargonios aromáticos (P. graveolens, P. odoratissimum, P. crispum). Flor discreta, hoja muy aromática al frotarla. Se cultivan por el olor y son extremadamente rústicos.

Una advertencia breve antes de seguir: el Pelargonium se considera ligeramente tóxico para perros y gatos por su contenido en geraniol y linalol. La ingestión de hojas produce vómitos, salivación y a veces dermatitis por contacto. No es una planta peligrosa, pero si tu perro tiene costumbre de mordisquear macetas, no es la mejor elección para el suelo del patio.

Sol: cuánto y de qué tipo

El malvón zonal quiere un mínimo de seis horas de sol directo para florecer con densidad. Con menos luz sigue vivo, pero estira los entrenudos, se ahíla, pierde la banda oscura de la hoja y da cabezuelas raquíticas. Si tu planta está «larga y con pocas flores», el problema es casi siempre falta de luz, no falta de abono.

Ahora bien, sol no es lo mismo que horno. En el interior peninsular, con 38-40 °C en julio y agosto, la planta entra en parada: deja de abrir flores, la hoja se pone amarilla por los bordes y consume agua sin producir nada. En Madrid, Zaragoza, Sevilla o Córdoba lo sensato es sol de mañana y sombra desde las tres de la tarde en los meses centrales del verano. En la cornisa cantábrica, en cambio, cuanto más sol mejor.

Sobre el frío: el malvón resiste sin daño hasta unos 4-5 °C y tolera un roce puntual con el cero, pero por debajo de -2 °C los tallos revientan y la planta se pierde. En el litoral mediterráneo y en el sur pasa el invierno en la calle sin problemas. En la meseta, en el valle del Ebro o en zonas de montaña hay que arrimar las macetas a una pared orientada al sur, cubrirlas en las noches de helada o entrarlas a un porche o galería fresca y luminosa, donde se mantendrán semiparadas hasta marzo.

Sustrato y maceta: el drenaje por delante de todo

Viene de suelos pedregosos y pobres, y eso marca el sustrato. Necesita una mezcla que no retenga agua: sustrato universal de calidad con un 25-30 % de perlita, arena gruesa de río o picón. Los sustratos baratos, muy turbosos y de partícula fina, se compactan a los pocos meses y ahogan la raíz.

La maceta debe tener agujeros amplios y, muy importante, no debe quedarse en un plato con agua. El plato lleno es la forma más rápida de matar un malvón. El barro cocido funciona mejor que el plástico porque transpira por las paredes y baja la humedad del cepellón, aunque obliga a regar algo más a menudo.

Tamaño: al malvón le gusta ir algo justo. Una maceta de 20-25 cm de diámetro le basta a una planta adulta y de hecho esa ligera estrechez favorece la floración frente al crecimiento vegetativo. Trasplanta cada dos o tres años, en primavera, subiendo solo un número de maceta.

Si lo plantas en el suelo del jardín, exige terreno suelto y ligeramente elevado. En suelo arcilloso y compacto durará una temporada. Tolera bien la caliza y el pH básico, así que en eso no da guerra.

El riego, donde se concentran los errores

Aquí está la creencia más extendida y más dañina: que el malvón, al estar al sol, necesita agua todos los días. No. Mueren más malvones ahogados que secos. Sus tallos y hojas almacenan agua y la planta está diseñada para aguantar rachas secas.

La pauta correcta es regar cuando los tres primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto, y entonces regar en abundancia hasta que salga agua por el drenaje. En la práctica, eso puede ser cada dos o tres días en pleno agosto en una maceta pequeña de barro al sol, una vez por semana en primavera y otoño, y cada quince o veinte días en invierno. Riega al pie, no sobre las hojas ni sobre las flores: la cabezuela mojada se pudre y aparece Botrytis.

Señales que ayudan a leer la planta: hojas amarillas, blandas y que caen desde la base apuntan a exceso de agua; hojas secas, quebradizas y con los bordes rojizos, a sequía o a agotamiento del sustrato. Y unas protuberancias corchosas y rugosas en el envés de la hoja son edema, un trastorno fisiológico por regar demasiado en épocas de poca luz; se corrige espaciando el riego, no fumigando.

Abonado

Florece de forma continua de marzo a noviembre, y eso agota el sustrato deprisa. Desde que arranca la brotación en primavera hasta que baja la temperatura en otoño, aporta un fertilizante rico en potasio y fósforo y moderado en nitrógeno cada 10-15 días con el agua de riego. Sirve el específico de geranios o cualquier abono de floración; los de tomate, con formulaciones del tipo 15-10-30, funcionan perfectamente.

Evita los abonos muy nitrogenados o de césped: dan una planta grande, verde oscura, con hojas enormes y casi sin flor, y además blanda y mucho más atacable por plagas. En invierno, suspende el abonado por completo.

Poda y limpieza de flores

Dos operaciones distintas, y las dos importan.

La limpieza de flores marchitas se hace durante toda la temporada. No cortes la cabezuela y dejes el tallo: hay que retirar el pedúnculo entero, desde su unión con el tallo principal. Se hace con un giro seco de los dedos y sale limpio por una articulación natural. El tocón que queda cuando se corta a la mitad se pudre y sirve de puerta de entrada a hongos. Quitar las flores pasadas mantiene la planta produciendo yemas nuevas en lugar de fabricar semilla.

La poda de renovación se hace al final del invierno, en febrero o principios de marzo, antes de la brotación. Se acorta la planta a un tercio o a la mitad, cortando siempre justo por encima de una yema y eliminando los tallos secos, débiles o cruzados. Parece una barbaridad la primera vez, pero es lo que evita que el malvón se convierta en un manojo de palos desnudos con cuatro hojas en la punta. Sin esa poda anual, la planta se «desguarnece» por la base de forma irreversible.

A las plantas jóvenes conviene además pellizcarles la punta cuando tengan tres o cuatro pares de hojas, para forzar la ramificación y obtener mata en lugar de una vara.

Multiplicación por esqueje

El esqueje arraiga con una facilidad que explica por qué estas matas se han transmitido de vecina a vecina durante generaciones. Los mejores momentos son final de verano (agosto-septiembre) y primavera.

Toma esquejes de 8-10 cm de tallos sin flor, cortando justo por debajo de un nudo. Retira las hojas inferiores y las estípulas, y deja el corte secar al aire unas horas, incluso un día, en un sitio sombreado y aireado, hasta que cicatrice. Este paso es contraintuitivo y muchos lo saltan, pero es justo lo que evita que el esqueje se pudra: el pelargonio tiene tejido carnoso y una herida fresca metida en sustrato húmedo se pudre casi siempre.

Después, entiérralo un par de centímetros en una mezcla de arena y turba o en perlita sola, riega moderadamente y déjalo en sombra luminosa. No lo tapes con plástico ni con botella: aquí el exceso de humedad ambiental es contraproducente, al revés que en la mayoría de los esquejes. Tampoco hace falta hormona de enraizamiento. En tres o cuatro semanas tendrá raíces y podrás pasarlo a maceta individual.

El taladro del geranio y otras plagas

Cacyreus marshalli es, con diferencia, el problema principal en España. Es una mariposa pequeña de color pardo con una colita fina en las alas traseras, originaria de Sudáfrica, detectada en Baleares a finales de los ochenta y hoy presente en toda la península. La hembra pone huevos sobre los botones florales y las orugas, verdosas y de un centímetro, comen primero las flores y luego se meten dentro del tallo y lo vacían desde el interior.

Los síntomas llegan tarde: un tallo que se marchita de golpe sin causa aparente, agujeritos con serrín oscuro en las axilas, tallos huecos que se parten con solo tocarlos. Cuando la oruga ya está dentro, ningún tratamiento superficial la alcanza.

Lo que sí funciona es una combinación de vigilancia y prevención. Revisa botones y axilas cada pocos días de abril a octubre. Corta y destruye —no compostes— cualquier tallo perforado, cortando por debajo de la galería hasta encontrar tejido sano. Y aplica Bacillus thuringiensis var. kurstaki cada 10-15 días durante la época de vuelo, mojando bien botones florales y axilas: es un producto biológico autorizado para uso doméstico, inofensivo para personas, mascotas y abejas, y eficaz siempre que las orugas todavía estén fuera del tallo. Aplícalo al atardecer, porque la luz ultravioleta lo degrada. Los insecticidas sistémicos que se usaban hace años contra esta plaga ya no están disponibles para uso no profesional en la Unión Europea.

Otras plagas habituales, menos graves:

Mosca blanca en el envés de las hojas, sobre todo en zonas cálidas y en plantas invernadas. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico.

Pulgón en los brotes tiernos de primavera, favorecido por el exceso de nitrógeno.

Araña roja en verano seco y caluroso, con punteado amarillo fino en la hoja. Se combate subiendo la humedad ambiental alrededor de la planta, sin mojar las flores.

Hongos y otros problemas

Roya del geranio (Puccinia pelargonii-zonalis), específica del zonal: anillos de pústulas pulverulentas de color canela en el envés y manchas amarillas correspondientes en el haz. Aparece con humedad alta y hojas mojadas. Retira las hojas afectadas en cuanto las veas, airea la planta y riega solo al pie.

Botrytis o moho gris, en flores y hojas, típico de otoños húmedos y de plantas invernadas mal ventiladas. Se previene con limpieza de flores marchitas y ventilación.

Podredumbre del cuello o pie negro, que ennegrece la base del tallo y mata la planta en pocos días. Es consecuencia directa de exceso de riego o de plantar demasiado hondo. No tiene cura: se salva lo que se pueda haciendo esquejes de la parte alta sana.

En resumen

El malvón es un Pelargonium sudafricano, no un geranio, y se cultiva en consecuencia: seis horas largas de sol —con sombra de tarde en los veranos más duros del interior—, sustrato muy drenante con perlita o arena, maceta más bien justa y nunca un plato con agua debajo. Riega solo cuando la superficie esté seca, abona cada dos semanas con un fertilizante rico en potasio de marzo a octubre, retira los pedúnculos florales completos con un giro y poda a un tercio a final de invierno para que no se desguarnezca. Vigila el taladro del geranio de abril a octubre y trata preventivamente con Bacillus thuringiensis, porque cuando la oruga entra en el tallo ya no hay remedio. Y guarda unos esquejes de agosto secándolos unas horas antes de plantarlos: es el seguro de vida más barato que existe para esta planta.


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