Una ducha de jardín se decide por dos cosas, y ninguna de las dos es el diseño: de dónde le llega el agua y por dónde se va. La toma es fácil de resolver. El desagüe es la parte que casi nadie planifica, y es la que convierte una buena idea en un barrizal permanente junto a la casa o en un árbol con la raíz encharcada.

Aquí va eso: los tipos que existen de verdad, cómo se resuelve la entrada y la salida de agua, por qué el agua jabonosa no sirve para regar y qué se puede y qué no se puede hacer con ella. Sin marcas y sin modelos.

Rociador de ducha con el agua saliendo

Los tipos que hay, y para qué sirve cada uno

Por debajo de la variedad de catálogos hay tres familias, y se distinguen justamente por cómo resuelven el agua.

  • Ducha portátil de manguera. Un poste con rociador que se conecta a la manguera del jardín y se clava o se apoya en una base. Se monta en un rato y se guarda en invierno. El agua sale a la temperatura de la red, que en agosto en el mediterráneo no es precisamente helada, y el agua usada cae directamente al suelo donde la pongas.
  • Ducha con depósito, llamada solar. Lleva un calderín o un tubo de color oscuro que se llena a mano o con la manguera y se templa con el sol. No necesita toma fija. Hay que rellenarla, el agua templa de forma desigual y, si sobra agua de un día para otro, se queda parada dentro de un depósito caliente.
  • Ducha fija con toma y desagüe. La versión que se instala de obra: columna anclada, acometida de agua enterrada, plato o rejilla y desagüe conectado. Es la única que funciona bien todos los veranos sin generar un charco, y es la que hay que pensar antes de hacerla.

La toma de agua

Para la ducha portátil basta con un grifo de jardín y una manguera del calibre habitual. Para la fija hay que llevar una derivación enterrada desde una toma existente, con llave de corte propia para poder aislar la ducha en invierno y para no dejar toda la instalación del jardín sin agua cuando haya una fuga.

La tubería enterrada va en zanja, a una profundidad que la ponga fuera del alcance de una azada y de la hélice de un motocultor, y a ser posible dentro de un tubo pasacables o corrugado para poder sustituirla sin volver a abrir el jardín. Si la instalación admite agua caliente, deja de ser un trabajo de jardinería y pasa a ser un trabajo de fontanería con su propia normativa; en ese caso lo hace un fontanero.

Hay un detalle que se olvida: el vaciado. Si la tubería enterrada y la columna se quedan llenas de agua en una zona con heladas, el hielo revienta el tramo más alto. Una llave de corte con purga en el punto bajo resuelve el invierno en dos minutos.

El desagüe, que es la parte importante

Una persona duchándose mueve bastante agua en poco tiempo, y toda cae en el mismo metro cuadrado. Sobre tierra o césped, ese metro cuadrado se compacta, se queda encharcado y termina sin vegetación. Sobre baldosa sin pendiente, se convierte en una superficie resbaladiza con verdín.

Las tres salidas razonables son estas. La primera, conectar el desagüe a la red de saneamiento de la vivienda, con sifón para que no suban olores. La segunda, llevarlo a una zona de infiltración preparada: una arqueta con grava, alejada de cimientos y de muros. La tercera, y la más sencilla si la ducha es portátil, moverla de sitio cada vez para que el agua no caiga siempre en el mismo punto.

Lo que no vale es dejar el agua caer contra la fachada. La humedad por capilaridad en la base de un muro no se ve el primer verano, se ve en la pintura tres años después. Cualquier plato de ducha exterior se pone con la pendiente hacia el lado contrario de la casa.

Por qué no puede acabar en el alcorque de un árbol

Parece la solución elegante: la ducha junto al árbol, el agua se aprovecha y no hay que hacer desagüe. En la práctica es la forma de estropear el árbol.

La raíz de un árbol necesita aire tanto como agua. Un alcorque que recibe todo el agua de la ducha varias veces al día se satura, los poros del suelo se llenan y la raíz se queda sin oxígeno. A eso se suma la compactación del suelo por estar pisándolo mojado. Y el agua no es agua limpia: lleva jabón, y eso cambia el suelo alrededor del tronco.

En un árbol el resultado tarda en verse y luego no se arregla. Si quieres la ducha bajo la sombra de un árbol, pon el plato con su desagüe y saca el agua de ahí; la sombra la aprovechas y la raíz no la castigas.

El agua jabonosa no es agua de riego

Esta es la parte honesta que no aparece en los catálogos. El agua de una ducha lleva tensioactivos, sales de sodio y, según el producto, otros añadidos. No es agua de lluvia con espuma.

El sodio es el problema de fondo. Aplicado de forma repetida en el mismo sitio, desplaza otros iones en el suelo, empeora la estructura y hace que se encharque y se agriete a la vez. Los tensioactivos alteran la tensión superficial y la capacidad del suelo de retener agua, y algunos productos de higiene llevan boro, que es fitotóxico en cantidades bajas y se acumula. Nada de esto se nota con un baldeo suelto; se nota con el uso continuado de todo un verano en el mismo parterre.

La consecuencia práctica es simple: si te vas a duchar con jabón o con gel, el agua va al desagüe. Si el uso va a ser solo un aclarado de agua limpia, sin producto, el daño es mucho menor y el agua puede caer en una zona de infiltración sin problema. Y si quieres aprovechar agua de verdad para el jardín, el camino es la recogida de agua de lluvia, que no tiene ninguno de estos inconvenientes.

Aguas grises: está regulado, y no se improvisa

Reutilizar el agua de duchas y lavabos para riego es posible y se hace, pero es una instalación con su propio tratamiento, su depósito, su señalización de agua no potable y su red separada de la del agua de consumo. No es empalmar una manguera al sumidero.

La reutilización de aguas regeneradas está regulada en España, y además hay ordenanzas municipales y normativa autonómica que fijan qué se permite, con qué tratamiento y con qué controles, y en algunos municipios hay obligaciones para obra nueva. Varía bastante de un sitio a otro, así que aquí no te vamos a dar una referencia general que luego no te sirva: pregunta en tu ayuntamiento y consulta la normativa de tu comunidad autónoma antes de proyectar nada. Si la idea es seria, la diseña un técnico.

El depósito de una ducha solar y el agua parada

Dos avisos sobre la variante con calderín. El primero es de mosquito: cualquier recipiente con agua parada al aire libre en verano es un criadero, y en buena parte del litoral mediterráneo eso significa mosquito tigre, que cría en volúmenes muy pequeños. El depósito se vacía cuando no se usa, y lo mismo vale para los platos de maceta y los cubos que queden por ahí.

El segundo es sobre el agua templada. Un depósito negro al sol mantiene el agua a una temperatura tibia durante horas, que es justo el rango en el que las bacterias se multiplican mejor. Por eso el agua de una ducha solar no se bebe ni se usa para llenar bebederos, y el depósito se vacía y se enjuaga en lugar de dejarlo lleno de un fin de semana a otro.

Materiales y lo que se estropea antes

El aluminio anodizado no se oxida porque su propia capa de óxido lo protege, y es el material más razonable para una columna a la intemperie. El acero inoxidable aguanta bien, aunque en ambiente marino los inoxidables de baja calidad pican. El acero pintado se oxida en cuanto salta la pintura, normalmente por la base, donde se moja y no seca.

Los plásticos y las resinas son ligeros y baratos, y el enemigo es el ultravioleta: se decoloran, se vuelven quebradizos y acaban rompiéndose por un punto de apoyo. Si el fabricante indica tratamiento anti-UV, dura bastante más. La madera funciona bien como tarima si es una especie apta para exterior o va tratada, siempre montada con separación entre tablas para que el agua caiga y el conjunto seque.

Y una pieza pequeña que falla mucho: la goma del rociador y las juntas. Se calcifican con el agua dura del este y del sur, el chorro se abre en abanico y se atasca. Se limpian con vinagre y se cambian, y cuesta poco tener un recambio.

En resumen

La ducha de jardín se resuelve pensando primero en el agua que sale y luego en la que entra. Si va a ser fija, lleva acometida enterrada con llave de corte y purga para el invierno, plato con pendiente hacia el lado contrario de la casa y un desagüe de verdad, a saneamiento o a una zona de infiltración alejada de muros y de cimientos. Nunca al alcorque de un árbol, porque asfixia la raíz y compacta el suelo.

Y el agua usada no es un recurso gratis para el jardín: con jabón lleva sodio y tensioactivos que degradan el suelo, así que va al desagüe. Reutilizar aguas grises es otra cosa, es una instalación regulada que se consulta en la ordenanza municipal y en la normativa autonómica antes de tocar nada. Si lo que buscas es agua para riego, sale mejor recoger la de lluvia.


Contenidos relacionados