Dos metros de espiga azul en junio salen caros en trabajo: tutores puestos a tiempo, suelo que nunca llegue a secarse del todo y una guerra diaria contra las babosas durante marzo. Quien acepte ese trato tiene en Delphinium elatum el azul más limpio que puede darse en un jardín templado. Quien no lo acepte hará mejor plantando otra cosa, porque esta especie perdona pocos descuidos y ninguno de ellos es el frío.

De dónde viene y qué es en realidad

Delphinium elatum es una herbácea perenne de la familia de las ranunculáceas, la misma de los ranúnculos, las anémonas y los eléboros. Su área natural son las praderas de montaña y los bordes de bosque del centro y el este de Europa, los Alpes, los Cárpatos, los Urales y buena parte de Siberia. Es planta de veranos frescos y húmedos y de inviernos francamente duros, y todo su comportamiento en cultivo se explica por ese origen.

La planta forma una corona leñosa de la que brotan cada primavera tallos huecos, erguidos y poco ramificados, con hojas palmatilobadas de cinco a siete segmentos profundamente dentados. La inflorescencia es un racimo denso y vertical que ocupa el tercio o la mitad superior del tallo. Cada flor tiene cinco sépalos petaloideos —lo que parecen pétalos— y, en el centro, un grupo de piezas pequeñas de color contrastado que los jardineros ingleses llaman bee, la "abeja". El sépalo posterior se prolonga hacia atrás en un espolón, que es lo que da nombre común al género.

Lo que se vende hoy en vivero rara vez es la especie botánica pura. Lo que se cultiva son los híbridos del Grupo Elatum, obtenidos cruzando D. elatum con D. cheilanthum, D. formosum y otras especies asiáticas. De ahí salen las series clásicas —Pacific Giant, con nombres como 'Black Knight', 'King Arthur' o 'Blue Bird'—, la serie moderna New Millennium y los cultivares enanos tipo 'Magic Fountains', que se quedan en 70-90 cm y son mucho más manejables en jardines pequeños y en maceta grande.

Una confusión de nombres que conviene deshacer

En España se llama "espuela de caballero" a casi cualquier cosa con espolón azul, y eso genera compras equivocadas. El nombre pertenece con más propiedad a Consolida ajacis (antes Delphinium ajacis), una anual de tallo ramificado, hojas finísimas y espigas laxas que se siembra en otoño, florece en mayo y muere. Es la que suele venir en los sobres de semillas de temporada y en las mezclas de flor silvestre.

Delphinium elatum y sus híbridos son otra cosa: perennes, de hoja ancha, tallo grueso y espiga compacta, que se plantan una vez y duran años si el sitio les conviene. Si alguien compra un sobre barato esperando las torres azules de las fotos inglesas y le sale una mata desordenada de un metro, esta es la explicación.

Espigas azules de Delphinium elatum en flor

Es tóxico, y eso importa al plantar

Todas las partes de la planta contienen alcaloides diterpénicos, entre ellos la metilicaconitina, con acción sobre los receptores nicotínicos y, en cantidad suficiente, sobre la musculatura respiratoria. Las semillas y los brotes tiernos de primavera son las partes más concentradas. En Norteamérica los Delphinium silvestres son una causa reconocida de mortalidad en ganado vacuno, y ese dato da la medida del asunto mejor que cualquier adjetivo.

En un jardín doméstico el riesgo se gestiona con sentido común: no plantarlo donde pasten animales, guantes al podar porque la savia irrita la piel, y no dejar cápsulas con semilla al alcance de niños pequeños. No es una planta que haya que desterrar, pero sí una que no pinta nada al borde de un cercado de conejos, cabras o caballos.

Ubicación y clima en España

Aquí está la clave de todo. Delphinium elatum resiste sin daño temperaturas de -20 °C o inferiores: el frío no es su problema. Lo que lo mata en la Península es la combinación de verano seco y caluroso con invierno encharcado.

Rinde de manera excelente en la cornisa cantábrica, Galicia, el Pirineo, el Sistema Central y en general en zonas de montaña o de influencia atlántica, donde puede vivir cinco, ocho o más años en el mismo sitio. En el interior seco —la meseta, el valle del Ebro— se comporta como perenne de vida corta: dos o tres temporadas si se le da sombra de tarde y riego constante. En el litoral mediterráneo cálido y en el sur, lo honesto es tratarlo como planta de un año, plantar en otoño y aceptar que el verano se lo lleva.

Quiere sol directo, al menos seis horas, pero con sombra a partir de las tres de la tarde en todo el centro y sur. Y necesita abrigo del viento por encima de cualquier otra consideración: el tallo es hueco y una racha lo parte por la base sin previo aviso. Un muro, un seto o el flanco de la casa orientado de modo que corte el viento dominante valen más que diez tutores.

Suelo, riego y abonado

El suelo ideal es profundo, fértil, rico en materia orgánica y con drenaje real, de reacción neutra a ligeramente alcalina (pH 6,5-7,5). Tolera bien la caliza, al contrario que muchas perennes de arriate. Lo que no tolera es el barro compactado que retiene agua en invierno: la corona se pudre y en marzo simplemente no brota nada. Antes de plantar merece la pena cavar dos palas de profundidad e incorporar compost maduro y, si el terreno es arcilloso, arena gruesa o grava fina.

El riego debe ser abundante y regular desde que arranca el brote en marzo hasta que termina la floración, sin dejar que el suelo llegue a secarse en superficie más de un par de días. Un acolchado de 5 cm de compost o corteza aplicado en abril ahorra la mitad del agua y mantiene fresca la base. Después de la floración se reduce, y en invierno se suspende del todo salvo sequía extrema. Riego siempre al pie, nunca por aspersión sobre el follaje.

Es una planta exigente en nutrientes, de las pocas perennes que agradecen abonado en serio. Estiércol bien fermentado o compost en otoño, un abonado equilibrado al inicio del rebrote en marzo y otro justo después de cortar la primera espiga. Conviene evitar el exceso de nitrógeno puro: engorda el tallo, lo vuelve blando y multiplica el oídio y la mancha bacteriana. Un abono con potasio suficiente da tallos más rígidos y color más intenso.

Aclareo de brotes y tutorado

Estas dos operaciones separan un delphinium de catálogo de uno mediocre, y son las que más se saltan.

Aclareo. Cuando los brotes de primavera miden unos 15 cm, una planta adulta puede tener diez o doce. Hay que dejar entre tres y cinco en ejemplares establecidos y solo dos o tres en plantas de primer o segundo año, cortando el resto a ras de suelo. Repartir el vigor entre demasiados tallos da espigas delgadas y cortas; concentrarlo da las torres que se buscan. Además mejora la ventilación, que es la mejor defensa contra los hongos.

Tutorado. Se pone antes de que haga falta, cuando el tallo tiene 40-50 cm, no cuando ya está inclinado. Una caña por tallo, clavada en vertical junto a él pero sin atravesar la corona, y ataduras cada 30-40 cm con material blando y en forma de ocho, dejando holgura. La última atadura debe quedar por debajo del arranque de la espiga: si se ata la propia inflorescencia, se estrangula y se ve. Los cultivares enanos suelen apañarse con un aro de soporte colocado en abril.

Plantación, poda y segunda floración

La plantación se hace en otoño en climas suaves y a principios de primavera en zonas de invierno duro, dejando 45-60 cm entre plantas en los cultivares altos. La corona debe quedar a ras de suelo, nunca enterrada, o se pudre.

En cuanto la espiga principal ha perdido las flores inferiores y empieza a formar cápsulas, se corta el tallo unos centímetros por encima del follaje basal. Con riego y un abonado inmediato, la planta suele emitir una segunda tanda de espigas más cortas a finales de agosto o en septiembre, menos espectacular pero muy útil porque llega cuando el arriate está apagado. Ese rebrote solo ocurre si no se le ha dejado gastar energía en semilla.

Al llegar el otoño, cuando el follaje amarillea, se corta toda la mata a unos 10 cm del suelo y se retiran los restos, que son refugio ideal de babosas. Un puñado de compost sobre la corona basta como protección invernal; no hace falta acolchar con material que retenga humedad, porque el problema del invierno aquí es el agua, no el frío.

Detalle de las flores de Delphinium elatum con el espolón visible

Multiplicación

Semilla. Es la vía más barata, con una condición: la semilla de Delphinium pierde poder germinativo muy deprisa a temperatura ambiente. Hay que sembrarla fresca o conservarla en bote cerrado en la nevera; los sobres que llevan un año en un expositor caliente germinan mal y no es culpa del jardinero. Germina mejor en fresco, entre 12 y 15 °C, y por encima de 20 °C la germinación cae en picado, así que las siembras adecuadas son de finales de invierno bajo protección o de finales de verano al fresco. Tarda dos o tres semanas. Los híbridos con nombre propio no salen iguales de semilla; las series como New Millennium o Pacific Giant sí mantienen razonablemente el tipo y el color.

Esquejes basales. Es el método para clonar una planta concreta. En marzo o abril, cuando los brotes tienen 8-10 cm, se cortan a ras de la corona con un trocito de tejido leñoso en la base, procurando que el brote sea macizo y no hueco —los huecos se pudren sin remedio—. Se enraízan en perlita o en una mezcla de turba y arena, en ambiente húmedo y sombreado y a unos 15-18 °C. Enraízan en tres o cuatro semanas.

División. Posible en primavera, con una corona de al menos tres años, cortando con cuchillo de modo que cada porción lleve yemas y raíz. No es el método favorito porque la corona resiente el corte y las divisiones tardan una temporada en recuperarse.

Plagas y enfermedades

Caracoles y babosas. El problema principal, sin discusión. Atacan los brotes tiernos justo cuando emergen en marzo y pueden liquidar una planta adulta en dos noches húmedas. Vigilancia nocturna desde febrero, retirada de restos vegetales alrededor de la corona, barreras físicas o cebos de fosfato férrico, autorizados y compatibles con jardines donde hay mascotas.

Oídio. Polvo blanco sobre hojas en veranos bochornosos y con plantas apretadas. Se previene con aclareo de tallos, espaciado y riego al pie.

Mancha bacteriana negra (Pseudomonas syringae pv. delphinii). Manchas negras irregulares en hoja que avanzan hacia el tallo. No hay tratamiento curativo: se retiran y destruyen las partes afectadas y se evita mojar el follaje. Suele aparecer tras periodos largos de lluvia templada.

Podredumbre de corona y raíz por hongos de suelo en terrenos mal drenados. Se previene, no se cura.

Ácaro del delphinium (Polyphagotarsonemus latus y afines). Brotes deformados, ennegrecidos y flores abortadas sin insecto visible a simple vista. Se eliminan los tallos afectados; si reaparece cada año, es preferible renovar la planta.

Usos en el jardín y como flor cortada

Su sitio natural es el fondo del arriate, donde la verticalidad rompe la horizontalidad de las matas redondeadas. Combina especialmente bien con rosales arbustivos, Alchemilla mollis, salvias, Achillea y gramíneas ligeras, y su azul auténtico —un color que muy pocas perennes ofrecen sin virar al malva— resulta útil precisamente por escaso. Los cultivares enanos funcionan en maceta grande, de 30 litros como mínimo, en patio o terraza resguardada, con riego frecuente y viento cortado.

Como flor cortada es de primera categoría. Se corta a primera hora de la mañana cuando ha abierto entre un tercio y la mitad de las flores de la espiga, se sumerge el tallo inmediatamente en agua profunda y dura de siete a diez días en jarrón. También seca muy bien: colgada boca abajo en oscuridad y ventilación, conserva el azul con una fidelidad rara entre las flores secas. Recuerda que el agua del jarrón y los restos de poda son igualmente tóxicos, así que no conviene dejarlos donde beba un animal.

En resumen

Delphinium elatum no es difícil por delicado, sino por exigente y muy concreto en lo que pide: sol de mañana con sombra de tarde en el interior, abrigo total del viento, suelo profundo y fértil que drene en invierno pero no se seque en verano, abonado generoso, aclareo a tres o cinco tallos y tutores puestos antes de que la espiga pese. El frío nunca es el motivo del fracaso; lo son el viento, la sequía estival, el encharcamiento invernal y las babosas de marzo. Donde el clima acompaña, en el norte húmedo y en la montaña, es una perenne de larga vida y de una presencia que ninguna otra flor azul iguala; donde no, sigue mereciendo la pena plantarlo cada otoño y disfrutarlo una temporada.


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