Arrancar un diente de león tirando de las hojas no sirve absolutamente de nada. La roseta se desprende, la mano se queda con un puñado de verde y bajo tierra sigue intacta una raíz pivotante de veinte o treinta centímetros que en dos semanas ha vuelto a brotar, a menudo con dos o tres coronas donde antes había una. Ese detalle explica casi todo lo que hay que saber de esta planta: su terquedad, su capacidad para colonizar un césped y también por qué, si decides cultivarla a propósito, no vas a tener que hacer prácticamente nada.

Qué es exactamente lo que estás mirando

El diente de león es Taraxacum officinale, de la familia de las asteráceas, la misma que la margarita, la lechuga o el girasol. Y aquí viene la primera precisión, y se pasa por alto casi siempre: lo que llamamos "la flor" no es una flor, sino un capítulo, una inflorescencia compacta formada por entre 100 y 300 flores diminutas, todas ellas liguladas, es decir, con la corola alargada en forma de lengüeta amarilla. Cada una de esas lengüetas es una flor completa con su ovario. Por eso, cuando el capítulo madura, salen cientos de semillas y no una.

Capítulo floral amarillo de Taraxacum officinale

Cada semilla es en realidad un aquenio rematado por un pico fino y un vilano de pelos plumosos, la famosa sombrilla. Ese vilano no es solo un paracaídas: los estudios de aerodinámica publicados en la última década demostraron que genera un anillo de vórtice separado justo encima de los pelos, una estructura de flujo que multiplica su tiempo de vuelo. Con viento moderado, una semilla recorre decenas de metros sin dificultad; con corrientes térmicas se han documentado desplazamientos de varios kilómetros.

El resto de la planta: roseta basal de hojas profundamente dentadas hacia atrás (de ahí el nombre, dens leonis), sin tallo aéreo con hojas; escapo floral hueco, liso, con una sola cabezuela por tallo; y látex blanco en cualquier parte que rompas. Esas tres características juntas lo distinguen de sus dobles: Hypochaeris radicata (hierba del halcón) tiene el escapo macizo y ramificado y hojas peludas, Sonchus (cerraja) tiene tallo alto y hojas caulinares, y las Crepis llevan varias cabezuelas por tallo. Ninguna de ellas es peligrosa, así que un error de identificación no tiene consecuencias graves, pero conviene saber mirar.

Un matiz taxonómico que explica muchas discrepancias entre libros: Taraxacum officinale no es una especie limpia, sino un agregado. La planta se reproduce mayoritariamente por apomixis, produciendo semillas viables sin fecundación, de modo que cada linaje se perpetúa como un clon. Los botánicos europeos han descrito por eso más de dos mil microespecies. Para efectos de jardín, todas se comportan igual.

Por qué aparece en tu césped y no en el del vecino

El diente de león es una planta indicadora. Prospera donde el suelo está compactado, donde la hierba se siega demasiado baja y donde hay huecos de luz. Su raíz pivotante atraviesa capas que las raíces fibrosas del césped no pueden penetrar, así que en un terreno pisoteado tiene ventaja competitiva. Si en un jardín brota masivamente, el problema de fondo suele ser la compactación, no la mala suerte.

En la Península florece principalmente de febrero a mayo, con un pico muy marcado en marzo y abril, y suele dar un segundo empujón en septiembre y octubre cuando vuelven las lluvias. En el norte húmedo se pueden ver capítulos abiertos casi todo el año en invierno suave; en el interior con veranos secos, la roseta entra en semilatencia estival y rebrota en cuanto refresca.

Cultivarlo a propósito: menos trabajo del que imaginas

Ubicación. Pleno sol o media sombra. A pleno sol produce hojas más pequeñas y bastante más amargas; en media sombra, más tiernas. Si el objetivo es comerlo, la media sombra gana.

Suelo. Se adapta a casi cualquiera, incluidos los arcillosos y los pobres, pero para obtener raíces gruesas y rectas necesita un suelo profundo, mullido y sin piedras, igual que una zanahoria. En terreno compacto la raíz sale bifurcada y retorcida. pH indiferente entre 5,5 y 7,5.

Riego. Muy resistente a la sequía gracias a la raíz pivotante, que alcanza sin problema los 25 cm y puede llegar al metro en suelos sueltos. Ahora bien, la sequía dispara el amargor de las hojas. Si lo cultivas para ensalada, riega de forma regular para mantener el suelo fresco sin encharcar.

Abonado. Prácticamente innecesario. Un aporte de compost bien hecho en otoño o a la salida del invierno basta. Los abonos ricos en nitrógeno dan hojas grandes y blandas pero de sabor más plano y con más tendencia a los pulgones.

Siembra y trasplante. La siembra directa funciona en marzo-abril o en septiembre. La semilla necesita luz para germinar, así que se siembra a voleo y solo se presiona contra la tierra, sin cubrir o cubriendo apenas unos milímetros. Germina en una o dos semanas a 15-20 ºC. Un dato importante: la semilla pierde poder germinativo deprisa, así que usa siempre lote fresco, del año. El trasplante conviene hacerlo con plantas muy jóvenes, porque una vez desarrollada la raíz pivotante lo lleva mal.

Multiplicación. Además de por semilla, se multiplica con facilidad por esquejes de raíz: trozos de dos o tres centímetros de raíz enterrados horizontalmente en primavera brotan sin dificultad. Es exactamente el mismo mecanismo por el que resulta tan difícil de eliminar.

Rusticidad. Extrema. Resiste sin daño temperaturas por debajo de -20 ºC y no necesita ninguna protección invernal en ningún punto de España. Es planta vivaz, no anual: la misma mata puede vivir cinco o diez años.

Si te interesa cultivarlo en serio, busca variedades seleccionadas de huerta como 'Amélioré à Coeur Plein' o 'Vert de Montmagny', de hoja más ancha, más productiva y menos amarga que el tipo silvestre. Se cultivan en Francia e Italia desde el siglo XIX como verdura de invierno.

El truco del blanqueo

El amargor viene de lactonas sesquiterpénicas, sobre todo taraxacina, y se acentúa con la luz, el calor y la floración. La técnica clásica para domesticarlo es el blanqueo: dos o tres semanas antes de la recolección se tapa la roseta con una maceta invertida, una teja o un cubo opaco. Al privarla de luz, la planta produce hojas pálidas, tiernas y notablemente menos amargas, del mismo modo que se blanquea la endibia o el cardo. Es la diferencia entre una hoja incomible y una ensalada agradable.

Usos en la cocina

Toda la planta es comestible y no presenta toxicidad. Las hojas jóvenes, recogidas antes de que aparezca el escapo floral, se comen crudas en ensalada o salteadas como espinacas; a partir de la floración se vuelven muy amargas y solo valen cocidas cambiando el agua. Los capullos cerrados se encurten en vinagre y recuerdan vagamente a las alcaparras. Los pétalos se usan crudos como decoración o para dar color, y en Italia y Francia se preparan en jarabes y confituras. La raíz, arrancada en otoño cuando acumula inulina, se ha tostado tradicionalmente como sucedáneo de café: no sabe a café, sabe a raíz tostada, pero es una bebida agradable y sin cafeína.

Semillas de diente de león con su vilano plumoso

Ahora la parte que importa de verdad y que se dice poco: dónde recolectar. No cojas diente de león en cunetas ni en medianas de carretera, porque acumulan metales pesados y residuos de combustión. Tampoco en bordes de fincas agrícolas tratadas, en zonas verdes municipales donde puede haber pasado un aplicador de herbicida, ni en parques y descampados que sean paso habitual de perros. El riesgo real de comer plantas silvestres urbanas no está en la planta, está en lo que le ha caído encima.

Lo que se le atribuye en fitoterapia, con matices

El diente de león tiene una tradición larguísima de uso como amargo digestivo y como diurético; el propio nombre popular francés, pissenlit, y el español "meacamas" lo dicen sin rodeos. La Agencia Europea del Medicamento reconoce la hoja y la raíz como medicamento tradicional a base de plantas para el alivio de la digestión pesada y para aumentar la diuresis como coadyuvante. Esa categoría, conviene entenderla bien: significa que su uso está avalado por el tiempo, no por ensayos clínicos que demuestren eficacia.

Lo que sí está bien establecido es su composición: es una hoja muy rica en potasio, en vitamina A y K, y la raíz almacena inulina, una fibra prebiótica cuyo porcentaje varía mucho con la estación, siendo máximo en otoño.

Y las precauciones, que son reales aunque poco graves. Está desaconsejado en obstrucción de las vías biliares, cálculos biliares y enfermedad hepática activa, porque es colerético. Puede provocar dermatitis de contacto por el látex en personas sensibles. Quien es alérgico a otras asteráceas (artemisia, manzanilla, ambrosía) tiene alta probabilidad de reaccionar también a este. Al ser diurético, puede interferir con medicación diurética, con el litio y con antihipertensivos. Y no, no "depura" ni "desintoxica" nada: de eso ya se ocupan el hígado y el riñón, y ninguna infusión mejora un trabajo que esos órganos hacen las veinticuatro horas. Si hay tratamiento crónico de por medio, se consulta con el médico antes, igual que con cualquier otra planta.

Si lo que quieres es quitarlo del césped

El método que funciona es mecánico y consiste en sacar la raíz entera, no la roseta. Se hace con un extractor de raíces pivotantes o con una gubia estrecha, con el suelo húmedo, hundiendo la herramienta al menos quince centímetros y haciendo palanca. Cualquier fragmento de raíz que quede rebrotará, así que la operación hay que repetirla un par de veces en la temporada.

Lo demás es prevención: segar más alto, a seis o siete centímetros, para que el césped dé sombra y le quite luz a las rosetas; escarificar y airear para corregir la compactación que le da ventaja; y sobre todo cortar los capullos antes de que se abran, porque un solo capítulo produce entre 150 y 200 semillas viables, y una vez que la bola blanca se ha formado ya es tarde aunque la flor se haya cortado. Sobre los herbicidas, ten en cuenta que en España la venta y el uso de productos fitosanitarios está regulado y buena parte de ellos solo puede aplicarlos personal con carné, con restricciones específicas en zonas de uso público; en un jardín particular, con dos rosetas, el extractor es más rápido que informarse de qué está permitido.

Una última consideración: en floración temprana, cuando aún hay poco abierto en el campo, el diente de león es una fuente de polen y néctar de las primeras para abejas y abejorros. Si tienes una zona de pradera o un rincón que no necesita ser un césped perfecto, dejarlo florecer ahí tiene más sentido ecológico que erradicarlo de todas partes.

En resumen

Taraxacum officinale es una vivaz rustiquísima que sobrevive a -20 ºC, se reproduce por apomixis y por trozos de raíz, y cuya aparición masiva en un césped delata compactación más que descuido. Lo que parece una flor son cientos de flores liguladas juntas, y de ahí salen las cientos de semillas voladoras que lo hacen imparable. Cultivarlo es casi no hacer nada: suelo profundo, media sombra si lo quieres tierno, siembra superficial en marzo o septiembre con semilla del año y blanqueo con una maceta invertida para quitarle amargor. Se come entero, de la hoja joven a la raíz tostada, con la precaución de no recolectarlo en cunetas, bordes tratados ni zonas de paso de perros. En fitoterapia tiene reconocimiento como uso tradicional, no como eficacia demostrada, y está desaconsejado con problemas de vías biliares o alergia a las asteráceas. Y si estorba, se saca la raíz entera con extractor y se cortan los capullos antes de que semillen: lo demás es perder el tiempo.


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