En un clima árido y caluroso el jardín no florece cuando dice el calendario general, florece antes y en dos tandas. El tirón fuerte llega entre finales de febrero y mayo, el verano es una parada en la que casi nada nuevo abre, y en septiembre y octubre hay una segunda floración que en el norte de España no existe. Si vives en Murcia, Alicante, Almería, el interior de Valencia o el valle del Ebro, ese es tu calendario, y no el de las revistas.

Este artículo nació enfocado a Mesa, Arizona, en el desierto de Sonora, que es un sitio con un régimen de lluvias y una flora distintos. Lo hemos girado al sureste español, que es lo más parecido que tenemos por calor y por sequía de verano, aunque no sea lo mismo: aquí el invierno es suave y húmedo, el verano seco y largo, y las lluvias llegan sobre todo en otoño y en primavera.

Floración masiva en un desierto árido Floración masiva de anuales en un desierto del suroeste de Estados Unidos. La flora es distinta de la nuestra, pero el mecanismo es el mismo: las anuales germinan con las lluvias y cierran su ciclo antes del calor.

Por qué el calendario se adelanta

Lo que dispara la floración de la mayoría de las plantas de jardín es una combinación de temperatura acumulada y horas de luz. En un clima árido y caluroso la temperatura se acumula mucho antes, así que las plantas alcanzan su umbral en febrero o marzo en lugar de abril. Un almendro que en el norte abre en marzo, en el sureste puede abrir en enero, y una rosa que en Galicia entra en flor en mayo lleva ahí desde abril.

El otro factor manda igual de fuerte, y es el agua. Las lluvias del sureste se concentran en otoño y en primavera, y el suelo apenas retiene humedad entre junio y septiembre. Muchas anuales silvestres de estos climas están adaptadas a eso: germinan con las lluvias de otoño, pasan el invierno como planta pequeña, florecen en marzo o abril y semillan antes de que se acabe el agua. Lo que ves reventando de flor en una rambla en abril es eso, un ciclo apretado que se cierra a tiempo.

Del final del invierno a mayo, la temporada de verdad

Esta es la ventana buena, y es corta. Los bulbos de invierno abren primero, los frutales de hueso siguen, y las anuales de temporada fría que se plantaron en otoño dan su máximo: pensamientos y violas, caléndulas, prímulas, alhelíes. Las vivaces mediterráneas entran a continuación, y las rosas arrancan pronto y con fuerza.

El error más común en esta zona es plantar la temporada de flor en abril, como se hace en climas templados. En abril ya vas tarde: la planta no tiene tiempo de hacer raíz antes de que llegue el calor, y en julio se rinde. La plantación de la floración de primavera se hace en otoño, con el suelo todavía caliente y las lluvias por delante, y así en febrero la planta ya está instalada.

Parterre de flores de temporada en un clima cálido y seco Parterre de anuales de temporada en clima cálido. En el sureste español este cuadro se ve en primavera, no en verano.

El verano no es temporada de floración, es una parada

Esto es lo que casi nunca se dice. En julio y agosto, con noches que no bajan y suelo seco, la mayor parte del jardín no está floreciendo, está aguantando. Muchas vivaces mediterráneas entran en un reposo estival que es tan real como el reposo de invierno del norte: paran, amarillean algo y vuelven en septiembre. No están enfermas y no se arreglan con más abono.

Es un momento delicado para intervenir. No se transplanta, no se abona en verde y no se poda a fondo, porque cualquier corte grande en pleno calor abre heridas que la planta no cierra bien y la obliga a brotar cuando no puede. Y hay una trampa clásica: la planta con las hojas caídas al mediodía. Si a última hora de la tarde las recupera, no tenía sed, tenía calor, y regarla a mediodía solo empeora las cosas.

Qué florece de verdad en julio y agosto

El listado honesto es corto, y se apoya casi todo en arbustos y trepadoras leñosas más que en anuales.

  • Buganvilla (Bougainvillea). La flor de verano del litoral mediterráneo. Aguanta calor y sequía una vez instalada, pero es sensible a las heladas fuertes, así que en el interior continental hay que mirar dónde se planta.
  • Adelfa (Nerium oleander). Florece todo el verano con muy poca agua, y es la razón por la que se planta en medianas de autovía. Aviso serio: es tóxica en todas sus partes, también para perros, gatos y caballos, y la intoxicación por ingestión es grave. No se planta donde haya niños pequeños o animales que roan, y los restos de poda no se dan a ningún animal ni se queman en un sitio cerrado.
  • Plumbago (Plumbago auriculata). Flor azul pálida durante todo el verano, buena para tapar un muro orientado al sol.
  • Gaura (Oenothera lindheimeri, antes Gaura lindheimeri). Vivaz de floración muy larga y poca exigencia de agua. El nombre científico cambió de género, así que la vas a encontrar rotulada de las dos maneras.
  • Gazania y portulaca. Tapizantes de pleno sol que abren la flor con luz fuerte y la cierran a la sombra.
  • Lantana (Lantana camara). Florece sin parar con calor, y precisamente por eso conviene saber que se naturaliza con facilidad en zonas cálidas y desplaza vegetación local en algunas islas y litorales. Si la plantas, mantenla controlada y no tires los restos al monte. Los frutos verdes son tóxicos por ingestión.
  • Zinnia y celosía, entre las anuales, si se siembran temprano y se riegan de verdad.

En este grupo hay que meter también las euforbias ornamentales, muy usadas en jardín seco: son resistentes y decorativas, pero su látex es irritante para la piel y muy molesto en los ojos, así que se podan con guantes.

El otoño, la segunda primavera

Con las primeras lluvias de septiembre y las noches más frescas, el jardín vuelve a moverse. Las rosas dan una segunda floración que a veces es mejor que la de mayo, muchas vivaces reverdecen, y aparecen los bulbos de otoño. Es, además, el mejor momento del año para plantar casi cualquier cosa en esta franja de España: el suelo está caliente, la raíz crece, y la planta tiene otoño, invierno y primavera para instalarse antes del siguiente verano.

El invierno del sureste es suave y no para el jardín del todo. Hay floración de temporada fría desde noviembre, y en los frutales el reposo es corto. En el valle del Ebro y en el interior el asunto cambia: hay heladas de verdad, así que lo que aguanta en la costa de Alicante no necesariamente aguanta en Zaragoza.

Rama en flor al comienzo de la primavera

Riego y suelo, que es lo que decide si llegas a agosto

En clima árido el riego se juzga por la profundidad a la que llega, no por la frecuencia. Riegos cortos y diarios mojan los primeros centímetros, el sol los seca y la raíz se queda arriba, que es el peor sitio posible en julio. Riegos más espaciados y más largos empujan la raíz hacia abajo, donde el suelo se mantiene fresco. La hora importa: de madrugada o a última hora de la tarde, nunca a pleno sol.

El acolchado es la medida con más efecto por menos dinero. Una capa de grava, corteza o restos de poda triturados sobre el suelo desnudo reduce la evaporación, mantiene la temperatura de la raíz más estable y frena las malas hierbas. En un jardín de verano seco es casi obligatorio.

Y el suelo del este y del sur suele ser calizo, con pH alto. Eso descarta de entrada a las plantas acidófilas: hortensia, azalea, camelia, gardenia, rododendro. No es que necesiten más cuidado, es que en un suelo calizo no pueden absorber el hierro y se quedan con las hojas amarillas y los nervios verdes. En maceta con sustrato ácido, sí; plantadas en el suelo, no.

Buganvilla en flor junto a un arbol de sombra en clima calido Arbustos de flor y un árbol de sombra. En clima árido la sombra de mediodía es parte del diseño, no un adorno.

En resumen

En el sureste español el jardín florece en dos tandas, una larga y fuerte desde finales de febrero hasta mayo y otra en septiembre y octubre, con un verano de parada en medio. Aceptar esa estructura es la mitad del trabajo: se planta en otoño, se disfruta en primavera, se deja tranquilo el jardín en agosto y se vuelve a intervenir cuando refresca.

Para julio y agosto el repertorio real es corto y tira de arbustos y trepadoras leñosas antes que de anuales, con la buganvilla, el plumbago, la gaura y la adelfa como piezas fiables, esta última con la advertencia de que es tóxica y no va en cualquier jardín. El resto lo deciden el suelo, que aquí suele ser calizo y descarta las acidófilas, y un riego profundo y espaciado bajo una capa de acolchado.


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